Recordando a Víctor Cohen Salazar en “Vivir para Contarla”

GIOMAR 1
Giomar Lucía Guerra Bonilla
 
“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y como
la recuerda para contarla  (G. G. Márquez) ”

 El Nobel colombiano Gabriel García Márquez, nos cuenta que para superar el abatimiento que le produjo que su novela   “La Hojarasca”  no hubiera sido escogida por Don Guillermo de Torre en el Programa de Editorial Losada para entrar al mercado de Colombia con autores colombianos, vino a su paraíso de Valledupar en busca de Rafael Escalona, tratando de escarbar sus raíces, en un mundo que no le sorprendió porque todo lo que ocurría, la gente que le presentaban era como si ya lo hubiera vivido.

 Relata además que tuvo la fortuna después del rechazo de los originales de su novela de conocer a Julio Cesar Villegas, quien había renunciado de la Editorial Losada, y lo habían nombrado para Colombia en la Editorial González Porto, vendedores a plazo de enciclopedias y libros científicos y técnicos.  Tuvo una primera cita con él en el  Hotel del Prado.  Dice Gabo que salió trastabillando con un maletín de agente viajero atiborrado de folletos de propaganda y muestra de enciclopedias ilustradas, libros de medicina, derecho e ingeniería.  Había aceptado convertirse en vendedor de libros por cuotas en la Provincia de Padilla, desde Valledupar hasta La Guajira.

Era esta una  expedición mítica, en busca de sus raíces, tras el itinerario romántico de su madre Luisa Santiaga programado por los abuelos Tranquilina  y el Coronel Nicolás Márquez, para ponerla a salvo del telegrafista de Aracataca, lo cual se redujo a dos breves y rápido viajes a Manaure, La Paz y Villanueva.

GIOMAR 2En Valledupar  “vivió en el Hotel Welcome”, una estupenda casa colonial bien conservada en el marco de la plaza grande que tenía una larga enramada de palma en el patio con rústicas mesas de bar y hamacas colgadas en los horcones.  Víctor Cohen, el propietario, vigilaba como un cancerbero el orden de la casa, tanto como su reputación moral amenazada por los pensionados disipados.  Era también un purista de la lengua que declamaba de memoria a Cervantes con ceceos y seseos castellanos, y ponía en tela de juicio la moral de García Lorca.

El Nobel agrega además que hizo muy buena amistad con él por ser un viejo amigo de su tío Juan de Dios del cual se complacía en evocar sus recuerdos y por el dominio y conocimiento literario de Don Andrés Bello.  Además declamaba de manera rigurosa los románticos colombianos, pero no le gustaba su obsesión de impedir que se contrariaran los códigos morales en el ámbito puro de su hotel. Testimonios afirman que cuando llegaban mujeres solas al hotel, les ponía candados a las puertas de sus habitaciones para evitar murmuraciones.

El Galpón del patio lo consideró Gabriel García una lotería, porque las horas que sobraban las dedicaba a leer, acostado en una hamaca para apaciguar el bochorno del mediodía.

Al parecer el anticipo en efectivo del veinte por ciento, que según el escritor debía alcanzarle para vivir sin angustias después de sacar los gastos, incluido el hotel y las ventas tan espontáneas, porque la mayoría de sus clientes eran de su familia los Iguarán y los Cotes donde hizo una buena cosecha económica.   Al final de aquel viaje de nostalgias los libros no llegaban y la cuenta del hotel crecía.  Víctor Cohen perdió la paciencia porque los rumores que corrían era que el pensionado despilfarraba el dinero en mujeres de dudosa ortografía.  Al fin llegan los libros pero la cuenta del hotel era el doble de lo ganado.  Habla con Don Víctor quien acepta un vale con un fiador que firma porque le había gustado uno de sus cuentos.

El vale se volvió histórico al recibir el premio nobel.  La gente acudía en romerías y no se conformaban con ver, sino tenían que tocar, palpar y preguntar detalles sobre el mismo.  Don Víctor lo exhibía como su más grande trofeo.  Cuando recibió  homenaje en un festival vallenato, en una de las reuniones sociales volvió a ver el vale no pagado hacía más de cincuenta años, lo mostró a todo el que quiso ver el pulcro documento  escrito por el y la enorme voluntad de pagar que se notaba en la desfachatez del deudor.

Con frecuencia se dice que la verdadera patria es la niñez y esta se formó en nuestro caso a mediados de los años cincuenta, cuando Don Víctor nos proporcionó el placer como niños de saborear por primera vez los deliciosos helados que preparaba en la primera heladería que hubo en esta población y que hacían de nuestro paladar el éxtasis de existencia en esos momentos.

A Don Víctor Cohen Salazar lo recordamos como una persona de buenas maneras, cultor de las artes, del buen vestir cotidiano, reflejando que era esencial para él por su atildada y distinguida personalidad.  Su sentido del humor, su preparación humanística lo llevaron a ejercer liderazgo al grado de imprimirle al Valledupar de corte bucólico de esos momentos, el buen gusto por la diversión  festiva del carnaval, las expresiones sociales, cívicas, del teatro, la comedia y las artes pictóricas.  Participó en el diseño del Escudo de Valledupar al lado de Jaime Molina, el cual fue sometido a ajustes en la actual administración.

Sobre este personaje afirma el Doctor Aníbal Martínez:… es de anotar que al inicio de los años cuarenta, los carnavales vallenatos tuvieron un vuelco al regresar a su tierra natal Don Víctor Cohen Salazar, quien introdujo la moda de los salones, los desfiles de las reinas en carrozas y de los capuchones.  Fue en su salón  “Rancho Alegre”  donde se coronó la primera reina popular…

Su progenitor Don Elías Cohen Henríquez procedente del Carmen de Bolívar  (Departamento de Cartagena)  casado con la señora Dolores Salazar de Cohen, llegan a Valledupar y establecen su residencia en la calle del Norte o de  “La Aurora”  (Actual carrera 6 con calle 14), calle de por medio con escombros del antiguo Convento de San Francisco.   Por necesidades apremiantes vende al señor José Antonio Maya la mitad de la casa el 26 de octubre de 1908.  (A.H. Libro No. 67. 1908. Folio 198).  Hoy, es la residencia la familia Maya Martínez.

Es posible que Don Víctor haya heredado de su origen judío el don para los negocios. El Hotel Welcome, no solo fue uno de los primeros y de las mejores residencias, sino que era un centro de actividades sociales donde la gente se reunía a conversar, a enterarse de los últimos acontecimientos y él actuaba como excelente anfitrión, terciando las conversaciones con propiedad, dándole un ambiente amable y familiar.  Se convirtió en el hombre necesario, al que había que consultar a menudo para tomar determinaciones importantes.

Con el tiempo traslada su residencia al lado de Radio Guatapuri  (calle 17 con 15), donde continuó con una caseta para bailes en períodos festivos.  Paradójicamente muere una tarde de carnaval en 1982, a la edad de noventa años.

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