“COLACHO” MENDOZA: Una sonrisa, un sombrero……su acordeón.

Nicolas Elías 'Colacho' MendozaJacinto Leonardi Vega Gutierrez

Quiero compartirles un pequeño homenaje que hice hace 10 años ante la dolorosa desaparición de un grande de nuestra cultura:

Hablar de música vallenata es referirse a la expresión mas difundida de todos los iconos que representan el folclor y la cultura del “País Chimila” ó “País Vallenato”, como muy acertadamente ha llamado Tomás Darío Gutiérrez a ese pedazo del mapa de Colombia que tiene como límites geográficos la ribera derecha del bajo Magdalena, la Serranía de Perijá y las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Ese encantador territorio que hoy comprende pueblos y ciudades de los departamentos de La Guajira, Cesar y Magdalena, siente como propia en cada rincón la música que se interpreta con caja, guacharaca y acordeón; y tomó el nombre de Vallenato por el arraigo ancestral que tuvo desde principios del siglo XX en la histórica y romántica Provincia de Padilla, que comprendía lo que hoy es Valledupar y su área de influencia extendida desde los municipios del norte del Cesar hasta la media Guajira.

Coincido con T. D. Gutiérrez en que el hombre Vallenato puede llamarse tal, sin importar si ha nacido en el corazón del barrio Cañahuate de Valledupar ó en cualquier rincón de Patillal, en San Juan del cesar, Fonseca, La Paz, Codazzi, La Junta o Becerril. Y no importa el lugar de nacimiento que aparezca en la cédula de ciudadanía de este provinciano, lo cierto es que nadie sobre el planeta podrá entender ni sentir la explosión interna que sentirá este hombre, cuando lejos del Valle escuche los acordes de su música de acordeón en una canción vallenata, que de inmediato lo transporte a sus orígenes.

Ese hombre especial y único, perteneciente a una provincia también especial y única en el mundo, lo encarnaba en toda su dimensión el gran Colacho Mendoza, “ese Caracolicero” (nos lo recuerda así el famoso merengue en el que Escalona lo culpa por su incumplimiento a una cita parrandera). Fue un exponente grande de nuestra música amada, y el septiembre pasado se fue para siempre, casi sin avisarnos y quizás mucho antes de lo que hubiésemos esperado.

Al partir para siempre, Colacho ha dejado a una familia sin el ser querido, a un acordeón sin las manos prodigiosas que lo interpreten y a la Leyenda Vallenata sin su primer rey de reyes. Se necesitaban muy pocas palabras para definirlo, y a su vez el necesitaba muy pocas palabras para expresarse y dejarse conocer. Era muy fácil advertir en él a un gran ser humano, al que le sobraban la sencillez y la nobleza pura del autentico “hombre vallenato”. Era simple y transparente nuestro Colacho: el juglar, el acordeonista inmenso, que se fue de entre nosotros dejando para la cultura vallenata un legado que no admite discusión.

Surge entonces un interrogante: ¿asimilaran las generaciones presentes y futuras que se dedican y dedicarán a cultivar este genero musical, el mensaje de autenticidad folclórica e identidad cultural que transmitió constantemente Colacho, sin pretensiones de catedrático, a lo largo de cinco décadas?; Modesto siempre, sin las ínfulas del gran maestro que en verdad fue, tan solo interpretando una herencia musical con los simples argumentos que le caracterizaron: una sonrisa, un sombrero y su acordeón…¿lo habrán entendido?.

Todo parece indicar que no lo entendieron ó no lo han querido entender compositores e interpretes, ni los medios encargados de mostrar lo que estos producen. Ninguno de estos actores ha captado el mensaje que incansablemente les transmitieron Colacho y todos los grandes representantes de la cultura musical vallenata que se fueron antes que el y otros no menos grandes que aun sobreviven a los que ya no están.

Insisto en que no han asimilado el mensaje de pureza folclórica enviado durante casi un siglo, por la cantidad de basura que seguimos escuchando a través de los medios modernos, sonsonetes aburridores, con letras de novelita rosa y cursilerías rebuscadas, con términos que no tienen nada que ver con nuestro país vallenato de paisajes tropicales ardientes. En todo caso nuestros protagonistas de esa mediocre mezcla de todo y de nada, solo porque suena con acordeón le llaman de manera irresponsable “vallenato”. Lo peor es que las nuevas generaciones, que apenas comienzan a interesarse por nuestra música, les creen.

Esta reflexión es expuesta en este momento, con la pregunta dolorida: ¿por qué fue Colacho el que infortunadamente tenia que irse ahora?. Le han precedido en la partida, Alejo Duran, Luis Enrique, Juancho Polo y Don Toba, entre otros exponentes también grandes y auténticos que ya no están; además de la gran defensora de nuestro patrimonio cultural, la “Cacica” Consuelo Araujo, irremplazable en su labor.

Frente a estas perdidas irreparables para nuestra cultura, queda la inquietud por encender todas las alarmas que monitorean los signos vitales de este paciente agonizante que es la música vallenata verdadera, antes que se nos muera sin que nos quede la satisfacción del deber cumplido, sin que hayamos intentado salvarla; como un muerto sin dolientes.

La historia de la música vallenata tal como ha llegado hasta nuestros días es relativamente nueva: La incorporación a finales del siglo XIX del acordeón europeo a una expresión musical que se había gestado siglos atrás entre nuestros antepasados indígenas, fue el detonante para que la música del valle comenzara a salir de su entorno natural hacia el resto de la costa y del país.

Es pues, un recorrido que apenas sobrepasa un siglo y testimonio de esto son las leyendas vivas que aun hay entre nosotros; el mismísimo Rafael Escalona, Leandro Díaz, El viejo Mile, Moralito y muchos mas, también importantes, que están ahí, para quitarle a las generaciones presentes el argumento de la ausencia de testimonios vivos para confirmar lo auténtico. Que pasará cuando ya no estén entre nosotros estos símbolos de nuestra música autóctona?; Será terrible ¡

Le quedara entonces el camino expedito a los “cazatalentos” del mercado del entretenimiento en Norteamérica y el Caribe, para lanzar mas allá de nuestras fronteras y basados lógicamente en lo que escuchan en Colombia, producciones musicales mediocres, iguales o peores que las actuales y las llamaran Vallenato. Seguirán transmitiendo entonces a las juventudes del resto del mundo, una versión desvirtuada de nuestra verdadera cultura, tal como hicieron y lo siguen haciendo con la música mejicana y el resto de música latina que se escucha en Estados Unidos, acomodada para satisfacer los oídos del consumismo, mientras se destruyen nuestros valores verdaderos.

Creo que estamos a tiempo de hacer algo por salvar nuestro patrimonio cultural. Lejos del Valle las noticias mas serias al respecto, se obtienen a través de la pagina en Internet de la Fundación Festival Vallenato y se ven allí algunas muy buenas intenciones que ojalá no se queden en proyectos, por el bien de la música vallenata y de quienes defendemos la preservación de lo autentico, y en memoria de los que ya no están, incluyendo al inolvidable Colacho Mendoza.

Escribió:

JACINTO LEONARDI VEGA GUTIERREZ
Compositor Vallenato
leonardivega@yahoo.com

2 comentarios sobre ““COLACHO” MENDOZA: Una sonrisa, un sombrero……su acordeón.

  1. Y no se ha hecho nada, toda esa basura se transmite incansablemente por todas las emisoras del país y lo llaman «Vallenato», como se moverán en su tumba los grandes del folclor vallenato que tanto lucharon para sacar adelante esta música tan bella.

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  2. Me pregunto si entre esas produciones mediocres que no precisa el autor de este articulo, estan las de Carlos Vives. Sabemos de sobra que quien le dio ese toque internacional fue el. Internacional aqui se refiere a que gente de otras nacionalidades llegaran a escuchar este tipo de musica con los arreglos especificos de Carlos Vives. Si le preguntan a un extranjero quien es Colacho Mendoza, Enrique Diaz, incluso, Diomedes Diaz, lo mas probable es que no sepan quienes son estos senores. Ahora pregunto: lo que se produce hoy en dia, si no es una version de lo que conocemos como vallenato, que es entonces? Que nombre recibe?

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