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Con huesos, científicos reconstruyen el pasado cultural

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La antigua Catedral de Panamá es el lugar de las excavaciones arqueológicas por haber sido asentamiento de la Colonia.

Docentes de la Universidad del Norte trabajan en ruinas de Panamá con hallazgos arqueológicos para conocer cómo vivía la gente de la época.
Tras el entierro, el proceso de descomposición deja bajo tierra solo un montón de huesos corroídos y estructuras dentales que con el paso del tiempo pierden su identidad. Sin embargo, un grupo de científicos de distintas partes del mundo trabaja para descubrir lo que se esconde detrás de restos óseos de casi más de 500 años. Todo ello, para reconstruir las formas de vida del pasado colonial de América.

Esqueletos, medallas religiosas, cuencas de collar, fragmentos de vasijas y otros objetos antiguos conforman un amplio depósito sin acabar de hallazgos arqueológicos encontrados en las ruinas de Panamá viejo -Patrimonio Mundial de la Unesco como sitio arqueológico desde 2003-, cuando comenzó la investigación An artery of empire (Una arteria del imperio) en 2016.

España, Panamá, Alemania, Italia y Colombia aúnan esfuerzos interdisciplinares para explicar el impacto que tuvo la convergencia de cuatro continentes en el Nuevo Mundo durante la época moderna. ¿Qué dejaron las relaciones comerciales, culturales y biológicas de agentes americanos, africanos, asiáticos y europeos en la construcción de la actual sociedad panameña? es la pregunta que se hacen.

Liderada por la historiadora Bethany Aram, docente de la Universidad Pablo de Olavide en Sevilla, España, el proyecto interdisciplinar presentado ante el programa Horizonte 2020 es financiado por el Consejo Europeo de Investigación con más de 1.998.000 euros. Y desde Colombia, la Universidad del Norte coordina las excavaciones arqueológicas y los análisis bioantropológicos de los hallazgos.

La arteria del imperio

En 1519 el noble español Pedrarias Dávila fundó la ciudad de Panamá, el primer asentamiento europeo construido en el Pacífico americano. Durante el siglo XVI y finales del XVII se consolidó como la principal residencia española en Castilla del Oro, sede de la Corona y la iglesia en el continente.

Fue su ubicación un punto estratégico para el imperio, una de las rutas comerciales más importantes de la época. “Por el puerto transitaban bienes y personas desde América a otros continentes y viceversa. En ese entonces convergían Europa, Asia, África y América”, cuenta el líder del componente arqueológico del proyecto, Juan Guillermo Martín, director del museo Mapuka y docente del departamento de Historia y Ciencias Sociales de Uninorte.

De igual forma, Panamá fue destino de piratas. En 1671 fue atacada y destruida con un incendio por el inglés Henry Morgan. Dos años después se trasladó a unos 12 kilómetros, en lo que hoy se conoce como el Casco Antiguo. El abandono de las ruinas de la primera fundación permitió la conservación de monumentos históricos, que constituyen un oasis arqueológico porque guardan evidencia de ocupación colonial y prehispánica de hace 1.500 años.

“Este sitio es una privilegio para nuestra investigación. Desde el punto de vista colonial tenemos evidencias que van desde 1519 a 1671, lo que nos permite relacionar los hallazgos con esa dinámica de lo que llamamos primera globalización, porque fue después del descubrimiento de América por Europa cuando se dieron los primeros intercambios culturales intercontinentales”, explica Martín.

Rastros bajo el suelo

Más de 300 años después del abandono, algunos vestigios siguen en pie. Entre ellos la Catedral, lugar sagrado para prácticas funerarias en aquellos tiempos. Por eso dispusieron allí el área de excavación de unos 80 metros cuadrados, en busca de restos de los antiguos pobladores de la ciudad.

A diferencia de lo que se puede pensar, la Catedral no era zona de entierro de los más ricos, sino de los más pobres. Según los registros de archivo que el grupo de historiadores consultó en Sevilla, la élite de la sociedad compraba espacios en otras iglesias para sus tumbas.

“La Catedral era el sitio más económico para enterrar muertos. Por eso la gente rica sepultaba en ella a sus sirvientes y esclavos. Así que creemos que vamos a encontrar una configuración poblacional más variada que la que esperábamos, que era de gente blanca europea”, afirma Martín, quien en el año 2000 había adelantado estudios en estas ruinas.

En los trabajos ya han encontrado evidencias de la transformación arquitectónica que sufrió la Catedral. Los espacios religiosos eran los lugares más importantes para la población española, así que a su llegada fue lo primero que construyeron. Al inicio estaba ubicada al sur de la plaza, pero en 1543 se trasladó a la posición actual para hacerla más grande y con mejores cimientos.

“La primera edificación era pequeña y en madera, pero en 1626 inauguraron una en piedra. Eso lo corroboran los hallazgos. Hemos identificado las base de columnas robustas, y los rellenos para adecuar el terreno en sus distintas etapas”, asegura Martín.

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El arqueólogo Juan Guillermo Martín, docente de Uninorte, durante los trabajos de campo en Panamá.

Los huesos hablan 

Pero los hallazgos más llamativos de esta investigación han sido los restos óseos. Las primeras evidencias –cuentan los investigadores uninorteños- muestran la reutilización de los pisos de las iglesias como espacios funerarios, ya que se encuentra una capa de huesos sin ningún tipo de conexión entre ellos; en otras palabras, tumbas alteradas por la apertura de otras sepulturas.

“Nos concentramos en los enterramientos más completos y en los cráneos donde no hay duda que pertenece a un solo individuo”, expone Martín. Y los encontraron dispuestos bajo cánones del rito católico: pies dirigidos hacia el altar, en algunos casos con la cara mirando hacia donde sale el sol (este), brazos sobre el pecho o la pelvis. Y otros objetos como alfileres que evidencian que los cuerpos eran amortajados, porque el uso de ataúd era costoso.

La primera etapa de las excavaciones se realizará hasta marzo de este año; después empieza el trabajo bioantropológico y de identificación genética. “Lavamos el material para quitar el sedimento adherido y empezar a armar los rompecabezas. Pero todo parte de la disposición de los huesos en campo, si no recolectamos cierta información durante las exploraciones incidirá en los resultados de laboratorio”, menciona Javier Rivera, también docente del departamento de Historia y Ciencias Sociales de Uninorte.

Sexo, edad de muerte, estatura y raza son la cuarteta básica para la identificación humana. Con la medición de cráneos y de las facciones del rostro es posible averiguar si el individuo es asiático, americano, europeo o africano. Y con la observación de las características de la pelvis es posible reconocer si es hombre o mujer, porque ellas tienen dispuestos los huesos para poder dar a luz.

“La combinación de observación y medición de los rasgos precisa la identificación. En el caso de la edad se miran procesos de desgaste en ciertos huesos para establecer rangos. Por ejemplo, si el individuo no tiene el tercer molar, o cordales como se le conoce aquí, quiere decir que es menor de 18 años. En esa época la esperanza de vida no superaba los 50 años, porque eran difíciles las condiciones ambientales y sanitarias”, asegura Rivera.

Pero, además, se pueden establecer cambios en las dietas de las personas. A través de la isotopía de Estroncio, elemento que se adhiere a los huesos tempranamente y no varía, se pueden identificar los procesos migratorios. Como explica el antropólogo Rivera.

“Te puedes ir a vivir a Australia el resto de tu vida, pero las características del Estroncio seguirán siendo las del Caribe colombiano, no van a variar. Así podemos ver de qué nacionalidad era el individuo que fue a parar a América. La historia de las personas queda en sus huesos”, dice.

Con el registro dental también identifican el tipo de alimentos que consumían. Si los dientes tienen caries puede que haya alta cantidad de azúcares en la alimentación, por ejemplo. Pero también esperan descubrir algunas de las enfermedades que padecían en la época, por lo menos las que quedan registradas en los huesos, y cómo se enfrentaban a ellas.

“Hay que tener en cuenta que no todas las enfermedades se manifiestan en los huesos, ahí tenemos una limitante. Pero podemos ver infecciones como la sífilis o la tuberculosis que deja rastros en el hueso en estados muy avanzados. Se puede ver estrés nutricional y actividades laborales”, señala.

ciencia

Por la memoria 

En general, los científicos buscan reconstruir la vida cotidiana: las condiciones de salud, vida y enfermedad de las antiguas poblaciones durante la época colonial. Ello con la firme intención de llenar “inmensos vacíos” que la memoria del continente aún tiene, según consideran.

“Es importante recoger las experiencias de nuestros ancestros para buscar soluciones que puedan ser útiles en el presente, aprender del pasado. En esa medida, este tipo de trabajo va a generar cierta conciencia para aprovechar lo que sucedió en el pasado en estrategias que puedan resultar útiles a las necesidades que tenemos en la actualidad”, expresa Rivera.

Y para ello los científicos consideran de vital trascendencia salirse de los límites geográficos actuales, que no eran los mismos de hace más de 500 años cuando la colonia española reinaba en tierras americanas.

“Esa frontera arbitraria que tenemos desde 1903 entre Panamá y Colombia no existía antes. Muchos se han limitado a esas fronteras que son recientes, y la arqueología no funciona de esa forma. Si no empezamos a realizar investigación trasnacional vamos a obtener una información parcializada de nuestra propia historia”, manifiesta Martín.

Por eso, uno de los objetivos de la investigación es la creación de una gran base de datos que contenga toda la información recolectada; pero que además, a partir de las consultas realizadas la misma plataforma vaya “pensando” y brindando posibilidades de cruce de información. Está previsto que en 2019 esté asequible al público.

Pero el proyecto no pararía ahí. Los panes son contrastar la información hallada con otras colecciones osteológicas de otras ciudades coloniales. Desde ya se realiza ese trabajo en La Habana, Cuba que también jugó un papel importante en las rutas de comercio del imperio español. Y más adelante esperan llegar, por esa misma razón, a Acapulco, México y a Lima, Perú.

POR: ADRIANA CHICA GARCÍA

adriana-chicaPeriodista cultural. Música, literatura, cine y artes plásticas, en ese orden. Básicamente, cuento esas historias, y otras más sobre paz. Enfoque de género y derechos humanos definen mi escritura. Caribe.

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