Martín el gran muchacho

martin-el-gran-muchachoPor Por Edgardo Mendoza Guerra

La tradición religiosa católica tiene en la Semana Santa, su más alta consideración. Los jueves y viernes santo son de silencio, respeto, oraciones, pero sobre todo silencio. Los pueblos de la vieja provincia recurren a sus milenarias cocinas y sus platos típicos de estas fechas.

Los pequeños ganaderos regalan la leche entre los pobres. Los dulces llenan las bateas y en los patios los compadres conversan de viejos tiempos. Las cantinas se apagan hasta el sábado de gloria que llegan los bailes y la alegría regresa. Este sábado de gloria, será de tristeza, Martin Elías, el pequeño muchacho, está muerto, va a la gloria al encuentro temprano con su padre Diomedes Díaz, el enorme maestro del folclor, que tres años después de su partida, sigue con su música que parece eterna. El Gran Martín Elías apenas iniciaba su tarea, seguía su suerte, heredaba sus gestos, su voz y su gracia. Su carisma.

“Lo digo porque lo vi tendido en la carretera”, dice un canto vallenato sabanero. La muerte de Eduardo Lora, que Landero cantaba y lloraba al mismo tiempo. Estos accidentes dejan luto en el folclor, Juancho Rois y sus amigos en avión como Gardel. Marín, Jesús Manuel, Patricia, Kaleth, por solo decir cuatro nombres en la carretera.

Lo días santos tienen sus valores espirituales, desde pequeño lo vimos y con la edad respetamos. El maestro Emilianito Zuleta, dijo ante la inesperada noticia que en su larga vida musical, nunca tocaba los días santos, esperaba el sábado de gloria, cuando las cantinas de pueblos y ciudades vuelven a llenarse de música y de fiesta.

Dos mujeres tienen el alma rota, destrozada mil veces. La Vieja Elvira que justamente pierde a un hermano en su pueblo natal, y al mismo tiempo a su nieto, el pequeño cantor, cuya grandeza crecía como las sombras. Ya Mama Vila, –como le dicen sus nietos- había perdido al Viejo Rafa, su esposo, al Cacique Diomedes, su hijo mayor, a su hermano Martín, maestro inspirador de Diomedes y ahora otro dolor de cuya resistencia su viejo corazón dará razón.! Tantas penas para un solo corazón!! Diría Diome, como ella siempre llamaba a su inolvidable hijo.

Patricia, llora a su muchacho, es el dolor del alma de una madre cuyo refugio siempre será Dios en su inmensa misericordia. Elvira y Patricia, dos mujeres que parieron alegría, hoy les toca tragar tristeza, llanto, asombro, desconsuelo.

Diomedes hizo famosa su fecha de nacimiento, el 26 de mayo. Martín que apenas se asomaba al mundo de fama y amigos cumplía 26 años. Es tan corto el amor y tan largo el olvido, escribió Neruda.

El Gran Martín Elías, deja dos niños, prueba que los arboles buenos dan frutos tempranos. Un verso horas antes de accidentarse fue su despedida y al mismo tiempo su encuentro en lo celestial …” a mí me duele papá, porque se fue de mi lado, no me voy a preocupá porque allá nos encontramos..
Horas después su alma volaba al encuentro, y su cuerpo quedaba en la carretera, su joven corazón insistía en seguir, pero su alma juvenil, noble, sana, clara y buena, rozaba las nubes mirando otros mundos y otras risas. Otros aplausos que los humanos no alcanzamos a escuchar.

Es la vida que pasa. En La Junta, La Guajira, sepultan al tío, un hermano de la Vieja Elvira con el silencio de los pueblos y sus cementerios llenos de olvido con gente inolvidable, en el parque de leyenda de Valledupar estará el cuerpo del Gran Martín Elías, que inicia su curso ingrato para ser leyenda. Ayer cantaba, hoy otras voces cantarán en su nombre.
El sábado de gloria siempre es de alegría, hoy será de tristeza, de recuerdos, incluso de sorpresa, no es fácil creer que el Gran Martín Elías, el muchachito que hace pocos años se convirtió en un “terremoto” musical, que tenía su línea, el “Martinismo” como nueva escuela.

Ya las muchachas bonitas del Valle, no posaran a su lado para las fotos en los aeropuertos, ya esa fila grande y desordenada de seguidoras no buscarán autógrafos, ni escucharan sus discos. La vida cambia con el tiempo decía Freddy Molina, poeta de Patillal.

El mundo vallenato los acompaña, caras tristes, llantos rotos. Solo dos mujeres seguirán con su dolor eterno, de madre y abuela. Patricia, que lo tuvo en su vientre y en su alma, Elvira que siente en sus nietos la sangre de su hijo como lo ríos guajiros, lentos, pero contantes.

EL Gran Martín esta entre las nubes, su canto seguirá haciendo fiestas entre los corazones que logró conquistar y como el suyo, seguirán latiendo como las lluvias mansas de este abril que se vuelve leyenda.
@edgardomendozag
edgardo.mendoza61@gmail.com

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