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“ITINERARIO DE UN SOÑADOR de vida”

Cuento |Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Como si hubiese pasado un vendaval sobre su cuerpo,  Bernardo Pretel Abdala se hallaba totalmente empapado de sudor, producto de la fiebre que le aquejaba, tras haber abandonado el hogar de sus Padres, quienes en un momento de ira lo conminaron a que aceptase las reglas por ellos impuestas o se fuera con sus ideas a otro lugar, pues según el decir de ellos, eran contrapuestas a la moral religiosa que imperaba en la familia Pretel De la Espriella, cuya tradición era bastante reconocida en la ciudad de San Juan de Sahagun.

Bernardo Pretel  a sus treinta y cuatro (34) años, era un reconocido libre pensador, que habiendo concluido sus estudios de Sociología y Filosofía, en países como Francia y Alemania, exhibía todo un bagaje intelectual, el cual compartía en tertulias semanales con sus viejos amigos del Colegio, en dónde había cursado sus estudios secundarios.

Sentado sobre un taburete debajo de un palo de mango, no cesó en esa noche de diseñar en su mente, un modelo de sociedad incluyente, que no discriminase por ningún motivo a nadie, sin excepción, pues conocía desde que estaba muy joven, como existía una separación brutal entre sectores sociales opulentos y otros que poco o nada tenían que mostrar.

Mientras se frotaba con una toalla su cuerpo sudoroso y sumergía su cabeza en una ponchera con agua sacada del rio San Jorge, en la Finca de su abuelo Abraham Abdala, su mente deambulaba pensando en su futuro inmediato, pues aunque aún era soltero, tenía un idilio de varios años con una dama de origen sirio-libanés, llamada Zamira Busaid, con quien tenía proyectado conformar su nido de amor.

No habían aún aparecido los primeros rayos de luz en la mañana, cuando el pito de una camioneta distante unos cincuenta metros de la vivienda donde estaba Bernardo, sonaba insistentemente, en tanto que los perros formaban una algarabía, mientras unos hombres armados y con camuflados se acercaron al lugar y preguntaron por Bernardo. Yo soy, a sus órdenes, respondió este tranquilo. No queremos verlo por estos lares, pues sus ideas son propias de subversivos. ¿Cómo así?, respondió Bernardo. No le vamos a dar explicaciones, pero sus ideas de libertad, igualdad y fraternidad que viene predicando, generan mucho malestar en la ciudad. Le respetamos la vida, por ser hijo de un amigo nuestro, pero emigre de aquí lo más pronto posible.

Bernardo Pretel  era un testigo excepcional, que había visto con tristeza como a muchos campesinos, ubicados en varios corregimientos y veredas, les fueron arrebatadas sus propiedades, a través de amenazas, para que vendiesen las mismas a precios irrisorios, so pena de eliminarlos al no querer aceptar las condiciones establecidas por hombres pagados por parte de grandes hacendados y ganaderos de la región, quienes también formaban parte del gran Club Social, donde se desarrollaban negocios de alto turmequé.

Tomando su mochila, un sombrero vueltiao y algo de comida, de forma callada cogió el camino a la ciudad, con un propósito exclusivo: Decirle a su amada que contrajesen matrimonio civil, ante un Juez y luego se radicasen lejos de allí. Bastante fatigado tras haber recorrido casi diez kilómetros, abordó un Jeep Willis que pasó por allí. Con su mirada inquieta y vivaz, observó que varios pasajeros guardaban armamento militar y prefirió bajarse antes que continuar en esas condiciones.

Un pálpito en su corazón le dio a entender, que algo grave iría a ocurrir a esa hora temprana. Efectivamente, cuando el vehículo avanzaba aún en plena zona de ladera, una balacera comenzó a detonar. Grupos de origen ilegal que azotaban la región, se habían convertido en el terror de pequeños y medianos propietarios de la tierra, que huían con sus seres queridos perdiéndolo todo, pero eludiendo la acción de las bandas criminales.

Se consumaba así, toda una operación de despojo sistemático de tierras fértiles, sin que las autoridades competentes hiciesen nada por impedir tales hechos, atentatorios contra los derechos establecidos en la Carta Magna o Constitución Nacional. Bernardo  tenía el presentimiento que su Padre estuviese involucrado en estos menesteres delictuosos, porque su comportamiento así lo daba a entender. Apresuró entonces su marcha y se subió en un camión que lo condujo rápidamente a Sahagun, en donde procedió a contactar vía telefónica a Zamira, a quien sin mayores preámbulos le expresó: “Zamira, quiero proponerte que nos casemos y abandonemos pronto esta ciudad. No obstante lo haremos por lo civil, pues no creo en sacramentos ni nada que parta de los Curas, por todo lo que ellos han representado como organización cómplice de los poderosos”.

Tras escuchar de labios de su amada ese Sí, que tanto esperaba, Bernardo  procedió a alojarse en un Hotel, descansar y pensar en lo que habría de ser su futuro inmediato ya casado. Luego de comer y ducharse, se dio a la tarea de elaborar un escrito dirigido a un Juez amigo, para que se consumase su unión por lo civil, lo cual era mirado con desprecio y con burla por parte de cierto sector de la sociedad sahagunense, la cual estaba impregnada de las doctrinas cristianas, según las cuales el matrimonio civil era pecado, pues no pasaba de ser un concubinato, lo cual era rechazado de plano por la Iglesia.

La noticia del matrimonio de Bernardo  y Zamira, corrió rápidamente por todos los costados de la ciudad, y este hecho particular se convirtió en noticia principal, puesto que los diversos medios de comunicación de forma vehemente censuraban dicha acción y conminaban a los habitantes de la ciudad a cesar con los futuros contrayentes, todo tipo de vínculo y de colaboración.

Dicho y hecho: el día de la ceremonia prevista, tuvo que efectuarse a puerta cerrada en el Juzgado 1° Civil, puesto que en las afueras de esta dependencia, grupos de personas, con consignas en favor de la Familia, la Tradición y la Propiedad exhortaban a quitarles el habla a quienes habían osado transgredir las leyes divinas. Todas las Iglesias cerraron sus puertas ese día, en señal de protesta por semejante sacrilegio, los comerciantes no abrieron sus locales y además establecieron un pacto de no venderles nada a quienes habían adoptado esa posición, contraria a los cánones de la Santa Madre Iglesia.

Cercados por la ciudadanía, Bernardo  y Zamira, salieron en horas de la madrugada con rumbo hacía la capital del País, pero antes de partir dirigieron un comunicado a todos sus coterráneos que los puso a pensar e igualmente a reflexionar acerca de su actitud precipitada e inducida por personas fanáticas, que manifestaban predicar el amor, pero en la práctica hacían todo lo contrario, pues a ellas solo les interesaba hacer que todo el mundo pensara y actuara exactamente como ellos, al estilo de la antigua inquisición.

Los amigos de Bernardo, compañeros de tertulias, decidieron dar inicio a una cruzada de reivindicación del derecho que tienen todos los seres humanos a decidir sobre su propio destino, sin que exista ningún tipo de imposición, pues el mismo Creador Universal otorgó a los hombres la facultad de asumir su propio camino, siempre y cuando tuviese en su conciencia claramente establecido, que el derecho de uno termina en donde comienza el de los demás.

Bajo estos parámetros se creó una revista en donde cada persona podía exponer libremente sus puntos de vista u opiniones en torno a diversos temas, lo cual vino a redundar en un despertar del intelecto y la forma de ver y pensar, partiendo de la base de no hacer exclusiones, sino por el contrario de brindar espacio a todas las expresiones, así fuesen lo más antagónicas posibles, pero siempre con altura y respeto, para que todos pudiesen convivir en paz.

Bajo el lema, “Por una sociedad en paz, abierta y librepensadora”, los amigos de Bernardo  dieron inicio a una especie de revolución cultural sin límites, que vino a inaugurar una etapa brillante para una generación que estaba siendo absorbida por el licor, la mitomanía y la escasa o nula participación activa en la solución de los problemas inherentes a su región. Ello constituyó la base para comenzar un desplazamiento gradual de una clase politiquera asociada con elementos camanduleros que se habían apropiado del poder, acudiendo a la fuerza de las armas, a la mentira y tergiversación, sin el debido respeto hacia los derechos humanos.

Justo en la fecha en que se cumplían dos años del exilio de Bernardo  y Zamira, regresaron felices a Sahagun, donde fueron objeto de varios homenajes de desagravio, porque su caso sirvió de motivo, para que unos cuanto amigos de ellos, despertaran de ese terrible letargo en que se hallaban sumidos, dando inicio a una nueva era, donde el trabajo honrado y el combate contra corruptos y asesinos, se convirtió en la consigna más importante, para un pueblo que le tocó padecer durante largos años, los embates de unos cuantos gamonales, que se creyeron propietarios, de un pueblo alegre, cálido, amable y maravilloso, como lo es el de Sahagun, que dijo No más a la barbarie y a la guerra sucia.

Bernardo  y Zamira, sin proponérselo vinieron a convertirse, durante un largo itinerario cargado de dolor y frustraciones, en los nuevos héroes que por su capacidad de enfrentar las adversidades con decisión y un ejemplo positivo, abrieron el espacio para las nuevas generaciones. Al llegar al Aeropuerto fueron recibidos con amor y alegría por amigos entusiasmados, por el regreso de quienes nunca debieron partir.

 

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BLOG DEL AUTOR: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

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1 Comentario en “ITINERARIO DE UN SOÑADOR de vida”

  1. Jesus Castro Castro // junio 19, 2018 en 3:39 pm // Responder

    Excelente documento, de verdad mis mas siceras felicitaciones para Alejandro.

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