OCAÑA, PATRIA MÍA: ¿QUÉ TE HA PASADO?

Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

OCAÑA: El 14 de Diciembre del 2020 vas a cumplir 450 de fundada, y en lugar de verte avanzar, al hacer una mirada retrospectiva, siento por ti pesar. ¿Qué ha pasado contigo?, me pregunto incesantemente y solo rondan en mi memoria, viejos tiempos de felicidad.

Por motivos muy razonables, hube de emigrar a otras ciudades, con el propósito de forjarme más como persona, capacitarme para cumplir retos de diversa índole e igualmente, tras el fallecimiento de mi Padre, ya no tuve más el seno de mi hogar familiar. No obstante siempre tuve en mi mente, un sincero deseo de regresar. Pero……la vida no es cosa fácil, máxime cuando se lucha con principios morales y decencia, más no con “jugaditas” ni engaños para poder “avanzar”.

Centenares de familias se vieron forzadas a salir de tu territorio, por múltiples motivos, que sería interminable poderlos enumerar. Sin embargo en el corazón de todo buen Ocañero, siempre ha existido un viejo anhelo: pasar, aunque sean sus últimos años, en ese terruño sagrado, que nos vio crecer, jugar, reír, estudiar, bailar y muchas cosas más.

Cuando recuesto mi cabeza en un mecedor, y una brisa fresca que se cierne a mí alrededor, las imágenes vuelan y un desfile interminable de aquellos años de infancia y adolescencia, cuando cruzaba por tus calles y parques, y por doquiera yo encontraba amigos en todo lugar, que sonrientes me saludaban y nos sentábamos a departir. Cuando he vuelto a tus lares, difícilmente los puedo hallar. Han huido de esa tierra, al igual que yo, y me he preguntado: ¿Por qué?

Con tu clima maravilloso, que el Todopoderoso te regaló, Ocaña en tu seno acogiste hombres y mujeres, decentes y emprendedores de muchos lugares de Colombia, en particular de la misma Provincia, del Caribe y una buena cantidad de foráneos, que enriquecieron nuestra tierra, economía y cultura, traídas de lejos como bendición.

Toda esa mezcla se impregnó en nuestras vidas; por ello el Ocañero se hizo notorio, en cualesquier lugar donde se encontrase, e incluso colonias grandes se fueron formando en muchas ciudades capitales. Lo que se hereda, no se hurta, reza un refrán muy popular. Y es que en Ocaña fuimos criados, además de la arepa con queso, las cocotas y las cebollitas rojas, con unas características muy singulares, como el buen humor y la alegría, que se desborda cuando grupos de paisanos nos reencontramos y disfrutamos de una buena charla, de cánticos andinos y caribeños, que se anclaron en nuestra alma y forman parte de nuestro modo de ser.

Infortunadamente, somos parte de una Nación, cuyos conflictos aún no se han podido resolver y que, antes por el contrario, se agudizan y se han tornado crónicos, porque la avaricia, el deseo de fama, poder y riquezas, ha hecho mella en la conciencia de quienes, en una u otra forma han detentado el poder en todos los niveles. La corrupción se ha desbordado, y para cubrir sus delitos y no ser juzgados, muchos de los delincuentes que por medios ilícitos, de grandes cargos se han apoderado, manipulan a un pueblo, lo fanatizan y enceguecen, hasta lograr que entre los de abajo se maten, a estas alturas de la vida, por el color de un trapo, o por “personas” (si así puede llamárseles), que trafican con las necesidades, la ingenuidad y el desconocimiento de la verdad.

Hace dos años largos, regresé a mi Ocaña querida, con todo el deseo de aportar mi pequeño grano de arena, y que mi tierra fuese un lugar tranquilo y acogedor, para todo el que allí llegase. Que tristeza ver tanto desorden, anarquía en el tránsito, desgreño administrativo y muchas cosas más. Unos cuantos mercaderes, provenientes de otros lugares del País, que cumplen oficios de testaferros, fueron allí a lavar dineros oscuros; todo lo encarecieron, los bienes inmuebles se multiplicaron de una manera atroz, barrios surgieron por todos los lados, sin ningún control y sin cumplir requisitos mínimos de urbanización. Y para colmo de males, el Patrimonio arquitectónico lo destruyeron, en su vil ignorancia.

Automóviles, motos abundan por doquier y ante la carencia de vías imposibilitan el tráfico y lo tornan infernal. Los andenes estrechos que dificultan la movilidad del peatón, un comercio exagerado, donde el contrabando y lavado de dinero es evidente, mientras una industria que genere empleos y oportunidades laborales no existe.

La delincuencia organizada, de maneras variadas, hizo sucumbir la tierra de nuestros ascendientes. Ya no hay espacio para el Ocañero raizal y decente. El bullicio por todas partes, el atropello y el hurto, forman parte de su cotidianidad, y una “clase dirigente” incapaz y menesterosa, que procura rapar el fisco para satisfacer su ambición, han hecho de Ocaña, un escenario propicio, para la guerra y no para la paz.

BLOG DEL AUTOR: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

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