EL LIBRO NOS HACE LIBRES

Por: Donaldo Mendoza Meneses

Leí sin sorpresa, en El Pilón de Valledupar, un artículo de la periodista Annelise Barriga sobre el deterioro en que se encuentran los libros de la Antigua Biblioteca Municipal – Casa de la Cultura. Lo que sí me sorprendió fue la justificación del excoordinador Alberto Muñoz Peñaloza: “No seguimos ese trabajo (de digitalizar) porque consideramos que no valía la pena, teniendo en cuenta que había asuntos culturales más importantes”. Si así se valora el libro, qué se puede esperar de un coordinador. En el plano ideal, el responsable de una biblioteca es una persona apasionada por la lectura, a quien el libro se le vuelve una necesidad existencial, un hábito sin el cual la vida carece de sentido.

En verdad, no sorprende el deterioro de esos libros. Hace unos días vi en la oficina de la Asociación de Profesionales de Codazzi (Aprocoda) una pirámide de libros que se alza desde el piso y casi toca el techo. Tampoco me sorprendió, porque sé que ese es el actual estado de los libros en muchas bibliotecas públicas y, lo más triste, en colegios públicos del país. Porque si el bibliotecario(a) no tiene el hábito de la lectura, cómo contagia a los estudiantes.

Y sobre que “no valía la pena” y “asuntos culturales más importantes”, le comparto al señor Peñaloza la siguiente información: cuando terminaba el milenio (1999 – 2000), en Europa se hizo una encuesta entre periodistas, escritores e intelectuales de renombre, sobre cuál consideraban era el invento del milenio más importante y de mayor beneficio para la humanidad. La respuesta fue unánime: la imprenta. Esa que se inventó Johannes Gutenberg en el siglo XV. Como quien dice, este señor alemán hizo la luz por segunda vez; porque los libros, que eran privilegio de una minoría de clérigos y ricos que leían textos escritos a mano, pasaron a ser patrimonio de ciudadanos del común que ahora podían leer la Biblia y otros libros editados en serie por la máquina de Gutenberg.

Bien sabemos que el responsable de que los libros hayan caído temporalmente en desgracia es actualmente el celular, amo de media humanidad que no lee propiamente libros virtuales sino mensajes rapidísimos, que más que leer se ven y se eliminan. Con esa característica, en un tiempo no lejano, la virtualidad seguirá siendo el alimento lector de una masa alienada y gregaria; en tanto que la restante humanidad se dará cuenta de que la mejor lectura es la que se hace en libros físicos. Entonces, volverá a haber no más lectores, sino mejores lectores.

En fin, volverán las aguas al cause original, en razón de que, los que hoy desechan libros, es porque nunca los han tenido en su casa; y si los han tenido, ha sido en esa condición que revela Víctor Hugo: “Hay algunos que tienen una biblioteca como los eunucos tienen un harén”. No olvidemos que una sociedad verdaderamente democrática precisa de personas con pensamiento crítico, capaz de discernir y buscar por su propia cuenta la verdad. Esos son los genuinos amigos de ese poderoso instrumento de la cultura y la civilización moderna, el libro. Como lo dice, amistosamente, Ricardo León: “Los libros me enseñaron a pensar, y el pensamiento me hizo libre”.

BLOG DEL AUTOR: Donaldo Mendoza Meneses

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