AHÍ VAS PALOMA O EL CLÁSICO VALLENATO POR ANTONOMASIA

Por Orlando Molina Estrada

La canción vallenata “Ahí vas paloma“ y la colosal interpretación de Tomás Alfonso Zuleta en los fuelles de Emilianito, salió al mercado discográfico en el año 1996, incluida en el disco Siempre vallenato, donde aparecieron once canciones pertenecientes a los más selectos autores vallenatos. De entre ellas, cabe mencionar la remasterización de “La llorona loca,” del maestro José Barros, “Tu forma de amar,” del Urumitero Fabián Corrales y “Claudia,” de la autoría del mismo Poncho. De entre estos temas, “Ahí vas paloma” se desprendió como el éxito más destacado del larga duración, sencillo que valió la atención de Consuelo Araujo Noguera, quien pronosticó que debido al tono melancólico y el aprecio de las metáforas propias de quien fuera su creador, sin duda la canción iba a constituirse en un clásico vallenato, y que a pesar de estar inscrito en el estilo de un autor joven -que acaso alcanzaría los  30 años- no disonaba con las características canónicas del vallenato narrativo-lírico tradicional.

La sorpresa de Araujo no debió ser únicamente el componente poético de la pieza, compuesta por el patillalero José Alfonso “Chiche Maestre”, que se constituiría en la banda magistral de muchos despechados, sino el contexto en el que cobraba relevancia una canción de semejante temple de ánimo, donde el gusto interiorano del país había demandado un vallenato de menos densidad “folclórica”, ya con una fuerza comercial instaurada. La canción era entonces una muestra que en el género de La región de Padilla había para más y que sus cultores mantenían aún una musa alerta que era preciso enaltecer a través de los comentarios de una autoridad cultural como lo fue La Cacica. Los aplausos por parte del público no se hicieron esperar y se consagró en el éxito por antonomasia de Poncho, debido a las exigencias tonales, la correspondencia con el acordeón de Emilianito y la relación establecida entre la letra como artificio poético y la cuota íntima de las vivencias de su autor, que relucieron inmediatamente en la farándula regional, sin que ello fuera para ese momento el verdadero interés que despertó en la audiencia el nombrado éxito musical.

No obstante, la canción como documento demostrable –sin que esté obligado a hacerlo- motiva y revalida el análisis literario, trascendiendo así su ficcionalidad y garantizando su posición en una dimensión histórica y cultural de más rango como es frecuente en las piezas de este género que han pasado a la posteridad. Con “Ahí vas paloma” sucede similar, pues inscribe a sus protagonistas en un referente creíble de acontecimientos. En distintas entrevistas concedidas por el autor, se ha establecido los motivos que inspiraron la canción, reflejados en una historia personal en la que él mismo ha reconocido en la destinataria de los versos a la presentadora Chata Riaño con quien viviera una relación para nada ajena al mundo vallenato. Al parecer, los términos en que transcurrieron los hechos no pasaron desapercibidos para la sensibilidad de José Alfonso, que en canciones anteriores ya había cifrado en melodías el fruto de sus amores imposibles. Se infiere perfectamente que no fue para nada normal la consumación de su romance, pero por modestia, los personajes reales han suavizado esta versión, contrastando en modo intencional lo dicho en los versos resentidos de la canción.  

Luego de 24 años, a la mejor usanza de las casi ya bodas de plata y no a los 18 donde prematuramente quedan relegadas camino a la consagración otras producciones recientes, la canción ya disfruta de su mayoría edad, enmarcada en el referente cultural vallenato y con vigencia para el público actual. Esta consagración no está enteramente sujeta a los comentarios de Araujo Noguera, sin desconocer el mérito que imprimieron sus palabras, sino a la misma fuerza ilocutiva que se deriva de sus versos, en la que nos presenta un yo lírico enérgico de sentimiento en la soberbia interpretación de Los Zuleta. Seis estrofas, divididas en dos partes por un interludio de brava ejecución del acordeón y sus respetivos coros fueron suficientes para condensar ese “huracán de sentimientos” que afianzara más la mala suerte del autor de los “amores imposibles”.

   Lo planteado en “Ahí vas paloma” se inscribe en una dimensión de amores frustrados, donde el compositor expresa la situación en la que no es correspondido, haciendo uso de un tono desgarrador, en el que ha sido en vano la lucha por sus anhelos. En la canción es palpable esta realidad desde los primeros versos, donde resalta como temática general la insistencia fallida, la desesperanza y el dolor por mantener la relación a pesar de haber tantos reproches: /Yo he perdido por ti hasta mi suerte/  yo he perdido por ti todos mis días / /me propuse entenderte como fuera / pero no resultó, vean que manera /  de acabar con lo poco que tenía.

 Se enuncia en tono hiperbólico la pérdida de los días y la suerte, muy a pesar de la constancia empleada por entender al ser amado, en lo que se termina perdiendo lo poco que había. Esta atmósfera de desconsuelo se percibe en todo el cuerpo de la pieza, en un tono que ratifica el sufrimiento, la pérdida del orgullo y el vacío dejado por la desesperanza donde antes se podría esperar algo teniendo en cuenta lo que la situación de insalvables reproches proponía. Claramente el hablante lírico en medio del “huracán de sentimientos” y mentiras que consintió esperó un cambio: / Yo esperé hasta el final si es que cambiabas / /tu manera de amarme con reproche / /pero me fui imposible dominarte / /todo lo que te di, tanto adorarte / se quedó en un rincón aquella noche.

En la brevedad del canto, que alcanza 4: 30 segundos, hay tiempo para los cambios melódicos en los que se inscribe una entonación cada vez más desgarradora, donde el lamento se agudiza, la voz casi revienta y las imposibilidades de un desenvolvimiento feliz se re-signan, mostrando en la “paloma” una faceta incorregible donde nunca se sacian los alcances destructores de su vuelo, pues esta sigue “buscando rumbos, otro pecho, otro amor, otra herida”.

Para la época, el tema significó un llamado al sentimiento desde las voces nuevas de la composición. Razón tenía Consuelo Araujo cuando hace ya dos décadas sostenía que “Ahí vas paloma” estaba destinada a convertirse en un clásico con todos los honores del caso.

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