LA FAMILIA MUSICAL DE LOS CARRASCAL

Por Jose atuesta Mindiola

La música es como ‘El Árbol de la Gracia’, que resplandeciente florece desde la fresca savia de la tierra. La música es ensoñación, fascinación, catarsis. La buena música nace de la contemplación suprema de la luna en las ventanas del alma, del sonido que se enlaza con el viento y la policromía del paisaje.

La música es regalo de Dios a unos seres escogidos, quienes deben cultivarla y perfeccionarla con disciplina y consagración para alcanzar la altura de maestro. Nadie se hace poeta, si no nace con la predisposición genética para explorar los senderos de las metáforas. Nadie se hace cantante, si no nace con la lira en su garganta para regalarle al tiempo la eufonía de su voz.

Dichoso los pueblos que sienten y viven la música, como nuestro Valle De Upar. Esta región tiene el privilegio de ser una tierra bendecida por la música, por eso abundan los cantores. Los hermanos Alfonso y Jesús Emilio Carrascal Cotes, de la edad de cinco años descubrieron que iban a ser músicos, cuando su abuelo Eduardo Cotes Calderón les da de aguinaldo una violina. Ahí fue el endriago, se sintieron tocados por la fascinación de los arpegios y los susurros del viento. Sus padres, Ciro Carrascal de Ocaña y Blanca Cotes de La Paz (Cesar), felices al ver el talento musical de sus hijos.

Se turnaban la violina y la guacharaca, y tímidamente participaban de las parrandas que hacía su abuelo, un maestro de la violina. Su vecino Lucho Castilla, un mecenas de la risa y la amistad, les regala una caja típica vallenata y se convierten en los niños músicos que alegraban los cumpleaños de los niños de su barrio Simón Bolívar. Y continuaron incansables por caminos de aprendizajes; ya a mitad de la década del setenta interpretaban las mejores canciones de su músico preferido, Alfredo Gutiérrez.

Cuando dejaron de ser niños, su amigo José Luis Ramírez, “El Checa”, los induce a tocar guitarra. Les deja la suya y ellos, en mocedad rozagante, comienzan a robarles los secretos a las cuerdas, y después de varios días los versos y las notas saltan del aire a las cuerdas y quedan en sus manos.

Su presencia en el Festival Vallenato, fueron casi 30 años de participación en el concurso de canción inédita. Debutaron en 1979 con la canción “Adiós infancia” de Félix Carrillo Hinojosa. En 1983 ganaron el primer puesto con la canción “Yo soy el acordeón” de Julio Díaz. Después fueron innumerables las victorias en Valledupar y en otros festivales de la región. Con su “Trío de Guitarras”, también ganaron varios festivales de música vallenata.

Los hermanos Carrascal han prolongado su herencia musical: Luis Alfonso (En Nene), hijo de Alfonso, es reconocido acordeonero de experiencia en varios festivales, fue uno de los acordeoneros del grupo Kvras. Los dos hijos de Jesús Emilio: Ciro Alfonso (Chuly), acordeonero y cantante, y Jesús Emilio Jr. (Chepo), guitarrista y cantante. Su sobrino Denilson es guitarrista. Una familia musical que viene inscribiendo su historia en las páginas doradas de la tradición vallenata.

Este año en la edición 54 del Festival de la Leyenda Vallenata, la familia Carrascal fue ganadora del concurso de la Canción Inédita, con el merengue ‘Las Vainas de Oñate’, de la autoría de Jesús Emilio Carrascal Cotes, una bella canción costumbristas en homenaje al cantante Jorge Oñate. La Canción fue interpretada con dos acordeoneros El Nene y Chuly Carrascal, en el canto El Chepo Carrascal y en los coros Poncho y Millo Carrascal. La familia en pleno, acompañada de Orlando Lobo en la caja, Javier Lazo en la Guacharaca, Juan López y Japo en las guitarras. Las amistades de esta querida familia y los amantes de la música vallenata celebramos este triunfo.
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LOS HERMANOS CARRASCAL.
(Por José Atuesta Mindiola)

I
Alfonso y Jesús Emilio
los hermanos Carrascal
con el arte musical
se embelesan en idilio.
La tristeza está en exilio
con la guitarra en sus manos
y nunca existe el verano,
hay lluvia de melodías.
Que Dios prolongue los días
a estos dos buenos hermanos.

II
Los Hermanos Carrascal
tienen larga trayectoria,
persisten en la victoria
cuando están en festival;
interpretan magistral
sus triunfos bien merecidos,
y siempre se han distinguido
en su tierra y fuera de ella;
tocando canciones bellas
son reyes reconocidos.

III
Imponente el sol se asoma
con su corona de rey;
Alfonso y Jesús en su ley,
cual cantarinas palomas
que vuelan sobre la loma,
con guitarra en armonía
van regando melodías
en la historia musical;
la familia Carrascal
ya forja su dinastía.

IV
En lenguaje popular
los motes tienen su brillo,
les apodan Poncho y Millo
en todo Valledupar.
Sus hijos suelen nombrar
con apodos a la vista:
Chepo, cantor guitarrista.
El Nene es acordeonero,
Chuly le sigue el sendero
en esta familia de artistas.

Familia Carrascal

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BLOG DEL AUTOR:  José Atuesta Mindiola

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