Amores cubanos de Agustín Lara

Por: Ciro Bianchi Ross

Corre el año de 1932 y Agustín Lara emprende una carrera frenética hacia la fama. Hace en esa fecha su primera gira internacional. En París arrebata a los franceses y una de sus composiciones, Farolito, se convierte allí en una melodía de moda.

Es por ese tiempo que hace su primer viaje a la capital cubana, en la compañía de Pedro Vargas y Ana María Fernández. Vuelve en mayo de 1939 y hace entonces una profesión de amor a Cuba. Declara: “Regresaba de Francia … La Habana me abrió sus brazos… y no fui ingrato, ahí están ese Sueño guajiro y esas Coplas que nacieron en la inmensa pradera del Yumurí”. Está aquí nuevamente en 1952. En La Bodeguita del Medio conoce a Sindo Garay y en el cabaré Montmartre toca el piano y conduce una orquesta de violines. Se presenta en los aires libres del hotel Saratoga. Afirma el investigador Radamés Giro: “De su interés por la música cubana da cuenta La cumbancha -homenaje a la percusión cubana que grabaron el Trío Matamoros, Antonio Machín y el cuarteto Caney-, Noche criolla y el danzonete Pobre de mi”.

Una estrella naciente

Es en la visita de 1939 cuando lo impacta una muchacha que se había revelado como Estrella Naciente del Circuito CMQ-Radio, y que en esos momentos hacía un poco de todo en dicha emisora: cantaba, declamaba, asumía turnos de locución. Se llama Xiomara Fernández; tiene 21 años de edad y es tan bella como tímida. Gaspar Pumarejo, que sería el pionero de la televisión en Cuba, los presenta. No han cambiado más que unas pocas palabras cuando Lara expresa su deseo de escribir un canción para que ella la estrene. Xiomara no sabe qué responder, queda sin palabras. Se siente pequeñita ante un compositor como el que tiene delante, pero, al fin, con muchas dudas, accede. Lara escribe para ella Cuando me miraste tú, que Xiomara estrena en el Gran Teatro de La Habana –hoy, Alicia Alonso- acompañada al piano por el propio compositor. La cantará luego en Matanzas y en Pinar del Rio.

“Toda la gloria fue mía / cuando me miraste tú, / toda la gloria fue mía/ cuando me miraste tú, / se quedó sin luz el día, / todo se quedó sin luz / y empezó la vida mía / cuando me miraste tú…”.

Xiomara Fernández recordaría muchos años después que siempre se sintió fascinada por Agustín; era muy fino y delicado, decía. Todos los días le enviaba un ramo de flores a la CMQ. Ella temió que tanta gentileza llamara la atención y despertara sospechas entre sus compañeros y se lo hizo saber. Él entonces comenzó a enviarte a diario una sola flor con una tarjeta en la que se leía “Pensando en ti”.

Se encontraron varias veces en uno de los bares del hotel Sevilla. Lara le habló de llevarla a México en planes de trabajo, y precisó que podía ir en compañía de algún familiar. A Xiomara el viaje no le interesaba. Lara entonces se tiró a fondo y le propuso matrimonio. Ella lo rechazó.

Prosiguió Xiomara una carrera ascendente y no demoró en iniciar un noviazgo con José Antonio Alonso, el disputado conductor de La Corte Suprema, el hombre de las mil novias, como le llamaba la prensa de la época. La boda fue todo un acontecimiento. Contrajeron matrimonio el 1ro de diciembre de 1940, en el Gran Teatro de La Habana, con la sala repleta de radioyentes y gente de la farándula. Para ver y aclamar a la pareja esperaban fuera cientos de admiradores, entre ellos un piloto que hizo aterrizar su avioneta en el Paseo del Prado, frente al edificio del teatro, para soltar palomas y entregar un ramo de flores a la desposada.

De Cuba a Lara

Agustin Lara . Foto: Archivo

La música de Lara se mantiene en el repertorio de cantantes cubanos de todas las épocas, dentro y fuera de la Isla.

El disco Solamente una vez de Cuba a Lara recoge las interpretaciones de grandes voces que lo cantan a la cubana. Pablo Milanés interpreta Noche de ronda, y Omara Portuondo, Solamente una vez, mientras que la orquesta Aragón acomete Lamento jorocho, y Francisco Céspedes vocaliza Regalo de viaje, por petición expresa de una de las ex esposas del compositor. Están también en la placa Van Van, Miriam Ramos, Kelvis Ochoa, Carlos Varela, Santiago Feliú y David Torrens, entre otros.

“Lara ha sido parte de sus vidas, algunos crecieron con él y todos lo han adoptado como si fuera cubano”, afirmó el productor mexicano de ese disco.

En su momento fueron muy celebradas las interpretaciones que, por separado, hicieron de Arráncame la vida, Orlando Contreras y Abelardo Barroso, que cantaba mejor a medida que envejecía. Memorables son las de Pecado, de Blanca Rosa Gil y la que hizo Barbarito Diez de Palmeras. Mucho gustan El organillero, por la orquesta Aragón, Rival, por la orquesta América, y Amor de mis amores, por Elena Burke. Se mantiene viva en el recuerdo la interpretación que Roberto Sánchez y la orquesta Gloria Matancera hicieron de Santa, la melodía que Lara prefería entre las más de 700 que creó.

Dijo de sí mismo: “Soy ridículamente cursi, y me encanta serlo. Porque la mía es una sinceridad que otros rehúyen… ridículamente”.

Agustín Lara Aguirre y Pino, “El flaco de oro”, tiene su monumento en la Avenida del Puerto, a la orilla de la bahía habanera. Una estatua de bronce, obra del escultor yucateco Humberto Peraza, que evoca la presencia del compositor entre nosotros. Resalta la imagen la extrema delgadez del artista que viste de chaqueta y corbata. Su mano izquierda descansa en el brazo derecho mientras la diestra se alza a la altura de la cara para insinuar la presencia de un cigarrillo que se llevará a los labios.

Y es que el autor de la opereta El pájaro de oro y de tanta música para el cine, fumador incesante en vida, fuma ahora en la eternidad.

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