Hoy en homenaje al: Rebelde, Monstruo del Acordeón, Soberbio, Compositor, Cantante, Acordeonero, Ultimo Juglar Vallenato, Arreglista, Inconfundible, Polémico, ah…. Y es catalogado, el intérprete Vallenato más completo, Único TriRey del Festival De La Leyenda Vallenata, los Conocedores del Folclor afirman que la Fundación del Festival tiene una deuda enorme con ÉL, pues con 82 años cumplidos y gracias a Dios vivo y activo, se lo tiene más que ganado, y no valdría la pena hacérselo después de fallecido:
I Alfredo Gutiérrez Vital rebelde del acordeón, Dios le concede el don del talento musical. Él nunca tiene rival sí de música se trata, su habilidad es innata, desde niño ha sido diestro; es maestro de maestros de música vallenata.
II En su sangre están los genes musicales de La Paz, allí nació su papá que su mismo nombre tiene. Tocando no se detiene y baila con armonía, incansable es su energía hasta toca con los pies; fue Rey por tercera vez con elegante maestría.
III Entre los reyes será el más grande de los grandes, con su talento se expande y nadie lo negará. El olvido siempre estará muy lejos de sus canciones, viajan por generaciones sus hermosas melodías; su música es epifanía pentagramas de emociones.
IV Su voz guarda lozanía de flores en primavera y brisas de guarumeras en el despertar del día. Su teclado en armonía a la juventud revive y como es hombre Caribe se arrulla en el horizonte: el Jilguerito del Monte sonriente cantando vive.
No cabe duda de que el cantante y compositor Alfredo Gutiérrez es uno de los grandes en el género vallenato, pues le ha aportado un sinfín de canciones al folclor colombiano.
Recientemente, en medio de una entrevista con el matutino ‘Buen día’ del Canal RCN, el artista contó que no está pasando por un buen momento, pues actualmente su situación económica no se encuentra bien.
El Festival de la Leyenda Vallenata de Valledupar lo coronó en tres oportunidades como Rey Vallenato, en los años de 1974, 1978 y 1986. Así se demuestra que Alfredo Gutiérrez es el indiscutible rey del acordeón en el país.
Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital, nació en las Sabanas de Beltrán, también conocido como Paloquemao, Sucre, el 17 de abril de 1943. Su padre, Alfredo Enrique, era de La Paz, Cesar, tierra de juglares vallenatos, y su madre, Dioselina de Jesús, era de Paloquemao. poblado que se fundó con el nombre de Sabanas de Beltrán y que hoy se le dice Paloquemao porque el único árbol que había en el pueblo, un cardón, se quemó por un rayo.
Desde los cuatro años empezó a tocar el acordeón. En 1953 organizó con su padre y el profesor José Rodríguez el conjunto Los Pequeños Vallenatos, que entre otros lo integraban Arnulfo Briceño, autor del himno de Venezuela, Ay mi llanura; Víctor Gutiérrez, gran arreglista internacional, además de Alfonso y Ernesto Hernández, Adonaí Díaz, Abel Rodríguez y Carlos Castillo. Con este conjunto hizo grabaciones en Venezuela y en Ecuador, pero no se conocieron en Colombia. En 1958 murió su padre, creando un gran vacío en su vida.
En 1960 Calixto Ochoa presentó a Alfredo Gutiérrez y a Antonio Fuentes. Así llegó a Discos Fuentes, en abarcas trespuntá. En octubre de ese año grabó Majagual, obra de su autoría, La ombligona, de Calixto Ochoa, y Se salió el toro, de César Castro. Debido al éxito de estas grabaciones en diciembre de 1960 fueron llamados por Discos Fuentes para una nueva producción y fue cuando grabó Ana Felicia y La paloma guarumera que se incluyeron en Alegre Majagual, el primer volumen de Los Corraleros, en 1961. En el segundo álbum de la agrupación aparecieron los éxitos El pavito y Corazón abandonado.
Alfredo Gutiérrez se convirtió en el arreglista empírico, el vocalista y el acordeonero de la agrupación e impuso con inusitado auge, todo cuanto grabó. En 1963 publicaron, Festival en Guararé, obra del panameño Dorindo Cárdenas que se convirtió en uno de los mayores impactos musicales de esta agrupación. En Venezuela tuvieron enorme acogida y se emitía diariamente un programa radial con sus interpretaciones, que por orden gubernamental debió ser suspendido ante el temor de que la música venezolana perdiera vigencia.
Una de sus obras, Dos mujeres fue un éxito sin precedentes en Colombia y en Venezuela. En Centroamérica y en los Estados Unidos estuvo en los primeros lugares por mucho tiempo; pero la plaza grande que mayor acogida le ha brindado ha sido México y allá el tema fue un gran suceso musical.
En los Carnavales de Barranquilla ha obtenido siete Congos de Oro. Por ejemplo recuerda que en 1976 se presentó con La cañaña, la misma que marcó su regreso a Los Corraleros de Majagual. El más reciente Congo lo obtuvo en 1988, cuando nuevamente se integraron los antiguos Corraleros para unas fiestas muy especiales. Estos Congos se suman a una infinidad de trofeos y condecoraciones: en Alemania se ganó dos concursos como intérprete del acordeón. En 1994 y 1995 la canción que en Colombia se conoció como El solitario fue reconocida como la más vendida en México –vendió más de un millón de copias en México, Canadá, USA y Centroamérica–, que en dicho territorio se conoció como El diario de un borracho. Por ese disco le dieron El Califa de Oro, premio que en México entrega el círculo de periodistas del espectáculo.
Este vallenato de tiempo completo, de 1.70 m de estatura, debe su buen estado físico a que es un apasionado deportista. Fue puntero derecho en un equipo de fútbol en Sincelejo y también es fanático del boxeo y del béisbol.
Alfredo Gutiérrez, el coronado tres veces Rey Vallenato, sigue vigente en sus creaciones y en sus interpretaciones, para bien del folclor de Colombia.
Alfredo Gutiérrez Vital, rebelde del acordeón, Dios le concede el don del talento musical. Él nunca tiene rival sí de música se trata, su habilidad es innata, desde niño ha sido diestro. Es maestro de maestros de música vallenata.
II
En Alfredo están los genes musicales de La Paz, allá nació su papá que su mismo nombre tiene. Tocando no se detiene y baila con armonía, incansable es su energía hasta toca con los pies; fue Rey por tercera vez con notas y melodías.
III
Entre los reyes será el más grande de los grandes, gigantes como los Andes nadie lo puede negá. El olvido siempre está muy lejos de sus canciones, aún silban emociones en su vena musical, que es un eco matinal dentro de los corazones.
IV
Su voz guarda lozanía de flores en primavera y brisas de guarumeras en el despertar del día. El viento con armonía a la juventud revive, cómo es un hombre Caribe se arrulla en el horizonte; como el Jilguerito del Monte Alfredo cantando vive.
Atentamente José Antonio Atuesta Mendiola Cel: +57 3015734205
Muchas son las dificultades que a muy temprana edad, tienen que afrontar una gran parte de los niños colombianos, por esa misma desigualdad social, que desde sus inicios ha existido en nuestra patria. Y como popularmente se afirma, “hay que rebuscarse la manera de sobrevivir dignamente”, aunque resulta difícil en medio de un mundo donde pocas oportunidades tienen esos sectores populares, marginados y vulnerables. Por ello, que es digno de toda mención, ese personaje tan conocido en el ámbito artístico y musical llamado Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital.
Para referirse a Alfredo, no encuentra uno por dónde empezar, pues es tan nutrida y admirable su trayectoria, que uno no sabe cuál de sus facetas ha de resaltar, pues desde que llegó al mundo, como un encargo magistral, este pequeño vino dotado de un gran talento que comenzó a desarrollar, cuando a sus 4 añitos, al ver a su Padre, llamado Alfredo Enrique Gutiérrez Acosta, oriundo de La Paz (Cesar), tocando un Acordeón, sus ojos se abrieron y como una llamarada de fuego se iluminó su corazón, pues fue tanto el encanto y la alegría que en él produjo, que desde ese mismo instante un amor nació.
Conocer la vida y obra de Alfredo Gutiérrez Vital, el músico, el acordeonero, el compositor, el vocalista, arreglista y, en fin, a ese artista virtuoso y nunca egoísta, realmente tocaría disponer de volúmenes enteros. No obstante, a lo que quiero referirme en esta columna, es a ese gran virtuosismo que adorna a una persona, que de manera incesante, desde que saltó a la escena como un músico profesional, ha producido toda una serie de canciones exitosas y de gran valor folclórico y musical, que han trascendido las fronteras patrias, para dar a conocer los más variados géneros y ritmos de toda nuestra Región Caribe colombiana.
Tras haber comenzado a ejecutar su Acordeón desde los 7 años, en las calles de Sincelejo, o montando en bus desde la capital de Sucre hasta Magangué, para colaborar económicamente con sus Padres, y después de formar parte de una Agrupación infantil conocida como Los Pequeños Vallenatos regresa a su pueblo, con cierta experiencia y ante todo, con un estilo por el mismo ya había empezado a forjar.
Esa simbiosis musical que Alfredo fue creando, fue producto no solo de su interés en extraer notas a su fuelle bendito para crear su estilo personal, sino también de las grandes influencias de ese tiempo que de manera maravillosa él pudo conocer, tales como la de maestro guajiro Luís Enrique Martínez, de Pacho Rada, de Alejandro Durán, Abel Antonio Villa, Andrés Landero, Julio De la Ossa y ni que hablar del su Tutor y amigo Calixto Ochoa.
De suerte que, de esa gama tan variada de grandes Juglares y Acordeoneros, el producto final habría de ser un fruto mayor, pues amén de lo anterior, se produjo una combinación de sonidos y estilos, y a todo ello agréguele la creatividad de un joven inquieto, que no contento con todas las enseñanzas recibidas, se empecinaba cada día en sacarle mejores notas a su Acordeón, e igualmente componer y cantar, principalmente toda esa variedad de ritmos nacidos en las llamadas Sabanas de Córdoba, Sucre y Bolívar, en las cuales abunda un sinnúmero de géneros, como en ninguna otra región colombiana.
Esos antecedentes, se puede afirmar sin lugar a dudas, constituyeron la base para que uno de los productores y difusores de la música tropical, Antonio Fuentes, habiendo escuchado hablar de Alfredo, lo llamase para integrar la más espectacular Agrupación Musical Colombiana que haya existido en toda la historia, por sus éxitos resonantes, no solo en su Patria, sino también en infinidad de países donde tuvieron que presentarse.
Si algo caracterizó esa primera etapa de Alfredo, al lado de músicos de una categoría especial, tales como Calixto Ochoa, César Castro, Chico Cervantes, Lucho Argaín, Eliseo Herrera, Nacho Paredes, Carmelo Barraza, etcétera, fue esa inmensa alegría, que ritmos como el Porro, la Cumbia, el Mapalé, Gaitas y Paseitos, Fandangos o Chandés, esa Agrupación sabía imprimir, pero de manera muy particular el Acordeón tan sonoro, de notas exóticas, variadas y bulliciosas, que a toda esa generación de los años 60 puso a bailar, no solo en Colombia, sino a nivel internacional. Uno de los temas de ese entonces, que aún resuena con fuerza, es este que a continuación vamos a escuchar:
“FESTIVAL EN GUARARÉ”
Si repasamos un poco la historia acerca del tipo de formatos musicales que tradicionalmente se utilizaban en la Sabana, para los Conjuntos de Acordeón, observamos que en estos lugares además del instrumento básico o rector, se incluían como percusión el bombo, el redoblante y las maracas, en lugar de la caja y la guacharaca. Años más tarde, ese formato se fue transformando y se comenzó a dar un proceso integrador. ¿Cómo y porqué, dirán algunos?
Pues bien, en la sabana simultáneamente con los conjuntos de Acordeón, de igual manera se fueron desarrollando otros formatos tales como los de los conjuntos de Gaitas, de flauta de millo, tamboras y las Bandas de viento, tan populares como parte del alma de los Departamentos de Córdoba, Bolívar y Sucre.
Es allí la fuente donde se origina el formato de Los Corraleros de Majagual, quienes además de los instrumentos básicos de todo conjunto de Acordeón, le incluyen instrumentos de viento tales como Bombardino, Trompeta y el Trombón, además de timbales, cencerro y contrabajo, lo cual incide en que se imprima mayor fuerza y sonoridad a todos sus tema, haciendo que tome un auge inusitado por toda Colombia y en el exterior, porque se adquiere una nueva forma para el disfrute, para el baile en todo lugar, a diferencia de las parrandas que se limitan a espacios determinados. Fue esta la forma de salirle competencia a las grandes Orquestas y al Rey de la Guaracha, Aníbal Velásquez, que con Acordeón hechizaba y ejercía gran influencia por doquier.
No podemos pasar por alto este suceso, pues de cierto modo, los músicos del Magdalena grande, como Alejandro Durán y Nicolás “Colacho” Mendoza, se vieron animados a incluir en su formato el uso del Bombardino, dada la gran fuerza que este instrumento posee. Al maestro Rafael Escalona, al principio no le llamó mucho la atención este tipo de innovación dentro de su folclor, pero como el mismo Colacho manifestó, Escalona luego empezó a sentir el gustico por esa clase de incorporación.
Quiérase o no, lo cierto es que ese formato sabanero, se fue introduciendo en los aires musicales vallenatos paulatinamente y, hoy en día, podemos decir con satisfacción y alegría, que el mayor impulsor de ese fundamento, lo es Alfredo Gutiérrez, quien después de retirarse de Los Corraleros y siendo el gestor de diversas Agrupaciones posteriores, comenzó a grabar múltiples canciones de autores vallenatos, para hacer una mezcla fenomenal. De allí comenzó una renovación de los conjuntos vallenatos, que se dieron a la tarea de incorporar nuevos elementos para su interpretación, como los Coros al estilo Jhonny Cervantes y Gabriel Chamorro, ayuda ideal para los cantantes; el bajo eléctrico, cuyo principal exponente lo fue el bajista cartagenero Cristóbal García, apodado “Calilla”, los timbales y ni que decir de ese gran Maestro Rosendo Martínez con su Bombardino, que transmitía notas muy alegres con un sabor increíble. Este buen ejemplo lo iniciaron Los Hermanos López con Jorge Oñate y le siguieron luego Los Hermanos Zuleta y de allí en adelante todo lo que vemos hoy.
Alfredo Gutiérrez es, ha sido y seguirá siendo, el músico eximio y virtuoso, cuya creatividad e ingenio le ha dado un lugar honroso, en el corazón de los seres que amamos ese folclor tan glorioso, llámese Vallenato o Sabanero, o el nombre que se le quiera dar, porque por igual, ejecuta con talento y gracia todos los ritmos que le pongan, bien sean del caribe colombiano, o de otros lugares del mundo, como el Porro, la Cumbia, el Merengue o un Paseo muy bien tocado, y para ejemplo una muestra de su habilidad, con este tema bien original, titulado “MATA DE CAÑA”, de la autoría de Calixto Ochoa.
Una de las grandes virtudes que adornan a este músico extraordinario y fuera de serie llamado Alfredo Gutiérrez, es que a lo largo de su existencia, además de enriquecer el folclor de la Región Caribe con sentidas interpretaciones de los mejores compositores, ha engalanado su trayectoria, llamando a diversos cantantes reconocidos en todas las esferas artísticas, para acompañarlos en grabaciones especiales, tal como lo hizo con La Fania Vallenata y con los CD titulados “El más grande con los grandes”. Una muestra de ello la tenemos con este Paseo de la autoría de Tobías Enrique Pumarejo, titulado “Callate Corazón”, con la vocalización de Peter Manjarrés y Alfredo Gutiérrez:
No resta decir que además de los aires sabaneros y vallenatos, en los cuales Alfredo es un ducho para ejecutarlos con toda propiedad, no solamente se ha reducido a ellos, puesto que es tanto el conocimiento que posee para darle manejo a su Acordeón, que a diferencia de muchos que solo se limitan a interpretar unos cuantos aires musicales, este Rebelde se fue más allá, incursionando en los ritmos antillanos con mucha facilidad, tal como lo hizo en su momento con Los Caporales del Magdalena, que él creó con Aniceto Molina.
“A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del Cesar”, reza un verso de La Biblia, para indicar que a cada persona se deben reconocer sus méritos, y es mucho lo que Alfredo Gutiérrez ha hecho por nuestro amado folclor y prueba de ello lo constituyen toda esa afición que durante más de seis décadas lo hemos visto triunfar en múltiples escenarios, por toda la geografía nacional e internacional. No en vano en Alemania, la cuna de los Acordeones a nivel mundial, triunfó y fue considerado durante dos períodos consecutivos, como “El mejor Acordeonero del Mundo”. Le han sido otorgado Premios Congo de Oro (3) en el Carnaval de Barranquilla, en tres ocasiones declarado Rey del Festival de la Leyenda Vallenata, y luego le impidieron ser Rey de Reyes, en una jugada infortunada, pues para evitar que triunfase le incluyeron en una cláusula que los mayores de 50 años no podían participar. Para el público que sabe y entiende, Alfredo Gutiérrez es el Emperador, con la nota máxima y el récord mayor.
Son incontables los reconocimientos recibidos, no solo en Colombia, sino en México, Venezuela, Ecuador, Paraguay, Estados Unidos, y fue nominado al Grammy Latino en el 2007. Ese es el mejor respaldo que puede tener un artista y la mejor respuesta contra tanta mezquindad.