Consumir café, té, vino y chocolate puede prolongar la vida (pero con una condición)

Científicos descubrieron cómo estas delicias podrían proteger del estrés oxidativo, relacionado con el envejecimiento y algunas graves enfermedades.

Investigadores internacionales han descubierto que el consumo de café, té, vino y chocolate puede influir positivamente en la expectativa de vida, pero si estos se toman con un suplemento de zinc, reporta el portal EurekAlert.

El equipo, liderado por Ivana Ivanovi-Burmazovi, de la Universidad de Erlangen-Núremberg en Alemania, llegó a la conclusión que este elemento puede activar en los citados productos una molécula orgánica que protege el organismo del estrés oxidativo.

En concreto, resultó que el zinc activa los grupos de la hidroquinona, que se encuentran en los polifenoles o las sustancias vegetales responsables del olor y el sabor. Como resultado, se forma una protección natural contra el superóxido, relacionado con el envejecimiento y enfermedades como la inflamación, el cáncer o las enfermedades neurodegenerativas, señala el medio. Al mismo tiempo, la hidroquinona sola no tiene este efecto protector.

«Es posible que el vino, el café, el té y el chocolate estén disponibles en el futuro con zinc adicional», comentó Ivana Ivanovi-Burmazovi al respecto. Sin embargo, agregó que mucha cantidad de alcohol destruiría los efectos positivos de esta combinación.

Una ciudad china contará con su propia «luna artificial» para iluminar las calles

Será hasta ocho veces más brillante que nuestro satélite natural y su luz se parecerá al resplandor del atardecer.

La ciudad china de Chengdu (provincia de Sichuan) ha diseñado un ambicioso plan para lanzar un satélite de iluminación para el año 2020, informa el periódico local People’s Daily.

La noticia fue anunciada por Wu Chunfeng, presidente del Instituto de Investigaciones Aeroespaciales de Ciencia, Tecnología y Sistemas Microelectrónicos de Chengdu, durante un evento nacional de innovación y emprendimiento celebrado este 10 de octubre en la ciudad.

Wu detalló que esta «luna artificial» estará diseñada para complementar la Luna real y se espera que su brillo sea hasta ocho veces más potente. Podrá alumbrar un área desde 10 a 80 kilómetros de diámetro, mientras que el rango de presición de la iluminación podrá ser controlado en decenas de metros, lo que permitirá reemplazar las farolas en las calles.

Tras este anuncio, hubo quienes expresaron su preocupación con respecto a los efectos negativos que podría tener el proyecto, en particular, sobre la rutina diaria de los animales. Sin embargo, el director del Instituto de Ópticas de la Escuela Aeroespacial del Instituto de Tecnología de Harbin, Kang Weimin, se apresuró a disipar estas dudas explicando que la luz artificial será parecida al resplandor del atardecer, por lo que, según él, no supondrá ningún problema para los animales.

El proyecto fue iniciado hace ya varios años. Según indica el diario, la idea surgió a raíz de un «artista francés, que imaginó colgar una hilera de espejos sobre la Tierra para reflejar la luz del Sol e iluminar las calles de París durante todo el año». De donde fuera que surgiera la idea del proyecto, después de haber pasado una serie de prubas, la tecnología está ahora lo suficientemente desarrollada como para permitir su lanzamiento en 2020.

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Encuentran las evidencias más antiguas de vida terrestre

El descubrimiento fue realizado en Sudáfrica por especialistas del Instituto Europeo de Estudios Marinos.

Un grupo de investigadores del Instituto Europeo de Estudios Marinos (Plouzane, Francia) encontró en las montañas de Barberton Makhonjwa, en el este de Sudáfrica, una camada de microbios fosilizados de 3.220 millones de años, según un nuevo estudio publicado el 23 de julio en la revista Nature Geoscience.

Se trata del hallazgo de vida terrestre más antiguo registrado a día de hoy. Es casi 500 millones de años más antiguo que el registro anterior: los restos fosilizados de microbios hallados hace décadas en Sudáfrica y Australia.

Hay evidencias geológicas de que hubo vida en los océanos hace casi 3.800 millones de años, pero las señales de vida en la tierra en aquella época son muy escasas, posiblemente porque gran parte de nuestro planeta estuvo bajo el agua hasta hace 3.000 millones de años.

Los investigadores señalan que los microbios encontrados están extremadamente bien conservados y creen que estos vivían en un antiguo lecho de río, un ambiente terrestre. Los fósiles incluso contienen materia orgánica, como átomos de carbono y nitrógeno que alguna vez fueron parte de los organismos.

«Este es esencialmente el lecho del río más antiguo en la Tierra. Y ya contenía vida«, enfatizó Stefan Lalonde, geoquímico del instituto y coautor del nuevo estudio, al portal Live Science.

De acuerdo con el análisis del tipo de átomos de nitrógeno presente en los fósiles, los antiguos microbios consumían nitrato, es decir, un átomo de nitrógeno unido a tres átomos de oxígeno, explicó Lalonde. En aquellos tiempos, el oxígeno no estaba tan presente en la atmósfera de la Tierra como ahora. Pero según los científicos, un metabolismo basado en nitrato es el tipo de metabolismo más eficiente desde el punto de vista energético después de uno basado en oxígeno.

«Esto confirma que los continentes terrestres ya estaban completamente desarrollados en aquella época», comentó a Live Science Hugo Beraldi Campesi, biólogo de la Universidad Autónoma de México.

Un fósil hallado en Argentina cambia la historia de los dinosaurios gigantes

El hallazgo sitúa la aparición de estas criaturas 30 millones años antes de lo que se creía hasta ahora.

Un fósil de dinosaurio hallado en Argentina demuestra que estos saurópodomorfos extintos aparecieron 30 millones de años antes de lo que se creía, según queda recogido en un estudio aparecido en la publicación NATURE Ecology & Evolution y en la revista de la Universidad Nacional de San Juan.

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Reconstrucción del dinosaurio sauropodomorfo Ingentia prima, el 9 de julio de 2018. Jorge A. Gonzalez/Handout / Reuters

El hallazgo, que tuvo lugar en el departamento de Caucete, en la provincia de San Juan, fronteriza con Chile y ubicada en el centro occidente argentino, sitúa al Ingentia prima(primer dinosaurio herbívoro gigante) a finales del Triásico, entre 210 y 205 millones años atrás, y no en el Jurásico, hace unos 180 millones de años, como hasta ahora se suponía.

Los investigadores consideran que este primer dinosaurio gigante llegó a pesar unas 10 toneladas, hasta tres veces más que los animales con los que coexistía. Alpaldetti considera que el Ingentia prima dio origen al gigantismo entre los dinosaurios, que 100 millones de años después lo encarnarían saurópodos de hasta 70 toneladas, como el Argentinosaurus o Patagotitan, oriundus del sur del país.

Características del Ingentia

El análisis de los huesos de este gigante reveló un crecimiento óseo hasta ahora desconocido. El doctor Ignacio Cerda, del Instituto de Investigaciones en Paleobiología y Geología (IIPG) de la Universidad Nacional de Río Negro y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet), asegura que al practicar un corte de los huesos de sauropodomorfo se observa un «crecimiento estacional».

«El tipo de tejido que se depositó en los huesos durante estos períodos de crecimiento es diferente al de los otros saurópodos» identificados en la actualidad, afirmó Cerda. Según el investigador, los dinosaurios gigantes del Jurásico crecían muy rápidamente y los del Triásico lo hacían de forma estacional, como ocurre con los árboles.

dinosaurio-2Un nuevo estudio pone en duda la manera clásica de representar a los dinosaurios

El gigantismo fue una estrategia evolutiva para garantizar la supervivencia de los herbívoros ante los depredadores.

Parientes cercanos

La investigadora principal del estudio Cecilia Apaldetti, del Instituto y Museo de Ciencias Naturales (IMCN) de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan y del Conicet, el Ingentia está emparentado con una especie conocida en el Triásico argentino y sudafricano debido a que estos territorios estaban unidos antes de la separación de los continentes. Esto los llevó a denominar como Lessemsauridae esta «nueva familia de dinosaurios».

Esta especie desarrolló un sistema de respiración que les facilitó sobrellevar su condición gigante. «Para alcanzar el gigantismo, el Ingentia prima debió adaptar su fisiología y desarrollar un aparato alimenticio eficiente» para, de esa forma, cubrir sus grandes necesidades alimenticias, aseveró Diego Pol, investigador principal del Conicet.

POR : ACTUALIDAD RT.

@CONICETDialoga

¿Jardines fuera de la atmósfera? El nuevo reto de exploración espacial

Para la Nasa, tener jardines en el cosmos es crucial para su carrera espacial.

AFP.-No es fácil tener plantas en el espacio. Sin gravedad, las semillas revolotean, el agua se aglutina en gotitas, y la luz artificial y el aire tienen que regularse finamente para reproducir el sol y el viento. Sin embargo, para la Nasa, tener jardines en el cosmos es crucial para su carrera espacial.

Los futuros exploradores espaciales tendrán que alimentarse durante sus misiones de varios meses, a veces años, a la Luna o a Marte, y en los productos liofilizados algunos nutrientes esenciales como las vitaminas C y K desaparecen con el tiempo.

Si los astronautas se privan de esos componentes, se incrementa el riesgo de que desarrollen infecciones, cáncer, enfermedades cardíacas o de tener una mala circulación sanguínea.

Ante este panorama, la agencia espacial estadounidense ha recurrido a botánicos y jardineros, la mayoría jóvenes escolares, para hacer algunos experimentos.

«Hay decenas de miles de plantas comestibles en la Tierra que podrían ser útiles, pero no es fácil saber cuáles son las mejores para producir alimentos destinados a los astronautas», explica Carl Lewis, director del Jardín Botánico de Fairchild, en Florida, en primera línea de las investigaciones. «Aquí es donde entramos en juego», añade.

Este jardín botánico de Miami ha identificado 106 variedades de plantas que podrían reaccionar bien en el espacio, como el repollo rústico y la lechuga, y se ha asociado con más de 15.000 alumnos de 150 establecimientos escolares que cultivan en sus aulas plantas bajo las mismas condiciones que en el espacio exterior.

El proyecto, de cuatro años de duración y financiado por una subvención de la NASA de 1,24 millones de dólares, se encuentra ya a medio camino y empieza a generar los primeros resultados.

– Hacer errores está bien –

Utilizando unas bandejas equipadas con lámparas similares a las que se usan en el espacio, los alumnos cuidan las plantas, recogen y anotan varios datos sobre su evolución y transmiten todas esas informaciones a la Nasa.

«No usamos el material clásico de jardinería», explica Ghays Campo, una estudiante de 17 años, cuya clase es responsable de una lechuga roja. «Tenemos instalaciones de alta tecnología».

Sin embargo, la experiencia no está exenta de ciertas dificultades: a veces las plantas se riegan demasiado, la temperatura de las aulas varía de una a otra o los cultivos quedan desatendidos durante las vacaciones escolares…

En la clase de Ghays Campo la lechuga se ha secado y, aunque los alumnos no han podido probarla, han transmitido esas informaciones a la NASA.

Ese tipo de desventuras contribuyen de manera inesperada al programa: «Si una planta reacciona bien con todas estas variantes, es muy probable que también reaccione bien en el espacio», explica a la AFP Gioia Massa, especialista en botánica de la agencia espacial.

«Los alumnos aprenden que hacer errores está bien», señala por su parte JoLynne Woodmanssee, profesora del colegio BIOTech de Miami.

 Lechuga made in cosmos –

Los astronautas que viven a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS), en órbita alrededor de la Tierra a 400 kilómetros de altitud, también han vivido varios fracasos en materia de jardinería espacial.

La primera cámara portátil para cultivar en el espacio, equipada con bombillas LED y bautizada Veggie, se prueba desde 2014 en la ISS y al principio una parte de las lechugas no logró germinar y el resto sucumbió a la sequía.

Sin embargo, los astronautas perseveraron, y en 2015 pudieron degustar la primera hoja de ensalada cultivada en el espacio.

Ahora la estación dispone de dos cámaras Veggie y de una tercera llamada Advanced Plant Habitat.

La recolección es muy esporádica y apenas consiste en una hoja o dos para cada astronauta, pero según explicó uno de ellos, Ricky Arnold, en una conexión de video con el colegio Fairchild en abril, merece la pena.

«La textura de los alimentos, sean los que sean, es muy similar», dijo sobre los liofilizados. Pero «cuando uno puede recolectar su propia lechuga, el simple hecho de degustar una textura diferente supone una distracción muy agradable frente al menú estándar».

Está previsto que muchas de las verduras con las que están experimentando los alumnos sean lanzadas a la ISS en los próximos meses, especialmente una variedad de lechuga y una minicol. El año que viene, quizás los tomates puedan formar parte del menú.

Los expertos destacan, además, una nueva dimensión del proyecto de jardinería espacial: «Las ventajas psicológicas pueden ser importantes para los astronautas», estima Trent Smith, investigador de la Nasa.

No en vano varios astronautas han afirmado sentirse reconfortados cultivando plantas porque les ayuda a mantener la conexión con la Tierra.

Crean retina artificial que puede usarse en trasplantes

Londres, 17 ene (PL) Un grupo internacional de científicos creó la primera retina artificial que puede puede sustituir una dañada, publicó hoy la revista especializada.

Se trata de un tejido nanotecnológico que funciona como una retina artificial y su aplicación podría devolver la vista a muchas personas con problemas de visión, destacaron los creadores.

El equipo investigador estuvo compuesto por científicos de la Universidad de Tel-Aviv, el Centro de Nanociencia y Nanotecnología de Jerusalén, y la Universidad de Newcastle.

Ninguno de los diseños hasta ahora eran prácticos, pequeños o con una calidad de imagen suficiente, comentaron los expertos.

En lugar de intentar miniaturizar componentes electrónicos, los científicos desarrollaron un tejido flexible compuesto de nanotubos de carbono que reacciona de manera similar a la retina.

‘Al recibir luz, este tejido es capaz de generar impulsos eléctricos para excitar el tejido nervioso bajo la retina’, detalló el reporte de Nano Letters.

El material es más duradero, flexible y eficiente a la hora de captar luz que ninguna de las soluciones anteriores, continuó la publicación científica.

De momento, los investigadores han probado con éxito el material en la retina de un pollo, según dicho medio.

ocs/bhq