Hace 13 años partió el maestro Rafael Escalona

Valledupar, mayo 13 de 2022 – Boletín Informativo No. 27

Hoy, al cumplirse 13 años de la muerte del maestro Rafael Escalona Martínez, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata honra su nombre y su gesta folclórica cuando al lado de Consuelo Araujonoguera y Alfonso López Michelsen, crearon el Festival de la Leyenda Vallenata. Además, él fue uno de los promotores del vallenato tradicional a través de sus inolvidables canciones que se siguen escuchando por todas partes.

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el 13 de mayo, artistas vallenatos rinden homenaje a Rafael Escalona en sus 12 años de ausencia

A través de plataformas digitales, el canal Telecaribe, y demás medios de comunicación reconocidos artistas de la música vallenata recordarán una vez el inmortal legado que dejó el maestro Rafael Escalona Martínez, al conmemorarse el 12 aniversario de su fallecimiento.

La iniciativa es impulsada por la Fundación Rafael Calixto Escalona que cada año convoca a los más destacados representantes de la música colombiana para homenajear al maestro y dejar clara su misión de perpetuar el legado y honrar la memoria de este gran juglar vallenato.

A través de videoclips, compositores, cantantes y acordeoneros se han unido con mensajes y canciones que serán trasmitidos este jueves 13 de mayo.

En esta misma fecha, durante todo el día, en su programación habitual, el Canal Telecaribe trasmitirá estos videos haciendo remembranza de las canciones del maestro Escalona, el compositor más insigne del folclor vallenato.

Es de recordar que después de la partida de este gran juglar, la Fundación Rafael Calixto Escalona, viene desarrollando actividades para fortalecer el gran acervo cultural y su influencia en la proyección del folclor vallenato.

“Aunque a raíz de la pandemia por Covid-19, los eventos se han limitado a la virtualidad, queremos destacar la disposición que siempre han tenido los artistas vallenatos cuando de rendir tributo a Escalona se trata y estamos seguros que apenas podamos hacer conciertos de manera presencial, ellos no dudarán en participar de estos grandes homenajes en la memoria del maestro”,aseguró Taryn Escalona, presidenta de la Fundación.

Estos son los artistas que participan en el homenaje:

Cantantes

Carlos Vives, Checo Acosta, Diego Daza, José Fernando ‘Morre’ Romero y Eliana Gnecco, Silvestre Dangond, Isa Mevarak, Fausto Chatella, Galy Galiano, Iván Villazón, Ivo Díaz, Jorgito Celedón, Jean Carlos Centeno, Margarita Doria, María Mcausland, Penchi Castro, Peter Manjarrés, Rafa Pérez, Rafael Santos, Katie James (Cantautora Colombo-irlandesa), Raúl Santi, Silvio Brito, El Charrito Negro, Elder Dayan Díaz, Amia Escalona, Estela Durán Escalona, Mario Llanos y Aries Vigoth.

Acordeoneros

Gonzalo ‘El Cocha’ Molina, Hugo Carlos Granados, Raúl ´El Chiche’ Martínez, Almes Granados, Franco Arguelles, Jaime Dangond, Javier Matta, Jesualdo Bolaño, Juan José Granados y Julián Rojas.

Compositores

Fabián Corrales, Fernando Dangond Castro, Iván Ovalle, Rafa Manjarres, Rita Fernández, Roberto calderón, Jorge ‘Pitufo’ Valbuena, José Alfonso ‘Chiche’ Maestre, Luís Egurrola, Omar Geles, Gustavo Gutiérrez Cabello, ‘Cacha’ Acosta. Franklin Moya, Rosendo Romero y Marciano Martínez.

Comunicaciones
Fundación Rafael Calixto Escalona

JUAN RINCÓN VANEGAS
Jefe de Prensa
Fundación Festival de la Leyenda Vallenata
Cra 19 # 6N-39
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Cel. 3182406485 – Twitter- Instagram @juanrinconv
Valledupar – Cesar – Colombia

Rafael Escalona y Jaime Molina, dos amigos que se quisieron con el alma

Crónica

-Hace 42 años murió el célebre pintor Patillalero dejando muchos recuerdos y haciendo posible que naciera una canción insignia de la música vallenata. También con su genialidad hizo el logo símbolo que desde siempre identifica al Festival de la Leyenda Vallenata.-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Recuerdo que Jaime Molina
cuando estaba borracho ponía esta condición.
Que, si yo moría primero me hacía un retrato
o, si él se moría primero le sacaba un son.
Ahora prefiero esta condición
que él me hiciera el retrato y no sacarle el son
.

La canción ‘Elegía a Jaime Molina’ es la muestra fehaciente de la verdadera amistad. Es la radiografía a color del dolor, de la tristeza, de la melancolía y un golpe certero de la vida por la muerte de un amigo bueno y fiel.
Jaime Molina Maestre y Rafael Calixto Escalona Martínez, fueron dos amigos inigualables e inseparables que una noche de parranda se juraron hacerse un regalo después de la muerte. A Escalona, le correspondió hacerle la canción porque a Jaime el corazón lo traicionó el martes 15 de agosto de 1978, hace 42 años. La primera versión de esta célebre obra musical la grabaron en el año 1982 Alfonso ‘Poncho’ Cotes Jr. y el Rey Vallenato Ciro Meza Reales.
Ese fue el compromiso más difícil para Escalona porque como lo narra en su canción hubiera preferido que Jaime le pintase el retrato, pero con el más puro sentimiento dibujó su alma en pocas letras y le puso una música donde la nostalgia se pasea en todo su recorrido y tiñe el pentagrama de infinito dolor.
Ese canto contiene una de las poesías cantadas más hermosas de la música vallenata donde primó la amistad, el cariño y la más triste despedida a un ser que como dijera Consuelo Araujonoguera era “tímido, introvertido y talentoso, pero también autárquico. Maestro de la ironía y la mordacidad. Poseía así mismo una inagotable capacidad sentimental y una finura de espíritu que se desbordaban torrentosas cuando le tocaban la fibra particular de su cariño y su devoción por “el piazo del Rafael ese que ahora se cree Bethoven”, tal como solía decir en deliberado reproche que provocaba la risa de los demás y del propio Escalona en primer lugar”.
El hijo de Camilo Molina y Victoria Maestre, quien había nacido en el corregimiento de Patillal el lunes siete de marzo de 1926, puso su marca en territorio vallenato y se distinguió por sus caricaturas y pinturas.
La mayoría de su tiempo se la pasaba ensimismado en sus lienzos y pinceles y de esta manera pintaba al pueblo, a personajes, a los amigos y a las cosas cotidianas. Fue un pintor echador de historias que hizo posible que sus personajes tuvieran vida propia y fueran reconocidos en sus trabajos que hoy hacen parte del inventario de la cultura vallenata. Además, tenía un humor inteligente que se percibía en sus comentarios y en sus representaciones de quienes lo rodeaban en la vida entre Patillal y Valledupar.

Famosas fueron sus parrandas
que a ningún amigo dejaba dormir
cuando estaba bebiendo.
Siempre me insultaba
con frases de cariño que sabía decir.
Después en las piernas me sentaba
me contaba un chiste y se ponía a reír.

Jaime Molina y Rafael Escalona, amigos sinceros, únicos e inseparables

Entre amigos eran famosas las parrandas donde una guitarra y un acordeón matizaban los días con música. Fueron muchas las madrugadas donde las voces les hacían coro a los gallos que anunciaban el nacimiento de un nuevo día.
En medio de esos amaneceres del viejo Valledupar Jaime Molina solía recitar poemas que eran una oda a la vida, a la amistad y a las cosas sagradas de la provincia. Los tragos iban pintando de colores la mente y de esta manera se hacía más placentera la interminable parranda donde la palabra dominaba todo y salían a relucir los cantos que con el correr de los años hicieron posible que Escalona le dijera al mundo que todo aconteció por allá en Valledupar donde el sentimiento tiene forma de acordeón y se canta con el impulso de los repliegues del alma.
Entre las anécdotas que se cuentan de los primeros años de Jaime Molina está la ocasión en que le pidió a su profesor Rafael Antonio Amaya, le permitiera asomarse a la ventana para dibujar en un tablero la procesión que estaba pasando. Tal fue la precisión que el maestro decidió darle vuelta al tablero para conservar el dibujo que lo había impresionado.

Siempre presente

En su paso por la vida Jaime Molina tuvo dos hijos, Jaime y Victoria que dejó con Alma Rosa Torres, pero también su talento para pintar donde tuvo gran renombre en toda la provincia.
Por su parte el maestro Rafael Escalona, quien lo inmortalizó, nunca dejó de recordarlo, y una vez lo hizo nuevamente en el canto ‘La mariposa del río Badillo’, grabada en el año 2000 por Iván Villazón y el Rey Vallenato Saúl Lallemand.

En la Nevada allá en las cumbres
sobre las nieves arriba, arriba
entre arco iris bajo la niebla
yo le hice el canto a Jaime Molina.
Jaime me dijo óyeme Rafa tú me ganaste
me hiciste el canto,
y yo no pude allá en la tierra
allá en la tierra hacerte un retrato
y, pero ven, ven que yo te hago
el retrato en el cielo.

…Y el miércoles 13 de mayo de 2009 el maestro Rafael Escalona partió de la vida para que Jaime Molina cumpliera la otra parte de la promesa.
Esa es la historia del pintor que dejó regados en Valledupar grandes recuerdos, plasmó el logo símbolo del Festival de la Leyenda Vallenata y hoy más que nunca su nombre revolotea por los alrededores de la plaza ‘Alfonso López’, donde no ha dejado de cantarse esa memorable canción de dos amigos que se quisieron con el alma.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

«EL ALMIRANTE PADILLA»

Foto: Rafael Escalona martínez

(RAFAEL ESCALONA) FRAGMENTO DE LA CRÓNICA

“TITE” SOCARRÁS
Fredy González Zubiría
Puerto López

Viernes 4 de abril de 1952. Puerto López, Laguna de Tucacas, Alta Guajira. 8 a.m. En la playa permanecen varias lanchas, mientras once camiones esperan su carga para partir. Fondeados están los barcos Ana Ángela y San Marcos. Más alejada se encuentra la fragata Almirante Padilla. La presencia de esta última no causa mayor atención. Era rutinario ver embarcaciones de la Armada Nacional patrullando la frontera marina.

Puerto López era un asoleado pueblo de 40 casas, anclado en la orilla del mar, rodeado por el desierto guajiro y observado por distantes y dispersas rancherías wayuu. Daba la impresión de que el mundo acababa allí. Fue declarado puerto libre en el gobierno del presidente López Pumarejo, y desde entonces los barcos llegaban con mercancías de Aruba y Curazao, que luego transbordaban hacia otros destinos: Maracaibo, Maicao, Riohacha y Villanueva.

Llegar allí desde Maicao significaba una travesía de siete horas, desde Riohacha 12 y desde Villanueva 14. Kilómetros de trochas, vigilados por hileras de trupillo y cactus a ambos lados del polvoriento camino, hasta llegar al pleno desierto. Luego, explanadas secas, pequeñas dunas y arenales. En el trayecto se topa con esporádicas rancherías wayuu, cuya aparición es menos ocasional a medida que se adentra en el desierto. A ese rincón del mundo llegaban quienes soñaban con una fortuna o deseaban no ser molestados por nadie.

Puerto López se había convertido con los años en un movido punto comercial. Ahí residían varios miembros de la familia Iguarán, entre ellos Francisco, corregidor por un largo tiempo. También lo habitaban Reyes Carrillo, el venezolano Carlos González, el riohachero José Abuchaibe, dueño de un depósito, Francisco Vargas, Chico Mejía y Edmundo “Mundo” Pana. Éste último sería asesinado por un siniestro visitante, el psicótico conservador valluno Gregorio González Ortega alias “Santacoloma”, a quien mataron al día siguiente de su osada acción. Venganza ejecutada por los amigos del finado.

Como todo puerto, el movimiento de personas y la circulación de dinero afectan su vida social y entorno. Por eso no era de extrañar que en un pueblo de una sola calle, el sitio más concurrido fuera la cantina. Frecuentado por prostitutas veteranas, llegadas de diferentes puntos del país, cuyas ganancias en las ciudades había disminuido vertiginosamente.
En cambio, aquí se respiraba paz. Marinos y mercaderes llegaban de sus largas travesías por tierra o mar, ansiosos de placer. Dejaban parte de sus pesos, bolívares, dólares o florines a cambio de unos momentos de intimidad.

Buque » Almirante Padilla»

El decomiso

9 de la mañana. Jaime Parra Ramírez, comandante de la fragata Almirante Padilla, recibe desde la Base Naval de Cartagena órdenes precisas por radio: “Proceda a decomisar todas las mercancías”. Los marinos, armados con fusiles, desembarcaron. Un grupo tomó posición en las salidas terrestres del pequeño caserío. No podía entrar ni salir ningún vehículo.

10 de la mañana. En un terreno cercano al pueblo que un militar de apellido Rodríguez había marcado y adecuado como pista 15 años atrás, aterrizó un avión DC-3 con 30 soldados para reforzar el operativo. Los vecinos se vieron militarizados en cuestión de una hora. Se inició la incautación de mercancías. Tomaban las cajas y en las lanchas las trasladaban al barco. No daban explicaciones, se limitaban a decir: “cumplimos órdenes”.

Confiados en que el Gobierno conocía las actividades del puerto, los comerciantes conservaban los productos a la vista, debajo de enramadas para protegerlas de sol y la brisa marina. Quienes no habían encontrado espacio para descargar, se vieron obligados a llevarla mercancía hasta los matorrales. Y esa fue la única que se salvó.

En el pueblo estaban desconcertados. En esa ocasión precisamente, la mayoría de la carga tenía como destino Venezuela. Los barcos traían desde Aruba harina y manteca hasta Puerto López, y de allí en pequeñas lanchas la llevaban a solitarios desembarcaderos cerca de Maracaibo. Entre la poca mercancía que iba para Colombia estaba la de Miguel Celedón,

Enrique Orozco y Francisco “Tite” Socarrás, de Villanueva, quienes, asombrados, veían su inversión desaparecer ante sus ojos. Habían enviado 1000 quintales de café a Aruba, que canjearon al equivalente por whisky, brandy, cigarrillos, telas, víveres, jabones y perfumes. Todo estaba ahora en la fragata Almirante Padilla.

“Tite” observaba callado, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón caqui. Se percató de que estaban vacíos. Por un instante los comparó con el futuro de sus finanzas. Horas después, alguien destapó una botella de whisky y empezaron a cavilar en la estrategia para recuperar lo incautado. Puerto López había sido saqueado. Cinco prostitutas habían logrado recuperar alguna manteca con los marinos, a razón de 2 latas por hora en una litera del barco.

Ezequiel y Máximo Iguarán, al ver a “Tite” con el rostro desencajado, ordenaron cargarle medio camión con lo que se había salvado, para que no llegara a Villanueva con las manos vacías. En la madrugada emprendieron el viaje de regreso. Aunque la ruta era la misma, el recorrido se hizo más largo que lo acostumbrado. Todos iban en silencio.

Francisco “Tite” Socarrás Morales había nacido en Villanueva en 1924, y era hijo natural del ingeniero Silvestre Francisco Dangond Daza con Evarista Socarrás Morales. Silvestre era descendiente de François Dangond, el inmigrante francés que hizo los primeros cultivos de café en la Costa Caribe en la primera mitad del siglo XIX. El cura de turno impidió que le diera el apellido.

“Tite” estudió Técnica Agropecuaria en Roldanillo (Valle del Cauca), luego hizo un curso de Agricultura de clima frío en Bogotá. Fue inspector jefe de la Caja Agraria en Montería en 1946, ya finales de esa década se desempeñó como inspector evaluador dela Caja Agraria en Valledupar. Aunque no era militante político, por ser nieto del general Socarrás, estaba marcado de liberal. Eso le costó el puesto.

Desempleado, iba con frecuencia a Villanueva a ver qué se podía hacer. En una fiesta a la que fue invitado, “Tite” vio a una muchacha que lo dejó tieso. Amor instantáneo, advirtió que conversaba con Miguel Celedón, su amigo. Y sin que ella lo notara, lo llamó aparte y le preguntó: “¿Quién es ella?” Miguel le informó: “Se llama Raquel Olivella”. “Tite” le dijo: “¡Necesito conocerla; preséntamela!” “Cálmate, primero le hablo y cuando te haga una seña, te acercas”. Ese día se hicieron amigos, a la semana ya eran novios, y a los seis meses “se escaparon” para Valledupar. Raquel era una hija de Bolívar Olivella, hombre de gran influencia en Villanueva.

La pareja retornó cuando Raquel quedó embarazada. Esa era la autorización social de regresar cuando un hombre “se sacaba” a una jovencita, puesto que la preñez impedía que la familia procediera en contra de él. Ya no había nada qué hacer. Vivieron en la casa-finca de la madre de “Tite”. Se dedicó a sus cultivos. En esos días, Raquel perdió su bebé. Era un varón.

Se trastearon a una casa de Andrés Fellizola. Raquel quedó encinta de nuevo. En Semana Santa, su tiempo de parir, prende una veladora a una imagen religiosa y sale a la procesión de la Virgen Dolorosa. Una misteriosa brisa entra por la ventana, mueve la cortina y la acerca al fuego. La casa se incendió. Pierden todo, muebles, ropa y utensilios. El día del trasteo nació Enalba. Fue su felicidad, pero ahora necesitaba trabajar más.

“Tite” decidió aventurar en el comercio. En unos tragos, “Tite”, Miguel Celedón y Rafael Escalona decidieron llevar gallinas y cerdos para Venezuela. Les fue bien. Hicieron tres viajes. Luego “Tite” compró café a los campesinos de la zona y viajó a Aruba a negociarlo. Trajo whisky, cigarrillos y víveres para distribuirlos en los pueblos; felpas y cubre lechos para que Raquel los vendiera. A ella le regaló un juego de polvo, un jabón de tocador y un perfume Maja, la más cotizada loción española fabricada en Barcelona.

Ahora regresaba derrotado a casa, gracias al Almirante Padilla. Lo había perdido todo. Estaba más cerca que nunca de la ruina, y no sabía cómo iba a solventar sus compromisos económicos. El Jeep Willys entró a Villanueva a las 8 de la noche. “Tite” acostumbraba a guardar los camiones en la casa finca de su madre, su antigua residencia. Se encontraban allí, de visita, sus amigos Rafael Escalona, “Poncho” Cotes y Alfonso Murgas. Este trío no estaba ahí casualmente, sabían que esa noche regresaba “Tite” y que él acostumbraba a apartar una caja de whisky Caballo Blanco (White Horse) y bebérsela de inmediato para celebrar el éxito del negocio.

Luego de las lamentaciones, Escalona, Cotes y Murgas no cambiaron de planes, convencieron a “Tite” de que ante semejante pérdida, la mejor manera de pasar el trago amargo era bebiéndose un par de botellas. Al escuchar las sentidas expresiones de solidaridad de sus amigos, y sin sospechar que lo que querían era ron, bebieron hasta el amanecer. Los tragos sirvieron para desahogarse. Entre copa y copa le echaban maldiciones a la fragata Almirante Padilla, a su capitán, al comandante de la Armada, al Presidente y a las leyes de la república.

Satisfecho por la borrachera de la noche anterior, agradecido por la hamaca que le colgaron en la madrugada, y gustoso por la sopa de costilla que le brindaron al levantarse, Rafael Escalona pidió papel y lápiz, se fue para el patio, escribió unos versos, guardó el papelito en su bolsillo y se largó para Valledupar. Allá compuso la canción en solidaridad con su amigo.

ALMIRANTE PADILLA (Rafael Escalona)

Allá en la Guajira Arriba,
Donde nace el contrabando,
El Almirante Padilla llegó a Puerto López
Y lo dejó arruina’o.
Pobre “Tite”, pobre “Tite”,
Pobre “Tite” Socarrás,
Hombre que ahora está muy triste,
Lo ha perdido todo por contrabandear.

Ahora pa’ donde irá (bis)
A ganarse la vida “Tite” Socarrás.
Ahora pa’ donde irá (bis)
A ganarse la vida sin contrabandear.
Enriquito se creía que con su papá Laureano
Que todo lo conseguía.
Se fue pa’ Bogotá,
Pero todo fue en vano
Barco pirata bandido
Que Santo Tomás lo vea
Prometo hacerle una fiesta
Cuando un submarino
Lo voltee en Corea.

A Rafael Escalona no se le cumplió su anhelo de que la fragata Almirante Padilla fuera hundida por los comunistas en la guerra de Corea. Salió ilesa. Pero en 1964, una década después de la muerte de “Tite” Socarrás, el barco encalló en unos coralinos cerca de la isla de San Andrés y fue imposible sacarlo de ahí. Se dio la orden de hundirlo; en Villanueva celebraron.

Laureano Gómez acabó con Puerto López pero no con el contrabando en La Guajira. Los wayuu y los criollos dueños de barcos se trasladaron a otros puertos: Parajimarü y Puerto Inglés. Por allí saldrían los embarques de la bonanza del café y parte de ese grano sería sembrado en Villanueva. El pueblo fue abandonado por sus habitantes. La mayoría de ellos emigraron a Maicao. Puerto López se convirtió en un pueblo fantasma. Se lo tragó la arena.

‘El testamento’ del maestro Escalona para ‘Vevita’ Manjarrés

Crónica

Por Juan Rincón Vanegas| @juanrinconv|*

Desde los 15 años el maestro Rafael Escalona Martínez, en vez de flores regalaba canciones a las mujeres que fueron el soporte principal para que su corazón fluctuara por la grandeza del amor donde tuvo el honor de navegar por los caminos florecidos del sentimiento que palpitaba en silencio.
Entre las grandes virtudes del hijo de Manuel Clemente Escalona Labarcés y Margarita Martínez Celedón, estuvo que nunca inventó canciones, ni tampoco las hizo por encargo porque las historias giraban a su alrededor tomando mayor vida en su pensamiento.
Siempre fue el hombre sentimental y detallista, el cual tenía el anzuelo listo para pescar un amor que convertía en una crónica cantada. Es así como en Santa Marta conoció a una bella joven nacida en San Juan del Cesar, La Guajira, la que le movió el piso e hizo posible que su cerebro cogiera oficio para hacer una canción.
Al detallar detenidamente su belleza natural que traspasaba los albores de la naturaleza y dibujaba a la distancia el manjar del cariño, supo su nombre: Genoveva Manjarrés Meza, más conocida por cariño como ‘Vevita’.
Precisamente Consuelo Araujonoguera en su libro ‘Escalona, el hombre y el mito’ escribió ese momento de la manera más llamativa.
“Cuando comenzaban a despedirse apareció la dama que meses más tarde iría a inspirarle a Escalona su célebre ‘Testamento’. Ella, llegó saludando de beso y abrazo a los conocidos, que eran la mayoría, y se sentó.
Era alta, delgada, de cuerpo esbelto, con una esplendorosa mata de pelo negrísimo, de cejas espesas y ojos profundos, tenía un regio perfil y un rostro de gitana poderosamente atractivo; era, además, alegre, entusiasta y llenaba con su presencia cualquier reunión. Como nadie cayó en la cuenta de presentarlos, Escalona se replegó al último rincón de la oficina, desde donde se puso a detallar a esa esplendorosa y cimbreante morena que jamás había visto en su vida y que le hizo sentir la sensación de que era la primera vez que miraba una mujer en el mundo”.

Oye morenita te vas a quedar muy sola
porque anoche dijo el radio que abrieron el Liceo.
como es estudiante ya se va Escalona,
pero de recuerdo te deja un paseo.
Que te habla de aquel inmenso amor
que llevo dentro del corazón,
que dice todo lo que yo siento,
que es pura nostalgia y sentimiento,
grabado con el lenguaje grato
que tiene la tierra de Pedro Castro.

Lo demás vino por añadidura para que naciera ese canto donde como cosa curiosa no se repartieron bienes, sino que se habla de un viaje donde el compositor llevaba como equipaje un inmenso amor que casi no le cabía en su corazón. Además, dejaba ver que ella no le correspondía. “Ese orgullo que tú tienes no es muy bueno, seguro que más tarde te vas a arrepentir”, pero también expresaba que solamente le dejaba un recuerdo y no se la ponía fácil porque añadía que en la tierra de Carlos Vives, El Pibe Valderrama y Falcao García, se podía morir.
El maestro Escalona en uno de los versos le metió más presión para que el corazón de la joven se condoliera. Le decía que en caso de suceder lo tenía que llorar, rezar y hasta ponerse un traje negro, así no le gustara. Y concluía que tendría que arrepentirse de lo mucho que lo hizo sufrir.

El verso poco conocido

En el mismo canto fue más allá con una estrofa que no fue grabada en sus primeras versiones, y donde el maestro Escalona indicaba que le decían ‘Vevita’, nombre no adecuado para una mujer bonita.

A ti te pusieron ese nombre sin razón
ese no es el nombre para una mujer bonita.
Yo te hubiera puesto mortificación,
tormento divino pero no ‘Vevita’.
Y a un ángel yo le hubiera pedido,
su nombre pa’ que fuera el más lindo.

Ella, a pesar de ese bello clásico vallenato en su honor no cedió ni un ápice. Se mantuvo serena, sería y solamente se refirió a la habilidad del compositor.
En ese sentido, Clemente ‘Pachín’ Escalona, aseveró. “Mi papá tuvo en esa ocasión con ‘Vevita’ Manjarrés un intento fallido, como también le sucedió con la fonsequera Carmen Gómez”.
En el camino del folclor quedaron esos cantos que el maestro Escalona tuvo la virtud de sacarlos de los patios de la provincia y pasearlos por el universo donde se fueron regando como el bostezo, de boca en boca.
Precisamente su hija Taryn Escalona hilvanó un concepto donde lo describió en toda su dimensión. “Puedo afirmar que Escalona fue un cronista de la cotidianidad contando las mejores crónicas y reportajes de una provincia olvidada, donde esos mismos personajes, pese a su sencillez, hoy son grandes, gracias a sus cantos”.
Guillermo Buitrago grabó por primera vez la famosa canción ‘El Testamento’. Después vino una considerable cantidad de versiones hasta llegar a Carlos Vives, quien la vistió de gloria.
Finalmente se reseñan las palabras del periodista Juan Gossaín. “Escalona se inmortalizó estando vivo, porque un hombre se vuelve inmortal cuando su obra le sobrevive”. Agregando enseguida. “Escalona pintó la vida a su manera y descubrió la fórmula mágica para que nadie lo olvidara luego de su viaje a la eternidad”.
Hace 11 años partió de la vida el compositor de Patillal, el padre de 19 hijos, y el hombre que bosquejó en versos la geografía de Macondo, esa donde
Gabriel García Márquez lo describió como un gitano que tenía un imán en el corazón.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

En concierto virtual artistas vallenatos rinden homenaje al maestro Escalona en el 11° aniversario de su partida

Con el fin de conmemorar once años de la partida del maestro Rafael Escalona Martínez, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y la Fundación Rafael Calixto Escalona Martínez, han invitado a un grupo de artistas, quienes rendirán un sentido homenaje denominado: ‘Escalona por Siempre’, que tendrá transmisión en vivo a través de las plataformas virtuales del Festival Vallenato: @Fesvallenato en Instagram, Twitter, Facebook, y YouTube.

La cita es a las 6:30 de la tarde del miércoles 13 de mayo, cuando se cumplen once años de la despedida de la vida de este gran juglar que sigue enalteciendo el folclor vallenato mediante su legado musical.

Los amantes del vallenato auténtico podrán disfrutar de las canciones del maestro Escalona interpretadas en las voces de Rafa Pérez, Amia Escalona, Margarita Doria, y el acompañamiento del Rey Vallenato Jaime Dangond y del acordeonero José Fernando ‘El Morre’ Romero.

Además de la música, el vicepresidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Efraín Quintero Molina, hará una remembranza de la vida y obra del maestro Escalona.

“El maestro Rafael Escalona desempeñó un papel trascendental en la creación del Festival de la Leyenda Vallenata y después a través de la proyección de sus canciones que fueron vitales para que el vallenato traspasara fronteras. Siempre lo hemos recordado y añorado”, manifestó el presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araújo.

Por su parte Taryn Escalona, presidenta de la Fundación Rafael Calixto Escalona Martínez, expresó que “nosotros unidos a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata realizamos este homenaje para recordar la misión y compromiso con las nuevas generaciones de perpetuar el legado que dejó este gran maestro. La idea con estos eventos, este año virtual, es destacar su obra que fortaleció la cultura vallenata”.

Rafael Calixto Escalona Martínez