La Vieja’ Sara, dueña de una de las dinastías más famosas del vallenato: Zuleta Díaz

 Azael de Jesús Ramírez

En este pintoresco lugar, La Jagua, lleno de fantásticas leyendas, a la salida a la población de Manaure, vivía ‘La Vieja’ Sara, en una humilde pero encantadora casita de palmas, de bahareque, pintada con cal, y con los rayos de la luna lucía blanquísima. Mujer de 65 años de edad, regañona y dicharachera, madre de Emiliano Zuleta (el viejo), de Rafaela, Andrés, Encarnación, Antonio, Carlos Jeremías, Mario Camilo, Santa, Matilde y María del Rosario Salas.

‘La Vieja’ Sara, como la llamamos sus amigos, fue una mujer amable, honrada, muy querida por sus hijos y coterráneos; amante de la belleza y de la música regional, la vallenata, ‘versiadora’ y dueña de una de las dinastías más famosas de la música regional: Los Zuleta Díaz.

‘La Vieja’ Sara había nacido el 9 de agosto de 1892, en La Jagua del Pedregal. Hija del hogar formado por doña Santa María Salas y don Francisco Baquero. La mayor parte de su juventud transcurrió en el campo aspirando el aire puro y exótico perfume de flores silvestres.

 ‘La Vieja’ Sara era una niña bonita. Le fascinaba reír y jugar con amigas y amigos. Reconocía las cosas buenas. El amor por la música vallenata y la habilidad para hablar bien. Creaba bellezas con su verbo de campesina que le hizo famosa en la región. Aceptaba los acontecimientos como dones de la naturaleza, de carácter cuando era menester tenerlo.

‘La Vieja’ Sara era de cabellos lacios que caían en la cintura; labios delgados, dientes blancos y parejos, nariz recta y ojos negros expresivos. Acostumbraba a llevar siempre su vestido limpio y ancho, un poco arriba de los tobillos, estampados colores y cotizas de cotón o de gamuza.

A los 20 años de edad se compromete con el destacado caballero don Cristóbal Zuleta, de cuya unión llega su primogénito hijo, Emiliano Zuleta Baquero, el cual cuida con esmero y cariño. Su residencia siempre estaba ubicada en el campo, en la finca denominada ‘Santo Domingo’, en la Cordillera Oriental.

Por muerte del señor Zuleta, varios años después se compromete con Rafael Araujo. Este nuevo hogar le trae gratas satisfacciones y alegrías, pues le llegan varios hijos: Rafaela, Andrés, Encarnación, Antonio, Carlos Jeremías, Mario Camilo, Santa, Matilde y María del Rosario Salas.

Con la muerte de su segundo compañero de lucha, ‘La Vieja’ Sara, a pesar de su espíritu alegre y diligente, la pobreza y la responsabilidad la abruma y tiembla de miedo.

 Sus tiernos hijos deseaban ayudarla, sin embargo, por su corta edad, les era imposible. Pero gracias al Todopoderoso, su hijo mayor, Emiliano, asumió el control de la casa y en su interior surgió una fuerza que no había sentido antes. Se sintió tan fuerte que hizo frente a la adversidad de su madre y de sus hermanos. Trabaja con tesón y logra vencer la desventura hasta que crecen sus hermanos y se defienden por sí solos.

El dramatismo de su vida fue cambiado con el correr de los años cuando sus amorosos hijos fueron llegando a su plena madurez y colman a ‘La Vieja’ Sara de un despliegue de amor y ternura. Sus hijos y nietos tuvieron tiempo suficiente para conocer bien a su madre o abuela, pudieron gozar de las atenciones y caricias que todas las madres tributan a sus hijos en la infancia y retener la imagen de ella grabada para siempre en su memoria.

Por eso el famoso compositor Rafael Escalona le sacó en 1948 un bonito merengue, titulado ‘La Vieja Sara’, merengue que le hizo popular y le dio renombre en su tierra natal, en Colombia, y en casi todo el hemisferio. El paseo todavía goza de popularidad.

Rafael Escalona había adquirido fama como compositor de aires vallenatos, y como tal, tenía gran amistad con Emiliano Zuleta, a la sazón el mejor acordeonista de toda comarca e hijo de ‘La Vieja’ Sara. Como consecuencia, Rafael se hizo gran amigo de ‘La Vieja’ Sara en El Plan, a quien ofreció una visita y un regalo. Pero Rafael no cumplía sus promesas, lo que provocó la lengua viperina de ‘La Vieja’ Sara, quien empezó a tratarlo de incumplido y “desagradecido”. 

Rafael se vio precisado a cumplirle a ‘La Vieja’ Sara y proyectó su viaje con ‘Poncho’ Cotes, el mejor compañero de Rafael en sus andariegas aventuras, y fue así como, preparados con el regalo, un gran collar de perlas y un corte blanco, amén por el merengue compuesto para el caso, se presentaron al Plan, el cual, al cabo de una semana de parranda y sancocho, quedó ‘La Vieja’ sin ron y sin gallina.

Una de las canciones clásicas que referencia a ‘La vieja’ Sara: “Tengo que hacerle a La Vieja Sara, una visita que le ofrecí; pa’que no diga de mí,  que yo la tengo olvidada.

También le llevo un regalito, un corte blanco con un collar; pa’que haga un traje bonito y flequeteé por El Plan”.

Azael de Jesús Ramírez