EL INOLVIDABLE LORENZO MORALES

Por José Atuesta Mindiola

En los festivales de música vallenata tradicional, las canciones y las notas del juglar Lorenzo Morales siguen sonando. En los concursos de acordeoneros nunca faltan el son ‘Amparito’, el merengue ‘El secreto’ y el paseo ‘La primavera’.

Lorenzo Morales nació en Guacoche el 19 de junio de 1914. Desde muy joven ya se fascinaba con la música; con disciplina descubre los secretos de los acordeones y desarrolla su talento musical y su capacidad para la composición. Regó espigas de melodías por toda la región y su cantar está en el viento como perfume de flores. Entre sus versos, se recuerdan:
“Yo soy Lorenzo Morales,
al derecho y al revés,
yo siempre dejo la huella,
antes de poner el pie.”

Y qué tengo un secreto
y qué tengo un secreto para las mujeres/
mentira no tengo nada,
lo que pasa es que me quieren”

Lorenzo Morales vivió pensando en la vida, en las bellezas del amor, del paisaje, de la música, y en la satisfacción del trabajo; esto le permitió embellecer su estancia terrenal por 97 largos años. Anduvo haciendo camino para regar las semillas de su canto; creó un estilo, una escuela musical en las notas del acordeón y en la composición vallenata.

Entre quienes reconocen su talento como autor, citamos dos maestros compositores del canto vallenato: Leandro Díaz Duarte y Dagoberto López Mieles; ambos iniciaron su afición por la música vallenata interpretando sus canciones, y alimentaron su vena para la composición. De su estilo en el acordeón, su alumno más aventajado fue el rey de reyes Nicolás Elías “Colacho” Mendoza.

Desde 1938, año de la legendaria piqueria de la “Gota fría”, Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta son los dos músicos de mayor reconocimiento en la región de Valledupar, por sus habilidades sonoras para las notas del teclado y el repentismo de los versos de cuatro y diez palabras.

Morales quizás fue uno de los juglares más andariegos. Cierto día de 1945 el maestro Rafael Escalona fue a buscarlo a Guacoche; varias mujeres que llevaban en su cabeza tinajas llenas de agua, le dijeron que lo buscara en Valencia o en Caracolí, en Codazzi, Badillo o Patillal; entonces le escribió el canto “Buscando a Morales”, cuyo estribillo dice:
“Porque Moralito es hombre andariego
que cambia de nido ni el cucarachero,
porque Moralito es una enfermadá
está en todas partes y en ninguna está”.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, en 2011, edición 44 del Festival, le rindió homenaje a la vida y obra musical de Lorenzo Morales “Moralito”, junto a Leandro Díaz. Y cuatro meses después, el 26 de agosto, el cuerpo de Lorenzo Morales se abraza a la penumbra silente de la muerte; pero su espíritu andariego, cual un ángel intangible, ronda con las melodías de sus canciones por el cielo de la región del Valle de Upar. Aunque su primera muerte la anunció el maestro Leandro Díaz en 1960, en una hermosa canción. Era la muerte poética, por el silencio prolongado de su acordeón y la larga ausencia en la montaña:
“Si fuera un mejicano que acabara de morir
corridos y rancheras todo mundo cantaría
pero murió Morales ninguno lo oyó decir
murió poéticamente dentro de la serranía”.

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DÉCIMAS A LORENZO MORALES
Por José Atuesta Mindiola

I
De la tierra de Guacoche
de ese Palenque famoso,
vino un juglar portentoso
con el color de la noche.
Y trinaba como un toche
con su garganta sonora
se despertaba la aurora
en los floridos rosales,
y era Lorenzo Morales
el cantador de las horas.

II
Espigas de melodías
regó por esta región
notas de su acordeón
iban sembrando alegría.
Él no tuvo dinastía
de músicos y cantores
para extender los honores,
grandeza de su talento.
Su cantar está en el viento
como perfume de flores.

III
Negro de los cardonales
dijo Emiliano Zuleta:
el músico se respeta
porque su talento vale.
Al gran Lorenzo Morales
también yo recodaré,
una noche le escuché
cantándole a una doncella:
“Yo siempre dejo la huella
antes de poner el pie”.

IV
Lorenzo Miguel Morales
un maestro de maestros,
desde joven fue muy diestro
con notas originales.
En todos los festivales
sus versos siguen cantando,
y lo viven recordando
por sus merengues y sones.
En la historia de acordeones
el suyo sigue sonando.

LORENZO Y EMILIANO

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BLOG DEL AUTOR:  José Atuesta Mindiola

LA GOTA FRÍA: EN 4 VERSIONES

LORENZO MORALES Y EMILIANO ZULETA: PROTAGONISTAS

La canción, que describe la rivalidad musical entre Emiliano Zuleta y Lorenzo Morales, cumple 80 años.
Investigadores narran el episodio que dio origen a una de las páginas más célebres en la historia del género.

La rivalidad musical entre Emiliano Zuleta Baquero y Lorenzo Miguel Morales, dos grandes exponentes del folclor vallenato, nació en 1938, en la pequeña población de Guacoche, al norte de Valledupar. Allí se conocieron los juglares, en medio de una parranda, donde Morales era el centro de atención animando la fiesta con su acordeón ‘tornillo ’e máquina’, hasta que llegó Zuleta, quien pidió prestado el instrumento e interpretó dos canciones con gran aceptación por parte de los asistentes, lo que causó molestia a Lorenzo.

Julio Oñate Martínez, compositor y estudioso del folclor, contó a EL HERALDO que aquello se dio sin premeditación alguna. “Los músicos se desplazaban de un lugar a otro con el ánimo de mostrar sus aptitudes y cantos, y siempre encontraban un ‘gallo’ que también cantaba, y cada uno trataba de mantener su jerarquía”.

“Emiliano vivía en La Jagua del Pilar (La Guajira) y se dirigió a Valledupar en compañía de dos amigos, con el fin de comprar un acordeón. Caía la tarde y al pasar por Guacoche escucharon un repiqueteo de caja en la distancia y con la natural curiosidad se acercaron hasta donde estaba el tropel. En la sala de una modesta vivienda un grupo de entusiastas bebedores parrandeaba con el acordeón de Morales, que llamó poderosamente la atención del Zuleta”, explicó.

“Cuando Emiliano terminó de tocar le dieron el primer trago a él, se estilaba en la época que cuando había una parranda en la provincia, el primer trago era para el acordeonero, segundo para el cajero y tercero para el guacharaquero, así estuviera el más rico del pueblo o el alcalde, era a los músicos en ese orden a quienes se les brindaba el primer trago, entonces Morales se disgustó porque él era el dueño de la parranda, y le dieron el trago de la tanda al forastero; le quitó el acordeón a Emiliano y lo botó de donde estaba; Zuleta se fue disgustado y empezó la cosa”, relató Oñate.

“En adelante, cada vez que Emiliano parrandeaba en su región siempre improvisaba versos hirientes contra Morales. Los viajeros que los escuchaban se encargaban de contárselo a Lorenzo Miguel, quien, de igual forma, le enviaba con los lleva y trae, versos de alto calibre”, afirmó.

Señaló que “en cualquier momento Lorenzo llega a Urumita a hacer unas diligencias personales, allí estaba parrandeando Emiliano, entonces se volvieron a encontrar en la noche y como Zuleta estaba borracho, Morales le pega una ‘zulimba’ con su acordeón, lo volvió fleco; a Emiliano lo acostaron, Morales al día siguiente se levantó temprano, como lo tenía planeado y se fue; así nació La gota fría, la célebre canción de Emiliano Zuleta, que tomó importancia mundial con la interpretación de Carlos Vives”, sostuvo Oñate de la canción que en este 2018 cumple 80 años de haber sido compuesta.

Hay que precisar que Guillermo Buitrago, en 1940, grabó por primera vez La gota fría en estudio. Curiosamente le cambió el nombre original y la tituló Qué criterio. Sobre la fecha exacta en la que Zuleta la compuso, Julio Oñate comentó que es muy difícil tenerla. Lo que sí se sabe es que sucedió en el 38.

… Acordate Moralito de aquel día

que estuviste en Urumita y no quisiste

hacer parada; te fuiste de mañanita

sería de la misma rabia….

Oñate señala que el suceso dio origen a la piqueria más larga de la historia del vallenato.

“Eso duró unos nueve años, la gente llevaba y traía los mensajes cantados de los dos juglares tirándose pullas, alimentando la rivalidad. Por lo menos hay 20 canciones que le dedicó Morales a Emiliano y 20 que Emiliano le dedicó a Morales, siendo La gota fría la de mayor trascendencia (…) Después se hicieron amigos y se autoproclamaron compadres”.

LA VERSIÓN DE EMILIANO ZULETA:

Tal como relata Julio Oñate, el mismo ‘Viejo Mile’, como se le conocía a este juglar que falleció a los 93 años en 2005, contó en una de las entrevistas que le hicieron el origen de la canción.

“Yo en las parrandas desde que me inicié era muy voluntarioso, porque a mí me gustaba mucho el traguito y la única forma de ganármelo, era tocando o haciendo cualquier cosa que diera mérito. Así aprendí a tocar guacharaca, caja, bombo y redoblante. Pero después, de brinco en brinco, yo fui haciendo mis pinitos para tocar el acordeón y cada vez que me tropezaba con uno yo le sacaba mis notas con mucho fundamento (…) “Esto hizo que un grupo de amigos de El Plan, un caserío de La Guajira, hiciera una colecta para juntar la plata para mi primer acordeón. Me dieron 11 pesos y me mandaron con dos amigos a Valledupar para que comprara un tornillo ’e máquina que había llegado a la tienda de Jacobo Lúquez. Como la carretera era mala nos tocó salir por la Jagua y atravesar por la región de Las Raíces, Martín Ramo, Guacochito y Guacoche, pasando por este último, escuchamos una parranda; le dije a los compañeros, vamos a arrimar que me ha llamado la atención”, relató el juglar.

“Y llegamos hasta allá. Estaba tocando Lorenzo Morales, en un acordeón ‘Tornillo ’e máquina’… Nuevecito el acordeón; yo me paré ahí con los compañeros de travesía, pero como nadie me conocía, me entró una inconformidad. Claro que yo me venía tomando unos traguitos y estaba que me tocaba, pero me daba pena, repito, porque no conocía a nadie y no quería ser un vanidoso presentándome yo mismo. De tal manera que no me quedó otro remedio que acercarme a uno de los dueños de la parranda y le dije: —Oiga, yo también toco mis cositas en el acordeón y me gustaría tocar— (…) Se cumplieron mis deseos, conseguí con ese señor que Lorenzo Morales me prestara su acordeón y comencé a tocar. Toqué dos piezas; eso sí, bien tocadas. Le eché uno que otro verso a Moralito. Después que callé el instrumento vino lo bueno. Antes se usaba que el primer trago se servía para el acordeonero, el segundo para el cajero y el tercero para el guacharaquero. Cuando cerré el acordeón, se creía que el primer trago era para Lorenzo, por ser el dueño del acordeón, pero me lo dieron a mí. Eso llenó de celos a Morales y ahí nació nuestra contienda de versos”, relató Zuleta.

LA VERSIÓN DE LORENZO MORALES:

Lorenzo Miguel Morales, el otro protagonista de la historia, en varias oportunidades también dio su versión de los hechos. Moralito, como era conocido el músico por su baja estatura, murió a los 97 años, en 2011, en Valledupar. Contó en una ocasión que un día fue hacer una diligencia a Urumita, donde una señora llamada Beba Bello. Cuando la gente se dio cuenta de su llegada inmediatamente “le participaron a Emiliano y se fue formando una parranda”, cosa que lo tomó por sorpresa, porque no fue “en son de música”.

“Al fin, como a las 7 de la noche, Emiliano se fue y me dejó el acordeón, yo seguí parrandeando con los amigos y un poco tarde me acosté con el fin de viajar temprano, como en esa época no había carros, uno aprovechaba las horas de la mañana para viajar. Ese fue el motivo para que mi contendor me hiciera la composición, La gota fría”, dijo.

“Émiliano dice que pasó un día por Guacoche y que no le había prestado mi acordeón, por eso es que yo le digo embustero, porque jamás le he negado mi acordeón a un compañero de música”, contó Moralito.

Yo tengo un recao grosero
para Lorenzo Miguel
él me trató de embustero
y más embustero es él…

1. GUILLERMO BUITRAGO

2. EMILIANO ZULETA BAQUERO

3. GRUPO NICHE

4. CARLOS VIVES Y SHAKIRA

PUBLICA Y DIFUNDE:


Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

El juglar Lorenzo Morales como dice la canción, se fue de mañanita

Crónica

-‘Moralito’ hace 10 años partió de la vida y se recuerda la canción ‘La gota fría’ donde Emiliano Zuleta Baquero, le había llamado la atención en 1938 por haberse ido cuando la luna estaba concluyendo su jornada-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Tener de vecino a Lorenzo Miguel Morales Herrera, permitió conocerlo muy de cerca y entablar diálogos constantes sobre su vida y obra musical. De esta manera los tintos con ‘Moralito’ eran bien hablados y con derecho a tener pasaporte para abordar el ayer, donde los sucesos se cantaban y las historias tenían sabor a costumbres perdidas.

Él como nadie estaba preparado para la muerte. Ya lo había dicho desde hace algún tiempo. “Estoy ni los carros viejos, que no quieren echar ni pa’ lante, ni pa’ atrá’. Se me está acabando la gasolina. Vivo porque Dios me está otorgando unos días más, aprendiendo que a él no se le puede llevar la contraria”.

También su compadre Emiliano Zuleta Baquero se lo había anticipado en la canción `La gota fría’, con aquella famosa frase: “Te fuiste de mañanita”. En verdad, así lo hizo. Se fue callado a las 6:20 de la mañana del viernes 26 de agosto de 2011.

Lorenzo Miguel, siempre vivió agradecido con el dador de sus días y expresaba. “Dios me ha dado el permiso para llegar a la edad de 97 años, codearme con mis amigos y recibir el cariño de mi numerosa familia”.

En las tantas menciones sobre el tema de la muerte anotaba. “Yo sé que me voy a morir. A la muerte, como a la vida, no hay que tenerle miedo porque después de nacer está claro que tarde o temprano nos llega el momento de partir”.

Sin parar continuaba emitiendo sus conceptos. “Dios lo dispone cuando así lo requiere, pero es muy doloroso ver cómo se mueren personas muy pegadas a nuestras entrañas. En fin, es duro, pero así son las reglas divinas y ante esa verdad no hay otra salida”.

Lorenzo Morales desde joven fue un virtuoso acordeonero

La vida del juglar

Este juglar vivió una vida consagrada al folclor y en los últimos años varias enfermedades lo llevaron a estar en una silla de ruedas. Desde ahí impartía instrucciones, se la pasaba contando su vida y las historias de sus canciones, una mayor parte dedicada a las mujeres.

A pesar de ser un juglar completo porque tocaba su acordeón, cantaba y componía, la canción que lo catapultó no siendo suya fue ‘La gota fría’, donde se narra la piqueria que nunca tuvo con su compadre Emiliano Zuleta Baquero.

Sobre este tema, al que se refirió en muchas ocasiones, aseveraba. “Al que le van a dar le guardan, y mi compadre Emiliano con su canción se quiso salir con la suya, pero al final gané, aunque con el bolsillo pelao. Nunca peleamos, fuimos excelentes amigos y compañeros de parranda”.

Siguiendo con el tema decía. “Esas son las jocosidades de las canciones y en este caso soy solamente el protagonista, porque de ella no obtuve ni un peso. Mi compadre Emiliano no es que fuera tacaño, sino olvidadizo”.

No tocó más su acordeón

El juglar Lorenzo Morales dejó de tocar su acordeón por una promesa que le hizo precisamente a su compadre Emiliano Zuleta. La promesa consistía en que si alguno de los dos moría, el otro silenciaba su acordeón y así se cumplió. Con el dolor más grande ‘Moralito’ dejó de tocar lo que más amaba, el acordeón. Lo guardó el domingo 30 de octubre de 2005.

Entonces en ese momento al relatar sobre su promesa que cumplió al pie de la letra expresaba. “Dejar de tocar no me aflige porque ya dejé muchas canciones que son mi carta de presentación. Mi nombre y mi obra son universales. Soy un abanderado de la música vallenata. Lo fui en el tiempo en que las canciones no valían. Ahora valen millones de pesos y casi no dicen nada. Comprendo que son otros tiempos y hay que aceptarlo”.

De otra parte, a ‘Moralito’ le gustaron los viajes que realizó con motivo de la promoción del 44° Festival de la Leyenda que se llevó a cabo a finales de abril del año 2011, en homenaje conjunto con el maestro Leandro Díaz.

Estando en Bogotá una joven periodista lo entrevistó y al verla tan bonita, exclamó. “Esa es mucha vitamina, lástima que no pueda tomármela”. El maestro Lorenzo Morales, era un adornador del encanto de las mujeres y hasta sus últimos días no dejó de ser un errante enamorado. Esa era una virtud de su corazón que nunca planeaba nada, sino que palpitaba con más fuerza.

Los garabatos de ‘Moralito’

En esas largas jornadas de encuentros cordiales con el juglar al que le dieron el recao grosero más famoso del mundo, solía referir historias jocosas que le pasaron permitiéndole dar una lección de humildad y conocimiento.

Una vez escribió o como el mismo lo manifestaba. “Hice mis garabatos de una canción”. Después con el ánimo de recibir el visto bueno se los presentó a una paisana.

Ella al tomar en sus manos la hoja de papel lo leyó y le expresó. “Lorenzo, yo sé que tú no has estudiado mucho, pero aquí hay unas palabras mal escritas”, y se las enumeró. El legendario juglar miró para todos lados, y entonces en tono serio le regaló una lección de esas que no tienen vuelta de hoja. “Vea paisana, el vallenato no tiene ortografía. Tiene es canto y melodía”. Ella para no pasar la pena ante la contundente respuesta le pidió que mejor se la cantara.
‘Moralito’ no quiso, sino ante el encanto de la mujer que tenía a su lado decidió hacer una elocuente disertación. “Las mujeres son la esencia de la tierra y el alimento para el amor. El mundo sin mujeres hubiera sido un desastre”.
‘El pequeño gigante de Guacoche’, como fue conocido, nació el viernes 19 de junio de 1914 y dejó un gran legado de canciones, siendo la más destacada ‘El errante’, donde narró que le tocó vivir por distintos caminos con un amor que le ocasionaba demencia sintiendo que el corazón le titilaba y pensando que lo criminal era la ausencia. Esos amores esquivos fueron frecuentes y le tocó arar en el mar, sembrar en el viento y tocar en el desierto.
En las charlas con el hombre que dejaba la huella antes de poner el pie, no escampaba el recuerdo y entonces anotaba. “Nunca olvido esos viejos tiempos. Había abundancia de alimentos, pero ya la cuchara está alta y no hay toldo pa’ tanta gente. Todo ha cambiado, de tal manera que el respeto y la prudencia pasaron a segundo plano. Además, la violencia toca a todas las puertas”.

Lorenzo Morales Herrera, gran juglar del folclor vallenato

‘Moralito’, el mismo que se fue de mañanita, hizo canciones de toda índole, incluso el cantante Silvestre Dangond con el acordeonero Rolando Ochoa le grabaron hace ocho años ‘La cosa sabrosa’, donde el juglar sacó a relucir su ingenio para pedir con jocosidad en letra y música, lo que al cuerpo le negaban en medio de los avatares del deseo. Así era y así se recuerda.

Lorenzo Morales contándole sus historias al periodista Juan Rincón Vanegas

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BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

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