¿Carajo Náfer y no vas a aguantar los 90 años?

Crónica


Por Juan Rincón Vanegas/ @juanrinconv

Todo comenzó el domingo nueve de octubre en horas de la mañana cuando el Rey Vallenato Náfer Santiago Durán Díaz, asistía a misa en la iglesia San Marcos de El Paso, su tierra, donde sufrió una descompensación en su organismo y tuvo que ser llevado al hospital Hernando Quintero Blanco. En un abrir y cerrar de ojos en el pueblo se regó la noticia sobre que le había dado un “Yeyo”, es decir un desmayo.

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88 años del negro Durán, al que llaman Naferito

Crónica | Diciembre 26/2020

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Apareció sentado al lado de la cerca del patio de su casa viendo como el sol asumía su rol en esas eternas mañanas calurosas de El Paso, Cesar, y entonces comenzó a darle rienda suelta a las reminiscencias, teniendo presente las palabras de los locutores de otrora. “Hoy, agrega un año más de vida al collar de su existencia el dilecto maestro y Rey Vallenato Náfer Santiago Durán Díaz”. Efectivamente, agrega 88 años.

El maestro Nafer Durán con emoción sublime habló de la historia de su gran amor Rosibel Escorcia


En ese escenario estaba el negro de ébano. El mismo que cuando se lleva su inseparable acordeón al pecho le parece un juguete. Ese que hizo su propia presentación en la canción ‘La grabadora’. “Yo soy el negro Durán, al que llaman Naferito, pronto escucharan por disco, mi música popular”.


Cuando se le preguntó por el sentimiento que lo embargaba al llegar a esa edad con los motores prendidos, tocando firme su acordeón, componiendo nuevos cantos y con el ánimo por todo lo alto, a pesar de las tristezas que nunca faltan, sus primeras palabras fueron darle gracias a Dios por la largura de años.


“Dios que todo lo sabe y puede, ha sido maravilloso conmigo. Por eso no me canso de darle las gracias. Ya son 88 años y claro, estoy preparado cuando me llame a su presencia”, expresó.


Se quitó su sombrero, levantó la vista y notó que había un cielo despejado con pocas nubes circulando y el sol siendo dueño del firmamento. Al ver ese panorama fungió de pronosticador del tiempo y manifestó: “Este mes las lluvias están de vacaciones”.

El hijo de Náfer Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal, se puso serio y anotó que lo último que jubilará sería su acordeón porque ha hecho posible que su sonido acompañe los latidos de su corazón. Y remata su comentario de la manera más sublime del mundo. “Dejar de tocar mi acordeón es morir en vida”.


Sin lugar a equívocos, acudiendo a la tradición oral es de los contados acordeoneros que a su edad continúa sacándole notas al instrumento sagrado del folclor vallenato. Efectivamente, desde niño aprendió a tocarlo y de eso ha vivido siendo el mejor manjar para alimentar la numerosa familia que ha seguido su huella.


La extensa hoja de vida de Náfer Durán señala que ha grabado muchos discos, que se coronó Rey Vallenato en 1976 y siete años después al ir en busca de la segunda corona en el Festival de la Leyenda Vallenata fue declarado fuera de concurso. Es el único que ostenta ese honor. Además en ese espacio se destaca que en el año 1976 grabó el disco ‘Herencia Vallenata’ con el cantante Diomedes Díaz Maestre.

“Me siento orgulloso de ser el acordeonero que sacó a la luz pública a Diomedes Díaz. Al abrirle ese camino ‘El Cacique de La Junta’ se fue proyectando hasta llegar a ser un gran superdotado de la música vallenata. Siempre que nos encontrábamos recordábamos ese hecho y le decía que lo admiraba mucho”, indicó Náfer Durán.

Sin tí, no puedo estar…

Con su corazón abierto y el pensamiento dándole órdenes comenzó a hablar de la canción que le abrió el camino del amor al lado de Rosibel Escorcia Mure. A ella, con el alma atropellada por la ausencia le compuso ‘Sin ti’ donde en tono menor le expresaba que vivía triste y loco por tenerla cerquita.
Entonces hizo un repaso al primer verso donde la nostalgia le llegó plena al corazón.

Con mi nota triste
vengo a decirle a tu alma,
lo que está sufriendo mi sincero corazón.
Ya no tengo paciencia,
ya no tengo calma
solo vivo triste y loco por tu amor.

Estando atrapado en la atarraya de la añoranza dijo que la historia es más linda que el propio canto. Sin dar ninguna vuelta habló cerrando los ojos para que nadie distrajera el momento.
“Rosibel, mi esposa, quien nació en Chiriguaná, contaba con 20 años y comenzamos a vivir. En una ocasión me fui a una larga correduría y no supe de ella porque las comunicaciones eran imposibles, pero antes de regresar le compuse en el pueblo de Mompóx, Bolívar, la mencionada canción”.
Abrió sus ojos y le estaban brillando porque relataba la epopeya de esos amores legendarios que ni el tiempo ha podido derrotar.


“Al regresar, lo primero que hice fue ir a la ventana de su casa y regalarle la canción. Después de ella escucharla, abrió la puerta y me sonrió. Enseguida vino la sorpresa o sea el premio mayor del amor. Me contó que estaba embarazada”.
Enseguida sin pensarlo, se encontraron el sentimiento de alegría y tristeza porque las lágrimas abonaron los recuerdos.
“Aquella vez nació mi primera hija Denia Esther, y fue alegría total. Mi hija murió hace tres años”. Esa síntesis quebrantó el corazón del juglar y la salida fue respetar su silencio. Dejar que sus lágrimas fueran el testimonio de aquel instante.


Con el dolor que se registró en su corazón, y más calmado hizo una petición. “Cuando Dios me llame a su santo reino, esa canción me la deben cantar en mi tumba”.
Esas fueron las palabras sentidas del hombre que no se embelesa ante los triunfos, reconocimientos y admiración, sino que sigue siendo humilde y de mirada triste. El abuelo al que se le hacen agua los ojos al hablar de sus nietos que siguen su ruta musical.
Al indagarle al escritor, poeta y gestor cultural Fernando Bordeth Chiquillo, sobre el juglar pasero, soltó una de esas frases que lo pintaron de pies a cabeza. “Naferito, es tan grande que exhala un olor a invierno aún en el más fuerte de los veranos, es madera fina».
Ahora Naferito vive en El Paso donde se refugió de la pandemia porque en Valledupar lo estaba matando el encierro, según manifestó.


Claro, que en su tierra sufre de nostalgias al recordar con orgullo a sus padres Náfer y Juana, a sus hermanos y demás familiares, entonces el llanto se hace irredimible cada vez que los menciona.

“Naferito, huele a rey”…

El juglar Náfer Durán realizó un paseo por su pueblo dandóle rienda suelta a los recuerdos – Foto Ángel Maestre

Al final salió a dar una vuelta por el pueblo para tomarse unas fotos, y en su recorrido iba saludando. Estando en esas un paisano veterano con la cabeza adornada con canas le dijo a voz en cuello. “Naferito huele a rey. Huele a Rey Vallenato”. Él, sonrió y se limitó a decir. “Que ocurrencia, que ocurrencia”…
Naferito, maestro de la dinastía Durán, siga caminando, siga tocando que con su acordeón al pecho y su linda nota sonora hace el mejor registro del folclor vallenato. Ah, y no se vaya todavía, que Dios camina a su lado.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

‘Naferito’ Durán, el Rey Vallenato que vive contando recuerdos

Crónica

En la historia del Festival de la Leyenda Vallenata ha sido el único acordeonero que después de alcanzar la corona en el año 1976, y volver a aspirar a la segunda fue declarado Fuera de Concurso-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Después de estar en su casa ubicada en el barrio Altos de Garupal de Valledupar, el Rey Vallenato del año 1976 Náfer Santiago Durán Díaz, ante la pandemia que se presenta decidió partir para su tierra El Paso, Cesar, donde dice sentirse más seguro y tranquilo. Entre los argumentos presentados está su largo encierro o aislamiento y que la casa le parecía “una caja de fósforos”.
Cuando él se asomaba con cuidado a la puerta notaba que la soledad era la reina, y el silencio tenía el mayor espacio para recrearse. También miraba las hojas secas de los arboles tristes, que no había esas carreras para ir de un lado a otro, pero el dolor caminaba más rápido que nunca y pocos se atrevían a detenerlo.
Entonces con toda la calma se dedicó al oficio de amarrar las nostalgias con el hilo invisible del ayer para que de inmediato aparecieran miles de recuerdos, casi todos enmarcados en la banda sonora de su acordeón.
En ese recorrido del pensamiento sabía que las ilusiones eran frágiles y las horas se perdían sin siquiera saludar a los minutos. Sus conclusiones las enfocaba a la esperanza, esa misma que se está hundiendo y la tabla de salvación no llega.
La casa lo ponía inquieto y las reflexiones de ‘Naferito’, ahora el líder de esa gran dinastía, eran profundas analizando las pérdidas de vidas teniendo las alegrías ocultas debido a la convulsión del mundo.
“He escuchado con calma de esta tragedia que se ha llevado a miles de personas, algo nunca visto en nuestros tiempos, pero Dios en su misericordia tendrá compasión de nosotros”. Al decir estas palabras señaló que desde hace algún tiempo asiste a una iglesia cristiana y sus cantos ahora los dedica al Altísimo.
Se le pide que cante una de esas canciones y de inmediato toma su acordeón y presenta la nueva realidad de su pensamiento pasando de ‘Sin ti’, ‘La grabadora’, ‘El chanchullito’, ‘Déjala vení’, ‘La chimichaguera’, ‘El estanquillo’, ‘La zoológica’, ‘El rezo’ y ‘Teresita’, entre otras a:

Eres mi Dios bondadoso y alabado
en el mundo no tienes comparación,
mi Dios bendito no mires mi pecado
para que así me concedas el perdón.

Ven sálvame Jesús, no hay nadie como tú,
ven sálvame Señor, tú eres mi salvador.

Ese es el hombre arrepentido que vive en contacto con Dios y sabe que en sus manos todo marchará mejor.
Al terminar de cantar habló con la sinceridad que lo caracteriza. “Yo, estoy por encima del mal y del bien. Soy el Rey Vallenato con mayor edad y como buen soldado he prestado el más grande servicio al folclor vallenato”.
Sin parar continuó diciendo. “Me siento dichoso de haber contribuido para que el folclor vallenato cada día sea más grande. La cuota de mi familia en este campo ha sido buena y un factor importante fue la creación del Festival Vallenato donde la comadre Consuelo Araujonoguera nos marcó el camino abriéndonos las puertas de Valledupar. Con ella siempre viví agradecido”.
‘Naferito’, a lo largo de su vida ha sembrado canciones que le han dado muchos frutos y como lo expresa, teniendo el honor de acompañar en la primera grabación a Diomedes Díaz. “Ese monstruo del vallenato era inigualable. Cantaba, verseaba y componía”.

Fuera de concurso

De repente cambió la historia de su diálogo y frenó en el año 1983 cuando fue en busca de su segunda corona en el Festival de la Leyenda Vallenata, pero pasó algo que no esperaba. Esa noche fue declarado fuera de concurso.
Naferito, el hombre noble, dicharachero, amiguero, el de la humildad que traspasa las barreras de su propia humanidad, y el que aprendió a tocar acordeón antes de decir “papá y mamá”, contó su verdad.
“Cuando se entregó el fallo no entendía nada. No era el nuevo Rey Vallenato, honor que se le otorgó a Julio Rojas. A cabo rato Gabriel García Márquez, quien estuvo en la mesa de jurados me mandó a llamar y me explicó.
Hace una corta pausa, toma aire y relata. “El, me dijo que a partir de ese momento quedaba en la historia como el acordeonero que tocó mejor que todos en un Festival Vallenato, y más habiendo sido Rey Vallenato. Enseguida, me manifestó que yo era un fuera de serie y esas eran palabras mayores”. Sonríe y retrata a Gabo haciéndole ese pronunciamiento.
‘Naferito’, El hijo de Náfer Donato Durán Mojica y Juana Díaz Villarreal, está feliz en el pueblo que lo vio hacer hace 87 años, (26 de diciembre de 1932), donde la admiración, respeto y cariño juegan de local.
Entonces asevera que la quietud lo tenía “entumido” y no hacía sus constantes caminatas para “mover los huesos”. También le faltaba platicar, así fuera de patio a patio con sus paisanos. Eso sí, no olvida la tempestad que ocasiona el enemigo que hace daño sin dejarse ver, hasta no permitir que se velen, ni acompañen a los muertos hasta su última morada.
“Esto causa dolor, dígamelo a mí, pero lo cierto es que la última palabra la tiene Dios. Estamos en sus manos”. A renglón seguido indicó que todas las mañanas hace oraciones y piensa que el tiempo difícil pronto pasará.
Él, a través del diálogo nunca se cansó de sumar recuerdos, como aquel cuando su papá tocaba el acordeón y su mamá entonaba cantos de tambora. “Los pozos brillantes se están derramando, los cubos de plata los están aparando”. O aquella que comienza: “Qué bonita herencia que me dejó el negro, esa es la que llevo por el mundo entero”.


Al final y antes de despedirse dijo: “Lo que estamos viviendo cambió el destino del mundo, nos hizo esconder y ser disciplinados para poder vivir. Me saluda a todos los amantes del folclor y por favor que se cuiden y no olviden ponerse en las manos de Dios”. Seguidamente añadió. “Les recomiendo leer en la Biblia, Filipenses 4:13”.
Primera vez que una crónica termina con un número, pero ‘Naferito’ Durán tiene toda la razón: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas