Juan Gabriel, “¿Dime cuándo tú vas a volver?”

juangabriel1002Su vestuario, con su nombre bordado en el pecho, lo elige teniendo en cuenta los colores de la bandera de la ciudad donde se presenta.

Un Sábado de Carnaval en Barranquilla también puede ser inolvidable con un espectáculo bajo los acordes impecables de una orquesta que se fusiona de manera soberbia con un mariachi desembarcado directamente de la capital mexicana, y si tiene como estrella central a la primerísima figura del canto y la composición: Juan Gabriel

El Divo de Juárez, con una voz muy distinta a la de sus inicios hace 42 años, cuando el mundo se sintió identificado con su cantar: no tengo dinero…ni nada que dar, estuvo en la tarima del estadio de béisbol Tomás Arrieta, pero entregando lo que más tiene: amor, a través de sus canciones.

Fueron muchísimas las que interpretó durante las tres horas y media de concierto que brindó teniendo sobre su pecho uno de los collares de los muchos que se llevó en su maleta, con figuras carnestoléndicas y con la impronta de la creatividad manual de la gente de esta tierra y del interior del país que entraba al estadio con los ojos y los oídos llenos de cumbia, mapalé, de coloridas carrozas, comparsas y las cosas queridas de nuestro Carnaval.

Sin interrupciones, ni como decimos aquí, para comerciales, porque no cambió su elegante vestuario verde de tres piezas, que terminó empapado de sudor, Juan Gabriel le quitó los ojos al público, que como hipnotizado vivió su triunfal carrera artística desde sus inicios a través de una puesta en escena fuera de serie.

Una armoniosa producción visual acompañó cada canción presentando a Juan Gabriel en retrospectiva, bien desde su adolescencia o en sus momentos cumbres con temas como He venido a pedirte perdón, Es mejor decir, Siempre en mi mente, Me nace del corazón.

El concierto permitió confirmar una vez más la vocación, admiración o sencillamente a un pueblo que sabe y es capaz de vibrar con la música folclórica de otros países cuando a los pocos minutos de iniciar su show, Juan Gabriel le dio paso a su mariachi. Esas alegres tonadas, que en el 2005 fueron declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, como también lo es nuestro Carnaval de Barranquilla, despertaron una oleada de entusiasmo impresionante. Los aplausos y los vivas iban y venían al compás del zapateo de una pareja que mostraba en el escenario con alegría su baile emblemático.Desde ese instante, el público que pagó desde un millón de pesos por su silla en palco, hasta los que compraron las boletas más económicas decidieron quedarse de pie para ver el espectáculo.

Bailarines, coristas, mariachis y músicos se unieron sincronizadamente al extenso repertorio de Juan Gabriel que fue coreado a todo pulmón, por lo que el artista amorosamente repetía a todo momento: gracias por cantar mis canciones, nombre que recibe esta gira.

Pero la gloria no solo fue para Juan Gabriel. Él, caballerosamente, le hizo la venia a sus músicos al presentarlos en primer plano para que demostraran en solitario sus talentos. Fue una lección de cómo un grande es grande cuando reconoce públicamente a quienes le rodean. Hubo espacio para el canto, ejecución instrumental y hasta varios de sus músicos bailaron imitando su estilo: vuelta, media vuelta y vuelta entera, generando gran delirio.

Además, valiéndose de la magia audiovisual que enmarcó toda su presentación, como mexicano orgulloso de sus raíces, le rindió tributo a otros que, como él, alcanzaron la gloria: José Alfredo, Cantinflas, Luis Aguilar, María Félix y muchos más.
También por ese mismo medio, recordó sus tiempos felices junto a Rocío Durcal, nos presentó en fotos a su Amor eterno, su mamá, y nos mostró poéticamente en surrealismo azul como es cuando lloviendo está y por eso que no ves mis lágrimas las mismas que te seguirán a donde vayas… No obstante, Juan Gabriel no se quería ir, el público tampoco. Se despidió tres veces sin decir adiós. El Noa Noa fue uno de esos momentos cumbres, pero de inmediato se entregó con más de su repertorio.

Cuando el reloj marcaba más de las 3:30 a.m. y había dado las gracias en dos ocasiones distintas al empresario Enrique Chapman por estar en tierra barranquillera, se eternizó de rodillas bajo los acordes de la canción que todos salieron felices tarareando “…¿Dime cuando tú… dime cuándo tu vas a volver?”.

Ayer camino al aeropuerto dijo lo que con canciones demostró: “Sentí tanto amor, tanto respeto y admiración que decidí cantar hora y media más”.

Por Martha Guarín R./El Heraldo

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