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Julio Erazo, El Juglar Guamalero

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Una de las grandes constantes de la humanidad es la necesidad de contar y oír historias, sin importar el grado de realidad o ficción que éstas tengan ni la forma en la que se presenten estas narraciones: oral, escrita o cantada.

En cuanto a las narraciones cantadas, de las manifestaciones folclóricas del cancionero colombiano, la música de acordeón del Caribe ha provisto uno de los mayores aportes en cuanto a calidad y cantidad de las composiciones, los temas abordados y el acento particular regional en el tratamiento a dichas historias o sucesos, destacando tradiciones, personajes y costumbres de su entorno, desde sus inicios.

Las canciones se han tenido, de manera general, como un género menor de poesía y eso, en el caso en el que se les llega a considerar poesía. Esta suerte de desprecio, por parte de los literatos, se ha dado, seguramente, por la sencillez de sus figuras literarias y sus temáticas, cosa que dificulta el hecho de que su lenguaje pueda ser catalogado, sin muchos reparos, como poético de acuerdo al estado alcanzado por la poética moderna olvidando el origen pleno que tiene la poesía, la literatura toda de las lenguas modernas Europeas y Americanas, en los cantos del medio evo y sus dos vertientes: juglaresco (trovas) y clerical (oraciones). Han sido nuestros compositores e intérpretes populares quienes se han encargado de contarnos nuestra historia al margen de las versiones oficiales, ayudándonos a conservar, en mayor o menor grado, la memoria de lo que fuimos y el testimonio de lo que hemos llegado a ser, para bien o para mal. Rara vez esto lo han hecho con igual eficiencia los literatos, a pesar de sus ínfulas y su engreimiento.

Hoy día, que la calidad literaria de las canciones que se popularizan en las estaciones radiales es regularmente desastrosa y que se da por sentado que, con el fallecimiento del maestro Leandro Díaz el pasado Junio del 2013, los juglares de la música vallenata han desaparecido, vale la pena volver la mirada a uno de los más prolíficos compositores colombianos: Julio Erazo Cuevas, barranquillero de nacimiento, pero guamalero de crianza y composición. Compositor que abarca y sobrepasa el ámbito de las músicas de acordeón del caribe colombiano, injustamente reducidas al término genérico y castrante de vallenato y que en Marzo de este 2014 celebró sus 85 años de vida.

julio-erazo-003Sus canciones, compuestas en múltiples géneros, son de esas pocas que han sobrepasado todas las fronteras posibles, para sostenerse, en tiempo y espacio, gracias a sus melodías a veces cargadas de los más profundos sentimientos y otras, de una singular alegría y jocosidad y a sus letras sencillas con las cuales ha construido un universo narrativo particular y bello.

El lenguaje, oral o escrito, es, como todos los demás, un sistema expresivo dotado de poder significativo y comunicativo, lo cual lo hace válido y útil para quien lo emplea dentro de las convenciones que le rigen. Las canciones populares, al contrario de muchos poemas sí dicen algo, sí permiten comunicación entre sus actores y para esto se necesita claridad, concisión, precisión y naturalidad. Fluidez. El lenguaje poético no es, necesariamente, lenguaje abigarrado, sino vivo. Alcanzar una belleza llana, sencilla, es tanto o más complejo y exigente que una belleza abigarrada y es en esto, precisamente, en lo que quiero detenerme, en resaltar que con un lenguaje poco más que cotidiano y no siempre inocente aunque en ocasiones un poco burdo puede cantarse y contarse bellamente y puede, también, cumplirse con rigurosidades métricas.
En sus canciones el maestro Erazo, regularmente, sigue las normas de la métrica española, tanto en rima como en extensión y ritmo, como lo veremos en fragmentos de algunas de sus más conocidas composiciones.

Compadre Chemo, el paseo hecho famoso por el gran Alejo Duran, que constituye un verdadero monumento a la amistad, y con el cual busca desagraviar a su querido compadre Anselmo Montes, está constituido por estrofas de cuatro versos decasílabos cada una, con una rima consonante:

Tengo pena con compadre Chemo,
tengo pena porque yo no fui,
a la fiesta de ese dos de Enero
y con tanto que le prometí.

Su célebre tango, Lejos de ti, dado a conocer por Raúl Garcés, es una muestra no sólo de su versatilidad rítmica, sino de la intensidad de sus imágenes que, en sólo unas líneas logran condensar todo el desconsuelo de unos amores contrariados por la distancia. Inicia con dos cuartetas asonantadas o coplas, con todos sus versos de arte menor y rima consonante en los versos pares, como debe ser:

Hoy que la lluvia
entristeciendo esta la noche,
y las nubes en derroche
tristemente veo pasar,

viene a mi mente
la que lejos de mi lado,
el cruel destino ha posado
solo por verme llorar.

Si, en sí mismo este dominio de la métrica del cancionero y la poesía popular de la lengua española es un mérito que se debe reconocer en las composiciones del maestro Erazo, el contenido de las letras mismas debe mirarse con detenimiento, también, para dar un justo valor a sus canciones.

Iniciando a revisar temas que hoy día son comunes en lo que podríamos llamar la Generación sin nombre de los compositores del caribe colombiano, esos en cuyas canciones las letras casi siempre hablan de un solo tema: el amor, tema de toda gran literatura, pero que, en este caso es tocado de manera cursi, por decirlo menos, cuyo sujeto lírico es un sujeto humillado, fingido, llorón, que no asume su sentimiento con romanticismo sincero, profundo y trascendental, buscando elevarse a sí mismo y al ser amado, sino que se asume de manera masoquista y autodestructiva, podemos fijarnos en las letras referidas al mor del juglar guamalero. Las letras del maestro Erazo, están, principalmente, cargadas de una actitud altiva, no de humillación ante el ser amado y esquivo, más allá del dolor y la desolación, como, se evidencia, a continuación, en el tema ¿Ya para qué? grabado por Rodolfo Aicardi y Los Hispanos:

Te olvidaste de mis besos,
de mis caricias y mis amores.
Toditito me abandonaste,
y te olvidaste de mis dolores,

¿si tú no sabes querer,
si te gusta traicionar,
por qué me diste tus besos
y el fuego de tu mirar?

Dos de sus mayores éxitos: Hace un mes y La espumita del río, grabados con el conjunto decano del Caribe colombiano, Los corraleros de Majagual, son temas que a pesar de su corte alegre en la melodía, tienen unas letras cargadas de sentimiento que, recurrentemente, pueden pasar desapercibidas en medio del baile al que, sin lugar a dudas, invitan apenas empiezan a sonar:

Hace un mes que no te miro,
hace un mes que no te abrazo,
hace un mes que no suspiro,
apretado entre tus brazos.

Hace un mes que estamos lejos
saboreando esta negrura:
tú pensando en mi tristeza,
yo pensando en tu amargura.

Ahí te mando mi cariño,
con la espumita del río,
es un pedazo de mi alma
que va muriendo de frío.

Como no vienes a verme
mi cariñito te envío:
en la espumita del río,
con la espumita del río.

El consuelo que me queda es, quizá, una de las canciones que mejor puedan ejemplificar esta actitud altiva ante el despecho, no sólo en la literatura musical del maestro Julio Erazo, sino en todo el ámbito musical del caribe colombiano:

Me dices que te vas, porque ya tu no me amas,
porque ya tu no me amas, porque ya tu no me quieres,
¡Ay! Y el consuelo que me queda, morenita,
que en el mundo todavía quedan mujeres.

Nada haces con decir que tendrás otro cariño,
que tendrás otro cariño, que tendrás amores nuevos,
¡Ay! Y el consuelo que me queda, morenita,
que de todos tus amores fui el primero.

El amor, que ha sido tema central en toda la poesía y en las composiciones del maestro Erazo, ha tenido, como no, un papel preponderante, permitiéndonos encontrarnos en ellas con diversos tipos de declaraciones, entre las cuales destacan las siguientes:

Si en tus miradas de mar violento yo naufragara,
para que tus brazos se condolieran y me salvaran.

Ven hacia mí, no te me vayas que me haces falta,
coloca tu alma cerca de mi alma y seré feliz.
(Tengo un amor)

Hace como cinco años
yo dejé a Rosalba siendo una niñita,
pero desde aquél entonces
ya se le notaba que iba a ser bonita.

Da la casualidad que a mi regreso
la encuentro convertida en señorita,
con unas ganas de robarle un beso
para ver a que sabe su boquita.
(Rosalbita)

Como consecuencia de esta composición, el maestro debió incursionar en otro campo de la literatura musical del caribe colombiano y es el referente al de los celos. La famosísima canción Celosa y guapa o La mujer que tengo, fue la empleada por él para decirle a su esposa Elides que tranquila, pues por nada la cambia en la vida…

La mujer que tengo
se pone celosa y guapa,
porque yo compongo
canciones pa las muchachas.

Por ejemplo ahora,
conmigo se puso brava,
porque yo compuse
un paseo para Rosalba.

Déjate de cosas,
quédate tranquila,
que yo no te cambio
por nada en la vida.

Otra característica típica de las composiciones de estilo narrativo de la música del caribe colombiano, generalmente conocidas como vallenatas, es el canto al amigo, al compañero de parrandas y otras actividades. El maestro Julio deja constancia de cariño a sus amistades en varias composiciones, además de la consagrada: Compadre Chemo. Estas composiciones son: Me voy pa La Gloria, dedicada a su amigo Ubaldo Meneses, y el paseo Arturo Pava, grabada por Lisandro Mesa:

Voy a esperar el verano,
para que salga la playa
y visitar a La Gloria,
tierra donde uno se amaña.

Ahí vive Ubaldo Meneses,
él se los puede decir:
Llegó de paso a La Gloria
y ahora no quiere salir

Él era un gallo jugado,
que en muchos patios cantó,
pero encontró con Juanita
y las espuelas perdió.

Voy a dedicar un son
a un amigo guamalero,
lo merece con razón,
por lo alegre y parrandero.

Y si no me queda bueno
va a tener que perdonarlo,
pero si me queda bueno,
va a tener que festejarlo.
Si lo quieren conocer,
Pónganle mucha atención
Él se llama Arturo Pava,
Arturo Pava Pabón.

La picaresca no está ausente en sus letras, por el contrario suele ser una herramienta de uso corriente en sus composiciones para relatarnos acontecimientos cotidianos, con su óptica particular. En el Paseaito El plantao, grabado con El combo zuliano en 1979, podemos empezar a ver esta picardía:

Oigan lo que me pasó
en la fiesta e Santa Rosa,
en el baile me encontré
una pareja preciosa.

Bailando la piropeaba
y ella siempre sonreía,
y aceptaba enseguidita,
todo lo que le ofrecía.

Cuando el baile se acababa
yo pensé con picardía:
La convido y me la llevo,
y ¡Ayayay! mamita mía.

Pero el dueño del picó
me la quitó sin pretensiones:
Esta es la señora mía
y gracias por sus atenciones.

Con este otro Paseaito, El muñeco, el maestro nos muestra la arista del doble sentido en su picaresca:

Tengo un muñeco en mi casa,
que le gusta a las muchachas,
y si lo saco a la calle,
observen lo que le pasa:

Alicia me lo acaricia,
Aurora me lo enamora,
Gertrudis me lo sacude,
La reina me lo despeina,

Jacoba me lo joroba,
Teresa me lo endereza,
Francisca me lo pellizca,
Renata me lo maltrata.

En el Paseaito, El bailador, grabado con Los corraleros de Majagual, nos da otra muestra de esa picaresca que sirve para mostrar las dos caras de una realidad, aparentemente neutral:

Una vez bailaba yo con mi novia en el Callao,
yo bailaba cerradito y ella bailaba pegao,
le apretaba la cintura y estaba yo entusiasmao,
cuando chequié que mi suegra me tenía el ojo clavao.

Cogí la pareja entonces y le di una vuelta entera
Y así le dije a mi novia, pa que me oyera mi suegra:
Negrita no aprietes tanto, mirá que estoy sofocao,
Mejor bailemos abiertos, porque así es más refinao.

Enseguida oí que mi suegra conversaba con la gente:
¡Ay! Que yerno tengo yo, tan pulido y tan decente.
Yo por dentro me reía y pensaba entusiasmao:
¡Vieja bruta si me viera cuando bailo arrinconao!

Finalizando estas narraciones de tipo jocoso, la canción Chelín, popularizada por la agrupación Los ocho de Colombia, da cuenta de la fama de “mala suerte” de este personaje típico guamalero:

Chelín es un tipo,
un tipo de malas,
que por donde pasa,
todito lo sala.

Su mamá le regaló
unos huevos para echar,
la gallina le sacó
pura lechuza no más.

Ámbito de la composición que no puede faltar en las composiciones de todo juglar de la música del caribe colombiano, son las descripciones de paisajes naturales o de costumbres y el maestro Julio, lo hace, con lujo de detalles en varias de sus composiciones, como es el caso de la reconocida: Adiós, adiós corazón, muy conocida en el interior del país en la interpretación hecha por el Cuarteto imperial.

Qué bonita está la noche,
radiante como ninguna,
con sus luceros brillantes,
con el fulgor de la luna,
con la voz del caminante,
que va buscando fortuna.

En la siguiente composición el maestro nos da detalles paisajísticos y costumbristas sutiles y acertados para su propósito descriptivo del municipio de Margarita, Bolívar:

El pueblo de Margarita
tiene un pequeño detalle,
tiene dos leguas de largo
y apenas tiene una calle.
Por eso Dios lo distingue
Cuando se aleja la tarde.

Que me voy… pa Margarita,
la tierra de las naranjas
y las muchachas bonitas,
donde pasa el Magdalena
diciendo adiós con su brisa.
(La cumbia margaritana)

julio-erazo-002Como hemos podido ver en este breve y rápido recorrido por la amplia obra del maestro Erazo, no fue Leandro Díaz el último juglar de la literatura musical del caribe colombiano, pues con esto se estaría olvidando injustamente, además del maestro Julio, a compositores que no son menores a estos en talento y creatividad, tales como: Calixto Ochoa, Adolfo Pacheco, Emilianito Zuleta, Marciano Martínez y el mismo Carlos Vives, quien, como el maestro Erazo no sólo ha compuesto ritmos típicos de las músicas de acordeón del caribe colombiano, sino que ha incursionado en otros ritmos y fusiones que, sin lugar a dudas han constituido una revolución en la música vallenata y colombiana en general muy poco entendida y valorada en su justa y real dimensión. Estos autores, junto a Horacio Mora, el de más reciente figuración, si bien es cierto, no cumplen la misma función comunicativa que los juglares de antaño por las características actuales de los medios de comunicación e información, cultivan y sostienen la narración de eventos cotidianos de la región, tocados por los ineludibles cambios circunstanciales que trae el paso del tiempo y que, en algunas de esas composiciones, sobre todo de Vives, tienen un claro acento citadino, aunque enraizado en la tradición musical caribe de la cual surgió.

Las letras del maestro Erazo comparten los mismos rasgos circunstanciales, similar inspiración, amor por la palabra e inventiva melódica en la expresión de sus vivencias que las de los demás juglares entronizados por los pontífices de la música vallenata y que son, en suma, las de su pueblo y sus paisanos.

Es importante volver a escuchar y revisar estas letras y melodías, para darles su justo valor y comprenderlas como el gran tesoro de la literatura musical del caribe colombiano que son. Para recordar, también, que no se necesita tener letras vulgares, sensibleras ni ridículas para sonar en la radio, pues, sobre todo en el interior del país, suenan casi todos los fines de semana y en todos los especiales de música tropical sin que sus programadores y oyentes lleguen, siquiera, a imaginar que el compositor de: Yo conozco a Claudia, Adonay, Adiós, adiós corazón, Lejos de ti, El bailador, y demás obras aún vive, ha seguido componiendo, es uno de los más prolíficos compositores del país y no ha necesitado payola para tener ese merecido lugar en sus oídos y sus corazones.

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El compositor sigue radicado en El Guamal, donde vive con su esposa y musa Elides Martínez. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ

Julio Erazo nació en Barranquilla, el 29 de marzo de 1929. Se crió en El Guamal, Magdalena, a donde se trasladó su familia cuando él tenía un año de edad. Su padre era un periodista pastuso, José Ignacio, virtuoso guitarrista.

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