Magín Díaz: el eterno juglar de la música tradicional colombiana

El legendario compositor de canciones como ‘Rosa’ se presentará el 22 de enero en Bogotá.

Foto: Yomaira Grandett / EL TIEMPO Díaz vive humildemente en Gamero (Bolívar), su pueblo natal.

Foto: Yomaira Grandett / EL TIEMPO
Díaz vive humildemente en Gamero (Bolívar), su pueblo natal.

Ayudado por un vecino que le sostiene el teléfono en su oído, Magín Díaz hace un enorme esfuerzo por conceder esta entrevista. Como lo ha manifestado en ocasiones pasadas se está quedando ciego y sordo. Además, su voz –aunque potente y recia– también refleja el cansancio de aquel que ha vivido durante casi cien años.

–“Maestro Magín, ¿de dónde viene su gusto por el canto y el bullerengue?”, es la pregunta que da inicio a la conversación, pero él no la responde. Simplemente se queda callado y luego de varios segundos sentencia: “Me siento alegre por lo que hice, por lo que estoy haciendo y por lo que me falta por hacer”.

 ¿Y qué le falta por hacer, maestro?
“Uuuhh, pues cantar, brincar, correr… Estoy listo para todo eso”, dice bromeando y entre risas este costeño alegre, cuyo aporte a la música tradicional colombiana es invaluable.

Su fecha de nacimiento es una incógnita. En su cédula dice 30 de diciembre de 1922, pues quienes no sabían qué día habían nacido, seguían la tradición de registrarse entre el 24 y el 31 de diciembre por ser las fechas próximas al nacimiento de Jesucristo.

Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que es oriundo de Gamero, un pequeño caserío ubicado en el departamento de Bolívar, donde el juglar aprendió a cantar y a tocar el llamador, el tambor alegre y la tambora.

Según una extensa investigación realizada por Daniel Bustos –director del proyecto que busca documentar audiovisualmente la vida y obra de Díaz–, cada mañana el artista acompañaba a su madre, Felipa García, a trabajar en una molienda de caña de azúcar bajo el sol inclemente.

Al terminar la jornada, ambos se iban a las tradicionales ruedas de bullerengue que se hacían en el centro del pueblo. Un día, mientras trabajaba en la molienda, el entonces músico de 13 años vio pasar a Rosa, la hija del administrador, y de inmediato quedó ‘flechado’ por su belleza. Pero cuando se le declaró, la joven lo rechazó por ser un ‘negro maluco’.

A pesar de este triste suceso, en un gesto de humildad y de ternura, Díaz compuso una canción para enamorarla, y así fue como surgió Rosa, el tema que se hizo famoso en las voces de Joe Arroyo, Totó la Momposina, Irene Martínez y, por supuesto, Carlos Vives.

Al preguntarle, vía telefónica, sobre los recuerdos que tiene de Rosa, Díaz vuelve a enmudecer. Solo se escucha un suspiro por la nostalgia que le produce pensar en este amor imposible, y tras un silencio prolongado decide contestar al interrogante como mejor sabe hacerlo: cantando con profundo sentimiento.

“De las flores, la más hermosa… es la que lleva el nombre de Rosa. Sobre su lira, regando flores, la llamaré… Rosa de mis amores, la que San Juan despertó. Rosa, qué linda eres… Rosa, qué linda eres tú…”. Esta melodía es toda su respuesta.

Azares de la vida

En su adolescencia, siendo ya multiinstrumentista y dueño de una de las voces más prodigiosas del Caribe, Díaz hizo parte del Sexteto de Gamero, la agrupación con la que comenzó a forjar su carrera musical, participando en diferentes carnavales.

Cuando la fábrica de caña de azúcar en la que trabajaba cerró definitivamente, se vio obligado a abandonar su tierra y a entrar de forma ilegal a Venezuela para emplearse como obrero de construcción. Allí, por una casualidad de la vida, conoció a Cheo García, el director de la Billo’s Caracas Boys, quien deslumbrado por su talento lo invitó a integrar la orquesta.

Su paso por esta agrupación terminó a mediados de los años 70, cuando su madre falleció y entonces regresó al país para conformar –junto a Wady Bedrán y su prima Irene Martínez– Los Soneros de Gamero, un conjunto que difundió el bullerengue y la chalupa a través de la radio y de sus tres discos.

Justicia con el autor

Como Díaz nunca aprendió a leer ni a escribir, los derechos de varias composiciones suyas, entre ellas los de Rosa, quedaron registrados por error a nombre de su prima Irene. Cuando ella murió, el músico comprendió lo que había ocurrido pero prefirió dejar así, pues como él mismo dice: “yo no canto por dinero, yo canto por cantar”.

Sin embargo, el productor Wady Bedrán logró que Sayco Acinpro le concediera al artista una mínima retribución económica por su trabajo, y desde el año pasado empezó a recibir una pensión por 350.000 pesos, que a partir de enero del 2016 aumentó a 750.000.

Díaz, un eterno enamorado de las mujeres, ha vivido en el anonimato casi toda su existencia, siendo un ‘tesoro’ escondido que hasta ahora está obteniendo el reconocimiento que se merece.

Así, en el 2014, Bustos y la productora Noname quisieron rendir un tributo a su carrera y para ello lo invitaron a grabar El Orisha de la Rosa, su primer disco como solista, que contó con la participación de Carlos Vives, Totó la Momposina, Monsieur Periné, Petrona Martínez, Grupo Cimarrón, Li Saumet, el guitarrista Dizzy Mandjeku (República del Congo) y Celso Piña (México), entre muchos otros.

Además, en la parte gráfica de esta producción también participaron artistas visuales como el argentino Ricardo Siri, mejor conocido como Liniers.

EL TIEMPO le pidió al maestro Díaz que relatara cómo fue el proceso de grabación de este disco, pero probablemente no escuchó bien la pregunta, o no quiso responderla, y entonces dijo: “¿Le gustó Rosa?, porque tengo otro tema que dice así, escuche”, y de nuevo empezó a cantar mientras el vecino que le sostenía el teléfono le ayudaba en la segunda voz.

“Si algún día en tu vida, negra, recordarás de mí…. Si algún día en tu vida, negra, recordarás de mí… Adiós, mi negra… Yo me voy contigo… Adiós mi negra… Yo me voy contigo… ”, cantaba el juglar una y otra vez, finalizando con un “gracias”, como si estuviera en uno de sus conciertos.

Luego de ser homenajeado el año pasado en el teatro Colón de Bogotá, y de recibir menciones de honor por parte del Ministerio de Cultura, la Gobernación de Bolívar y la Alcaldía del municipio de Mahates, esta leyenda de la música se presentará en la tarima del Festival Centro el próximo 22 de enero.

“Yo estoy con Dios. Me duele mucho el cuerpo, pero sigo en la música… Donde me lleven, donde me soliciten para cantar, yo voy”, concluyó este incansable artista, cuyo legado musical por fin ha quedado inmortalizado.

POR:DANIEL TORRES| El Tiempo

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