Villa de Leyva, ciudad colombiana que apuesta al futuro del pasado

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Por Adalys Pilar Mireles

Bogotá, 8 ene (PL) Inscrito en la lista de los pueblos patrimoniales de Colombia, Villa de Leyva cautiva hoy por el contraste de su espaciosa plaza colonial y las vistas de las montañas circundantes, homogéneas viviendas, antiguas iglesias y callejuelas empedradas.

El sitio más concurrido de la apacible localidad boyacense es la plazoleta de casi una hectárea recorrida de un lado a otro por insaciables caminantes quienes respiran los aires del pasado entre viejas casonas, algunas de ellas dedicadas en siglos previos a la venta de chicha, bebida típica de esta nación suramericana.

Además de disfrutar de su arquitectura vernácula compuesta por edificaciones de una y de dos plantas, pero todas con cubiertas de tejas criollas (barro cocido), los recién llegados buscan entre los laberintos de su centro histórico las famosas ruanas, hechas a la usanza de centurias anteriores.

Alpargatas de llamativas tonalidades y sombreros completan el atuendo de muchos visitantes para poder recorrer con comodidad y protegidos del sol los museos, parques, templos, ferias de artesanías y restaurantes donde no faltan las típicas arepas de Boyacá y el agua de panela (azúcar).

Pintores, artesanos y músicos asoman en cualquier esquina de Villa de Leyva esos últimos para interpretar joropos, vallenatos y piezas folclóricas de otros países latinoamericanos.

Pero más allá de sus reliquias arquitectónicas, el poblado está considerado como una suerte de yacimiento paleontológico por los abundantes fósiles hallados en sus predios, entre ellos ammonites petrificados, restos de plesiosaurios, ictiosaurios, dinosaurios y tortugas gigantes.

El territorio ocupado actualmente por la pintoresca ciudad estuvo cubierto por un mar primitivo en el cual nadaban esas criaturas prehistóricas.

Un parque temático situado en las afueras del asentamiento principal exhibe réplicas de esos seres, muchos en tamaño natural.

Entre las atracciones de la zona destaca igualmente el observatorio astronómico de Saquencipá, erigido por los indígenas de la etnia muisca (distribuidos en tiempos precolombinos por el altiplano Cundiboyacense y otras regiones).

Llamado El infiernito por los conquistadores españoles permanece a la vista de lugareños y viajeros.

Extensos viñedos y olivares completan las panorámicas de Villa de Leyva, cuyo viaje por carretera desde Bogotá dura unas tres horas y media.

Paseos en calesas o en las coloridas chivas, transporte que devino símbolo de Colombia, permiten apreciar las joyas del curioso asentamiento, ahora con una imagen similar a la de la época de la colonia.

Fundado en 1572 y asolado después por una epidemia, fue restaurado por sus habitantes quienes apuestan con orgullo al futuro del pasado.

Aunque en los alrededores abundan las plantaciones de cebolla y papa, su actividad económica esencial es el turismo, sustentado en una amplia red de acogedores hoteles y hostales.

acl/ap

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