Nuevas!

DÉCIMAS PARA GRAVAR EN MÁRMOL

Por Donaldo Mendoza

 ‹‹De aquel conjunto afamado
Playoneros del Cesar
se conoció su cantar
junto a Ovidio Granados.
Wicho será recordado
como el gran compositor;
ya se fue, deja un dolor
en este edén musical.
El artista es inmortal:
es un racimo de albor.››
                            José Atuesta Mindiola

 Con ocasión de la muerte reciente del compositor Wicho Sánchez, tan recordado por su “La banda borracha”, el docente y escritor José Atuesta Mindiola escribió tres décimas que son la suma del significado humano, folclórico y cultural del personaje.

Es costumbre del maestro Atuesta hacernos estos regalos cuando desaparece un artista, o en determinados aniversarios. En cada ocasión se juntan la importancia del personaje evocado y la excepcional versatilidad del escritor, cual notario de las almas que hacen tránsito hacia la eternidad.

La despierta sensibilidad del escritor, poeta además, le permite ver lo que el anónimo colectivo ni siquiera advierte. Wicho Sánchez, en efecto, interpretó como pocos el imaginario popular del Caribe colombiano, en dos de sus usos y costumbres más comunes: el ron y la fiesta. Fue así como su banda borracha fungía de himno en el cierre o apertura de cada jolgorio. El poeta de Mariangola, con su impenitente nostalgia, nos devuelve a ese pasado.

Por esa y otras razones, es un lunar de injusticia que las acompasadas décimas de José Atuesta Mindiola hagan un tránsito hacia el olvido, casi como un circunstancial divertimento. Se me ocurre, pues, proponer a la oficina de Cultura de Valledupar (a la Alcaldía, a la Gobernación, a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata) que piensen en la posibilidad de gravar en mármol algunas décimas del maestro Atuesta, a fin de que los personajes que han enriquecido con su obra el patrimonio cultural de la provincia no tengan una segunda muerte: la del olvido.

Para darle un fundamento a esta propuesta, pongo el ejemplo de Popayán. Esta ciudad, cuna de algunos de los poetas más importantes de Colombia, ha sacado buen provecho de sus obras, y ha plasmado en mármoles las gestas históricas de la ciudad blanca: extensos poemas de Guillermo Valencia y sonetos de Rafael Maya, entre otros, le hablan en blanco mármol a quienes transitan por el claustro de Santo Domingo –Universidad del Cauca–, especialmente en su emblemático paraninfo.

En el caso de Valledupar, es la oportunidad para que quienes la visiten  en el marco del Festival Vallenato, o atraídos por los innumerables encantos de la ciudad, regresen a sus lugares de origen con la memoria de los territorios y personajes leídos en cada página de mármol. Ah, y si se buscan razones para que los nativos y habitantes de Valledupar fortalezcan su sentido de pertenencia y conserven el acervo cultural de la ciudad, en el mármol hallarán respuesta a todas sus preguntas.

Colofón: Los países y ciudades podrán prescindir de sus políticos y militares, pero jamás de sus poetas.

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