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VALLEDUPAR DE MIS AMORES: MUCHO TE QUIERO Y AÑORO

Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi.

-♦ Cada vez que me pongo diariamente, al frente de mi computador para escuchar a los clásicos del folclor Vallenato, mi mente se ilumina y la nostalgia invade mi corazón, pues el mágico sonido de un Acordeón hace que éste lata aún más de lo normal, y entonces tome la Guacharaca, mi eterna e inseparable compañera y a toda voz comience a cantar aquellas canciones que a muy temprana edad aprendí en mi Ocaña natal, gracias a mis compañeros de estudio en el Colegio Caro, en especial aquellos que procedían de San Juan del César, Villanueva, San Diego, La Paz, Manaure, El Banco, Chimichagua y, obviamente Valledupar.

Nunca faltaban en el repertorio de músicos como Willer Daza o de Álvaro Cabas, Acordeoneros que se destacaban con temas de Luís Enrique Martínez, Colacho Mendoza, Pedro García y Florentino Montero con Los Cañaguateros, Ovidio Granados y Los Playoneros del César, amén de contar en Ocaña con la presencia del gran Ismael Rudas, que con su Conjunto ‘El Combo Nuevo’, deleitaba todos los fines de semana a una audiencia ávida de escuchar las bellas canciones que describían las historias de nuestros hermanos y amigos vecinos del Departamento del César.

Desde ese entonces una idea se grabó en mi mente: Voy a conocer pronto a la tierra del Cacique Upar, para deleitarme escuchando directamente a los Juglares, que solo conocía por sus cantos y por esos benditos acetatos o Long Play que adquiría en el Almacén de Discos ‘La Primavera’, de Don José Manuel Angarita, por valor de $10. Había logrado tener una muy buena colección, que a mis amigos costeños les llamaba la atención, en particular la serie denominada ‘Tres Reyes del Acordeón’, o sea Luís Enrique Martínez, Andrés Landero y Alejandro Durán.

Estando estudiando en la Universidad Nacional en Bogotá, tuve oportunidad de conocer a varios cantantes y acordeoneros, los cuales me motivaron para que viajase a conocer Valledupar y, de paso asistir al Festival de la Leyenda Vallenata, que ya alcanzaba su tercera edición (1970). Llegar a la ciudad de los Santos Reyes del Valle de Upar, fue como se dice popularmente, ‘Amor a primera vista’.

VALLEDUPAR me acogió como si fuese un hijo más; la calidad humana de sus hijos, su entorno natural, bañada por su propio mar: el río Guatapuri, la magia del balneario de Hurtado, la alegría desbordante por doquiera, mis amores con una cañaguatera, las amistades cada vez mayores, como la que tuve con el Rey de Reyes, Colacho Mendoza, quien me atendió con una gallardía y caballerosidad, al igual que su hijo Wilber, Ivo Díaz y su padre Leandro. Ni que hablar de los grandes juglares que tuve oportunidad de conocer y tratar como Abel Antonio Villa, Julio De la Ossa, Calixto Ochoa, César Castro, Lorenzo Morales, Emiliano Zuleta, Alejo Durán, Naferito Duran, Chema Ramos, Juan Muñoz, Eusebio Ayala, Hildemaro Bolaños, Luis Enrique y Chema Martínez, Florentino Montero, Miguel López, y muchos más.

valledupar-callesPor sus callejones colonialistas he transitado al igual que por las modernas avenidas que luce hoy en día. Cada que voy al Valle no puedo dejar de visitar a mis amistades de siempre, a Rita Fernández Padilla, Stella Durán Escalona, al Curador Urbano Iván Zuleta Fuentes, quien me lleva a La Paz a comer almojabana, y a San Diego a degustar los bollos de mazorca, o de paseo al río Badillo por La Mina, adelante de Patillal, sin dejar de saludar allí al Abogado Evelio Daza, y de regreso ir a Los Mayales, a la Escuela del Turco Gil, conocida mundialmente como ‘Los niños del Vallenato’. Y ni qué decir del Museo del Acordeón, de ese hombre bonachón llamado Beto Murgas. Tampoco hay que dejar de asistir a las grandes parrandas donde el Turco Pavajeau, que concentra en cada Festival los grandes Acordeoneros, y gente del mundo entero que anualmente se concentran en la Meca del Vallenato.

Colegio_Nacional_LoperenaQue tristeza siento al pasar por el Parque de Novalito y no encontrarme ya con mi amiga dilecta Lolita Acosta, la mejor relacionista que el Valle tuvo. Pero si paso por el Colegio Loperena, tengo que hacer una pausa para tomar un jugo de zapote en la parte externa. Y si voy por la Plaza Alfonso López, debo de mirar lo último en materia de libros y de música autóctona, en toda una esquina donde está la tienda ‘Compae’ Chipuco’. Ah carajo, y que no vaya a incumplirle la cita a José Luís Uron, el dinámico Presidente de la Cámara de Comercio y Cónsul Honorario de Río de Oro, en la casa campestre de Las Marías, dónde además del jolgorio y la alegría, con grandes estrellas del folclor y una comida y licor para todos los gustos del que llega. Y mi sobrino Flavio Piñeres no cesa de invitarme al Club Valledupar, escenario de grandes artistas, y tampoco puedo pasar por lo alto una visita al Mono Quintero, el pintor por excelencia que vino a ocupar el lugar de Jaime Molina. Tampoco puedo olvidar a mi amigo el hijo de Mariangola José Antonio Atuesta; a Tomás Darío Gutiérrez al frente de La Casa de la Cultura;  y si Rita Fernández me invita a su casa, no puedo fallarle en la cita, porque escucharla cantar y tocar su Piano, es una maravilla exquisita. Y ya para terminar, recordemos ese tema hermoso y descriptivo de

«MI VIEJO VALLEDUPAR»

Autor: Rodolfo Bolaño – Canta: Ana Luisa Cotes

BLOG DEL AUTOR: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

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