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Arañas: dulce identidad del llano

Caracas, 26 Feb. AVN

“Ella (la abuela Rosa Inés Chávez) preparaba unos dulces de lechosa. Yo incluso participaba en todo el proceso. Buscaba las lechosas, las tumbaba del árbol, las pelábamos, les retirábamos las semillas, les quitábamos la concha…Adán también ayudaba. Pero ella y yo éramos los emprendedores. (…) Me gustaba aquello. Picaba la lechosa, la cortábamos en rodajas, en tiritas; y sobre una batea de madera las poníamos a secar; al día siguiente muy temprano, mi abuela preparaba una olla con agua y azúcar, echábamos todo ahí, hasta que se iba amelcochando aquello. Entonces ella las sacaba con un  tenedor, y sobre una mesa de madera iba poniendo montoncitos y montoncitos de aquellas tiritas que iban quedando como arañas pues”.

Así rememoraba el Comandante Hugo Chávez su infancia al lado de la abuela Rosa Inés Chávez en su amado pueblo de Sabaneta de Barinas. Lo reseña Ignacio Ramonet en su libro Mi primera vida.

A Chávez lo llamaban “El arañero de Sabaneta” justamente por esa labor de venta de los dulces que preparaba la madre de su padre, esa mujer del pueblo profundo que lo crió y a quien profesó un amor infinito. El líder de la Revolución Bolivariana llevó siempre ese mote con orgullo y afecto.

Las arañas, este dulce que conectaba a Chávez con su infancia, son típicas del llano venezolano. Tal como el propio Chávez lo explica, se preparan con lechosa verde y su consumo es popular en todo el país aunque el nombre del postre varíe de región en región. La gastronomía popular se ha encargado de perfeccionar la receta, ofrecer variantes y darla a conocer trascendiendo generaciones.

Por ejemplo, algunos lo preparan cortando la fruta en finas lonjas y otros en tiras muy delgadas o rayada, como lo hacía la “Mamá Rosa” de Chávez. Algunos lo degustan solo, otros acompañado de pan o galleta a modo de jalea. Algunos hacen los dulces pequeños y duritos, tipo conserva, como los de la niñez de Chávez; otros lo dejan con una textura suave, más parecido a una mermelada, y lo almacenan en tarros donde se va consumiendo poco a poco por toda la familia. En navidad suele acompañarse de majarete o manjar blanco.

La receta base es sencilla. Hace falta una lechosa, agua, papelón, azúcar y clavitos de olor o cualquier otro aromatizante.

La preparación tiene pocos pasos pero comienza un día antes. Se debe pelar y cortar la fruta en lonjas y dejar al sol. A la mañana siguiente, cuando haya botando toda la sustancia lechosa, se sumergen los trozos de fruta en una olla con agua y se deja hervir.

Se cocina tapado durante cinco minutos, al retirar del fuego se pasa por un colador de pasta y se baña con agua directamente del grifo. Luego se prepara el almíbar con el papelón, el azúcar, los clavos y el agua. El almíbar está en su  punto cuando las gotas caen lentamente de la cuchara como un hilito. Se mezcla todo y se cocina a fuego lento hasta que esté todo plenamente incorporado.

“He sido un niño trabajador, no un niño explotado, sino un niño trabajador voluntario. Un niño andante, un pequeño quijote del llano, soñando con enderezar entuertos”, reflexionaba  Chávez sobre esa época feliz de la infancia y sobre su labor como vendedor de arañas al son de aquellas coplas: “arañas calientes pa’ las viejas que no tienen dientes, arañas sabrosas pa’ las muchachas buenamozas”.

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