Las cabañuelas que esperan las comunidades

José Atuesta Mindiola.

La lluvia es vendimia de vida, ensoñación y alegría. Es imaginación, tonada nutricia del alma y purificación de los sentidos. El ser humano por naturaleza es un sempiterno sediento. Tiene sed biológica, emocional, estética y espiritual. Pero la sed de amar, de aprender, de crear, de viajar, de conocer, lo sublimiza a la categoría de hombre pensante, científico o artista. Una muestra de su aptitud artística son estos versos: “Contrario a la sequía de la ausencia, a la múltiple desolación del desierto, a la estéril resonancia de la sed; estás tú, como mazorca de agua, desgranando sobre mí el zumo vital de tu cuerpo”.

La sed hace derramar lágrimas a los pájaros cuando ven la soledad de los árboles sin hojas. La sed es la ansiedad de la rosa para prolongar la dulce fragancia de sus pétalos. Es el grito de los bosques cuando el fuego arroja sus lanzas coloradas y baña de cenizas el paisaje. La sed es la cruz del campesino que ofrenda oraciones para que lleguen las lluvias, crezcan los ríos, florezca la vida, germinen los frutos y cese el hambre.

La sed es una invocación de la infancia en nuestros pueblos ribereños, cuando en el verano extenso y estéril se hacen las cacimbas para ver manar el agua. El espíritu sediento, por esta larga sequía, nos incita la esperanza de volver a los tiempos de cosecha, la primavera que se aproxima, y la certeza de ser abrazado por la resiliencia, esa capacidad que tienen los seres humanos de superar las circunstancias adversas para volver al equilibrio.

Nosotros somos diferentes a los animales, somos inconformes y siempre buscamos algo más, pero en la necesidad de tomar agua somos muy parecidos. El salmista narra este pasaje: “Los ciervos en épocas de verano braman ansiosos buscando un arroyo para saciar su sed. El bramar de este rumiante cuando está desesperado por encontrar agua, es una analogía del salmista con la condición de su alma de recibir el agua que fluye de la presencia de Dios, la cual sacia toda sed espiritual del alma”.
A nivel social, son muchas las expectativas con nuestros actuales gobernantes, aferrados a la fe de que los anuncios de la implementación de sus programas y obras sean cabañuelas de esperanza, que satisfagan a las comunidades sedientas de justicia, trabajo, educación, salud, servicios públicos, seguridad, deportes, cultura y bienestar.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola.

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