PLEGARIA POR LOS RÍOS

Por Donaldo Mendoza

“El agua es buena y beneficia a los
diez mil seres. No porfía. Está donde
los demás aborrecen estar”.
Lao Tse, en “Tao Te Ching”

Puesta en una escala de cualidades, el agua es la bondad superior; así lo dejó dicho Lao Tse al referirse a las virtudes de un varón santo. Este antiguo credo vino a mi memoria cuando leí, en El Pilón (06/04/2020), el artículo de José Atuesta Mindiola, “Súplicas por el río Guatapurí”. Es una columna en prosa poética por donde parece fluir más sangre que tinta, en razón de la presente suerte del Guatapurí y otros ríos, ¿qué tal por ejemplo el envenenamiento del río Cesar a la altura del antiguo puente Salguero?

Para este comentario, he cambiado súplica por plegaria, porque me parece que dignifica más el río. En efecto, cuando se suplica, se ruega y se implora; en cambio la plegaria es una oración, una invocación, un llamado a cambiar ciertas actitudes. La misión natural del río es servir al ser humano; sin río no hay flora ni fauna. ¿Y qué serían los humanos sin el río? Nada. Luego la voz que el poeta le presta al río no debe ser para rogar e implorar. Entiendo la militante sensibilidad del artista; pero, aun así, el río nada nos debe, tampoco ha pecado; al contrario, todo lo que somos y tenemos se lo debemos al río.

El poeta señala los tres crímenes que a diario se cometen contra los ríos y sus riberas: contaminación, arboricidio y quemas; y el criminal siempre es el mismo: el hombre. Y no es solo la familia sin techo que invade las riberas, ni el que tala el árbol para la cocina o el aserrío, ni el que quema para sembrar, es la sociedad entera la que debe involucrarse. Los aborígenes, antes de la llegada de los españoles, se relacionaban con los ríos con sabiduría: les devolvían respeto, cuidados y gratitud por sus favores. Los cronistas de Indias, en la cima del asombro, escribieron que el lugar del Paraíso bíblico estaba en estas tierras.

Un microorganismo, invisible incluso para el microscopio óptico, hoy hace temblar la humanidad. Bautizado como Covid-19, este ínfimo ser nos está llamando a revisar muchas cosas; entre otras la codicia de hacer riquezas a cualquier precio; uno se pregunta, por ejemplo, ¿qué hace un individuo acumulando tierras solo para verlas engordar o para pasto de vacas que al final las devuelven estériles? Entre tanto, hay personas humildes con vocación de sembradores que mueren, o son asesinados, esperando el patrimonio de unas poquitas hectáreas. Y como es tiempo de meditación, no solo por la Semana Santa sino por lo que nos está pasando, les sugiero leer este cuento de León Tolstoi, para la reflexión: https://ciudadseva.com/texto/cuanta-tierra-necesita-un-hombre/.

Volviendo a las demandas que hace el maestro José Atuesta Mindiola, le encuentro fundamento a la propuesta de designar una persona de su talante ético, de su pasión, para dirigir una nueva Secretaría, con el nombre que se le quiera dar, cuyo fin prioritario sea salvar el río Guatapurí y otros que estén en riesgo, que son casi todos. Esto supone, entre otras tareas, implementar en las instituciones educativas la asignatura “Salvemos los ríos”, para que los niños y adolescentes desarrollen una nueva filosofía, la del agua; para que crezcan en la conciencia profunda de que no hay vida sin agua; para que comprendan lo que los adultos no somos capaces: que no hay que esperar a que se seque un río para saber el valor del agua. Una propuesta cuyos destinatarios son el alcalde de Valledupar y el gobernador del Cesar.

Río Guatapurí

Del mismo modo como abrí este comentario, quiero cerrarlo con frases que ayudan a poner por encima de cualquier otro interés, la conservación, el cuidado y el respeto por el agua, en cualquiera de sus cauces: “Hijos de una cultura que nace en un entorno rico en agua, nunca hemos aprendido la importancia del agua para nosotros. Nosotros la entendemos, pero no la respetamos”. (William Ashworth). Y Nelson Mandela fue sabio en estas pocas palabras: “Que haya trabajo, pan, agua y sal para todos”. Qué más riqueza se puede esperar.

BLOG DEL AUTOR: Donaldo Mendoza

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