VINDICACIÓN DEL VERBO PONER

Por Donaldo Mendoza

Que las personas en la calle usen el verbo colocar en vez de poner, es comprensible, porque no quieren pasar por “gallinas”; pero que lo usen en una emisora, es inaceptable, dado que el locutor es un comunicador que, de algún modo, influye el entorno social al que se dirige; y de paso da testimonio de no haber aprovechado adecuadamente lo que le enseñaron en la academia. Imagínense que el responsable de este artículo es un locutor de noticias locales en horario de la mañana. En media hora no dio un solo chance al verbo poner, todo lo colocó.

Hoy por hoy hay errores en el uso de la lengua que han pasado a ser de aceptación social, a pesar del equívoco. Por ejemplo, ya no se quieren abrir investigaciones, ahora se “aperturan”; ya no hay presos contagiados de covid 19 en el interior de los patios de las cárceles, porque los reclusos están “al interior”. Para dejarlo solo en esos dos ejemplos, y seguir con nuestro verbo poner. Cuando un periodista de cualquier medio usa en todos los casos el verbo colocar, lo que está demostrando es poca cultura. No es un problema del colegio o la universidad, simplemente es una persona que no lee. De ahí el refrán: “Dime cuánto lees, y te diré cómo hablas y cómo escribes”.

Insisto, en la calle o en la casa se puede hablar como nos venga en gana, pero no en la emisora o en un estudio de televisión. Del modo como un buen caricaturista vive actualizado para hacer bien su oficio, así mismo el locutor o presentador de noticias debe leer buenos escritores, aparte de tener una decorosa biblioteca personal. Así como los deportistas asisten a entrenamiento para estar en buena forma, también el comunicador debe leer. Aquí sí es cierto que el hábito hace al monje.

Vivimos en un mundo y un momento donde no hay lugar cómodo para el asombro. Todo es tan acelerado, cada cosa ocurre con una rapidez tal, que ya no hay periódicos para el día sino para cada instante. “En tiempo real”, esa es la consigna. Y a ello responden las nuevas audiencias, especialmente las jóvenes, la muchachada. El virus parece que llegó en el tiempo justo, para gritarnos: ¡alto!, ¡pausa!, un paso más y es el abismo. Que vuelva a haber lugar para el asombro. Aprovecho pues esta ocasión para sorprender con uno: el verbo poner.

Fíjese usted, el diccionario de la Real Academia Española registra cuarenta y cuatro (44) significados del verbo PONER, y solo cinco (5) del verbo colocar. Para alimentar el asombro, cito las cinco raras aplicaciones que existen para esa presumida voz verbal: 1) Poner a alguien o algo en su debido lugar; 2) Invertir dinero; 3) Acomodar a alguien, poniéndole en algún estado o empleo; 4) Encontrar mercado para algún producto; y 5) coloq./ Dicho del alcohol o de una droga: causar un estado eufórico.

Y para las seiscientas palabras del artículo, termino con un atadijo de frases donde el uso del verbo poner es lo correcto: me pongo los zapatos, le puse todo el sentimiento, me puse muy triste, póngase de pie, pongo atención, pon cuidado, puse de mi parte, poner en aprieto, le puse un correo, puso un negocio, puso la radio, se puso el sol, lo puso al sol, poner en duda, se puso colorado, ponerse pálido, póngase en mi lugar, me pongo a pensar, me pongo a leer, me puse a escribir, lo puse en práctica, todos ponemos… En suma, el riesgo de equivocarse es cuando se coloca.

BLOG DEL AUTOR: Donaldo Mendoza

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