EL CANTO REDENTOR DEL POETA ATUESTA

POR MARINA QUINTERO

Mariangola es un campo abierto en la sábana y en las orillas del río era abundante un arbusto nativo de flores blancas, de aroma semejante a la azucena llamado mariangola. Las sábanas de Camperucho y Mariangola pertenecen a las sábanas del Diluvio, esas a las que Tobías Enrique Pumarejo, Don Toba, caballero andante del verso, les hizo un Son.

José Atuesta Mindiola, conocido como el poeta Atuesta, es oriundo de Mariangola. Ahí comenzó a beber de la poesía mientras su padre escribía versos al cerro de la Ve. Allá escuchó por vez primera el canto de la primavera y los silbos del turpial y el ruiseñor en el tinglado variopinto de los amaneceres.

Te veré padre
Siempre en las mañanas
Avivando en el jardín
Los colores de las rosas
Y la mística sonrisa
en los ojos de mamá

En Mariangola recorrió las primeras letras que su madre por vocación con sabiduría le enseñó ―tenacidad apostólica de la maestra Juana Mindiola de Atuesta―. Mariangola y sus sabanas son para Atuesta nostalgia de su alborada y sus poemas reconocen el olor del viento del pueblo de la infancia. ‘EN ESTE PUEBLO SE CANTA’ ES UNA DE SUS CANCIONES, QUE TUVE EL HONOR DE GRABAR EN MI VOZ.

I
Hay un trovador que vende canciones
Pa´ que la guitarra tenga melodía
¡ay! La luna de aquí regala ilusiones
Es la misma luna de la tierra mía.
Escucho en las noches viajar en el viento
Sonata de versos, sonrisas de amor
Quiero detenerme solo en el silencio
Pero la nostalgia me vuelve cantor.

Los bellos recuerdos de cosas queridas
Siempre son motivos para regresar
A la casa materna que nos da la vida
Y al pueblo querido de hermoso cantar.

CORO
En este pueblo se vive
En este pueblo se canta
Suena un bonito acordeón
Que los versos del cantor
Van alegrar la parranda
Las cosas bellas son tuyas
Pero yo las siento mías
Si alguien me pide la luna
Le regalo mi poesía.

……..

Atuesta es un cronista desenfadado, libre… Narra para la memoria… Narra para derrotar el olvido con el recurso infalible de la estética verbal… Atuesta cuenta su propia vida a los demás y a sí mismo; vive a plenitud la experiencia del relato, de la poesía, de la sinceridad, de la verdad…

Atuesta es un poeta popular “artífice de ese deleite que son los versos para la vida y para la historia”, asegura el poeta caucano, Julio Cesar Espinosa. Sus décimas embellecen las propiedades del verso octosílabo, metro que le habla a la música natural del oído.

La décima pasó por los estratos más altos de la literatura universal del Siglo de oro, de ahí su honda penetración en el gusto estético de los públicos que la hizo extraordinariamente popular. La décima en Colombia ha caminado de la mano de los campesinos con los cantos de vaquería y las fiestas patronales interpretadas por cantores populares.

La décima en el Cesar vive plenamente en la memoria de los abuelos y vive en el alma y en la pluma de los nuevos creadores; hoy la décima vive en el alma y en la pluma de José Atuesta Mindiola valorando lo terrígeno y lo raizal, hermanando el cielo y la tristeza. ‘DÉCIMAS A DIOMEDES’, UN MERENGUE GRABADO EN MI VOZ.

II
Cuando la música suena
En el tiempo no ha distancia,
Un suspiro de fragancia
Florece en la gente buena.
Volando se van las penas,
Cicatrizan las heridas.
Volando se va la vida
Entre sombra y esplendor,
Pero no muere el amor
De las cosas más queridas.

Los sonidos del dolor
Las campanas en repique,
En homenaje al Cacique
Diomedes el trovador.
El poeta soñador
Del amor y la alegría
Que todo el mundo quería
Por sus bonitas canciones
Que guardan los corazones
En celeste sinfonía.

La décima de Atuesta enreda en su canto las honduras de la vida: Pondera y valora los símbolos de la vallenatía; son sus íconos personajes que con su apuesta creadora han trasegado la memoria de los pueblos. ¡Es la obsesión del poeta ¡

Las sabanas del Diluvio
A Toba recordarán
Y a su caballo Alazán
Que le cantó con orgullo;
Miguel y Luciano Gullo
Cantaban versos bonitos
Lo mismo el viejo Juancito
El padre de los Granados;
Eusebio es bien recordado
Por los bajos y los pitos


Alienta de los pueblos su realidad mística. Hace de lo espiritual experiencia literaria y con el brillo de su pluma acuña lo identitario de vivencias recónditas y viejas añoranzas.

Que Dios conserve prendida
Mi memoria de lucero
Para cantar con esmero
Viejas historias queridas.
Forman parte de mi vida
Mariangola y sus sabanas:
En donde la fe cristiana
Con el Cristo es tradición
Y empieza la velación
En casa de Feliciana

 Y en el núcleo de su obra, los afectos: del humano interroga su deseo y con el don de la escritura remonta la verdad de su fascinación.

Tarde de policromía
Que contemplábamos juntos
Y el sol que ya estaba a punto
De despedirse del día,
Aquí en la memoria mía
Como reliquia sagrada
Tu imagen llevo grabada
Y el recuerdo me enternece;
Nunca el cielo se oscurece
Si hay amor en la mirada.


Así como esculpe la dimensión erótica del sentimiento, así mismo transita las rutas de la esperanza en la fraternidad y el magisterio, noble ideal del maestro, noble misión del cantor, destaca su don poético: Los niños son las espigas en el jardín del amor, y el ¡cantar¡, el cantar es un camino porque somos caminantes… ‘LA MISIÓN DEL CANTOR’, UN PASEO TAMBIÉN GRABADO POR MÍ.

La Misión del Cantor

I
El poeta se ilumina
por los colores del sol
y con sus versos camina
las huellas de la ilusión.
En los espejos del tiempo
la lluvia adorna el paisaje,
florece en el sentimiento
la musa de mis cantares.

El cantar es un camino
porque somos caminantes;
el tiempo nunca es perdido
cuando hay cosas importantes.

CORO
Siempre cantarle a la vida
es la misión del cantor,
los niños son las espigas
en el jardín del amor.

En el jardín del amor
los niños son la ternura,
su inteligencia perdura
como la luz del color
Que estudien y canten
que tienen talentos,
que jueguen y salten
y vivan contentos.

II
La vida es flor de quimera
bello regalo de Dios,
un eco de primavera
lleva el cantor en su voz
La ausencia causa pesares
y el dolor tiene su manto,
la alegría tiene bondades
y las mujeres su encanto.

……

No es nada la memoria sin el contar, asegura Paul Ricoeur; el cantar es un camino porque somos caminantes, clama el poeta Atuesta; curar la memoria contando es el poder de la escritura, poetiza Ricoeur; cantarle a la vida es la misión del cantor en la poética Atuestiana.

Cantar y escuchar un canto redentor es una revelación, puesto que él trae la huella de una vida que en su trama otro ha depositado. Elías Canetti, escritor búlgaro, autor de obras que analizan los motivos profundos de las acciones humanas, afirma: No puede ser tarea del escritor dejar a la humanidad en brazos de la muerte.

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