El MAESTRO CÉSAR LÓPEZ SERRANO

Por José Atuesta Mindiola

César López Serrano, un sempiterno amante de las letras. La duda fue efímera penumbra en su camino, pero los libros eran presagios de victoria. Descubre la imagen sonora del alfabeto en el colegio Sagrado Corazón de su pueblo, La Paz, que regentaba Delfina López Calderón, hermana de su madre Concepción Eloísa; pero es en el colegio Nacional Loperena donde empieza a descifrar los colores de las metáforas y las fronteras sociales de la historia. En 1964 es proclamado bachiller.

Su experiencia docente la inicia en 1965, en una escuela de Curumaní, fundada por un sacerdote español, Virgilio Fernández, quien había sido su profesor en el Loperena. Su proyecto no era quedarse allí, sino seguir estudios universitarios, porque soñaba ser un gran docente. Su abuela Teotiste López tuvo una revelación divina, que determinó el destino de César. En efecto, viaja a Barranquilla, arrienda una casa y organiza un pensionado para estudiantes de la provincia. César ingresa en la Universidad del Atlántico en 1967. En 1970 recibe el grado de licenciado en Filología e Idiomas.

Su título de licenciado lo estrena en el INEM de Barranquilla (1971), y en 1973 es trasladado al INEM de Bucaramanga. En 1974 regresa a Valledupar y es nombrado en el colegio Loperena, y dicta horas adicionales en La Sagrada Familia y en el colegio nocturno Cámara Junior. Desde 1978 labora en el Instituto Técnico Industrial Pedro Castro Monsalvo hasta la edad del retiro forzoso (2010). Además, fue profesor fundador de la Universidad Popular del Cesar, y cofundador del colegio Pedagógico Moderno.

El maestro López Serrano fue un hombre pacífico de nacimiento y por principio ético. Disciplinado estudioso de la pedagogía, la gramática, la literatura, el arte, el folclor y la política. Su presencia fue siempre activa en encuentros literarios, festivales de poesía y foros académicos. En compañía de Alfonso Parra, Diomedes Daza, Simón Martínez, Luis Mizar y el suscrito, fundamos en 1989 el grupo Literario Alfarero. En su faceta de escritor, publicó varios artículos en revistas regionales, y escribió cuentos y poemas; fue incluido en la revista Letras Nacionales en 1979 y en la Antología de Cuentos del Cesar (1994).

El maestro fue escultor de palabras y supo enaltecer la liturgia de la amistad. En las primeras auroras de diciembre, en el amanecer de su cumpleaños, las gemelas guitarras de los hermanos Carrascal rasgaban sinfonías en el patio de su casa. Cuando sonaba la canción ‘Lamento Borincano’, evocaba los momentos que con su padre César Pompeyo bajaban de las montañas de San José de Oriente con los burros cargados de cosechas para vender en el pueblo.

Los poeta Mizar, Diosa, Socarrás, Olivella, Atuesta, López y Simón, 1991.

César López Serrano, el pasado 15 de febrero, se despidió de su estancia terrenal. Su memoria de docente y de maestro formador de maestros permanecerá en la historia del magisterio del Cesar. Su legado familiar: su esposa Enilda Rosado y sus hijos, todos profesionales, Ivonne, Katia, Ernesto y Gina. Para mí, sus recuerdos son caligrafías imborrables que se grabaron en la afinidad de la docencia, la poesía y tantas cosas del alma que alimentaron nuestra hermandad. Y como dijo el poeta Jorge Luis Borges: Sólo una cosa no hay, es el olvido.
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ESCULTOR DE PALABRAS

Al maestro César López

La duda, efímera penumbra en el camino,
pero los libros eran presagios de victoria.
Su mirada milenaria ha cincelado
una escultura inagotable de palabras.
Descifra imperios de metáforas,
infinita conquista de la imaginación.

En pausado silencio recuerda
el rincón forestal de los abuelos.
La cripta en que Úrsula escondió
la saga centenaria de la soledad.
Los tercos Ojos de la noche
en la piel nocturna de su autor.

De la primera aurora de diciembre:
el esplendor de gemelas guitarras,
la amistad en la liturgia de los años,
el patio en la promesa del reencuentro,
la franqueza en la piel de la nostalgia.

La balanza en el atril del tiempo
sostiene el alma de las palabras.
Las voces repetidas de los sueños,
caligrama del nombre de su pueblo:
La Paz.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

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