EL CANTOR JORGE OÑATE

PorJosé Atuesta Mindiola

I
En el paisaje hay un manto
de penumbra y de dolor,
ya se despide el cantor
hay un invierno de llanto;
pero nos queda su canto
luminoso de trovero
con matices de jilguero
y sonatas de ruiseñor
que adornan con esplendor
de música los senderos.

II
En el arte musical
Dios le regaló una estrella,
son imborrables sus huellas
el artista es inmortal.
El Olimpo es su pedestal
allí seguirá cantando
y sus canciones sonando
en la memoria del viento;
su voz aurora en el tiempo
que seguimos escuchando.

III
Paraíso de su estancia
La Paz su pueblo soñado,
su terruño recordado
calles largas de su infancia
de acordeones y fragancias
de almojábanas horneadas.
Con silbos de la alborada
el amor busca su meta,
conquista a Nancy Zuleta
su bella esposa adorada.

IV
Jorge con sus cantares
llena al pueblo de ilusiones
y rescata las canciones
de los más grandes juglares.
Inmenso como los mares
con su tenor de diamante,
él recogió a los cantantes
y a todos les dio una poda;
Oñate puso de moda
el valor de los cantantes.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

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