EL COMPOSITOR, ESE SER CASI DESCONOCIDO

Por: Ignacio Cantillo Vázquez

“ El vallenato de verdad no se hace. No se fabrica. No se elabora, ni siquiera, digo yo, se piensa o se diseña. El simplemente nace. Nace con fuerza, como cualquier machito entre sollozos y pataleos después de que lo engendra el sentimiento y lo pare la inspiración”: Consuelo Araujo Noguera, “La Cacica

En días pasado tuve la oportunidad de ver la entrevista que le hicieron en el programa “Hablemos de Vallentato” al compositor ROSENDO ROMERO OSPINO, persona a la que el Festival de la Leyenda Vallenata le hará el homenaje en el próximo certamen a celebrarse del 13 al 17 de octubre en la ciudad de los Santos Reyes (Valledupar).
Luego de analizar, en detalle, el contenido y alcance de la referida entrevista a la luz de las puntuales preguntas de los entrevistadores y a las profundas y amigables respuestas que provenían del entrevistado, llegué a la conclusión que, si bien era cierto yo conocía muchas de sus canciones y algo de la historia de algunas de ellas, la verdad desconocía casi por completo aspectos trascendentes de la vida de Rosendo Romero, de su familia, y del entorno social, musical y cultural dentro del cual nacieron sus creaciones.
Como quiera que el video al que vengo refiriéndome está en las redes sociales sólo haré referencia a algunos de los aspectos que más llamaron mi atención, – no he tomado frases textuales- en el entendido que fueron unos pronunciamientos hechos por un hombre de provincia sencillo, sin ínfulas de intelectual, a quien sólo parece interesarle seguir haciendo versos y melodías para alegrar el alma de propios y extraños.

Lo primero que el maestro Rosendo pone de presente es que su poesía va de la mano de su misma vida. A muy temprana edad y motivado por sus primeras emociones de adolescente resulta haciendo los primeros versos que hoy, infortunadamente, están perdidos en los vericuetos de su memoria. A partir de allí el deseo de hacer canciones se vuelve casi una obsesión y son muchas las cosas que lo inspiran: el paisaje, su pueblo, las mujeres, el amor, el desamor, los amigos, la sierra de Perijá, entre muchos otros. Es por ello que con un modesto orgullo no duda en afirmar que su existencia es un libro lleno de sentimientos, de poesía, de lírica.

Cuando se refiere al tema de los momentos de inspiración el “Poeta de Villanueva” o el “Poeta del Camino” como recientemente fue rebautizado por el Dr Ángel Massiris Cabeza en libro “Poesía Romántica en el Canto Vallenato” aprovecha para mostrar toda su parte espiritual reconociendo con humildad que Dios le dio a él un don, simplemente por la generosidad del altísimo y sin que exista ninguna otra razón. Manifiesta que esa conexión con esa fuerza superior es lo que le ha permitido concebir expresiones tan sublimes como aquella que dice:
“ Quiero morirme como mueren los inviernos
bajo el silencio de una noche veraniega
quiero morirme como se muere mi pueblo
serenamente sin quejarme de esta pena..”

Con una especial generosidad explica el contenido de las frases que utiliza en sus versos, afirmando que la formación intelectual que ha logrado adquirir a través de los años, ha marcado cambios en la estructura de sus canciones. Reconoce la influencia que han tenido otros compositores en su formación y, de manera generosa, le concede todo el mérito al gran Gustavo Gutiérrez Cabello quien le permitió visualizar una forma diferente de hacer versos con un componente, métrico, lírico y poético novedoso.

Al referirse a la “música de acordeón” que se está promocionando en emisoras y redes sociales, afirma que ese es un “Vallenato de Tarima” cuyo objetivo principal es recrear al público. En contraste con lo anterior, añora que ojalá las personas al escuchar un verdadero vallenato se detuvieran a analizar, a explorar el contenido de cada verso, de cada frase, de cada figura gramatical, lo que les permitirá conectarse emocionalmente con el sentir del compositor.

Finalmente y como corolario de lo anterior quiero destacar el componente pedagógico que conllevan este tipo de entrevistas donde se mezclan, de manera coloquial, historias, vivencias y anécdotas que enriquecen y complementan los versos y melodías que comparte, generosamente, el entrevistado. Sin duda, ese también es un espacio para corroborar la gran dimensión que tiene nuestra música, lo que nos compromete a preservarla y promocionarla, conociendo a nuestros compositores y dándoles el protagonismo que les corresponde como los grandes artífices de esos cantos que, al escucharlos, nos hacen soñar con amores posibles.


Ignacio Cantillo Vásquez
ignacio.cantillo@gmail.com

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