LA VIEJA SARA, MADRE DE EMILIANO ZULETA Y TOÑO SALAS.

POR JOSÉ ATUESTA MINDIOLA
(Texto presentado en el Conversatorio de la Inauguración del ECOPARQUE
de La Jagua del Pilar, el 15 de octubre de 2022)

Cuando aquella mañana del 19 de agosto de 1799, Juan Montaño y los hermanos Pedro Antonio, Luis y Miguel Muegues salieron de La Jagua del Pilar (del hato ganadero de Bartolo Ustariz), después de dos horas de atravesar llanuras y bordear la serranía, para llegar a unas hermosas sabanas desde donde se podían divisar la geometría de los cerros, no dudaron en pensar que era el punto ideal para la agricultura.

Allí, extasiados con la variedad de fauna y flora, procedieron a hacer una enramada para acampar, a la que llamaron la ‘Choza del Plan’. Por muchos años fue un sitio casi solitario, las dificultades del camino era una de las barreras para los pocos campesinos que conocían de su existencia. A finales del siglo XIX ya en El Plan habitaban varias familias, entre ellas Santa Salas la madre de Sara María, matrona de dos colosos juglares del vallenato, Emiliano Zuleta y Toño Salas.

José Atuesta Mindiola. La Jagua del Pila

Sara María, hija de Santa Salas y Francisco Baquero, nace en la Jagua del Pilar el 9 de agosto de 1892. No tuvo oportunidad de ir a la escuela, pero desde la infancia desarrolla habilidades para los oficios campestres. Antes de cumplir 20 años, en un breve romance con Cristóbal Zuleta, nace Emiliano Zuleta (1912). El amor conyugal fue pasajero, y se va con su hijo para El Plan buscando el apoyo de su madre; en ese lugar espera con prudencia sanar las heridas de su corazón y encuentra el hombre de su vida, Rafael Araujo, con quien tuvo nueve hijos: Rafaela, Santa, Andrés, Encarnación, Toño, Matilde, María, Carlos Jeremías y Mario. De ellos cuatro se firmaron Salas: Rafaela, Andrés, Toño y Carlos Jeremías. Encarnación se firmó Araujo, y los otros, Baquero.
De los diez hijos de la Vieja Sara, sobreviven en El Plan María y Carlos Jeremías. Carlos Jeremías, aún tiene la virtud de contar anécdotas y tararear versos que enaltecen la historia de su pueblo, apacible lugar que todavía es una fiesta de pájaros cantores; todavía el rugido del tigre ronda los potreros y despierta el instinto cazador de los campesinos; todavía en la memoria del paisaje permanecen el sombrero de Simón colgado de las ramas un peralejo, en la noche el eco de dos voces llamando a la Vieja Sara y en las sabanas la sonrisa cuando Matilde camina.

La Vieja Sara era una mujer humilde, trabajadora, dadivosa, claridosa de palabra y de carácter fuerte; hereda de su mamá y su tía Edmunda la vocación religiosa, iba a todas misas de las fiestas patronales de pueblos cercanos: A la Jagua para la Virgen del Pilar, Villanueva para Santo Tomás, Urumita para La Virgen de Chichinquirá, Manaure para la Virgen del Carmen, El Molino para la Virgen del Rosario, San Diego para La Virgen del Perpetuo Socorro, Los Tupes para San Rafael, La
Paz para San Francisco y Valledupar para Santo Ecce Homo.

Emiliano Zuleta. Monumento en el Ecoparque de La Jagua del Pilar.

En El Plan lideraba la fiesta del Corpus Christi, donde participaba cantando sus versos y letanías, y también organizaba caseta para los carnavales como negocio para ayudarse en la crianza de hijos y
sobrinos, entre ellos, Simón Salas. La casa de la Vieja Sara, y en especial por la presencia de sus hijos, Emiliano Zuleta y Toño Salas, se convierte en la posada generosa de todos los visitantes. La fama de sus hijos en la música, sus cualidades de anfitriona y su talento para improvisar versos hicieron de El Plan un pueblo atractivo para las parrandas; Rafael Escalona, Poncho Cotes y Andrés Becerra fueron unos, de los tantos visitantes puntuales y eran considerados miembros de la cofradía.

Muchos recuerdan sus versos memorables en las parrandas con sus hijos, como este que ella improvisó antes la sorpresa por la llegada de Escalona a El Plan, cuando se había corrido la noticia de su muerte en Valledupar:

Ya llegó el agraciado al puerto
y tierra firme pisó,
ya veo que resucitó
el que nombraban por muerto.

Cuando leí por primera vez estos versos en un artículo de Consuelo Araujo Noguera, publicado en el Magazín Dominical de El espectador (27 de junio de 1976), no pude menos que sentir asombro y desde entonces tengo la certeza de que el talento en el verso y la piquería de Emiliano Zuleta y Toño Salas era herencia maternal. Ella reclamaba que la fuerza de la dinastía era de parte de los Salas, porque su hermano Francisco ‘Panco’ Salas era acordeonero, y Emiliano aprendió a tocar en un acordeón de su tío.

Emiliano y Carmen Díaz vivieron varios años en El Plan, sus hijos fueron testigos de las capacidades musicales de su padre y las memorables parrandas. De la vieja Sara, otro verso famoso -que conserva en sus archivos la profesora Marielsy Zequeira Negrete-, fue el que cantó en 1974, con motivo de la visita del gobernador de la Guajira:

Estoy vieja y quiero cantar
les canto de corazón,
le pido al gobernador
una planta para El Plan.

No alcanzó a ver realizada su petición, porque la muerte la sorprendió el 17 de junio de 1975. El Padre Armando Becerra ofició en El Plan, la misa del funeral, y juró como el Simón Salas no volver a ese lugar; pero sólo pudo cumplir la promesa hasta el 23 de marzo de 1984, cuando en el sepelio de Andrés Salas Araujo, hijo de la vieja Sara, al finalizar la eucaristía, dijo: “ahora si voy a cumplir mi palabra, no regreso más a El Plan, mis dos grandes amigos ya no están, sus espíritus han roto las fronteras del tiempo y permanecen en la eternidad”.
***

LA VIEJA SARA MARÍA
Por José Atuesta Mindiola

I
Cerca de la Sierra Montaña
cultivan los cafetales;
los sinsontes y turpiales
adornan a las mañanas.
El campesino se amaña
y trabaja sin afán
porque en la tierra del Plan
la vida es una canción;
A Emiliano y su acordeón
siempre lo recordarán.

II
Vivió en El Plan la matriarca,
La vieja Sara María
con su bella dinastía
musical de la comarca.
Hizo de su casa un arca
de músicos y cantores,
de versos y trovadores
allá por la serranía,
germinaban melodías
de guitarras y acordeones.

III
La brisa en sus amoríos
de ternura y de renombre
va repitiendo tu nombre
como la noche en el río.
Aquí en el corazón mío
el recuerdo ha florecido
con esos versos sentidos
que Escalona te cantara;
y tu nombre Vieja Sara
nunca merece el olvido.

IV
En tiempos de atardecer
la sabana era un rodeo
con el blanco flequeteo de tu vestido, mujer.
Y se tenía que saber,
en un bonito cantar
que el vestido y el collar
que lucías en la zona,
fue el regalo que Escalona
trajo de Valledupar.

V
En el peralejo aquel
se mece una canción
el sombrero de Simón
como dijo Rafael.
Y Poncho Cotes con él,
en El Plan de madrugada
con el alma entusiasmada
disfrutaban del festín;
eran parrandas sin fin
donde no faltaba nada.

VI
Ay, vieja Sara María
tu dinastía es bendita;
para las cosas bonitas
nunca se termina el día.
Emiliano y Carmen Díaz
dieron luz a los Zuleta,
son músicos y poetas,
al igual que Toño Salas;
son aves de largas alas
que el vallenato respeta.

La Jagua del Pilar, el 15 de octubre de 2022

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

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