Alejandro Durán en Altos del Rosario

Durán, cultivador de amores, durante su estancia en Altos del Rosario conquistó el corazón de Isidora Castro a la que le compuso una canción, y de la que tomó el nombre con el que la identificaban, Chola, para denominar a uno de sus acordeones.

Hace más de sesenta años el juglarAlejandro Durán Díaz grabó el son ‘La despedida del Alto’, hoy conocido como Altos del Rosario. En él narra su relación con este lugar, que inició en el segundo semestre de 1951, cuando se movilizaba por el brazuelo del río Magdalena llamado El Pelao, en compañía de su cuñado Santos Ospino.

Lo hacían en la embarcación Berta Elena, la que sufrió un percance en inmediaciones al cerro La Unión que obligó a Durán a trasladarse a una población cercana que recibe el mismo nombre de este accidente geográfico. Luego, guiado por la familia Alvarino, se movilizó a La Rufina donde se conoció con Faustino Santana.https://fe501f415ed5a3fa6980118c5b3cfa6c.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

Fue a este a quien abordé en Altos del Rosario para conocer algunos detalles de la estancia del juglar en esta zona del departamento de Bolívar. Por él supe que cuando el acordeonista llegó a La Rufina debió interpretar la canción ‘Jardín de Arabia’ para comprobar que no era un impostor. También que su estadía fue corta pero suficiente para entrelazarse sentimentalmente con Catalina, a la que le cantó:

Mi corazón tiene un dolor
Dime Cata si me quieres
Esas son las cosas del amor
Enguayabador de las mujeres

Después se fue de correduría por Puerto Rico, CocoTiquisio, Río Nuevo. También a la región de Guacamayo donde se ubica la vereda de Palmaesteral, en la que aseguran que se enamoró de Roquelina a la que le cantó:

Roquelina
Roquelina la de Palmaesteral
Aquí te quedó esperando
El pobre Alejo Duran.

De regreso a La Rufina, Catalina le dio la noticia de que estaba embarazada. Fue después de permanecer unos días en ese lugar cuando se dirigió a Altos del Rosario. En esta oportunidad lo acompañaron Faustino, Wilfrido Rodríguez y Carlos Chacón. Recordaba el primero que llegaron como a las cuatro y media de la tarde de un sábado monótono de pueblo lejano y olvidado, y se dirigieron a la vivienda de Martín Rodríguez Payares.

De ese hecho me contó Faustino: “Martín nos recibió con una mirada de desconfianza. Yo intenté presentarlos, pero él se me adelantó y preguntó: ¡Quién es el negro! Yo le respondí con una sonrisa nerviosa: ‘Martín, es el músico Alejo Durán’. Entonces Rodríguez cambió de semblante, sonrió amistosamente y como para entrar en confianza le ofreció una cerveza. El negro con su cara seria, pero cariñosa, le dijo: ‘Ombre Martín, gracias, pero yo no bebo’. De inmediato le pidió que tocara el acordeón”.

Para entones Rodríguez era dueño de numerosas propiedades rurales y de ganado vacuno que fueron acumulando desde 1916, cuando una fuerte avenida del río los hizo mudar desde Pinillos hacia la región de Altos del Rosario. Según las cuentas más optimistas se cree que con el paso del tiempo acumularon más de tres mil cabezas de ganado vacuno.

Al escuchar el sonido del acordeón la mayoría de los alteños se volcaron a la casa de Martín y supieron quien la interpretaba. En la noche la parranda se trasladó a la vivienda del comerciante Manuel Avendaño Pérez, ubicada en el marco de la plaza. En el tiempo en el que permaneció en esta población lo acompañaron, como músicos, Francisco Cogollo y Máximo Trespalacios. De la vereda Morrocoyal, cercana a esa localidad, llegó a conocerlo Jaime Manjarrez, quien hizo las veces de guacharaquero.

LA PERMANENCIA EN ESE LUGAR

Durán, cultivador de amores, durante su estancia en Altos del Rosario conquistó el corazón de Isidora Castro a la que le compuso una canción, y de la que tomó el nombre con el que la identificaban, Chola, para denominar a uno de sus acordeones. También se enamoró de la cantadora Agripina ‘La cachaca’ Echeverri, quien fue una emblemática cantadora de tambora en el brazo de Loba.

Alejo, de su estadía en este lugar, le dijo a David Sánchez Juliao que creía que este había sido el pueblo que más lo quiso. Mientras que a Rito Llerena Villalobos le manifestó que el día que se quería ir decía: “Me voy mañana o me voy tal día. Se reunían y me iba tranquilo”. Entre quienes los hacían estaban Martín, y Martincito Rodríguez, Manuel Avendaño, Manuel H. Zabaleta Gutiérrez, ‘El doctor Polo’, Gerardo Martínez y Manuel Rocha. Los que, aseguraba, le daban hasta diez mil pesos.

Pero no solo ellos lo hacían, el pescador le llevaba pescado, el matarife la carne de vaca y de cerdo, el cultivador la yuca, el plátano, cuatro filos, las mujeres el bollo de distintos sabores, en fin. Eran tantas las atenciones que recibía que este juraba que en ese lugar comía a barba alzada.

LA PARTIDA

De la partida del juglar de esa población quien daba testimonio era Martincito Rodríguez: “Estando nosotros en la fiesta de diciembre, de pascua, era 25 de diciembre de 1951, papá, el amigo Manuel, el amigo Zabaleta, y el maestro Durán. En El Sudan, un pueblo vecino, estaba el padre Díaz, de Pinillo, celebrando la fiesta. Ese padre se agravó y vinieron urgentemente a buscarme a Altos del Rosario, a buscarme a mí para traerlo a Pinillos. Yo no quería hacer el viaje, pero me convencieron. Cuando estábamos convencidos, decía papá: ‘Si Alejo Duran no se va, la fiesta sigue’.
Decía Martín Rodríguez (bis)

Y lo mismo su papá
Que la fiesta sigue (bis)
Durán si no se va.

Él era el dueño de la lancha Argelia María, como se llamaba su hija, en la que iban a transportar al sacerdote. El acordeonero arregló su maleta y esa misma noche se fue en ella. Este recordaba este hecho: “Casi todo el pueblo fue a embarcarme, como eso queda a la orilla del río. Total, que entonces hice la pieza ‘Altos del Rosario llama: lloraban los muchachos’.
Su regreso se produjo a instancia del primer alcalde popular de Barranco de Loba, Álvaro Linares Herazo, y de otras personas. Eso fue en 1989, seis meses antes de que el juglar muriera.

Al segundo día de estar siendo homenajeado fue abordado por miembros de una célula guerrillera perteneciente a las FARC, le pidieron que hiciera una presentación en la plaza pública, a lo que el maestro respondió: “Como no muchachos, si a eso vine, a tocar para todo el pueblo”.

Por Álvaro de Jesús Rojano Osorio.

Oye lo que dice Alejo con su nota apesarada

Crónica

-“El legado de Alejo Durán, ese gran maestro, nunca morirá porque en sus canciones con sabor a pueblo y a mujeres bonitas, dejó la huella de un hombre bueno, sincero y de carisma inigualable”: Gabriel García Márquez-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Alejo Durán y Consuelo Araujonoguera, unidos a favor de ese vallenato que llevaban en el alma

Gilberto Alejando Durán Díaz, ‘El negro Alejo’, con su pedazo de acordeón se la pasó toda la vida tocando esa nota apesarada donde los bajos fueron la compañía ideal, y como lo señaló su hermano Náfer Santiago: “No era rápido, pero si inteligente, Yo diría demasiado natural, y tenía un carisma que se llevaba a cualquiera, así como hacen los toros en la corraleja”.
El primer Rey del Festival de la Leyenda Vallenata en el año 1968 marcó su propio territorio, y supo darle a cada mujer y a diversas historias su real significado para untarse de gloria en aquellas famosas corredurías.
En cierta ocasión, se le llamó la atención sobre las canciones de otros compositores que llevaba al acetato y, respondió como solía hacerlo, con claridad:
“Los cantos tienen que llenar los requisitos, y adaptarse a mi estilo, para que puedan tocarse y cantarse llegando a puerto seguro”. De esa manera, inundó de cantos el firmamento del folclor.
Entre esos cantos de su autoría, apareció la famosa ‘Cachucha bacana’ que pertenecía a su entonces guacharaquero Jaime López, quien presumía estar a la moda con ese aditamento. Alejo, no optó por comprarse una, sino que le sacó un canto y decirle: “Oye lo que dice Alejo, con su nota apesarada, quien como el guacharaquero, con su cachucha bacana, Jaime sí, Jaime sí, Jame sí, y Alejo no”.

Carlos Vives y la cachucha bacana

Pasados muchos años, el artista samario Carlos Vives, con la finalidad de preservar la memoria de Alejo Durán, internacionalizó aquel diciente canto y luego, al lado de Carlos Huertas Jr., crearon ‘El sombrero de Alejo’.

Lo que produce hay que verlo,
ese folclor de la sierra.
se hizo famoso en la tierra
como el sombrero de Alejo.

Carlos Vives le grabó al primer Rey Vallenato Alejo Durán las canciones ‘Pedazo de acordeón’, ‘Altos del Rosario’, ‘Fidelina’ y ‘La cachucha bacana’, y siempre cuenta que desde niño esas obras naturales se paseaban por su casa, porque su padre Luis Aurelio Vives Echeverría, las escuchaba frecuentemente.
El artista samario, siempre que habla del segundo hijo de Náfer Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal se emociona. “Alejo, era un hombre que congregaba, era el gran símbolo del vallenato por su humanidad, por su sonrisa, por lo que representaba, por su piel, por su acordeón, por su sombrero y por el inmenso legado que dejó”.
En sus distintas presentaciones por diversos lugares del mundo no dejan de escucharse las canciones de Alejo, porque lo transportan a ese ayer del Magdalena Grande que hizo posible que el vallenato comenzara a salir de los corrales, hasta proyectarse por todas partes.

Escuela de música Alejo Durán

En El Paso, tierra que llegó a tener en el siglo pasado 132 acordeoneros y cinco acordeoneras: Magina Vásquez, Seferina Serna, Tomasa Amalia De la Vega, Sebastiana Melo y Sabina Josefa Durán, hermana de Alejo, siendo Ministra de Cultura Consuelo Araujonoguera en el año 2000, se habló por primera vez de la Escuela de Música Sostenible Alejo Durán, para que los niños tuvieran acceso a esa formación en las modalidades de música tradicional vallenata, tambora y banda. Además, se destaca en el proyecto las contundentes frases: “No toques un arma, toca un acordeón”, “No golpees a tu prójimo, golpea una tambora” y “No juegues al play, juega con un clarinete”.
Pasaron cuatro años, hasta cuando se le dio luz verde a este proyecto, creándose la Escuela de Formación Musical Alejo Durán, que logró un gran auge y posicionamiento entre las mejores del país, teniendo el reconocimiento del Ministerio de Cultura como experiencia significativa y digna de proyección internacional, lo que le ha permitido a los grupos de vallenato y tambora presentarse en Colombia y el exterior.
El gestor cultural, poeta y escritor Fernando Bordeth Chiquillo, sobre este proceso musical anotó: “El respaldo de Consuelo Araujonoguera fue definitivo para sacar adelante este proyecto musical que años después facilitó todo en el Ministerio de Cultura, porque se contaban con unas bases sólidas. La idea, además de brindar la mejor formación musical, era perpetuar el nombre de Alejo Durán, quien era poseedor de una inigualable calidad humana, un carisma que le daba una personalidad fascinante, quien usó el lenguaje y los giros locales propios de su cultura de origen, los cuales supo insertar en sus cantos”.
Alejo Durán siempre llevó el corazón y parte de su alegría en su pedazo de acordeón, tal y como lo reseñó Consuelo Araujonoguera: “Cuando Alejo Durán se subió a la tarima, al lado del amplio rectángulo de la plaza Alfonso López, fue cuando tuvimos la noción exacta de que el Festival de la Leyenda Vallenata había comenzado, y comenzado bien. Dos noches después, en la gran final, ’La cachucha bacana’, ‘Elvirita’, ‘Alicia adorada’ y ‘Pedazo de acordeón’, fueron apenas la notificación musical de la apoteosis colectiva que desde entonces lo consagró para siempre en el afecto y la devoción de la gente”.

Gloria Dussán y Alejo Durán, amor que permaneció hasta el final de los días del primer Rey Vallenato

Último “Te quiero” de Alejo

Hace 31 años, el 15 de noviembre de 1989, Alejo Durán, el juglar de los cantos raizales, durante sus últimos momentos de vida y acostado en la cama de una clínica en Montería con fuertes dolores en el corazón, resumió en pocas palabras los agradecimientos a Gloria María Dussán Torres, la mujer que durante 14 años le pechichó su corazón: “Goya, te quiero mucho”.
Así, con un “Te quiero”, quedó enmarcada la grandeza del hombre que nació en El Paso, antiguo Magdalena Grande, hoy departamento del Cesar, el 9 de febrero de 1919, el mismo que se ganó una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de México en 1968, y que cada año es recordado en su terruño a través del Festival Pedazo de Acordeón, cuando al rememorar sus notas apesaradas los amantes de este bello folclor no pueden evitar gritar llenos de emoción: “¡Apa! ¡Oa! ¡Sabroso!”.

Desde El Paso, el juglar Alejo Durán marcó su propio estilo haciéndolo grande en el folclor vallenato

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

ALEJANDRO DURÁN DÍAZ: «El Más Fuerte»

Por: Jorge Eliécer Otero Fernández

Durante muchas décadas venimos escuchando la canción de Aurelio “El Yeyo” Núñez Bermúdez titulada “El más fuerte”, crecimos, maduramos, envejecimos y lamentablemente algunos murieron creyendo que esta composición había sido inspirada en la vida del ex boxeador Miguel “Happy” Lora Escudero; pero la realidad es otra, esta magnífica y filosófica canción fue un homenaje póstumo a la muerte del Primer Rey Vallenato de Colombia Gilberto Alejandro Durán Díaz (QEPD)

Hagamos una pequeña cronología de los últimos días del Negro Alejo:

– 10 de noviembre de 1989. El médico ordenó su traslado desde Planeta Rica a Montería porque lo vio mal del corazón, el pueblo que lo adoptó y amó como hijo no contaba con los especialistas e instrumentos adecuados para tratar su problema cardiaco.
– 15 de noviembre de 1989. Murió ese miércoles, a las 8:55 a.m., a consecuencia de un infarto, en la habitación 204 de la Clínica Unión de Montería.
– 18 de noviembre de 1989. Después de un cortejo que siguió el cuerpo de Alejandro Durán en ambulancia desde Montería a Planeta Rica, fue velado durante dos días en la casa de la cultura del municipio, que quedaba en esos momentos a un lado de la iglesia Nuestra señora de la Candelaria en el parque central del pueblo, siendo enterrado en el cementerio Jardines de Esperanzas alrededor de las 5:00 P.M.

La canción “El más fuerte” fue grabada en 1990 en el álbum que llevaba su mismo nombre, en la voz de Jorge Oñate y el acordeón de Álvaro López, su lanzamiento fue el 15 de noviembre de 1990, precisamente un año después de la fecha de fallecimiento del gran juglar vallenato Alejandro Durán Díaz.

Me consuelo cuando dice
Que venga y que cante
Aquella canción tan triste
Que habla de un amante.
De aquel Vallenato viejo
Que quiero, yo canto
El que cantó el viejo Alejo
Que quiero y que canto yo…

Ese 18 de noviembre de 1989 en medio de un tumulto de personas, algunas curiosas y muchas de ellas seguidoras del hombre que inmortalizó el sombrero vueltiao, partió el cuerpo sin vida del gran juglar vallenato, una caravana inmensa que hizo el recorrido habitual desde su casa en la calle 15 con carrera 10, pasando por la acostumbrada misa en la Iglesia Central, hasta llegar al cementerio local donde aún se encuentra su tumba; había personalidades del municipio y el departamento, autoridades, policías, artistas del pueblo, periodistas nacionales, ganaderos como los hermanos Lozano quienes siempre profesaron un afecto especial por el fallecido juglar.

Entre todo ese gran número de asistentes sobresalía la figura de “El Ruiseñor del Cesar”, “El Jilguero de América”, Jorge Oñate, acompañado por un joven y prometedor compositor que muchos desconocían en ese momento, Aurelio Núñez del corregimiento de Zambrano en el municipio de San Juan del Cesar (La Guajira), autor de grandes obras musicales como: “El más fuerte”, “El Rey sin ti”, “Te dedico mis triunfos”, “El nobel del amor”, “No me compares con nadie”, “El original”, “Monedita de oro”, “El pajuate”, “Listo pa’ la foto”, entre otras; ese que expresó muy fervientemente: “El hombre que no es poeta, no puede ser compositor”.

Ya en el Cementerio “Jardines de Esperanzas” se dieron los actos protocolarios y cuando casi todos se habían ido para sus casas, Aurelio Núñez como todo buen compositor y contemplador de los detalles se dio cuenta que no habían llegado los llamados “representantes del folclor vallenato”, dónde estaban los miembros de la junta del Festival de Valledupar, dónde estaban los grandes intérpretes como Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Beto Zabaleta, Silvio Brito, Farid Ortiz, entre otros; dónde estaban los amigos juglares del gran Negro Alejo que aún permanecían vivos.

… Dónde está mi presencia
Tan sensible a tu vida
Tan sensible al amor.
De qué sirve mi fuerza
Si ya está resentida
Y así pierde Sansón.
Al más fuerte le miento
Todo tiene su tiempo
pa´ llegar a una ilusión…

Que tristeza sintió este joven compositor al ver que habían enterrado al Primer Rey Vallenato sin los honores que su figura representaba para el folclor vallenato, que pena observar como tantos halagos en vida y salud, se transformaban en falsedad e hipocresía por parte de las personas que siempre rodeaban al gran Negro Alejo, individuos que se lucraron a costillas de sus letras y su figura pública; de esa rabia e impotencia nace su letra cargada de sabiduría, una analogía de ese personaje bíblico llamado “Sansón” de esa fuerza que tenía cuando el cabello era largo y perdía al ser cortado.

… Primera vez que un héroe
No lo quiere la historia
Por culpa de un querer.
Quién vive de los triunfos,
De grandeza y euforia
Sin cariño y placer.
Y al más fuerte del mundo
Que se viste de gloria
Yo lo he visto perder…

Pasados varios años de su partida nos queda aún una deuda con el más grande juglar de la música vallenata Gilberto Alejandro Durán Díaz, realizar el Festival Vallenato Alejo Durán de Planeta Rica, que perpetúe hasta el fin de los tiempos su imagen a nivel local, departamental, nacional e internacional, aquí en su pueblo amado, en su terruño adoptivo, ese mismo que lo acompañó hasta su sepulcro, que disfrutó de sus sabios consejos y sus canciones, que lo vio montando en su bicicleta turismera por las calles destapadas, ese mismo que lo sigue amando y anhela pagar ese compromiso moral y ético con el hombre del “¡Apa, Oa, Sabroso!”

Alejandro Durán y sus canciones: Interpretadas por grandes trovadores

Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

¿Quién de las personas que estuvieron presentes en la Plaza Alfonso López Pumarejo de la capital del Cesar, el 30 de abril del año 1968, podrá olvidar las imágenes de aquel histórico suceso, cuando el “Negro” Grande Alejandro Durán encaramado en la Tarima ubicada como escenario del primer Festival de la Leyenda Vallenata, terminó de ejecutar la Puya de su autoría titulada: “Pedazo de Acordeón”?

La locura, la algarabía y el furor que esa figura corpulenta, con una voz de trueno y su Acordeón terciao, despertó en una gran multitud, no tenía antecedente alguno, pues los aires tradicionales, que ese músico ejecutó, dejó perplejos y maravillados a quienes veían en su estilo original, a un gran exponente del canto y la composición del Caribe, y su máxima expresión típica, folclórica y raizal.

A partir de esa histórica y coyuntural fecha, el nombre de Alejandro Durán pasó a convertirse en una legendaria y mítica figura, leyenda que ha perdurado aún tras su deceso, puesto que marcó un original estilo en todo: en la ejecución del instrumento básico, en su cántico impregnado de matices varios, desde la nostalgia, el sentir amoroso y una alegría impredecible acompañada de expresiones muy suyas, tales como: ¡Apa, Oaa, Sabroso!

Aunque interpretó con éxito canciones de personajes de la talla de Rafael Escalona, Tobías Enrique Pumarejo, Julio Erazo, Leandro Díaz, José Benito Barros, también se destacó como compositor al describir en el pentagrama con bellas notas musicales, gran parte de amores, desengaños, amistades, agradecimientos, anécdotas jocosas, todas ellas con un sentimiento excepcional, que dejaron huella en miles de almas, que todavía lo recuerdan con afecto sincero y leal.

Fueron y son tantos los temas de su autoría que perduran y aún se tararean, que la memoria del Negro Alejo se ha hecho inmortal, pues las mejores voces de las cuales se tiene conocimiento, han optado por nutrirse de ese variado repertorio, del más grande Juglar que en toda Colombia haya existido.

En esta ocasión, vengo a tributar un sencillo homenaje a su legado, a través del recuerdo de algunas de sus composiciones, con las voces de diferentes y reconocidos trovadores, con las cuales todos se han de deleitar.

LA CACHUCHA BACANA (Paseo)
Canto y Acordeón: Lisandro Meza

Quien más que este juglar sabanero, llamado Lisandro Meza, para dar inicio a este concierto con algunas de las canciones de Alejandro Durán, dado que en su juventud fue integrante de su conjunto y ha sido y es otro auténtico exponente de los aires musicales del Caribe en Acordeón.

Este tema, muy original y anecdótico, hace alusión a un integrante de la agrupación de Alejo de nombre Jaime, que solía utilizar cachucha en lugar de sombrero, con la cual llamaba mucho la atención de las damas que asistían a sus presentaciones. Era la atracción en donde se presentaban, y Alejo que era muy enamorado se sentía marginado

De allí ese estribillo que relata: Jaime sí, Jaime sí, Jaime sí y Alejo no. Fue así, de este sencillo hecho de la vida real, que surgió esa canción bastante pegajosa que todavía se canta y se disfruta, tal como lo hace el Sabanero mayor, Lisandro Meza.

ESE NEGRO SI TOCA (Puya)
Canta: Moisés Angulo

Un factor decisivo y que pesó bastante en la decisión del Jurado calificador, al otorgar de forma unánime la corona de primer Rey del Festival Vallenato a Alejandro Durán, además de su originalidad, fue el hecho de interpretar con toda propiedad los cuatro aires que se exigen a todo concursante, y en el caso de la Puya, Alejo que la sabía ejecutar con toda propiedad, les llevaba ventaja a todos los otros participantes.

En esta ocasión, escucharemos a una de los mejores voces, que han contribuido a difundir con altura y con sabor, las composiciones que Alejo nos dejó: el actor y cantante barranquillero Moisés Angulo.

Para quienes desconocen a este artista, vale la pena recordar que fue él quien protagonizó en una serie televisada de Caracol, la vida y obra de Alejo, la cual se constituyó todo un éxito en Colombia y el exterior.

ALTOS DEL ROSARIO (Son)
Canta: Cheche Rada – Acordeón: Beto Rada

Hablar de Beto y de Cheche Rada, es hacer mención de los herederos del Rey del Son, el juglar magdalenense Pacho Rada Batista, quien se encargó de instruir a muchos contemporáneos suyos en el arte de ejecutar este aire clásico del folclor tradicional.

Alejo no estuvo ajeno a esa instrucción, y muchos de sus Sones aún retumban por doquier, particularmente cuando se trata de competir en cada concurso organizado a todo lo largo y ancho del territorio nacional.

Altos del Rosario representa un ejemplo de un Son, a través del cual Alejo expresó su gratitud a los habitantes de un pequeño poblado, en donde él residió en épocas diversas y siempre vivió agradecido con sus moradores, que le prodigaron toda clase de atenciones.

LA FORTUNA (Merengue)
Canta: Manuel “Mañe” Bustillo – Acordeón: Felipe Paternina

Algunos folclorólogos consideran que el aire en el cual sobresalió más Alejo, fue al interpretar el Merengue, solo equiparable a Luis Enrique Martínez. Alejo marcó una diferencia con los músicos de hoy en día, quienes para grabar una canción, es menester que acudan a varios ingredientes: uno que componga, otro que cante, uno más que ejecute el Acordeón y, lo que más llama la atención es que solo se han dedicado a un solo aire: El Paseo. Con dicho procedimiento se han venido alejando de sus raíces y creando melodías monótonas y de mucho aburrimiento, que no trasmiten emoción alguna y solo han contribuido a desfigurar esa esencia del Vallenato autóctono.

El Merengue es el Rey por excelencia, que pone el picante y el sabor en toda reunión, llámese concierto, baile, parranda o todo aquello que se deriva de una buena agrupación, que eleva los espíritus a un grado de éxtasis y agradable sensación.

La dupla conformada por Manuel “Mañe” Bustillo y Felipe Paternina, grandes intérpretes de los aires musicales del Caribe en Acordeón, se unieron para rendir tributo en un álbum especial, para exaltar la memoria de esa figura colosal, que siempre se preocupó y tuvo en mente componer a partir de los aires tradicionales existentes.

EL SECRETO (Paseo)
Canta: Iván Villazón – Acordeón: Alfredo Gutiérrez

Sin lugar a dudas, el Rebelde del Acordeón Alfredo Gutiérrez ha sido el mejor ejecutante del estilo de Alejo Durán, por esa forma como le ha sabido conservar el formato inicial, particularmente cuando toma los bajos para deleitarnos de una manera especial.

El polifacético Alejo, aunque diseñó una forma de ejecución muy propia de él, cuando ha sido interpretado por otros colegas, donde más énfasis se escucha es en el trinar de los bajos, siendo Alfredo el mejor imitador y el de mejor sonoridad.

Alfredo Gutiérrez e Iván Villazón, cada vez que se reúnen para juntos deleitar al público que gusta del Vallenato tradicional, conforman una llave musical de grandes quilates y máxime cuando retoman los temas clásicos que aún perduran, porque se encuentran escondidos en los más recónditos lugares, de millones de seres que aprecian y aman esa herencia de los juglares.

EL PARRANDÓN (Porro Cumbé)
Canta: Rafael Orozco – Acordeón: Israel Romero

Esta canción de la autoría de Alejo Durán, fue grabada por el mismo bajo el título de “Ron con limón” y en un ritmo de su inspiración que él denominó Porro-Cumbé, es decir una fusión de Porro y Cumbia, el cual el Binomio de Oro optó por modificarle tanto el nombre como el ritmo.

Esta Agrupación popularizó esta obra como “El Parrandón” y como un Paseo rápido, el cual gustó mucho en la audiencia en general, que lo convirtió en uno de sus favoritos bailables.

Resulta preciso anotar que diversos exponentes del canto vallenato, han sido conscientes del valor y significado que tiene el legado del Maestro Alejo, y en virtud de ello han procedido a reeditar los temas más populares de ese insigne juglar, introduciéndole arreglos, pero conservando su sabor original.

JOSELINA DAZA (Paseo)
Canta: Diomedes Díaz – Acordeón: Gonzalo “El Cocha” Molina

Las damas en general siempre ocuparon un lugar preferencial en la vida de Alejo Durán, y este tema dedicado a una mujer de Patillal, se constituyó en su momento en todo un hit, por esa maravillosa forma de composición y la interpretación realizada por su autor.

Esta es y seguirá siendo un referente de todo ese recorrido hecho por Alejo, quien plasmó con su Acordeón mágico y su voz de hombre recio pero ameno, muy sensible y expresivo por todo aquello que le era motivo de inspiración.

Diomedes Díaz no fue ajeno al respeto y admiración hacia ese Rey de la canción vernácula, nacida de las vivencias y no de imaginaciones, lo cual le dio un mayor valor por lo reales y expresivas. Acompañado del Cocha Molina, magnífico acordeonista, le dieron más vida a este nombre de Joselina.

AYAPEL (Paseo)
Canta: Jorge Oñate – Acordeón: Gonzalo “El Cocha” Molina

¡Que vaina tan sabrosa!, es lo mínimo que toda persona que gusta de lo bueno y jacarandoso, puede expresar al oír esta canción, dedicada a la población de Ayapel (Córdoba), máxime cuando es interpretada por esa espectacular voz de este gran tenor como lo es Jorge Oñate y la compañía de un maravilloso digitador: El Cocha Molina.

Definitivamente el repertorio del inmortal Alejo, se escucha bueno, ya sea en su propia voz e interpretación o por músicos ajenos. Y esta canción es un testimonio de ello. Cuán chévere es poder retornar a épocas tan agradables y recrearse mentalmente con aquellos sitios o lugares que pudimos haber recorrido en tiempos pasados.

Definitivamente las canciones de Alejo tienen esa magia de llevarnos a recorrer instantes que ya se fueron, pero quedaron para siempre adheridos a nuestras almas como nuestro mejor consuelo.

LOS PRIMEROS DÍAS (Paseo)
Canto y Acordeón: Lisandro Meza

Que mejor para concluir con esta edición, que traer a colación otro magnífico tema de Alejo en la voz de Lisandro Meza su gran alumno. Ese manejo en los colores y su variación que al cantar producía Alejo se nota claramente reflejada en este Paseo, que expresa un lamento por algo que ya se fue pero se evoca alegremente.

Ese tipo de ejecución que nos entrega Lisandro, es algo que nunca se debe dejar perder, porque deber elemental para preservar nuestra identidad cultural, es hacer comprender a las nuevas generaciones el valor que tiene el no dejar fenecer estas tradiciones.

Aunque en el mundo de hoy existe ya una tendencia muy marcada y que se está consolidando hacía la globalización en todos los órdenes, debemos entender que el arte y la cultura no escapa a ello, y cuando observamos tantas fusiones, no debemos temer a ello, porque siendo conscientes y teniendo claro nuestros valores, podremos asimilar lo mejor de otras naciones, dando paso a productos de calidad pero que conservan lo básico de nuestras raíces, las cuales desde una edad temprana nos han acompañado.

BLOG DEL AUTOR: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

ALEJANDRO DURÁN: ¡ESE NEGRO SI TOCA!

Por Amylkar D. Acosta Medina

El pasado viernes 15 de noviembre se cumplieron lis primeros 30 años del fallecimiento del «Negor grande del acoreón» Gilberto Alejandro Durán Díaz, «Alejo», en la habitación 204 de la clínica Unión de Montería.

A las 8:55 de esa mañana, triste para el folclor vallenato, dejó de latir el corazón de quien se coronara como el primer Rey de La Leyenda Vallenata el 27 de abril de 1968.

Él nació en El Paso de los Adelantados (Cesar) un 9 de febrero de 1919, pero como le respondió al reputado periodista Juan Gossaín, «uno es de donde lo quieren», es decir, de cualquier parte en donde se hace querer.

Hace cien años nació y como todo juglar que se respete, era muy andariego: y mujeriego además. Él, con su picardía socarrona, dejó de una pieza a la «Cacica» Consuelo Araújo.

Con la respuesta que le dio a su pregunta sobre su fama de mujeriego: «Niña» Consuelo, dígame usted, qué hombre no es mujeriego cuando jove? «.Pero, sorprendió aún más al periodista Alberto Salcedo y a sus contertulios la respuesta que les dio el «Negro Grande» cuando le indagaron sobre el número de hijos que había dejado a lo largo de su trasegar, siempre con el acordeón al hombro y sus sombrero vueltiao.

Después de pensar, repensar y apelar a su memoria calculó que serían «unos veintiseis». Pero, al insistirle en que les contara si los había tenido con la misma, él respondió a rompe: «con la misma pero con distintas mujeres».

Alejo Durán fue un músico completo, versatil, émulo de Emiliano Zuleta Baquero, él con la misma innata inteligencia con la que componía sus canciones, que pasaron de mil, las interpretaba en su «pedazo» de acordeón y las cantaba, siempre acompañándolas con su sello indeleble:¡apa, oa, sabroso!.!

«PEDAZO DE ACORDEÓN»

Bien lo dijo él en una de sus tantas composiciones, la puya que lleva por título «Ese negro si toca», El Paso no ha parido otro igual a Alejo Durán ni el vallenato ha vuelto a tener otro igual, un hombre sencillo, sin aspavientos, animaba a las parrandas pero sin hacer parte de ellas, porque él era negado para libar licor y no tenía inconveniente en amanecer en ellas, amenizandolas a palo seco.

«ESE NEGRO SI TOCA»

Esa era, fue y seguirá siendo Alejo Durán para quienes el vallenato es intravenosos, porque lo llevamos en la sangre, que, al decir del recordado escritor caribe David Sánchez Juliao, tiene memoria.

Alejo a nada le ponía misterio, ni a la muerte misma, porque sgún él, ‘esos de morirse no tiene nada de particular. Todos tenemos que hacerlo tarde o temprano. Es casi una obligación de nosotros mismos»y ya, como dijera el poeta de la raza antioqueña Jorge Robledo Ortíz refiriéndose a la parca, «esa muerte elemental y simple».

Así concibió él su partida anticipadamente.

Tegucigalpa, noviembre 17 de 2019

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Alejo Durán, a ritmo de jazz

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.|@ElUniversalCtg |25 de agosto de 2019*

Buscar coincidencias entre el jazz y lo que hizo el juglar vallenato Alejo Durán puede resultar un ejercicio forzado. Sin embargo, intentemos para ver si encontramos algo que una este ritmo vernáculo con el género universal. Los expertos podrán opinar, ampliar o debatir.

Es posible que al final del texto las coincidencias no existan, y solo sea un rebuscado análisis que pocos entiendan; y que para poder empezar a descubrir esas coincidencias lo mejor sería asistir al VII Festival voces del jazz, donde 17 bandas han preparado 17 obras inspiradas en la figura y música del legendario juglar y primer rey del Festival de la Leyenda Vallenata (Valledupar, 1968).

En el evento muchas de sus obras se escucharán con un ropaje diferente y con las sensibilidades de geniales jóvenes artistas que provienen de Bogotá, Pasto, Armenia, Pamplona, Pereira, Barranquilla, Manizales, Bucaramanga, Tolú y Cartagena. Esas bandas han venido preparando, dentro del repertorio que interpretarán, piezas archireconocidas del acordeonista magdalenense. Sin duda, será un homenaje diferente y original para recordar a un artista que encontró en la música una manera de transformar sus sentimientos, vivencias, creencias, tristeza y alegría.

El VII Festival voces del jazz se realizará del 28 al 31 de agosto en Cartagena de Indias, en el Centro Comercial Caribe Plaza y en la sede de Bellas Artes. Serán cuatro noches de maratónicas jornadas de jazz donde cada banda interpretará, en un concurso, lo mejor de su repertorio con el fin de conocer en qué anda y qué se hace en este género en el país y para demostrar cuál es la mejor agrupación traduciendo al jazz al viejo Alejo.

Este festival, que sigue creciendo en público, es organizado por la Fundación voces del jazz, se organiza gracias al Centro Comercial Caribe Plaza, la Universidad de Cartagena, la emisora UDC Radio, y la Corporación Cultural Champeta Criolla.

El homenajeado

El nombre de Gilberto Alejandro Durán Díaz (El Paso, Magdalena, 9 de febrero de 1919; Montería, Córdoba, 15 de noviembre de 1989) es, sin lugar a dudas, el más popular entre los juglares que integraron la pléyade de acordeonistas que tocaban, cantaban y erraban por los pueblos del Caribe colombiano.

Al lado de creadores como Abel Antonio Villa, Luis Enrique Martínez, Emiliano Zuleta Baquero, Antonio Salas, Juancho Polo Valencia, Chico Bolaños, Lorenzo Morales, Náfer Durán, Chema Martínez y Antonio María Llerena.

Siempre se le conoció por el escueto, pero contundente nombre de Alejo Durán. Con el paso del tiempo, y por el cariño y la admiración que fue sembrando en los corazones de los amantes de la música de acordeón, comenzaron a llamarlo “El negro Alejo”, “El rey negro” o “El negro Durán”.

Tenía claro que entre los modos de tocar el acordeón en la Región Caribe había algunas diferencias sutiles, pero jamás se preocupó por distinguirse como vallenato o sabanero. Simplemente tocaba y cantaba lo que le llegaba al corazón, para sembrar en otros corazones un poco del jolgorio de sus discretas notas y mucho de la voz profunda que se convirtió en el sello discográfico que lo hacía inconfundible.

Nunca fue ni se trasnochó por ser un gran digitador a la manera de su amigo Luis Enrique Martínez o de su hermano Náfer Durán. Sabía muy bien que ellos (y tal vez otros) lo superaban en el manejo de los botones y en la confección de bellos cantos, pero también tenía presente que su estilo era su arma y su escudo. “Me lo llevaré a la tumba”, predijo. Nadie como él para cantar un lamento. Nadie como él para acompañar con pocas notas los paseos, sones y merengues que dolían en lo más profundo del alma o que arrancaban sonrisas y hacían mover los pies en la parranda monte adentro.

Su acordeón, aunque rústicamente tocada, se distinguía a leguas. Solo con que se oyeran las primeras notas, ya se sabía que se trataba del negro Alejo. Precisamente, una de sus críticas respetuosas hacia los jóvenes acordeonistas era su poca preocupación por forjarse una identidad sonora, un sello hasta en la manera de escoger las palabras que conformarían una canción. “Si antes éramos diez acordeonistas –sentenciaba–, éramos diez estilos. Pero ahora, para saber quién está tocando, hay que esperar a que salga la voz del cantante. Porque esta es otra cosa: los acordeonistas no quieren cantar. Y a los cantantes se les mete un solo lloriqueo cuando van a dirigirse a una mujer. Hombe, a la mujer no se le llora, se le canta”.

El negro Alejo era hijo de Náfer Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal. Ambos estaban relacionados con la música folclórica del Caribe colombiano, pero, a juzgar por ciertos indicios discográficos y relatos ancestrales, parece que fue la madre quien más influyó en las inquietudes musicales del futuro rey vallenato. Juana era cantadora y bailadora de toda la gama del bullerengue, al estilo de Irene Martínez, Emilia Herrera, Totó la mompoxina y Etelvina Maldonado, por mencionar las que más se han conocido en los años recientes.

Como un homenaje a ella, Alejo siempre se preocupó por llevar a las pastas sonoras los cantos tradicionales que escuchó en su niñez, mientras los cantaban y los bailaban los incipientes hacedores de música que andaban por los montes o se detenían en las fincas y caseríos a la luz de los mechones y bajo la caballera de la luna azulando el universo.

‘La candela viva’ y ‘Mi compadre se cayó’, por citar las más conocidas, son una muestra de aquellas creaciones (al parecer colectivas) donde la voz principal cantaba versos de cuatro líneas y un coro ilimitado de voces mantenía un estribillo que se repetía a lo largo del canto, acompañado de la coreografía del grupo.

En el segundo cuarto del siglo XX, cuando se produjeron las primeras grabaciones del negro Alejo, parece que los dueños de las disqueras se apresuraron y pusieron esas canciones a nombre suyo, episodio que se repitió a lo largo de su vida de cantante y acordeonista. Algunos admiradores, quienes componían furtivamente una que otra historia musicalizada, se complacían en regalarle sus composiciones. Pero la mayoría de las veces los productores discográficos cometían el yerro sin procurar corregirlo en las siguientes ediciones.

De todas maneras, muchas canciones que componen el repertorio de Alejandro Durán, aunque no sean de su autoría, ya se podrían considerar como tales, porque fueron cantadas y tocadas con el sentimiento y la picardía que lo caracterizaban; y quedaron tan apegadas a esas trazas artísticas y personales, que parece que hubieran surgido de su pluma.

Es probable que no haya en Colombia (o por lo menos en la Región Caribe) quien no identifique las canciones del compositor cesarense Rafael Escalona Martínez, pero en ‘Durán interpreta a Escalona’, la recopilación que publicó la disquera Fuentes a principios de los años 70, se presiente una rúbrica personal, como si las canciones hubieran salido de la imaginación de Alejo.

Y así sucedió con compositores e intérpretes como Guillermo Buitrago y Juancho Polo Valencia, a quienes el negro Alejo siempre les profesó mucha admiración: sus canciones pasaron a ser parte de la portentosa obra discográfica del juglar pasero. No obstante, todas las antologías que se organizan sobre su vida discográfica incluyen las de siempre: ‘La perra’, ‘La mujer y la primavera’, ‘Fidelina’, ‘Joselina Daza’, ‘El verano’, ‘Dile que no me llore’, ‘El caballo pechichón’, ‘Mi pedazo de acordeón’, ‘La cachucha bacana’, ‘Sielva María’ y ‘Mírame fijamente’, entre otras de obligada mención.

Hubo otras, como ‘Rosa Angelina’ y ‘Nube viajera’, que tomó de folclores diferentes, para ponerles ropaje vallenato y no fueron experimentos fallidos. Allí también caben fusiones (cuando todavía este término no estaba de moda) como el “porrocumbé” y el “jalaíto”, este último muy propio de la raigambre magdalenense, que le era muy cara a sus orígenes de vaquero cantador.

No era el mejor acordeonista ni el mejor compositor, pero nadie puede negar que su canto superaba con creces esas ausencias. Lo suyo salía de adentro, de las raíces del potrero, del lecho de los arroyos, de las tumbas de los ancestros, de la gente que, como él, sabe que lo grande se esconde en lo pequeño de la cotidianidad. Por eso, una multitud enardecida, rugió cuando no lo nombraron el primer rey de reyes de la Leyenda Vallenata. Aunque muchos años atrás ya el pueblo lo había coronado por los siglos de los siglos, amén.

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