Diomedes Díaz, El Cacique de La Junta

Mi Crónica Sabatina

José Jaime Daza Hinojosa

Valledupar 11 de diciembre del 2021

♦Hoy Homenaje Al Mejor, Al Papa De Los Pollitos, EL Monstruo, Compositor, Cantante, Estrella, El Ídolo, EL Cacique De La Junta, Ah…Ganó uno de los muchos congós de oro en Barranquilla con una canción que compuso en el trayecto de Valledupar a la Arenosa «Gracias Barranquilla»

DIOMEDES DIAZ MAESTRE.

Su nacimiento fue un mes de invierno, el quinto mes del año; transcurrió aquel momento con una gran expectativa y entusiasmo pues era esperado con ansias por sus padres y toda la familia por ser el primogénito, el suceso ocurrió el 26 de mayo de 1957; cuentan que por allí pasaba ese día un músico de renombre en la región, el recién nacido era llorón y cuando escucha las melodías del acordeón que aquel viajero musical tocaba inmediatamente se callaba y hasta sonreía; dicho señor se acercó a la cama de la recién parida le saluda la felicita por el nacimiento de aquel hermoso hijo y vaticina: A este niño le va a gustar la música, estoy seguro será un grande cultor de estos menesteres musicales, lo irradia en su mirada, Dios se los bendiga, nació para magnas cosas, ya verán; profecía que llenó de alegría tanto a la mamá como al papá y que con creces se cumplió al pie de la letra.

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DIOMEDES DÍAZ: LO QUE DEJÓ LA PRIMERA DE LAS CRUZADAS A CARACAS

POR ALFONSO OSORIO SIMAHÁN

Dos percances, rutinarios en apariencia, estuvieron a punto de abortar lo que sería la primera gira de  Diomedes a Venezuela.

La conquista de nuevos espacios para potenciar una carrera hacia la  gloria es la  ilusión latente de cualquier artista; sobre todo, cuando  éste ya  cree que ha cosechado buena parte del éxito por los alrededores de su madriguera.

Diomedes, para el primer semestre del año 1981, con ocho producciones discográficas en su haber, se encontraba navegando en la cresta de la ola de popularidad. Era innegable que para esos momentos ya se perfilaba como el genuino ídolo que la cultura vallenata desde hacía rato avizoraba. Con su temperamental arraigo pueblerino y su enigmática conducta campechana no se obnubiló, pero tampoco se excusó, cuando le tocó explorar otros mercados de aplausos. Un día cualquiera los vientos lo sacudieron, he hicieron  que enfilara su proa hacia la vecina Venezuela.

Aquiles Molina, folclorista y compositor nativo de Fonseca- Guajira-; el mismo a quien otro fonsequero, Luis Francisco “Geño” Mendoza– creador de Festival Vallenato – le dedicara un par de versos en “Despedida del Festival”, una legendaria canción que grabó Jorge Oñate con los Hermanos López en los años 70s., fue el primero que se atrevió a cabrestear musicalmente a Diomedes a predios de Bolívar. Aquiles, al igual que “Geño”, tenía varios años de estar residenciado en Venezuela; los dos trabajaban como promotores artísticos para sendos  sellos disqueros de cierto prestigio.

Aquiles, obligado por su oficio se movía constantemente entre Caracas y Maracaibo. Para él ni para nadie era un secreto que en estas dos ciudades se aglutinaba una gran masa de compatriotas colombianos. Ávidos en diversión y entretenimiento y  absorbidos en el día a día laboral, esos ratos de recreación, como era obvio, se daban era los fines de semana. Con tal de reencontrase con sus raíces y vivir otros afectos, durante esa tregua frecuentaban algunos establecimientos comerciales, tales como restaurantes, clubes sociales o cervecerías que la misma colonia había anidado por mera costumbre.

El estado fronterizo del Zulia, cuya capital es Maracaibo, alberga desde el siglo pasado un contingente numeroso de braceros costeños diseminados a lo largo y ancho de todo su territorio, una rica  despensa  agrícola y ganadera de Venezuela. Si a esto le sumamos el contexto geopolítico que la identifica y su análoga posición geográfica a la nuestra, no tendría por qué  extrañarnos que, al visitarla nos dé la impresión de encontramos en el octavo departamento de nuestra Costa Atlántica.

Todos estos elementos gratuitos debieron ser los animadores para que Aquiles cualquier día amaneciera matriculado como  gestor de espectáculos. Se asoció con un empresario de altos quilates de apellido Arias, para dar sus primeros pasos experimentales por Maracaibo y otros municipios del Zulia, llevando diferentes agrupaciones vallenatas reconocidas, tales como los Hermanos Zuleta y Jorge Oñate.

Después de esas pasantías, que resultaron positivas, Aquiles no tardaría en dar con  la fórmula para  atrapar al pez grande: Diomedes, quien era el que tenía revolucionado el panorama vallenato de actualidad. Para conseguir ese objetivo, Aquiles no desaprovechó que era un viejo conocido de  Dagoberto Suárez, el  manager de Diomedes para aquella época, y por otra parte, sabía moverse por todos los vericuetos que brotaban amistad y folclor por predios de Valledupar. Viajó por lo tanto a esta ciudad, para finiquitar con Dago  un contrato para tres presentaciones: dos en Maracaibo, y la otra en Caracas.

Jaime Hinojosa Daza, gestor cultural, comunicador y compositor patillalero, pariente de Diomedes, a quien este le había grabado un par de composiciones en sus primeros álbumes, también vivía en Caracas. Al igual que muchos coterráneos, le tocó emigrar con los bolsillos vacíos, pero con una valija espiritual  repleta de secretos y    cultura Caribe. Jaime que para esos días se encontraba por los lados de Valledupar en asuntos personales y conocía las pretensiones de Aquiles, fue quien le dio la certera estocada argumental a Diomedes, para que este aprobara sin vacilaciones el contrato. Jaime, se ganó por ello el cargo de baquiano –ad honorem- en la logística de aquella anunciada gira. Fue el primero también, 13 años después, en llevarle a Diomedes la noticiasobre la  muerte de Juancho Rois, ocurrida en Venezuela, aquel aciago noviembre.

 Caracas, es un capítulo aparte. Para los primeros años 80, sus hábitos eran  complejos e intensos. Los avatares musicales parecían moverse al ritmo de la ciudad. La salsa y el merengue se disputaban el primero y segundo lugar en aceptación y consumo del género tropical bailable, logrando sacar una legua de ventaja a lo que aún se conoce como estilo gallego,  ese archiconocido y pegajoso aire que identifican a Los Melódicos, Billos, Pastor López, Nelson Henríquez…, entre otros. El melómano caraqueño tan sumiso y discreto para el gusto musical, como para servir de receptor a una migración desaforada, no le quedó más remedio que rendirse a la ocasión. Cuatro emisoras capitalinas, YVKE Mundial, Radio Rumbo, Radio Continente y Radio Capital, las de mayor sintonía, eran las encargadas de revolear la difusión del éxito pretendido; eso sí, al compás de la payola – pago forzado a la radio – .

 En los 3 años que para entonces llevaba este humilde cronista viviendo en Caracas, no recuerda que  haya  sonado  un solo vallenato en las tantas  estaciones radiales que tenía la capital de Venezuela. Los únicos artistas de nuestro repertorio costeño que se escuchaban, y eso, en horario donde mermaba la sintonía y, en dosis ínfimas, eran Los Corraleros de Majagual, Aníbal Velásquez y Noel Petro. La sequía Vallenata la rompería el Higuerón del Binomio en el año 1984,  que con tamaño suceso radial abrió sin timidez la trocha para que se fueran asentando y se valoraran otros herederos del Imperio de Francisco el Hombre. Ese primer cisma en el gusto musical se le debe en buena medida a un audaz disquero antioqueño, Evelio Alvarez, propietario de la compañía de discos Discorona, quien era la encargada de distribuir el catálogo de Codiscos en Venezuela, y, por ser Evelio también el pionero de los nuestros en pactar con la tirana payola. No obstante, todavía era la hora en que el caraqueño a todo lo que sonaba con acordeón, caja y guacharaca, lo encasillaba como cumbia; y aun, después que el género vallenato logró posicionarse  y circulaba de boca en boca, la palabra vallenato les seguía siendo tan advenediza que los medios impresos la escribían con  B, como para refrendar que el pez era más grande de lo que se creía.

Atodas estas,  los dos espectáculos de Maracaibo se llevaron a cabo bajo una inusual expectativa y buenos resultados económicos; pero antecedidos de una marcada  incertidumbre que  estuvieron a punto de ser cancelados. Todo, por la aversión congénita de “Colacho” Mendoza a montarse en un avión. Se le había comunicado que el conjunto se trasladaría por tierra hasta Maracaibo, pero hacia Caracas deberían tomar un vuelo. No era la primera vez que “Colacho” se resistía, ni sería la última que Diomedes le soportaba esos resabios. Más bien esos desplantes eran maquillados con humor oportuno, para luego festejarlos en un ambiente de parranda.

 En el afán de salvar con las mejores armas el compromiso adquirido para Venezuela, se empezó a barajar el reemplazo de “Colacho”; tarea no tan fácil para esa época, ya que los acordeoneros cinco estrellas eran escasos, y de paso, estaban atados a obligaciones serias con sus respectivas yuntas.

 Fue “Tito” Castilla, cuñado y compadre de Diomedes, aparte de su  cajero oficial por más de 30 años, quién desenredó la madeja. En medio de  aquella encrucijada se le ocurrió postular como alternativa a Álvaro López, hijo de Miguel, quien era la cabeza visible de la dinastía Los López. Diomedes, sin hacer comentarios, giró instrucciones en el acto para localizar lo antes posible a Alvarito. Se delató, porque su rostro se iluminó como solía hacerlo, cuando lo abrazaba una estupenda idea, para dar a entender  que estaba más que complacido con el candidato de “Tito”. Conocía suficientemente los atributos y recursos de Alvarito en el manejo del acordeón; y, lo otro, era que mantenía una deuda moral con los Hermanos López,  por ser estos  el conjunto que le brindó la primera vitrina  para  exhibir  su talento. Alvarito que había ganado dos festivales vallenatos en diferentes categorías, no había grabado todavía, ni pertenecía de manera formal a ninguna agrupación. Las presentaciones en Venezuela marcaron su debut como profesional.

Un día sábado, a mediados del mes de junio de aquel mencionado año 81, después de sus cumplir los compromisos en Maracaibo, arribó Diomedes a Caracas. El hotel donde se hospedó junto a su manager y acordeonero fue el Anauco Hilton, ubicado en el complejo urbanístico del Parque Central.

Isaías Molina, sobrino de Aquiles, se desempeñaba como representante de ventas para la misma compañía que trabaja su tío. Tenía una camioneta de ocho pasajeros, tipo Jeep Wagoneer, modelo reciente, oportunidad esta para que su tío le  encargara la tarea de movilizar  a Diomedes y su séquito en su corta estancia  por Caracas.

Isaías, con quien trabé una breve pero buena amistad en Caracas, hasta perder su rastro hace unas tres décadas, sabía de mi vocación musical e inclinación compulsiva para husmear algunas novedades del  folclor. Tal vez por esto Isaías no sólo se conformó con haberme mantenido al tanto de la llegada de Diomedes, y darme a conocer los pormenores relevantes de su presentación, sino que me sorprendió el mismo sábado en que arribó Diomedes a Caracas con una invitación para un sancocho, cuyo invitado de postín era el cantante. Se había planificado para las horas de la noche en el apartamento de un comerciante guajiro de apellido Daza, ubicado por los lados de la Avenida Morán, un sector popular al oeste de la ciudad capital.

Llegamos al sitio como a las 7 de la noche. No habíamos más de 15 personas allí. Al primero que me presento Isaías fue al anfitrión, y luego a su señora esposa. Diomedes se encontraba sentado en un rincón de la sala sentado en una pequeña poltrona, con las manos entrelazadas a la altura del vientre y una pierna encima de la otra. Lo notamos algo distraído. Al llegar ante él para los protocolos de presentación, se levantó, sonrió y con un tosco movimiento nos extendió la mano derecha sin pronunciar palabras. Estaba vestido con una sencilla camisa floreada y un  jean azul. Cero prendas llamativas en su cuerpo. El escaso murmullo de los presentes lo contrarrestaba, a bajo volumen, una grabadora gigante, con el audio de La Locura. Más demoraba en finalizar el casete de  un lado, que en voltearlo para el  otro.

 Nuestra suspicaz mente juvenil y rochelera nos hizo imaginar, tratándose del ilustre invitado, que lo del sancocho era un disfrazado pretexto para darle paso a  una animada parranda. Pero que va. Del conjunto de Diomedes el único que lo acompañaba en aquella invitación era su manager Dago. En síntesis, la atmósfera  que se respiraba en aquel  modesto hogar, no pudo ser otra que la de un tradicional compartir familiar. Pero en buena hora, porque ese detalle fue la sazón para que, sin incomodidad, se desarrollara una entretenida tertulia.

Si tuviésemos que hablar con la verdad, y resaltar las imágenes secuenciadas que se vio del comportamiento de Diomedes aquella noche, diríamos que no percibimos el más insignificante gesto de disgusto, ni ninguna frase destemplada por parte de él, como para hacernos pensar que no se encontraba feliz y reconfortado de aquel humilde agasajo, el cual le brindaba unos modestos paisanos. Tampoco hubo pregunta que evadiera, y que él no respondiera con entusiasmo y disposición dentro de  su limitado lenguaje coloquial. Por el contrario, a medida que avanzaba el conversatorio, como si una mano mágica le dieran cuerda, sus relatos resultaron más apasionados; es más, dictó catedra de buen interlocutor. Nos habló de su familia, del accidente donde perdió la vida su tío Martín Maestre, de sus primeras composiciones… y hasta nos cantó a capella un merengue que había compuesto recientemente, dedicado a su padre, canción que a los pocos meses la escuchamos grabada con el nombre  A Mi Papá.

 Es difícil medir con precisión la personalidad avasallante de alguien con quien  apenas se ha compartido un par de horas. Pero esto no nos priva de esbozar  mediante una  sutil reflexión,  la sensación que flotó para nuestro nuestro punto de vista, el talante de un muchacho simpático, que ya era considerado un fenómeno dentro del mundo vallenato. Bastó con escuchar su proyecto de vida, palpar la energía que transmitía y dejara entrever el grado de exaltación e intensidad con que se entregaba, al hablar de su pasado y presente para ratificar que estábamos en presencia de un ser iluminado. Otro detalle que nos descrestó a vuelo de pájaro fue, ver como con su visible humildad administraba tan bien su fama, que mas bien pareciera que él mismo tratara de  derrumbarla.

No fue sino hasta que sirvieron el sancocho, el cual Diomedes apenas si probó, para percatarnos que no era ningún tic nervioso el que lo aquejaba, cuando lo veíamos con cierta frecuencia sobarse la  barriga. El mismo confesaría que, después que almorzó en el hotel, le sobrevino un rebote estomacal acompañado de un persistente dolor. No había querido confesar nada. Se le consiguió un Alka Seltzer con limón. Su preocupante salud  trajo como consecuencia que se arruinara el entretenido sancocho. Hubo consenso para retornarlo a descansar al hotel.

En el trayecto hacia el hotel parece que se agigantó su malestar, por lo que  Aquiles, mortificado, sugirió llevarlo mejor a un centro médico .En este caso fue al Hospital Vargas, en una zona central.

        – Si mamá Vila estuviera aquí para que con sus benditas manos   me masajeara la pipa, no habría necesidad de médico – dijo con  resignada melancolía.

En el hospital, después evaluarlo se le diagnosticó gastritis aguda. Para calmarle el dolor le inyectaron un analgésico. De medicina lo único que le recetaron fue Maalox, un antiácido muy comercial que también servía para combatir el dolor. En una farmacia frente al hospital le compramos un blíster, se lo dimos y, a punta de saliva ya se había tragado una, cuando tuvimos que advertirle que no eran ingerirlas enteras, sino  masticadas. Al masticar  la segunda, dijo que sabían a leche cortada de cabra, pero que las próximas las iba a pasar con café.

Con un mejor semblante, ahora sí, rumbo al hotel, que quedaba a pocos minutos del hospital. Quien rompió el momentáneo silencio durante el trayecto fue Diomedes, para contarnos una anécdota recién sacada del horno. Dijo, que la enfermera morena que lo inyectó, al momento de solicitarle algunos datos personales le preguntó a qué se dedicaba:

  • A veces me rebusco cantando – respondió entre labios.

 Curiosa, la enfermera le vuelve a preguntar:

 — Qué  tipo de música cantas.  Vallenata, dijo con altivez y sin pensarlo Diomedes.

  – Con qué se come eso- . Le preguntó con sonrisa intrigante la enfermera.

     – Si quieres saberlo, te invito mañana a un toque que tengo-, respondió Diomedes.

     – Magnífico –  repuso con picardía la enfermera. Pero primero tienes que pedirle permiso mi marido que es policía.

      – Como no  muy seguro el baile… y para  no quedarte mal, mejor te lo digo enseguida. Respondió gagueando y nervioso Diomedes.

      – Eso se come, con acordeón, caja y guacharaca. Sentenció                  

La Urbanización  de clase media, El Paraíso, fue hasta hace algunos años un privilegiado  lugar residencial de Caracas.  Su fácil acceso a las autopistas para comunicarse con otros sectores, y su cercanía con el centro de la ciudad la hacían apetecible para vivir. Aparte de contar con 2 universidades, buenas instituciones educativas, y un estadio, en varios recodos de la urbanización construyeron una docena de Clubes Sociales, pertenecientes a varios gremios empresariales y a sindicatos. Uno de aquellos fue El Club Bancario. Este sería el sitio escogido para la regia presentación de Diomedes aquel remoto domingo de junio.

La promoción del espectáculo no fue radial, sino que se hizo mediante volantes de persona apersona, afiches pegados en sitios visibles de algunas zonas neurálgicas por donde se movilizaba un grueso de la colonia costeña y, en  tres emblemáticas disco-tiendas, especializadas en música del Caribe colombiano; ubicadas, una, al este de la ciudad, Musical las Vegas; otra en el ombligo de la ciudad-Chacaito-, de nombre Discolandia y la tercera al oeste, Discos El Metro. Estas tiendas también fueron las encargadas de vender la boletería.

 En los días previos a la presentación de Diomedes, conocí por intermedio de un amigo a una esbelta paisana sabanera. Me manifestó su deseo  de ir a conocer al artista. Como era la primera vez que saldría con ella, le di el visto bueno; ese detalle me obligo ir para la fiesta  en mi propio cacharrito.

El horario que había establecido las autoridades municipales, debido a ciertas ordenanzas de convivencia, era que  dichos eventos no podían extenderse más allá de las 11 de la noche; razón por la cual el baile lo habían programado a partir de las 5 de la tarde hasta la hora señalada.

Llegamos al sitio como a las 4:30. Las calles aledañas estaban colapsadas por la gran  cantidad de vehículos estacionados, incluso, hasta en las aceras; esto  me obligó a parquear el mío a cuadra y media del club. Aguardamos afuera. Cada 10 minutos entraba y salía del club Aquiles,  en actitud nerviosa y con una mirada escrutadora hacia la distancia. No era para menos, la noche anterior lo dejó caviloso la salud de Diomedes. Pensando en el evento, de no mejorarse este, las consecuencias para él serían impensables. Hasta esa hora, Aquiles no sabía de él ya que desde muy temprano le había tocado solucionar un impase con la permisología del espectáculo, y el resto del día en poner a tono todos los preparativos de club. Encomendó a Isaías para hacer las averiguaciones de rigor y, si no había novedad, trasladar a Diomedes hacia  el club lo antes posible

 Nos tocó, igual que Aquiles, seguir esperando impacientes a que llegara Isaías con Diomedes. Isaías  me había prometido no sólo el pase de cortesía para entrar, sino compartir su mesa. El resto del conjunto, los instrumentos musicales, sonido  y los mesoneros ya se encontraba dentro del club.

 El Club Bancario, con un aforo para unas 300 personas, estaba rebosado por otras 100 adicionales. Alrededor de la entrada deambulaban unas treinta  personas, tal vez dudando para entrar, o con la simple intención de conocer al cantante.

Faltando como diez minutos para las 5 p.m., reventó la piñata. No sólo le volvió a llegar el alma al cuerpo de Aquiles, sino que nosotros  ganamos el año. A unos cincuenta metros divisamos a Diomedes que venía caminado rápido, seguido a pocos pasos por Isaías, Alvarito y  una mujer de media edad. Diomedes esta vez se mostró vestido con un conjunto  tipo safari, de color caquiclaro. Con ademanes de torero novato, saludó fugazmente  a unos cuantos seguidores. A juzgar por la escena vivida y su singular compostura, diríamos que sólo le faltaba una biblia en la mano para parecerse a uno de esos predicadores evangélicos que frecuentan las plazas públicas. En la próxima media cambiaríamos de opinión.

 Todavía afuera, nos reconoció al saludarlo. Ocasión que aprovechamos para preguntarle cómo había seguido con su salud. Su respuesta fue una clásica perla, sacada de su original cantera:

  • Bueno, a pesar de haber pasado toda  la noche haciendo más fuerza para escupir que para cagar, me siento mejor; y, espero que luego  unos whiskycitos me terminen de remendar -.Dijo al natural.

 Debutó con la canción  La Juntera y cerró su presentación  con Para mi Fanaticada. No sabemos si fue fortuita o deliberada la elección dentro de  su extenso repertorio estas dos canciones; pero dicen por ahí, que los hombres románticos a quienes los ha arropado la fama, permanentemente evocan a su patria chica y también viven agradecidos de aquellos quienes los han encumbrado.

Con la seguridad del que desafía a una bestia indomable, se  subió a la pequeña tarima para deshilachar sin piedad emocional, canción por canción. Nada de histeria, ni público enloquecido. El único que transmitía euforia era él con sus cantos y movimientos circenses. Ensimismado en sus recitales, cada vez que le tocó subirse a la tarima no perdió oportunidad para repartir sus acostumbrados saludos a cuanto conocido veía en medio del show; algunos de ellos, agradeciendo el cumplido coreaban sus canciones. Sudaba copiosamente, pero cada gota de sudor era como energía divina que se apoderaba de su ser para entregar en cada verso, en cada estrofa, en cada canción, su alma y su encantador mensaje musical.

Estuvimos con él compartiendo la misma meza  todo el baile. Alternó su presentación con una miniteca – picó – Cantó 3 tandas de seis canciones las dos primeras, y la última de siete. En los descansos, cuando los necios o borrachitos lo permitieron, dialogamos de temas domésticos y variados.

Pero toda fiesta por muy glorificada u opaca que sea, tiene que acabar. Llegaron  las 11 p.m. Momento de la partida y despedida. Habíamos consumido cuatro botellas de whisky Old Parr. De la última quedaban unos tres dedos. Vació un poco de su contenido en un vaso desechable y luego me alargó el resto de la botella en señal de regalo. De momento interpreté esa acción, decodificando secretos guajiros, que era una manera de decirnos, que no nos  olvidáramos de un amigo agradecido ni del momento vivido. Pero cuando más tarde vi que mi pareja con aire furtivo y sin desparpajo se embarcó con él, cambié de parecer. Entonces me dije que aquella ración de María Namén-Old-Parr, que con sonrisa me regalara, era más bien una manera de resarcir su pilatuna. Pero más nunca me encontré con él para agradecerle en el alma, que su  travesura artística me haya librado a futuro de una pesadilla romántica; ya que en los próximos meses vi a la susodicha amiga engolosinada con el mismo formato, una vez con Poncho Zuleta,y la otra con Jorge Oñate, en espectáculos bailables diferentes.

 Pero la anécdota  para celebrar con decoro y sin furia, y que me conduce como un rayo nostálgico a aquella fecha inolvidable, me sucedió diez minutos más tarde cuando fui a tomar mi carro para marcharme para mi casa. Habían abierto el maletero del carro y  se habían llevado la llanta de repuesto, el gato y un lote variado de unos 100 casetes piratas, made in Maicao, que se encontraban dentro una caja. Lo que no me gustó de esa fechoría fue que el ladrón debió ser un melómano especializado; porque de los pocos casetes que quedaron regados en el maletero del carro la mayoría  eran de Diomedes, y de otros artista vallenatos.

Otrosí.- Se cumplen 40 años de la primera vez que Diomedes pisó tierras caraqueñas. Como artista consagrado la visitaría media docena de veces más; y encada una de sus presentaciones, de manera escalonada, se fue notando la progresiva expansión tanto de los escenarios que frecuentó como de su fanaticada. El último de sus conciertos, fue en el estacionamiento del emblemático recinto de espectáculos, el Poliedro de Caracas, donde hubo esa vez desmanes y hasta heridos. En esa ocasión no asistieron solamente aquellos 400 paisanos que albergaba el Club Bancario, en su mayoría costeños, sino que esta vez fueron no menos de 25.000 seguidores, provenientes de una media docena de países a rendirles tributo y admiración.

No entendemos, ni tampoco es la intención de usurpar terreno del psicoanálisis, para dar con la causa de la metamorfosis que sufrió Diomedes, cuando dio un giro dramático a su existencia muchos años después. De aquella imagen de muchacho extrovertido, austero y moderado que apreciamos aquella noche del sancocho, a verlo  inmerso en un mundo licencioso; preso sin remedio en un ambiente de banalidad y de disipación, la brecha fue enorme.

Para lo que si no necesitamos lupa, por sobrada evidencia, es para aceptar que murió siendo el máximo representante de la casta vallenata. Alcanzó el gran fervor de sus seguidores, sin más ínfula ni prebendas, que haciendo lo que más amaba, cantar. Su fanaticada así lo entendió, y por eso lo idolatró; tanto, que hoy  van  a su tumba en romería a pedirle milagros. Lo que se traduce, que de leyenda, su figura está a un paso de convertirse en mito.

 Por convicciones musicales, somos más  zuletista, que diomedista. Pero cuando alguien en su desenfreno me pregunta que opino de Diomedes, le respondo a lo A. Einstein, cuando un periodista lo abordó para preguntarle  que pensaba del genial músico J.S.Bach:

  • Escuchadlo, interpretadlo, veneradlo y callaos la boca!.

ALFONSO OSORIO SIMAHÁN

‘EL CACIQUE DE LA JUNTA’, DIOMEDES DÍAZ, ES DE LA PEÑA

En La Junta no hay familia de Diomedes Díaz, dicen sus parientes
Por Noralma Peralta

«La gallina de Ramona,
la gallina de Ramona
que gallina tan traviesa…
No puede ver mi paloma,
no puede ver mi paloma,
porque no la deja quieta…
«
. (Shio shio de Víctor Moreno).

“En La Peña mataron un chivato, en La Peña mataron un chivato y Cele no pudo comé, ¡vaya! ¡vaya!” cantaba un verso inconcluso en medio de una melodía complicada, el ‘Cacique de La Junta’, Diomedes Díaz, en una de las pocas presentaciones que hizo en Riohacha, desde que aquí vivo. Sin saber cómo continuar el verso soltó la risa.
“Jajajajaja, Celedonia dame razón de José”. Saludó refiriéndose a papá Juancho, a quien Diomedes nunca le dijo Juan, sino su segundo nombre y sin tilde.
El lugar estaba atiborrado de gente, aún no sabemos cómo alcanzó a ver a ‘Mamá Cele’, que había venido de Albania por insistencia de sus hijas, las que vivíamos en Riohacha, era una sorpresa de cumpleaños, llevarla a ver a su ídolo de todos los tiempos.
‘Mamá Cele’ levantó la mano como las reinas y desplegó su sonrisa enorme y bonita, ‘El Cacique’ hizo lo mismo. Al final de la tanda, teníamos a Diomedes y a Juancho, sentados en nuestra mesa, en la que terminaron sentados Humberto Rois, tío de Juancho, gran amigo de la familia y otros sanjuaneros. Felices departíamos entre paisanos y amigos.
Para el resto de los asistentes se trataba de las dos más grandes lumbreras de la música vallenata del momento y creo no mentir, si digo que lo son hasta el día de hoy, aunque en paz descansan.

No obstante, para ‘Mamá Cele’ eran Juancho ‘El nieto de Rosa María’, al que en ocasiones veía llegar o salir, o le escuchaba tocar el acordeón, mientras le despachaban en el depósito de su bien querida amiga cuando iba a hacer las compras para surtir la tienda ‘Dios Verá’ en La Peña.

Elvira y Rafael

Rafael María Díaz Cataño nació y fue criado en La Peña y Elvira Maestre Hinojosa, en Carrizal, según afirma Rafael Patricio.

Entonces, ‘Juancho’, era un pelao’ que aún no grababa. Y ‘Diome’, el de Rafa y Vila (Mamá Vila desde la novela de Diomedes), el pelao’ que vio crecer en La Peña en los brazos de Elvira, luego jugando en calzoncillos, al lado de Rubén, Benedicto, Rafael Patricio y Santo, o echando el ganao’ y los burros al potrero cuando estaba más grandecito.
Siempre le escuchaba a ‘Mamá Cele’, a ‘Papá Juan- cho’ y a mis tíos referir anécdotas de Diomedes recién nacido o pequeño, cuando vivía en La Peña. Sin embargo, no se le llamó ‘El Cacique de La Peña’, sino de La Junta y según los registros memoriales de mis mayores, “Diomedes no vivió ni un solo día de su niñez o adolescencia en La Junta, hasta que se casó con Patricia Acosta y se hizo famoso, que llegaba a pasarse días en la casa de sus suegros, como visita. En La Junta no hay familia de Diomedes Díaz, pues su padre Rafael María Díaz Cataño fue nacido y criado en La Peña y Elvira Maestre Hinojosa, en Carrizal”, afirma Rafael Patricio, mi tío.

¿Cómo se dio esa relación La Peña – Carrizal? “No, el viejo ‘Rafa’ no tuvo que ir a Carrizal, Elvira vino a La Peña. Resulta que Graciela ‘Gache’ Maestre Hinojosa, hermana de Elvira, se casó con Víctor Urrutia Cataño, de La Peña. Elvira venía a visitar a ‘Gache’ y ahí se enamoró Rafael María de ella, se casaron y vivieron en La Peña, pero frecuentemente iban a visitar a la familia de Elvira en Carrizal. Es más, cuando Elvira estaba embarazada de su primer hijo (Diomedes), ya saliendo de cuentas, fueron a visitar a los viejos y como primeriza a recibir los consejos de su madre, sin saber que ya no podría regresar a La Peña, pues los dolores de parto llegaron estando en carrizal y allí no solamente dio a luz a su “muchacho” sino que pasó la cuarentena posparto bajo los cuidados de sus mayores”. Me relata ‘La Seño’ Fénix de Jesús Arocha Cataño, historiadora de La Peña.
Pasados los 40 días y un poco más Rafael María regresó con su esposa Elvira a La Peña donde vivieron unos 9 o 10 años más, allí nacieron tres de sus hijos: ‘Rafita’, ‘La Chama’ y Gloria. Rafael María era un gran señor, prudente, de trato suave, buen amigo. Después de la muerte de Rafael Antonio Cataño Lacouture, su papá, creció con sus hermanos mayores: Rosario ‘Tito’, Juan Félix, Rafael Antonio, Otilia, Sara Helena, y Marcela ‘Chela’ Mejía, eran Mejía por la misma razón que el viejo ‘Rafa’ era Díaz, no eran hijos de la esposa, el señor Rafael Cataño al fin se casó con doña Delfina Fuentes, pero no tuvieron hijos. Afirma ‘La Seño’ Fénix.

Casa en La Peña, donde vivían Rafael, Elvira y sus 4 primeros hijos antes de irse a vivir al municipio de Villanueva.

“Rafael Antonio Cataño Lacouture era nieto del Francés Hugues Lacouture Cevene, que viene a ser el tatarabuelo de Diomedes, o sea que de no ser por esa costumbre antigua que los hijos naturales (fuera del matrimonio) se registraban con el apellido de la madre, Diomedes habría sido Diomedes Lacouture Maestre”. Aclaraba ‘La Seño’ Fénix.
“Diomedes creció en el barrio El Machín, en la casita de bahareque, de puerta azul, que estaba al lado de la casa de la señora Sara Helena Mejía y el señor Luis Cataño, ¿te acuerdas? La señora Sara era herma- na de Rafael María, o sea, tía de Diomedes”, aseveró la historiadora.
Rafael María tenía una cantidad considerable de ganado de todo tipo vacuno, ovino, caprino, caballar y buenas tierras, era dueño de Los Moritos y Las Tablitas, vivían tranquilos. El señor Luis ‘Manquito Luis’ Murgas, el fotógrafo que nos tomaba las fotos los 19 de julio, ¿te acuerdas? Bueno, él entusiasmó a Rafael María para irse a vivir a Villanueva, y como su familia materna es de allá, su mamá era familia de Carmen Díaz, la mamá de los hermanos Zuleta.
Se fue. Rafael María ven- dió todos sus animales y se fue a probar suerte a Villa- nueva. Allá nacieron los demás hermanos de Diome- des, que dicho sea de paso, los vinieron a bautizar a La Peña, de modo que los hijos de Rafael María Díaz Ca- taño fueron bautizados con padrinos peñeros.

La Peña,corregimiento de San Juan del Cesar, La Guajira.

La madrina de Diomedes Dionisio fue su tía Rosario ‘Tito’ Mejía, hermana de Rafael María. Allá en Villanueva le fue mal, así que vendió las tierras que tenía en La Peña. Por esa razón, digo yo, que cuando decidieron venirse de Villanueva, no se volvieron para La Peña, sino que pasaron derecho para Carrizal, donde estaba la familia de Elvira; también porque tú sabes que las mujeres jalamos para nuestro lado. En Carrizal compró unas 10 hectáreas de tierra, construyeron su casa, que es donde está ahora el museo de Diomedes”, relató ‘La Seño’ Fénix.

Noralma Peralta

La historia de ‘Orgullosa’, la canción inédita para celebrar el natalicio 64 de Diomedes Díaz

El merengue es de la autoría de José Vicente ‘Chente’ Munive y permaneció en los archivos de Sony Music por más de 30 años.

“Cuando yo te recuerdo morenita
No puedo explicar lo que me da
Siento que me da una rasquiñita
¡Ay! La emoción no la puedo soportar”

Treinta y cuatro años pasaron desde que el cantante vallenato Diomedes Díaz Maestre grabara la canción ‘Orgullosa’ con el acordeonero Gonzalo Arturo ‘Cocha’ Molina, tema inédito que iba a ser incluido en el álbum Incontenibles, pero que es lanzado este 26 de mayo para celebrar el natalicio número 64 del ‘Cacique’.

La canción de la autoría de José Vicente ‘Chente’ Munive hace parte del repertorio inédito del artista vallenato que conserva la disquera Sony Music, conocida anteriormente como CBS. Fue recuperada de cintas análogas y convertida en formato digital, conservando la voz original de Diomedes y el acordeón del ‘Cocha’ Molina.

EL PILÓN dialogó con el rey de reyes 1997, quien entregó detalles del proceso de producción y emocionado se refirió al intérprete como la persona que vaticinó su grandeza en la música vallenata.

“En la antigua CBS grabábamos 12 temas para el LP y cuando se grabó El Líder había dos merengues: ‘Honda Herida’ y ‘Orgullosa’, que es otro merengue más rápido, pero en esa época nos inclinamos por ‘Honda herida’, que fue un éxito nacional del maestro Rafael Escalona”, dijo.

‘Orgullosa’ había sido reservada para incluirla en el compacto Fiesta Vallenata de 1987, álbum que solía lanzarse en el mes de diciembre de cada año, en los que participaban los artistas del momento. Sin embargo, finalmente se incluyeron los temas ‘Mi corazón’ y ‘Los novios’.

“Diomedes siempre dejaba un tema por exigencia de la Sony para hacer un compendio a final de año como Fiesta Vallenata; sin embargo, no se hizo y volvimos a grabar en octubre y nadie recordó esa canción. Daniel López, un asistente de grabación se acordó y tenía la inquietud que Diomedes había dejado dos temas cantados, entre esos ‘Orgullosa’ con mi acordeón. Quedó bien la caja y la guacharaca, pero con el tiempo lograron sacar la voz intacta, caja, acordeón y guacharaca y metieron el bajo de José Vásquez”, explicó.

EL RESCATE DEL MERENGUE

Por otro lado, el ‘Cocha Molina’ resaltó que el tema conserva la línea de composición y estilo de antaño, muy distinto a lo que se escucha actualmente. Además, que su melodía es el aire de merengue, poco usado por la nueva generación de la música vallenata.

“Es una canción con un estilo como los de antes, pero alegre, con la línea de los compositores de antes que no maltratan a las mujeres, sino que le echan flores y a buena hora se lanza porque la gente ha dejado de grabar merengue y se van a acordar de mí que ahora todo el mundo va a querer grabar merengues que también es un aire comercial… En ‘Orgullosa’ van a escuchar a un Diomedes en su mejor momento vocal y a un ‘Cocha’ nuevecito. Yo tenía 19 años y Diomedes 27 años cuando hicimos ese tema”, señaló.

Por último, refirió que su relación con Diomedes Díaz traspasó más allá que los escenarios musicales y los estudios de grabación, recordando que eran compadres de sacramento, ya que el acordeonero es el padrino de Diomedes de Jesús Díaz Acosta.

Entre tanto, Guillermo Mazorra, director del departamento de A&R en Sony Music Andes dijo: “Cada quien que escuche a ‘Orgullosa’ va a tener la oportunidad de revivir al Cacique. Como nunca se va a sentir que está presente porque el gran Diomedes Díaz nos presenta una de sus mejores interpretaciones. Nosotros no pudimos evitar las lágrimas”.

Diomedes Díaz grabó en su carrera artística más de 500 canciones, pero todas no han sido publicadas, por lo que se espera que pronto se escuche un nuevo tema inédito del ‘rey de las multitudes’.

Diomedes Díaz cumpliría este 26 de mayo 64 años de edad. FOTO: SONY MUSIC.

CONCIERTO 26 DE MAYO

Al conmemorarse el natalicio número 64 de Diomedes Díaz, sus familiares realizarán un concierto virtual en la plataforma Passline en el que estarán sus hijos, hermanos, su madre Elvira Maestre y su amigo Joaquín Guillén. Contarán anécdotas, interpretarán sus éxitos y habrá participación de compositores.

POR: CARMEN LUCÍA MENDOZA CUELLO/EL PILÓN.
@luciamendozac

@elportalvallenato


Entre ‘puyas’, rebeldías y abrazos: así fue la relación de Jorge Oñate y Diomedes Díaz

La relación musical entre el ‘Jilguero de América’ y el ‘Cacique de La Junta’ estuvo marcada por situaciones en las que sus fanáticos llegaron a pensar que estas dos glorias del vallenato serían enemigos hasta el final; no obstante, el mismo folclor se encargó de unirlos y procesarse respeto mutuamente.

Tras la muerte del cantante vallenato Jorge Oñate el pasado 28 de febrero en Medellín, varios de los seguidores del folclor empezaron a recordar la supuesta rivalidad que hubo entre el ‘Jilguero de América’ y Diomedes Díaz al comienzo de sus carreras, pero que luego se convirtió en una amistad que era reflejada cada vez que se encontraban, hasta el punto de cantar juntos en tarima.

En un artículo publicado en El Colombiano en el 2012, el periodista Alberto Salcedo resaltó que cuando Diomedes empezó a cantar, Oñate se burlaba de su tono de voz y de su apariencia física al llamarlo “el bizquito desafinao” por un accidente que tuvo Díaz en su adolescencia y que le causó un trastorno en uno de sus ojos.

Además, comentó que tampoco era gustoso de que empezara a tomar ventaja en el vallenato y que no le reconocía sus éxitos. “A Oñate le sentó mal que le llegara compañía a la cima en la cual reinaba. En especial le molestaba la existencia de Diomedes”, aseguró el periodista.

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Poncho Zuleta, Jorge Oñate y Diomedes Díaz durante el homenaje póstumo a Rafael Escalona en Valledupar. FOTO/CORTESÍA.

Por su parte, el locutor Jaime Pérez Parodi, conocido como ‘La Biblia del vallenato’ y quien se desempeñó por muchos años como representante de Jorge Oñate y luego presentador de Diomedes Díaz, dijo en entrevista para EL PILÓN que el ‘Cacique’ al principio no gustaba del ‘Ruiseñor del Cesar’, pero que su percepción cambió luego de que este lo ayudara en un problema que tuvo.

Diomedes era fanático y profundo admirador de Poncho Zuleta, pero con Oñate ‘chocaba’ hasta que una vez a Diomedes lo capturaron en la plaza Alfonso López (Valledupar). Tenía una boleta de captura emanada de un juzgado de Santa Marta, lo detuvieron y se lo llevaron para el DAS porque tenía que salir a las 5:00 de la mañana para Santa Marta a dar una declaración; Jorge Oñate era amigo del director del DAS, seccional Valledupar, y le dijo que le respondía por Diomedes, que él se lo llevaba para su casa y al día siguiente lo presentaba”, contó Pérez.

Recordó también que uno de los momentos más tensos en la relación de los cantantes fue cuando Jorge Oñate expresó: Te acabaste cabo e’ vela y ahora no hay quien te prenda en una de sus presentaciones, ya que Diomedes asumió que esos versos eran para él.

Cuando Diomedes estaba detenido a Oñate le tocó cantar cerca de la cárcel y dijo: ‘Te acabaste cabo e’ vela y ahora no hay quien te prenda’, entonces Diomedes lo escuchó desde la cárcel y tomaba todo lo que Oñate estaba diciendo para él, pero ‘El Ruiseñor del Cesar’ explicó que nunca había dicho eso en contra de Diomedes y por eso grabó ‘Eso no lo dije yo, que lo diga otro‘”, narró Jaime Pérez, asegurando que los artistas se tenían al principio “mucha prevención”, pero que afortunadamente murieron siendo grandes amigos.

La expresión de Oñate fue contestada por Diomedes en la canción ‘Periquito con arroz’ de la edición Fiesta Vallenata 2003 en la que cantó: “Al hombre del cabo e’ vela, ahí le dejo este mensaje, todos los pájaros vuelan, pero no cantan iguales, causando revuelo entre sus seguidores por las ‘puyas’ que solían lanzarse los célebres cantantes.

“MIENTRAS JORGE ESTÉ VIVO YO NO COMPRO UN AVIÓN”: DIOMEDES DÍAZ

Sin lugar a dudas, otro de los momentos recordados fue una entrevista que concedió Diomedes Díaz a la emisora Olímpica Stereo Bogotá, en la que dijo que se compraba un avión después que Oñate muriera para evitar que este se lo pinchara, causando risas entre los periodistas y oyentes de la cadena radial.

Esa ha sido la idea toda mi vida, pero Oñate está vivo mano, quién aguanta a Oñate mandándome a espichar las llantas de la avioneta, metiéndole avispas, culebras para que choque en el aire y me mate. Entonces voy a hablar con mi compadre para ver si le regalo uno a él y me compro yo otro porque mientras Jorge esté vivo yo no compro un avión”, bromeó Diomedes Díaz.

Sobre esto, Jaime Pérez Parodi dijo: “Ellos bromeaban y en una entrevista Diomedes dijo que si se compraba un avión Oñate le espichaba las llantas, pero eso eran cosas que tenían Oñate, Zuleta y Diomedes. Jorge Oñate era una persona muy franca, era frentero y esas eran personalidades diferentes; el público lo aceptó así porque era algo que ellos no tomaban en serio”.

Por último, el locutor resaltó la calidad interpretativa de ambos artistas y destacó que el ‘Jilguero de América’ desde sus inicios supo mantenerse en la música vallenata, dejando un legado de más de 50 años de éxitos entre los que se encuentran ‘No comprendí tu amor’, ‘Volví a llorar’, ‘Regresó el Jilguero’ y ‘El más fuerte’, entre otros.

El hombre que tenía más sentimientos de los que yo he conocido es Jorge Oñate, un hombre que confió en él, en sus cualidades innatas y nunca se dejó de nadie. Era aguerrido, era un hombre que vivía en función de la música, que si sabía dónde vivía un compositor allá iba a dar a buscar su canción, fue un hombre que se mantuvo por tantos años y fue muy cercano a los medios, a la radio Y a la prensa. Ojalá que se mantenga y se perpetúe su memoria en el sentir vallenato”, finalizó.

Los artistas son recordados como grandes intérpretes del folclor vallenato. FOTO/CORTESÍA.

En una entrevista para el periodista Juan Rincón Vanegas, Jorge Oñate en una oportunidad habló sobre su relación con Díaz y dijo que estas diferencias eran para engrandecer el folclor vallenato. “Nuestras diferencias fueron para engrandecer el folclor porque donde nos veíamos nos abrazábamos. Muchos nos quisieron ver pelear, pero no lo lograron”.

En la memoria de los ‘Oñatistas’ y ‘Diomedistas’ quedarán los momentos en los que los cantantes coincidieron en varios conciertos y le regalaron bellas canciones al público en medio de elogios y abrazos.

POR: CARMEN LUCÍA MENDOZA CUELLO/ EL PILÓN.

Diomedes Díaz y su fanaticada, un lazo que ni la muerte pudo romper

Este martes 22 de diciembre se conmemoran siete años de la muerte del cantante más importante que ha parido el vallenato. Sus fanáticos aún recuerdan cada uno de sus lanzamientos y sus canciones se siguen escuchando en cada rincón de Colombia.

Por: Carmen Lucía Mendoza Cuello

Siete años después del fallecimiento del rey de las multitudes, Diomedes Díaz Maestre, sus seguidores siguen recordando los lanzamientos de sus álbumes en Valledupar, esos que congregaban a miles de personas que desde tempranas horas lo esperaban en el aeropuerto ‘Alfonso López Pumarejo’ para recorrer las calles de la ciudad coreando sus nuevas canciones.

A bordo de un carro de bomberos o en camionetas de sus amigos, el ‘Cacique de La Junta’ se paseaba por las avenidas principales de Valledupar y la gente en bicicleta, camionetas, motos y hasta a pie lo acompañaban para celebrar su llegada, algo muy diferente a lo ocurrido el 25 de diciembre de 2013 cuando en medio de lágrimas y llanto trasladaban su cuerpo hacia el cementerio Jardines del Ecce Homo.

Fredy Paba, miembro del Club de Amigos de Diomedes Díaz, recordó en una entrevista para EL PILÓN la logística que había en torno a los lanzamientos del ‘Cacique’ y el apoyo de los fanáticos que llegaban de los departamentos del Cesar, La Guajira, Bolívar, Magdalena, entre otros territorios. El comité estaba conformado por al menos 40 personas, entre los que se destacaban Teodora Daza, José Zequeda, Joaquín Guillén, Armando Morelli, Álvaro y Edgardo Daza, que por más de 20 años y hasta ‘La vida del artista’ eran los encargados de los preparativos de cada estreno de un álbum.

“Nos reuníamos en el estanco de la 12, organizábamos el desfile y acordábamos el color de las camisetas, recogíamos para la novilla y el whisky; nos reuníamos varios fanáticos de Diomedes porque no eran únicamente los amigos de Diomedes, sino, que llegaba mucho fanático de cualquier lugar de Colombia”, dijo.

Añadió: “Cuando Diomedes grabó ‘Experiencias Vividas’ con Franco Argüelles estaba preso y fueron cosas que hasta se ‘me paran los pelos’ porque Diomedes fue único en el país; fue un tipo tan grande que ni el mismo se dio cuenta de la grandeza que tenía y él mismo se admiraba de ver tantos seguidores que tuvo en los momentos difíciles como fue esa cárcel, que solo Dios sabe cómo fueron las cosas. Son muchos los aspectos que hay que hablar de Diomedes que uno no haya por dónde comenzar y terminar”.

Diomedes Díaz solía recorrer las calles de Valledupar en los lanzamientos de sus álbumes. Cada llegada de Diomedes Díaz era apoteósica, la gente se agolpaba en las calles para ver al ídolo de las multitudes. FOTO/CORTESÍA.

Recordó con nostalgia y sentimientos encontrados que para el estreno de ‘La Vida del Artista’ quedaron con los preparativos listos y se sumergieron en una tristeza por la muerte sorpresiva del cantante.

“Hace siete años el lanzamiento fue el 19 de diciembre y Diomedes no lo quiso festejar con nosotros en el quiosco ‘Armando Morelli’ porque dijo que lo íbamos a festejar el 22 de diciembre en el quiosco del Cacique; yo venía viajando porque estaba comprando el whisky, en Fonseca me llamó Teodora y me dijo: ‘Fredy, ¿por dónde vienen?’ y le dije: ‘Ya vamos por Fonseca, ¿Ya Diomedes llegó al quiosco?’ –‘No, no ha llegado, Diomedes se murió’, me contestó. Yo le di una trompa al carro mío que hasta lo pangué de ver la inconformidad por Diomedes, porque no se cuidó”, señaló.

CARAVANAS, UNA TRADICIÓN EN VALLEDUPAR

Por su parte, Joaquín Guillén, quien fue amigo personal y manager de Diomedes Díaz, explicó que la iniciativa de los lanzamientos y caravanas en Valledupar surgió cuando salió al mercado ‘La Locura’ en 1978 y se convirtió en una tradición para todos los ‘Diomedistas’.

“Había una persona que organizaba la parte de las bicicletas que iban adelante, el ‘Nene moto’ manejaba la parte de las motos y yo manejaba la parte de los carros para hacer el recorrido. Hacíamos un croquis donde definíamos el recorrido que íbamos a hacer por todo Valledupar y el sitio donde íbamos a terminar. Eso fue una tradición, una costumbre; a las 4:00 de la mañana ya había fuegos pirotécnicos y era para alertar a la gente que ya venía un nuevo CD de Diomedes”, contó.

Actualmente Joaquín Guillén es el encargado, junto a Rafael Santos, de coordinar las ofrendas florales al ‘Cacique de la Junta’ cada 26 de mayo y 22 de diciembre para conmemorar el natalicio y el fallecimiento del cantante más reconocido del vallenato y que aún es recordado por sus fanáticos que viajan para homenajearlo desde diferentes partes del mundo.

Este 22 de diciembre a partir de las 4:00 de la mañana sonarán los voladores en el cielo de Valledupar y a las 8:00 de la mañana habrá una ofrenda floral en el cementerio Jardines del Ecce Homo, la cual será transmitida por las redes sociales de Joaquín Guillén.

De las caravanas también participaban sus hijos Rafael Santos, Diomedes de Jesús, Luis Ángel, Martín Elías y Rafael María, este último contó que en el estreno de ‘Listo Pa’ la Foto’ su padre iba en una camioneta y al verlo se detuvo para saludarlo y darle un abrazo que con tristeza sigue recordando.

RÉCORD EN VENTAS Y UN GENERADOR DE MASAS

Diomedes Díaz era un fenómeno que movía masas y pasiones en la Costa y en varios departamentos del país cuando anunciaba nuevas canciones, por lo que la gente se preparaba para ser el primero en adquirir el nuevo álbum y presumir de ello, tal y como lo describió Guillermo Mazorra, gerente de Sony Music en una entrevista para EL PILÓN.

“Diomedes era un generador de masas muy similar a lo que pasa hoy en día con Silvestre Dangond, un artista de multitudes con una fanaticada impresionante; la gente se volcaba precisamente el día del lanzamiento a comprar el disco, hacía filas en las tiendas de discos y se desvivía por decir que era el primero que tenía el disco de Diomedes”, expresó.

Diomedes Díaz falleció el 22 de diciembre de 2013 en Valledupar, siete años después sigue siendo recordado por su fanaticada. FOTO/CORTESÍA.


Agregó que el día de los estrenos aparecían personas que se ocupaban en oficios distintos y vendían los CD del Cacique, que eran apetecidos en todas las discotiendas y las esquinas de las ciudades como Valledupar, Santa Marta, Valledupar, Montería, donde se reunían a hacer asados, sancochos y las parrandas vallenatas para celebrar el CD de Diomedes Díaz.

‘Título de Amor’ fue un álbum que vendió más de 450.000 unidades y obtuvo un quíntuple disco de planito en 1993. En la actualidad el ‘Cacique de la Junta’ sigue batiendo récord en las plataformas digitales donde su legado musical acumula más de 2.6 millones de vistas en YouTube y cerca de 170 millones de streams.

Entre sus reconocimientos también está la ‘Súper estrella’ con ‘El cóndor herido’ y ‘Canta conmigo’, distinción otorgada por ser el cantante en vender más copias en Latinoamérica el día del lanzamiento de sus álbumes o en menos de 24 horas; séxtuple disco de platino por ‘Muchas gracias’ en 1996, disco de platino por ‘Con mucho gusto’ en 2011 y Grammy Latino Cumbia/Vallenato/Álbum por Listo Pa’ la Foto en el 2010, entre otros.

LEGADO DEL CACIQUE

Tras su muerte, sus hijos Rafael Santos, Diomedes de Jesús, Elder Dayán, Diomedes Dionisio, Rafael María y Luis Ángel se han encargado de prevalecer el legado musical de su padre en el que compuso más de 200 canciones que lo llevaron a la cima como uno de los cantautores más importantes del folclor vallenato. En el listado también figura Martín Elías Díaz, quien por 10 años llevó la bandera de su padre.

Diomedes de Jesús y Martín Elías celebrando cuando niños el estreno del álbum ‘Título de Amor’ de su papá. FOTO/CORTESÍA.


Al conmemorarse un año más de su muerte, su hijo Rafael María envió un mensaje a los seguidores de Diomedes Díaz y resaltó el amor que este tenía por su fanaticada como lo profesó en las canciones ‘Para mi fanaticada’ y ‘Muchas gracias’.

“Gracias a todas esas personas que siempre han querido a papá, pienso que él mismo logró ganarse ese cariño de un pueblo que hoy lo recuerda y que estuvo con él hasta el final. A todos los ‘Diomedistas’ un abrazo y sé que no nos han dejado solo en ningún momento. Mi papá siempre decía que sus hijos eran hijos también de sus seguidores; entonces ese apoyo se ve reflejado en esa gran fanaticada que por medio de nosotros sus hijos siempre recuerdan a mi padre”, dijo.

Siete años después la música de Diomedes Díaz se sigue escuchando en los supermercados, las emisoras, fiestas, rocolas, plataformas digitales, canales de televisión y en cada rincón de Colombia.

“Y el día que se acabe mi vida les dejo mi canto y mi fama”: Diomedes Díaz.

Por: Carmen Lucía Mendoza Cuello/ El Pilón.