Cuando Diomedes Díaz le rindió un homenaje musical al viejo Rafael María

Crónica

-Hace siete años, ‘El Cacique de La Junta’ se despidió de la vida dejando un alto registro de canciones grabadas con los más grandes acordeoneros, diversas exaltaciones y reconocimientos, una inmensa fanaticada y la bella canción dedicada a su papá, Rafael María Díaz-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Diomedes Díaz Maestre, 26 de mayo de 1957, La Junta La Guajira (Colombia) 22 de diciembre de 2013 (56 años) Valledupar (Colombia)

A Elvira Antonia Maestre Hinojosa, ‘Mamá Vila’, como la llaman sus nietos, por estos días la visita la tristeza con mayor fuerza porque recuerda la muerte de Diomedes Díaz, su hijo mayor, ese que prometió regalarle el mar con todos los elementos en su interior. En esas añoranzas, también ingresa su amor eterno por Rafael María Díaz, el hombre con quien tuvo 10 hijos.
A pesar de mostrar un rostro sereno, y siendo dueña de pocas palabras al nombrar a Rafael y a Diomedes, siempre ha destacado que esos dos hombres fueron la columna vertebral de ese hogar que se sostuvo en medio de múltiples necesidades, pero añorando mejores días en aquel Carrizal del ayer.
Ella, poniendo su pensamiento en fila anotó. “Diomedes quiso bastante a Rafa, y lo definió como un hombre sano y su gran ejemplo”.
Rafael María, ese viejo querido que nunca se cansó de trabajar para sacar adelante a su numerosa familia murió el 14 de septiembre de 2007, cuando contaba con 77 años, y siempre le brindó a su primer retoño la mayor enseñanza, su amor al trabajo y su gran cuota de humildad.
“Ellos, se llevaban sumamente bien y durante los últimos años siempre que se encontraban, se abrazaban y hablaban, principalmente de aquellos primeros años de largas faenas, de necesidades y de la numerosa familia”, expresó Elvira.
Seguidamente declaró: “Los dos eran del alma buena”… Y si una esposa y una madre lo dice, es verdad, porque el corazón no miente, y los ojos son testigos de esas proezas del destino.

Canción pa’ Rafael María

Todo ese amor entre padre e hijo se notó en el merengue ‘A mi papá’, donde Diomedes con la memoria fresca hizo un repaso por la vida del hombre que cosechó en tierra fértil para que él viniera al mundo.

Voy a componé un merengue
pa’ cantáselo a papá,
un hombre que vive allá
cerca de la población.
Ese que con su sudor
me dio el tamaño que tengo
y el hijo le salió bueno
y ha sido un ejemplo de él,
y ojalá que puedas ver
tu recompensa mi viejo.

En la extensa canción que él grabó en el año 1981 con el acordeón de Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, reflejó la esencia del campesino trabajador, del hombre humilde, prudente, silencioso y, a quien el tiempo siempre le daba la razón.

La Junta es un bello pueblo
adonde nació Diomedes,
donde to’ el mundo lo quiere
y me aclaman cuando llego,
pero todo esto se debe
al ejemplo de mi viejo.

‘Mamá Vila’ se la pasa añorando aquella época donde la vida era sana, donde todos se querían como hermanos, y la maldad no tenía espacio. “Éramos una familia unida y contábamos con el cariño de todos. Después Diome, ayudado por mi hermano Martín, quien era acordeonero y compositor, comenzó a cantar, pero sin pensar que iba a ser el mejor. Sí, el mejor”. En ese momento sonrió levemente.

La presentación…

El viejo Rafa, quien era un hombre calmado, sencillo, común y corriente, cierto día fue invitado por su hijo a una de sus presentaciones, como nunca lo había hecho.
Esa fue la ocasión para testimoniarle en público su amor, su admiración, su respeto y su sincero agradecimiento. En las imágenes quedaron esos momentos cuando lo abrazaba y le cantaba, teniendo la compañía del acordeonero Juancho Rois.
Rafael María apenas sonreía, porque no estaba en sus terrenos, que eran el campo o el patio de la casa, donde debajo de un palo de limón solía sentarse en un taburete por largas horas a cuidar sus gallos y a ‘Pachito’, un mico travieso. Así le daba oficio a las horas que no se quedaban quietas.
Diomedes, además de repetirle en vivo y en directo la canción ‘A mi papá’, lo hizo con ‘Mi muchacho’, dedicada a su hijo Rafael Santos.

Ese muchacho que yo quiero tanto
ese que yo regaño a cada rato,
me hizo acordar ayer
que así era yo también cuando muchacho
Que sólo me aquietaban dos pencazos
del viejo Rafael.
Y se parece tanto a papá, hombre del alma buena.

En ese encanto del canto Diomedes volvía a recordar al viejo que tenía a su lado, y quien fue su gran fortaleza para avanzar en la vida.

Yo aprendí a trabajar desde pela’o
por eso es que yo estoy acostumbra’o
siempre a vivir con plata,
y con toda la plata que he gana’o
cuantos problemas no he soluciona’o,
pero nunca me alcanza
pa’ pagarle a mi viejo la crianza
que me dio con esmero.

En esa ocasión quedó en el pentagrama del corazón el testimonio que un padre recibió de pie la mayor descarga de emociones por parte de su hijo, quien encontró los más bellos versos para subirlo al inmenso pedestal del amor.

Pidió perdón a su papá

Cuando los sinsabores de la vida tocaban fondo, y las adversidades se le atravesaban en el camino, Diomedes Díaz hizo un alto y le volvió a poner oficio a su memoria. Con la sinceridad a flor de piel, plasmó un canto pidiéndole perdón a su amado padre.

A mi papá, que fue el que me crió le pido perdón
porque él debe de estar extrañado y la vieja mía,
con tanto esfuerzo que ellos me dieron la educación
y hoy me da pena que estén sufriendo por culpa mía.

En aquel instante, ‘El Cacique de La Junta’ buscó las mejores palabras donde el arrepentimiento estaba en primera fila. De esta manera, le dedicó la canción titulada ‘El Perdón’.

Papá, tú debes saber que entre el bien y el mal
circula el hombre y Dios a su modo de ver prueba
al hombre también con tentaciones,
porque es posible que un hombre sano se vea enredado
en un problema, me les explica a mis hermanos
y nunca dejes que no me quieran.

En Barranquilla, dos años después de fallecer su padre Rafael María Díaz Cataño, quien era hijo de Rafael Cataño y Avelina Díaz, pero se quedó con el apellido materno, lo volvió a recordar con un verso:

Canto y rezo una oración
ay, por medio de mi canto,
y como es un verso santo
lo digo de corazón, quien lo tenga vivo,
un abrazo, quien lo tenga muerto, una flor.

Elvira Antonia Maestre Hinojosa, ‘Mamá Vila’, madre de Diomedes

En ese lapso de la añoranza apareció la canción ‘Hijo agradecido’ con la que Diomedes Díaz participó en el año 1976 en el Festival de la Leyenda Vallenata, ocupando el tercer puesto.
En ella el joven compositor reconoció todo el sacrificio que hicieron sus padres para sacarlo adelante al lado de sus hermanos. Esa vez, tenía 19 años, y cantó.

En el mundo no hallaron un obsequio material
para poder pagar a mi padre y a mi madre,
al instante recuerdo y siento ganas de llorar
al pensar que aquellos tiempo que lucharon para criarme.

Con la inspiración a toda vela iba contando en el canto esa experiencia vivida donde diversas necesidades planteaban alternativas para salir adelante y sus viejos eran el más preciado tesoro.

Todo esto es imposible porque no hay con que pagar
esta sencilla crianza que le dan a uno sus padres,
que cuando estas pequeño te enseñan a trabajar
para que cuando ellos mueran se defienda uno más tarde.

Rafael María Díaz y Diomedes Díaz Maestre

El viejo Rafa, así lo ratificó Elvira Maestre, fue ese padre donde jamás hubo distancias, cosas inalcanzables y no existió la palabra imposible.
Al dar ese concepto llegaron a su rostro muchas lágrimas y ninguna de ellas trajo el consuelo que necesitaba para no continuar naufragando en el dolor por la partida de Rafael y Diomedes, esos seres pegados a su alma.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

SIETE AÑOS DEL FALLECIMIENTO DEL CACIQUE DE LA JUNTA, DIOMEDES DÍAZ

POR: ALCIBÍADES NÚÑEZ MANJARRES

Este 22 de diciembre se darán cita en el cementerio Jardines de Ecce Homo, todos los fanáticos, amigos y familiares para rendirle un sentido homenaje al gran Diomedes Díaz Maestre, «El Cacique de la Junta» al cumplirse siete años de su fallecimiento.

A este sitio acuden cada año muchas personas que querían y estimaban al artista, entre ellos sus familiares Rafael Santos, Luis Ángel y Joaco Guillen llevan arreglos florales ya que Diomedes le decía a Rafael Santos que cuando el falleciera, siempre le mantuviera su tumba y los alrededores llena de muchas flores y ese deseo se lo ha cumplido Rafael Santos al pie de la letra, ellos también tienen la costumbre de repartir almanaques con la imagen del Cacique de la Junta y muchos rosarios a los asistentes, en la Junta también lo recuerda mucho su hija mayor Rosa Elvira Díaz, quien se encuentra llena de tristeza y de recuerdos de su padre, también lo recuerdan mucho su compadre Luis Alfredo Sierra, Eudardo Mendoza, exconcejal de la Junta, Roberto Sierra el hijo de Leandrito Sierra el «médico del pueblo», el maestro Marciano Martínez, Rubén Darío, Carluyo y Jaime Araujo amigos incondicionales del Cacique de la Junta. en Valledupar también lo recuerdan mucho sus hijos Diomedes de Jesús, Rafael María y Luis Ángel, al igual que sus hermanos Elber, Abel, Rafael y Rosa Díaz, pero la persona que más lo extraña y añora es su madre la vieja Elvira Maestre, quien lo recuerda todos los días y le pide al todopoderoso que le tenga a su hijo mayor en su corte celestial, En San Juan del Cesar, también recuerdan la señora Dalia Zúñiga, madre de uno de los acordeoneros más grande de la historia del vallenato Juancho Rois, la cual tiene muchos recuerdos y anécdotas de Diomedes cuando gravo varios álbumes al lado de su hijo.

También lo recuerdan en la diez, Luis Alberto Jiménez, Hamilton Daza, Billi Daza, Jorge Rois, Beatriz Bermúdez, Rodolfo Rois, José Gregorio Rois, Gregoria Bolaño, Carlos Rois Caroi, José Manuel Rois, Hermes Francisco Daza y Robert Francis Zúñiga.  

Diomedes Díaz apodado “El Cacique de la Junta” fue bautizado con este remoquete por Rafael Orozco cuando le gravo la canción “Cariñito de mi Vida” en 1975 al lado de Elberto López, Diomedes, durante sus treinta años de vida musical le canto y compuso a la naturaleza, a la familia, a sus enamoradas, a la mujer, a sus amigos y eso lo dejo plasmado en las ciento ochenta y tres canciones registradas y que lo convirtieron en un cantautor inmortal, carismático y más exitoso del folclor vallenato lo cual le permitió al cacique obtener muchos reconocimientos a nivel regional nacional e internacional como galardones, discos de oro, de platino, diamante y récord en ventas millonarias, entre ellas podemos mencionar EL Alma en Un acordeón, La Carta, Tres canciones, El Profesional, Tu Serenata, Penas de un Hogar, A mi Papá, Bonita, Te quiero Mucho, Cantando, 26 de Mayo, Una de mis Canciones, Te necesito, No se Molesten, Bendito sea Dios, Mi Muchacho, Mi profecía, Señora Tristeza, La Rasquiñita, Razón sentimental, Ayúdame a Quererte, Brindo con el Alma, Mi ahijado, Mi vida Musical, Sin ti, El Frijolito, Por no perderte, Tu cumpleaños, El Cóndor Herido, El besito, Mi Compadre, Noche de Amor, Las Notas de Juancho, Adiós Lunarcito, El Regreso del Cóndor, Mi Primera Cana, Título de Amor, Buenas Tardes, La Doctora, Volver a Vivir, Mujer del Alma, Gracias a Dios, Pidiendo Vía, A mitad del Camino, Las Vainas de Diomedes, El Perdón, Señor Maestro, entre otros.

ALCIBÍADES NÚÑEZ MANJARRES

Diomedes Díaz puso a Colombia a prender velitas

Crónica

-Desde hace 27 años ‘El Cacique de La Junta’, al lado de Juancho Rois, le pusieron un nuevo vestido musical a la canción ‘Las cuatro fiestas’ del compositor Adolfo Echeverría-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Corría el final del año 1993 cuando Diomedes Díaz al lado del acordeonero Juancho Rois, aparecieron en la producción musical ‘Fiesta Vallenata’ con la canción ‘Las cuatro fiestas’ de la autoría del compositor barranquillero Adolfo Ernesto Echeverría Comas, causando la mejor sensación.
Estos artistas guajiros le pusieron un nuevo ropaje musical logrando que 27 años después siga sonando, y sea la más cordial invitación al acto popular de prender las velitas e irse de largo a celebrar el año nuevo y los carnavales.

Que linda la fiesta es
en un ocho de diciembre
al sonar del traqui traqui,
que sabroso amanecer.
Con ese ambiente prendido
me dan ganas de beber.
La pascua que se avecina
anuncia la Navidad,
un año nuevo se espera
que dan ganas de tomar.

Esta canción fue grabada el domingo tres de septiembre del año 1961 en la voz de la cantante Nury Borras, acompañada del cuarteto que integraban el guitarrista Ángel Monsalvo, el baterista Rafael Guardo, el bajista Eugenio García y el clarinetista Alex ‘Muñecón’ Acosta.

Adolfo Echeverría, autor de la canción ‘Las cuatro fiestas’

Precisamente el compositor Adolfo Echeverría, quien nació el tres de septiembre de 1932 y murió el 20 de diciembre de 2018, contó en su momento la manera como grabó ese obra insigne del folclor colombiano.
Él vendía ropa, pero tenía una cantidad de composiciones y decidió con sus propios recursos grabar una de ellas, ‘Las cuatro fiestas’, con la finalidad de tratar de mejorar su situación económica.
Es así como invirtió sesenta pesos y comenzó su inédita aventura al tener la cinta en sus manos que era su cédula musical.
Con todo el optimismo viajó a Medellín con su maleta llena de esperanzas y su gran tesoro, pero no fue acogido por las disqueras entregándole diversos argumentos que no era lo mejor.
Se regresó para Barranquilla, trayendo en su mente otro proyecto que consistía en plantearle al empresario Mario Ochoa, propietario de una discotienda para que le pagara el prensaje de 50 discos de 78 revoluciones.
Esta vez, le sonó el clarinete y comenzó el proceso que arrojó el más grande resultado porque en aquella ocasión llegaron a vender más de cinco mil copias.
Adolfo, entusiasmado porque Dios le sonrió con ‘Las cuatro fiestas’ se alegró más porque las emisoras comenzaron a programarla.
Desde ese momento mejoró su situación económica y sus canciones comenzaron a ser grabadas por diversos artistas y agrupaciones del orden nacional e internacional.
De esa manera la canción se convirtió en éxito y con varias versiones hasta una en inglés, sobresaliendo la grabada por Diomedes Díaz.
El maestro Adolfo Echeverría en sus últimos años de vida sufrió serios quebrantos de salud, pero de la misma manera se le rindieron diversos homenajes por su invaluable aporte como cantante, compositor y precursor de la música tropical en Colombia.

Diomedes Díaz, ‘El Cacique de La Junta’, acertó al cantar las hoy famosas cuatro fiestas

Así la grabó Diomedes

Diomedes Díaz Maestre, no solamente le dio un nuevo aire a la mencionada canción de Adolfo Echeverría en la producción musical de ‘Fiesta vallenata’, que se entregaba cada año por la Sony Music, sino también lo hizo con ‘Matilde Lina’ (Leandro Díaz), ‘Vení, vení’ (Isaac Villanueva), ‘Lucero espiritual’ (Juancho Polo Valencia), ‘El muerto borrachón’ (Miguel Beltrán), ‘Color moreno’ y ‘Diana’ (Calixto Ochoa), entre otras.
La historia es como sigue. Cuando se acercaba el remate del año Diomedes Díaz en sus presentaciones solía cantar canciones de la temporada como ‘Cantares de Navidad’.
El cajero José del Carmen ‘Tito’ Castilla, cuñado de Diomedes Díaz, en una ocasión le sugirió que cantara ‘Las cuatro fiestas’ y estuvo de acuerdo.
“Cuando la escuchó dijo que esa iba para el disco de ‘Fiesta vallenata’ y habló con Juancho Rois, para que hiciera lo suyo. De ahí arrancó todo y vea que se convirtió en soberano éxito que a pesar del paso del tiempo no ha dejado de sonar”, comentó Tito.
Después citó el hecho que no estaba en el cronograma de la grabación y era incluirle un clarinete. “Llegó un músico bastante lleno de años, y nosotros decíamos, será qué ese veterano dará la talla en la grabación. El hombre nos tapó la boca porque lo grabó de una sin equivocarse. Después, supimos que era ‘Muñecón’ el mismo que había grabado la primera versión”.

En inglés

La mencionada canción se fue bien lejos porque hasta fue interpretada en inglés llevando ese mensaje musical a distintos lugares del mundo.
Lo jocoso de ese tema fue que nunca se pudo traducir la palabra “Traqui, Traqui”, que es un fuego artificial que se lanza comúnmente en el mes de diciembre durante la Navidad.
‘Las cuatro fiestas’ no dejan de escucharse, principalmente en la voz de Diomedes Díaz, porque es el hilo conductor para saber que las alegrías suenan en todos los corazones provocando esa natural nostalgia, principalmente en este bendito diciembre.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

Así fue el final de la icónica entrevista de Diomedes Díaz con Ernesto McCausland

La Fundación Ernesto McCausland publicó en su canal de YouTube el final de la entrevista concedida por el cantante en 1991.

La Fundación Ernesto McCausland publicó en su canal de YouTube el final de la icónica entrevista que concedió el cantante vallenato Diomedes Díaz Maestre al escritor, periodista y columnista Ernesto McCausland en 1991 y que ha traspasado fronteras por la espontaneidad con la que el ‘Cacique de La Junta’ se refirió a la muerte y a la forma en la que se imaginaba su sepelio.

28 años después se conoce el final de la entrevista de la que se popularizaron frases como “No sé Ernesto, no sé”. En el fragmento nuevo Diomedes Díaz se refiere a la canción ‘Mi ahijado’, incluida en el álbum ‘Mi vida musical’ junto al acordeonero Juancho Rois.

Durante la entrevista Díaz Maestre mencionó que la canción era un homenaje a las madres, esposas e hijos de los padres que habían sido asesinado o habían muerto a causa de la violencia.

Protesto en esa forma por la muerte de muchos amigos, todos los que han perdido la vida inocentemente y han dejado sus hijos solos. Ese es el mensaje que quise enviarles en esta canción”, dice el cantante.

En una crónica sobre esa entrevista que publicó El Heraldo en el 2013, el medio de comunicación narró que esta había sido realizada en el mismo estudio donde Diomedes estaba grabando su nueva producción en la que más adelante vendría incluida la canción ‘Mi ahijado’.

Por El Pilón

Diomedes Díaz, ‘El Cacique’ inmortal

Crónica

“El triunfo de la muerte es el olvido, y con Diomedes Díaz eso no ha sucedido»: Jaime Pérez Parodi.

Por Juan Rincón Vanegas |@juanrinconv|*

«Ya regresa nuevamente el 26
día bonito que me llena de entusiasmo.
Ese fue el día, ese fue el día, ese fue el día
que a mí a este mundo me mandaron».

Aquel domingo 26 de mayo de 1957, día de San Felipe de Nerí y Santa Mariana de Jesús, nació Diomedes Díaz Maestre, en la finca ‘Carrizal’, jurisdicción de La Junta, municipio de San Juan del Cesar, La Guajira.
El mismo niño a quien el notario Nelson Urbina Daza, al llenar los requerimientos del documento en el Libro 8, Folio 525, en un lapsus escribió de su puño y letra que era de sexo femenino. Nadie se percató, y así quedó firmado por el propio notario y por Rafael María Díaz Cataño y Elvira Antonia Maestre Hinojosa, los padres del que tiempo después se convertiría en ‘El Cacique de La Junta’, como lo bautizó el cantante Rafael Orozco.

Diomedes, cuyos padrinos fueron Joaquín Elías Acosta y Amira Mejía, desde la hora de nacer llamó poderosamente la atención. Nació con los ojos abiertos entre cantos de aves y misterios de lechuzas, como lo reseña en un amplio relato el escritor Hernán Gutiérrez Hernández.
“Apúrese que la cuestión es pa’ ya» – dijo Perna Hinojosa el emisario que llevó la razón del parto de Elvira hasta el pueblo de La Peña, lugar donde esa noche parrandeaba Rafael, quien de inmediato dispuso el regreso, llevándose de paso a la mejor partera de la región, quien era bisabuela de la criatura a nacer.

En el trayecto no hubo contratiempos graves, salvo el susto colectivo ocasionado por una lechuza que se estrelló con el cuerpo de la partera la cual viajaba en una yegua mansa. Eso hizo que ella en medio de la oscuridad se involucrara en sus creencias religiosas acompañadas de hechicerías y mal agüeros. Como pudo sostuvo la rienda de la bestia con una mano y con la otra agarró el crucifijo que llevaba en una mochila junto con los elementos medicinales para el oficio. Enseguida, ordenó suspender el recorrido mientras rezaban los 15 misterios de la Virgen, después de cada Padre Nuestro y 10 Aves María.

Enseguida, continuaron el camino llegando a Carrizal donde fueron testigos del nacimiento del niño con los ojos abiertos antes de la fecha prevista.
Cuando Rafael descansó de festejar el nacimiento de su primer hijo cayó en cuenta que no había señalado la fecha correspondiente. Entonces fue al aposento y descolgó del barraganete la mochila donde guardaba un librillo en cuya portada de color ladrillo estaba estampada una foto que decía ser de un pintoresco británico llamado Bristol.

Como no sabía leer pidió a Elvira, su mujer, que marcara con anilina color rojo caoba el número y la lectura correspondiente, así como también la fase de la luna para no olvidar la fecha y festejar todos los años. “Domingo 26 de mayo, día de San Felipe de Nerí y Santa Mariana de Jesús, luna nueva, año 1957″, deletreó ella.

Decidieron entonces adelantar el bautizo y el nombre lo llevaron escrito en un cartón: Diomedes. La historia conoció al primero como uno de los héroes más importantes de la Ilíada y del ciclo troyano. Claro, eso no lo sabía Rafael, su padre, sino su padrino después de leerlo en una vieja enciclopedia”.

Así nació el hombre que marcó su propia historia cantada y que años después lleno de la más grande inspiración expresó.

Que soy un árbol de esos que nacen en la sierra
que con sus hojas se visten llenas de grandeza,
grandeza que me ha dado mi talento
caramba, para alegría de mi pueblo.

Elvira Maestre, ‘Mamá Vila’, siempre recordando a su hijo mayor

Mamá Vila

Cientos de añoranzas giran alrededor de Diomedes Díaz, pero su mamá Elvira Maestre, ‘Mamá Vila’, como la llaman sus nietos por cariño, contó detalles de los comienzos del consagrado artista.
“En esa época fue todo difícil por las necesidades que pasamos, y porque a Diome, así lo llamé siempre, le tocó trabajar desde muy niño. Después, gracias a mi hermano Martín, quien era acordeonero y compositor, fue despertando su amor por la música, y con el paso del tiempo se convirtió en inigualable. Gracias a Dios todo lo que cantaba le sonaba por todas partes. Él, de su vida no guardó secretos porque los convirtió en canciones”.

Hizo una pequeña pausa y después manifestó: “Lo de Diome fue de mucha lucha, de mucha entrega. Él, vendía limones, empanadas, tejía mochilas y su primer trabajo en Valledupar fue ser mensajero de la emisora Radio Guatapurí. Todo esto se recompensó tiempo después cuando alcanzó la gloria musical, ahora vendiendo una cantidad considerable de discos que grabó al lado de buenos acordeoneros, llenando casetas hasta llegar a ser inmortal”.

No había derecho a más preguntas. Ya lo había dicho todo al resumir en pocas palabras la vida de su Diome, un referente de la música vallenata.
A esa madre a la que el amor por su hijo mayor le sigue corriendo por las venas hay que agradecerle porque trajo al mundo a ese cantautor que alimentó por muchos años con cientos de alegrías cantadas a su fanaticada.
Ella, en su casa del barrio San Joaquín de Valledupar, no se cansa de platicar de su hijo, aquel que le expresó con toda la carga de su sentimiento: “Ay mamá, ojalá el mar fuera mío, pa’ dátelo con to’y pescao».

A la entrada a La Junta, La Guajira, tierra de Diomedes Díaz, está ubicada la estatua de la Virgen del Carmen

El milagro de la Virgen del Carmen

Diomedes Díaz, ‘El Cacique de La Junta’, logró en su fructífera vida artística grabar 455 canciones con 18 acordeoneros, entre ellas 92 de su autoría, y que nadie bailara en sus presentaciones sino que lo escucharan cantar, versear y decir sus célebres frases. Él, fue un devoto de la Virgen del Carmen, a quien nunca dejó de mencionar, venerar y hasta le hizo una petición especial.

Rosa Elvira Díaz y su hija María Fernanda

Este relato lo cuenta Rosa Elvira, hija mayor de Diomedes Díaz, quien el domingo 13 de junio de 2010 dio a luz a su primogénita.
“Cuando mi papá supo que había nacido su primera nieta se alegró y celebró. Mi niña, María Sofía, nació prematura y era tan pequeña que hasta cabía en una almohadita. Yo, vivía preocupada por su salud y mi papá ante esto me pidió que se la llevara a su casa del barrio Los Ángeles en Valledupar”.

En ese lugar estaba el abuelo tierno y noble que la tomó en sus brazos y la llevó directo al altar de la Virgen del Carmen donde se arrodilló. A la distancia, Rosa Elvira lloraba y solamente lo veía mover sus labios para pedirle a la virgen por su nieta. Pasado este hecho conmovedor se la entregó a su hija, diciéndole: “Mucha confianza, mucha confianza, se hará el milagro”.

Precisamente, el cinco de diciembre del año 2013, pocos días antes de partir de la vida, Diomedes se encontró por última vez con su nieta. Llorando la abrazó y le expresó: “María Sofía, mi linda María Sofía, a ti te salvó la Virgen del Carmen”…

Aquellos cantos

Diomedes Díaz es de los pocos artistas que narró su vida en cantos, y esa radiografía musical hizo que todos lo conocieran sin muchas veces verlo en vivo y en directo.
No hubo historia de su vida a la que no le cantara, hasta cuando su hijo Rafael Santos se dio cuenta que tenía su primera cana. La ocasión en que hacía tareas de mentira para que su papá Rafael María no le pegara. En otras ocasiones apareció como el cóndor herido que alzaba el vuelo sin rumbo fijo. En fin, fueron sus experiencias vividas, esas donde sufrió en las subidas y lloró en las bajadas.

También, una vez de allá arriba se vino en picada, pero tuvo el honor de caer en las manos de su fanaticada. Y como no recordar su tema ‘Cariñito de mi vida’, donde aquel tiempo de invierno en las montañas las cubrían las nubes en la cima, haciendo el milagro de reverdecer la sabana y colmar la fauna de alegría.

‘El Cacique de La Junta’ infinidad de veces quedó atrapado en las telarañas del amor, mostrando su corazón en versos y hasta le tocó acudir al cardiólogo para que le tomara un electrocardiograma porque lo tenía maltratado e incluso quiso trasplantárselo para que saliera más resistente al dolor.
Claro, que las serenatas nunca faltaron como en aquella famosa ventana marroncita o la dedicatoria que hizo a los que festejan sus cumpleaños para que compartieran esa gran bendición. “Y yo te vine a cantar esta canción y te deseo mucha felicidad”.

Impacto musical

Los cantos interpretados por Diomedes Díaz, comenzando desde el año 1976 hasta el 2013, no han dejado de sonar por todas partes, y hasta se presentó una exitosa telenovela donde se recreó la vida del artista.
Este fenómeno musical al analizarlo desde la lupa de la psicología tiene la connotación del gusto por lo popular que lograba unir a su fiel fanaticada, esa que nunca lo abandonó.
En este sentido el investigador, catedrático y cantautor Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, señaló. “Diomedes fue grandioso, extraordinario, fuera de serie e hizo un último trabajo discográfico en donde le dio cátedra a todos. Además, la figura que más ha logrado calar en el espíritu de la gente y el querer mismo, es Diomedes Díaz”.

Todo el fenómeno de su permanencia en el gusto popular se encierra en la frase dicha por Eneida Isabel Cuadros Solís, una veterana del folclor y fiel seguidora quien todavía y sin falta le celebra su cumpleaños en San Juan del Cesar, La Guajira. “El amor de su fanaticada por Diomedes Díaz y sus canciones sigue intacto. No baja una línea”. En aquel instante se quedó pensativa y por cada recuerdo iba arrojando una lágrima. Era claro, su rostro se pintó de nostalgia.
De igual manera, los distintos medios de comunicación al hacer reseñas del artista lo resaltan como aquel jovencito que se colaba en las parrandas y solicitaba cantar hasta llegar a estar entre las máximas figuras de la música vallenata.

Yo sabía…

Corría el año 1993 cuando Rosa Elvira Díaz viajó de Valledupar a Bogotá con la finalidad de presentar examen de admisión en la Universidad Manuela Beltrán, bajando en el apartamento de su papá. Al corresponderle ir a la cita universitaria, rezó con su papá ante la imagen de la Virgen del Carmen. Ella, se fue confiada y días después al reclamar el resultado observó que había ocupado el primer lugar.
Emocionada, regresó cuando Diomedes iba saliendo de viaje. Al verlo le dio la buena noticia. Él, muy sereno la felicitó, la abrazó, le dio un beso en la frente y le dijo: “Hija, yo sabía”…

Si, él además sabía que en la vida hay cosas del alma que valen mucho más que el dinero, que el hombre no vale por el terreno que pisa, sino por el horizonte que descubren sus ojos, que la envidia es una enfermedad como el cáncer, incurable; que llevaba en su alma prendida a toda su fanaticada y que el día que se acabara su vida dejaba su canto y su fama.
Hoy, desde el silencio de los corazones y el recordatorio de su cumpleaños, es necesario poner en primera fila aquella frase del cantor campesino que nadó contra la corriente triunfando a pesar de tantas caídas de las que supo levantarse: “Yo no sé cómo se paga este gesto tan bonito, quiero repartir mi alma y darles a todos un poquito”.

Cuando las canciones de ‘El Cacique’ inmortal se escuchan día a día con más fuerza, es preciso repetir dos frases elocuentes que calcan en toda su grandeza al hijo de Rafael María y Elvira Antonia: “El triunfo de la muerte es el olvido, y con Diomedes Díaz eso no ha sucedido», (Jaime Pérez Parodi). “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”, (José Martí).
El olvido nunca estará presente en la historia de Diomedes Díaz porque se convirtió en el más grandes gestor de alegrías. Esas alegrías que supo trasmitir de la mejor manera, en dosis de cantos y versos del alma que llegaban para recordar…

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

DIOMEDES, INOLVIDABLE CANTAUTOR

Por Jose Atuesta Mindiola

El legado artístico de Diomedes Díaz Maestre lo eleva a la categoría de cantautor inolvidable, sus canciones siguen en el corazón y en la memoria de los amantes de la música vallenata. El memorable periodista Carlos Alberto Atehortúa, en una entrevista le dijo que su nombre debería ser Diomedes Dionisio, por ser un guerrero del arte musical y por su afición a las delicias del vino.

En la mitología griega: Diomedes, el guerrero indomable y valeroso, acaso el más bravo junto a Aquiles, y protagonista en los principales pasajes de la guerra de Troya. Dionisio, el dios del vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis. El peso mitológico de estos nombres, de alguna manera, marcaron su personalidad, porque desde temprana edad muestra sus facetas de luchador hasta alcanzar la cumbre del triunfo, y de su inclinación a los placeres del vino y a los ritos de las conquistas amorosas.

Nuestro afamado cantautor vivió estremecido por la alucinación de Las Musas, tal vez en su alma apuntaba la innegable intuición que por boca del filósofo Sócrates se le atribuye a Platón: “Todo aquel que osara aproximarse al santuario de la Poesía sin estar agitado por este delirio de las Musas, quienquiera que estuviese persuadido de que el arte le basta para ser poeta, quedaría lejos de la perfección, siempre sería eclipsada la poesía de los sabios, por los cantos que respiran divina locura”.

Diomedes vivió la divina locura, con el don de la gracia para el canto. Era un cantante natural que ostentaba el poder de seducción, y cautivaba e irradiaba pasión y éxtasis. Era un actor que vivía la canción, contagiaba sentimientos, se mecía entre las olas del goce romántico del amorío y la lejana penumbra del despecho. En ocasiones, el movimiento de sus hombros bordeando la caligrafía del remolino incitaba a la euforia en los corazones desbordantes por los alegres acordes de un merengue vallenato o de otro ritmo tropical.

La aurora musical de esa divina locura empieza a despuntar en la voz de Rafael Orozco cuando le graba con el acordeón de Emilio Oviedo, “Cariñito de mi vida”:

Y se alegra el campesino
la esperanza lo emociona,
y yo entre más días te deliro
en invierno y verano, a toda ahora…
.

Como lo afirma el escritor Ramón David Jiménez, “el amor suaviza las angustias del presente y también matiza las meditaciones del sujeto sobre su devenir y su desenlace. Sí, el amor no somete a la muerte, pero la integra a la vida. Nos devuelve a nuestra cruda realidad: somos hijos del tiempo y como hijos del tiempo, nuestros días están contados”.
En su debut como cantante (1977) al lado del rey vallenato Nafer Duran, Diomedes desgrana su faceta de gran compositor popular en los versos de la canción “El Chanchullito”.

En tu casa están pendiente
le teme hasta el espejo,
si no nos mata una peste
nos vamos a morir de viejo.
Como los dos nos queremos
nos unimos prontamente…

Pero no hay duda de que unos de los versos mejores de Diomedes, por su originalidad y su imagen poética vital, son los de “Mi Primera Cana”:

Una hebra de cabello adorna mi cuerpo
una hebra de cabello adorna mi alma
ay! ve mi primera cana noticias de mi vejez

….
Ay adiós se va mi juventud
y ahora ya no la vuelvo a ver
se va llena de gratitud
y me deja solo con mi vejez ….

No fue ajeno el compositor a los golpes duros de la violencia ciega que ha desangrado desde hace muchos años a los hogares de Colombia. En momentos de profunda tristeza, manifiesta su solidaridad de amigo y compadre y canta con sutileza y alma provinciana “Mi Ahijado”:

Le compuse estos versos a Pachito
para que así recuerde a su papá,
porque hombres como él somos poquitos,
que viven como vivió Jesucristo
y mueren a muy temprana edad

De este tipo de canción inspirada en las entrañas familiares, aunque no nacida en el dolor sino en el amor paternal, está “Mi Muchacho”. Sin embargo, las dos canciones de su autoría más escuchadas por sus mensajes y sus melodías frescas y pegajosas, son “Tu cumpleaños” y “Oye Bonita”:

Oye bonita, cuando me estas mirando
yo siento que mi vida cubre todo tu cuerpo.
Oye bonita, me siento tan contento
que en el instante pienso
cómo será mañana
….

Diomedes en los cortos y largos años de su vida en el arte musical, cumplió con la doble misión de componer y cantar. Su edad física era de 56 años, relativamente joven, pero larga fue su experiencia en el campo musical. Vivió sin prisa, y el tiempo le alcanzó para escribir muchas canciones e interpretar hermosas melodías, para amar intensamente y ser amado. Ahora, después de su muerte, sigue viviendo en otra dimensión: en la inmortalidad de las canciones. En la composición fue versátil en la temática. Compuso a todos los matices de la vida, del amor, del olvido, de la alegría, la tristeza, al hijo, al padre, a la madre, al ahijado huérfano. Fiel a sus ancestros campesinos, escribió versos sencillos, trasparentes, enraizado a la poesía popular.

Diomedes vivió lo que tenía que vivir. Nadie puede ufanarse de profeta para cuestionar la vida del artista y propagar las falsas afirmaciones de que no quiso morir de viejo. No murió por el desorden ni por su desobediencia; si así de fácil fueran las cosas de la vida, los niños no murieran. La dialéctica de la vida es la muerte, ella no nos espera, nos sigue; es como una sombra invisible que desde que nacemos viaja atada a nuestros pies. El tiempo de morir no tiene edad. La muerte desconoce horas y calendarios, en cualquier instante puede llegar silenciosa en diferentes maneras: por un accidente, lenta por una larga enfermedad o súbitamente por un infarto en el corazón. Esta muerte mucho la prefieren por el viejo aforismo de algunos poetas: morir del corazón es un privilegio de los románticos.

Existe en el ser humano la tendencia inquisidora de juzgar y pretender imponer nuestras razones a los demás. La vida del artista, no es la vida privada, es su obra. El nobel de Literatura Octavio Paz, refiriéndose a Fernando Pessoa -el poeta portugués más importante del siglo XX, muerto muy joven por su adicción al alcohol- dijo: “Los poetas no tienen biografía; su obra es una biografía”. De Diomedes Díaz, el cantautor más exitoso en la historia de la música vallenata, puede afirmarse que sus canciones y su carismática interpretación son su biografía. La vida del artista son los atributos de su obra y las bondades de su talento-.

Somos un encuentro de albor y de penumbra en las manos de Dios, ahí pasan los sueños como racimos de relámpagos y los días son girasoles temerosos del crepúsculo. Diomedes era un ídolo de multitudes. Un verdadero artista popular, y como ser humano: una luz intensa en su arte, y una débil sombra en sus errores. De luz y sombra somos todos. El poeta José Martí decía: “El sol quema con la misma luz que alumbra. Los resentidos hablan de las quemaduras; los agradecidos hablan de la luz”.

Agradecidos estamos todas las personas a quienes nos gusta la música vallenata, por la alegría y la felicidad que nos regaló Diomedes en sus canciones, que permanecen como tatuaje indeleble en la piel del alma, o como fresca cicatriz en la memoria. Todos los que pertenecemos a la generación de los años dorados de Diomedes, tenemos recuerdos inolvidables de sus cantos. En mi caso personal, Fantasía, la hermosa canción de Rosendo Romero, es el puente de conquista a mí señora Belky Josefina Salas: “Ese que escribe versos repletos de verano estando en primavera, ese soy yo….

BLOG DEL AUTOR: Jose Atuesta Mindiola