Juana Julia Guzmán una gran líder del siglo pasado

Félix Carrillo Hinojosa

«Son muchos los hechos que pueden mostrar la lucha de las mujeres en Colombia que va de la resistencia contra los conquistadores españoles, la disputa de la tierra en el siglo XIX frente a los terratenientes, que solo hasta el siglo XX hubo conquistas organizadas en busca de obtener unos verdaderos derechos fundamentales, lucha que en este siglo, persisten. Hoy día son más colectivas, que reducen cada vez más las posturas patriarcales, que va desde un frente nacional hasta la democracia posconstituyente, que ha imposibilitado la consolidación de un movimiento de mujeres con una agenda más aterrizada en el análisis del sistema político y cultural del País, que consolide los derechos sexuales y reproductivos en contra de la cultura machista.

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Adriana Lucía, talento artístico y sensibilidad social

Félix Carrillo Hinojosa

Las mujeres llenas de bullerengue cantan y evocan en sus danzas los ritmos ancestrales, que perviven en los más sencillos lugares como muestras indestronables del paso de tantos seres diversos. Bajo ese influjo nació y creció una niña que le ha dedicado su vida a la música, unas veces cantando, otras, componiendo o rescatando ritmos del ayer que quieren perderse y que ella en su afán dinámico de preservar, los divulga para que no mueran.

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Jorge Oñate «El Jilguero » a 9 meses de su vuelo

Félix Carrillo Hinojosa

Un noveno mes llega a la partida física de Jorge Oñate. En medio del dolor que significa su partida, es bueno recordar pasajes de esa vida rica en lo musical que vivió y nos hizo sentir para bien del vallenato.Después de salir de los Hermanos López y vivir una unión fugaz con Emiliano Zuleta Díaz, comprendió que su voz debía seguir y que su liderazgo no tenía que ser solo como cantante, sino poner sus conocimientos al frente de la nueva agrupación que conformara.

Tuve la fortuna de acompañarlo en varias uniones. Siempre que eso ocurría, me buscaba en el Barrio Simón Bolívar donde vivía, para saber que opinaba sobre su futura o ya tomada decisión. Referente a Nicolás Elías Mendoza Daza le gustó mucho cuando saliendo del barrio, le dije, «El acordeonero que debe acompañarte es «Colacho», viene renovado en su estilo.

Mira lo que tocó con Poncho. Es un hombre serio y tiene un nombre consolidado», no había terminado de decir eso, cuando freno su carro y me dijo, «no se diga más, yo pensé lo mismo». Nos fuimos para la casa del reconocido músico. Lo que vino fue una bonita historia musical.

Estando en su pueblo natal, llegó buscándolo Diomedes Díaz para darle unas canciones, mientras Jorge se cambiaba hablamos de los temas que tenía. Al salir, le dijo, «qué dice el Cacique de Carrizal. Sus viejos como están?». Al tiempo que escuchaba los temas, se movía con alegría y aprobación. «Esas las grabó yo», dijo. Diomedes lo abrazó. Jorge nos invitó a Valledupar, al ir por toda la calle del Cesar, detuvo su carro y se ubicó a mano izquierda.

Hizo bajar a Diomedes. Los acompañé. «Escoja dos camisas, dos pantalones y un par de zapatos», le dijo Jorge. Así se selló una admiración que en medio de la competencia artística y de los seguidores que llevaban y traían, tratataban de decir más de lo que realmente ocurría. Si no se hubiera dado esa competencia, ninguno de los dos hubiera crecido como lo hicieron. Diomedes bebía con la música de su maestro, como le decía y Jorge no le perdía pisado a quien consideraba su verdadera competencia.

Al separarse de «Colacho» me opuse, porque no hubo razón para hacerlo. Fueron muchas las razones que le esgrimí, entre ellas, «que el caracolicero estaba vivo musicalmente y que no se le hiciera raro que se uniera a Diomedes», como en efecto ocurrió. Si bien es cierto, que la unión con Raúl Martínez fue ganadora en todos los aspectos, Jorge se la jugó con un joven acordeonero que nunca había grabado, quien en tres grabaciones dejó obras que engrandecen el clasicismo vallenato.

Por situaciones difíciles que vivió «El Chiche» se dio paso a la unión con Juancho Rois, quien venía de grabar con Juan Piña y Elías Rosado y había tenido aceptación sus producciones musicales.De nuevo Jorge fue a buscarme a donde vivía. Nos sentamos en el andén de mi casa. No pasaron muchos minutos, cuando la romería se hizo mayor para conocer a su cantante preferido. Juancho Geles me dijo, «pero esos estilos no se parecen».

«Eso es verdad, pero Jorge sabe mucho como se doma ese potro creativo que tiene Juancho».A finales del año 80, se da la grabación y pude acompañarlo en el hotel Bacatá durante un mes. Una mañana del domingo, después de escuchar las pistas, le dije, «escribí algo para esa unión». Después de leerla, dijo, «aprobado, el lunes se la entrego a Gabriel Muñoz». Así ocurrió y desde ese momento, hace 41 años, Fercahino creó una nueva manera de diseñar y presentar los productos musicales del vallenato. Esa es otra historia bonita.

Me opuse a la separación con Juan Humberto. Fue una discusión larga, que terminó acompañando al acordeonero que había ido al hotel en busca del reencuentro, pero mi querido amigo, hermano y compadre dijo con un no rotundo, que hasta ahí llegaba esa película musical.Llevé al acordeonero Sanjuanero a varios medios y luego de unas llamadas que hizo, decidió irse a España, donde duró un buen tiempo, que lo hizo madurar muchas ideas que luego uso en su reecuentro con Diomedes.

Mientras tanto el artista de la Paz, hacía contactos para que no lo dejara solo, porque no me gustó la manera como se dieron los hechos, después de encontrarnos en la calle 19 con carrera 5, me dijo, «quiero que escuche las canciones que traigo para grabar con Álvaro López». Me convenció y después de escucharlas, le dije, «Irene es el gran éxito», «Yo pienso lo mismo», me ripostó. Esa es otra historia bonita en la que escribí varias veces.

No tuve de acuerdo con la separación que se dio con Álvaro López, por una sola razón, «estaban consolidados como grupo», pero valieron mas las consejas de personas cercanas al cantante, que esa realidad.Así se dieron muchas uniones artísticas y su carrera musical se extendía.Peleábamos como dos hermanos, al final de todo, me buscaba él o lo hacía yo. Lo nuestro no era la lambonería usual en pos de grabarme una canción, sino una familiaridad que nació en 1972, en pleno quinto festival. Una historia que contaré después como haré de los muchos trabajos periodísticos que realicé para bien de su vida artística.

Al tiempo, ambos crecimos y nos ubicamos, en el puesto que cada uno de nuestros talentos propició.En Jorge Oñate pude encontrar una persona que siempre se preocupó por tener a los mejores músicos, especie de selección Brasil. Siempre trató al autor /compositor con mucho respeto. No importaba el lugar, allá iba a buscar la obra. Muchas veces lo acompañé a esas correrías. Nunca dudó, en ser solidario con el momento que vivían esos creadores y sin que nadie se diera cuenta, su mano amiga se hacía sentir.

Hoy, en donde el tiempo avanza y ya no está con nosotros, serían muchos los hechos que puedo narrar para bien de su imagen, que muchos panfletarios tratan de desdibujar, al presentar una imagen del ogro perseguidor, cuando su franqueza solo era una forma de ser, de alguien que como él, también lloraba de dolor, sufría y era muchas veces incomprendido, mientras su generosidad, pasión por su música lo hizo quererla más, que todo lo que tuvo. Jorge Oñate vivió solo para su música»-Fercahino

Jorge Antonio Oñate González nació en La Villa de La Paz, Robles, hoy Cesar, el 31 de marzo de 1949 y falleció el 28 de febrero de 2021, Medellín, Antioquia. Padres Delfina Oñate y Daniel González. #RelatosFercahino

Félix Carrillo Hinojosa

Falleció Máximo Jiménez

Félix Carrillo Hinojosa

Falleció hoy en Montería, Córdoba, en la UCI de una clínica, Máximo Jiménez, uno de los relatores sociales que tuvo la música del Caribe. Sus obras y de otros creadores sirvieron como denuncia de los diversos problemas que tiene Colombia, la mayoría de ellos sin resolver. A muchos textos del escritor David Sánchez Juliao le puso música, entre ellos, «El indio Sinuano», la que grabó como un paseaito.

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Egidio Cuadrado: un acordeón lleno de Grammy

La Academia Latina de la Grabación, entidad que organiza el certamen, decidió reconocer el trabajo cultural de este músico colombiano, a quien se le entregará el Grammy a la excelencia artística, el 17 de noviembre.

Félix Carrillo Hinojosa*

Egidio Cuadrado publicó hace poco un álbum en el que incluyó nueve composiciones propias. / Fotógrafo: Sergio Rodríguez. Cortesía: Paola España Comunicaciones

Detrás de las grandes conquistas artísticas que encierra la música vallenata hay unas historias llenas de alegría y otras de tristeza, que son pasos casi que obligados para la construcción de las varias caras que tienen la gloria y el fracaso. La de este personaje no lo es menos, porque su vida la ha entregado a la ejecución del acordeón durante más de seis décadas, actividad que invita a unir las manos y darle loas porque cada día recoge los grandes frutos de su persistencia artística.

Tan cierto es, que la Academia Latina de la Grabación, el ente que organiza el premio Grammy, decidió reconocer su trabajo cultural a través de su consejo, que determinó entregarle este 17 de noviembre el Grammy a la excelencia artística a Egidio Cuadrado Hinojosa, durante una ceremonia que tendrá lugar en el hotel Four Seasons de Las Vegas.

Todas sus conquistas artísticas nos llevan a mirar hacia el 26 de febrero de 1953, cuando la vida de Cristina Hinojosa estaba en peligro y fue llevada de urgencia al hospital de Villanueva, población de La Guajira. Allí fue atendida por los médicos Martínez y Fuscaldo, quienes al examinarla determinaron que el tifo en grado extremo que padecía ponía en riesgo su vida y su criatura, de casi siete meses. Los especialistas estaban en la disyuntiva de salvarla a ella y no al bebé. Eran pocos los minutos que tenían para decidir. Al final, corrieron el riesgo de salvarlos a los dos. La fragilidad del recién nacido y el tratamiento al que fue sometida hicieron de la madre y el hijo una sola vida.

Cuando Egidio Cuadrado tenía seis años, cada vez que su hermano Hugues se iba para la sierra, corría al sitio donde dejaba guardado su acordeón de dos hileras. Lo bajaba de donde estaba guindado y empezaba a hablar con él. Mientras escuchaba la radio que ponía música vallenata, él se parapetaba a la usanza de un juglar y empezaba su sonsonete de siempre. Así aprendió a repetir las melodías hasta el cansancio de La múcuraLa piña madura y Así soy yo.

Su primer conjunto lo organizó cuando tenía doce años, al lado de Carlos Rivera y sus hermanos Carlos, José y Hugues, quienes tocaban las maracas y el redoblante, en remplazo de la guacharaca y la caja. Ahí fue donde comprendió que su destino estaba vinculado al llamado de los sonidos del acordeón.

En los años 70, su casa se volvió un punto de encuentro musical. Allí llegaban personas de todas las edades, en busca de ser escuchados como compositores y cantantes. Entre ellos, llegó un jovencito de Carrizal, con quien lo unían lazos familiares. Era Diomedes Díaz Maestre, con quien inició un periplo interminable de ensayos, en donde los días le daban paso a las noches, como único medio para buscar la afinación, los arreglos perfectos y la canción adecuada y montar así su proyecto musical.

Un año después de fallecer su madre, Cristina Hinojosa, en 1977, decidió irse para Bogotá en busca de mejores horizontes. Fue el primer acordeonero que le brindó la oportunidad de grabar a Iván Villazón, en 1979.

En una parranda organizada por Enrique Santos Calderón, director en ese entonces de El Tiempo, llegaron Margarita Rosa de Francisco y Carlos Vives, protagonistas de la novela Gallito Ramírez. Su hermano Heber le pidió al actor que cantara con ellos. Con El cantor de Fonseca y Ausencia, comenzó lo que se conoció más adelante como La Provincia, un proyecto que revolucionó el mundo vallenato dentro y fuera del territorio nuestro. A la serie Escalona llegó por insinuación del expresidente Alfonso López Michelsen, donde, además de tocar la música del reconocido autor, fue actor de reparto.

Tras actuar juntos en la serie Escalona, de Caracol Televisión, bajo las indicaciones del director Sergio Cabrera en 1990, grabó junto a Carlos Vives dos producciones musicales vallenatas con Sony Music; Escalona: un canto a la vida, en 1991, y luego Escalona Volumen 2.

Tras el éxito alcanzado por la producción y su popularidad interpretando al compositor Rafael Escalona, Carlos Vives decidió crear un grupo de música vallenata con fusiones de rock y pop, dando vida a la agrupación La Provincia, del que es base fundamental el acordeón de Egidio Cuadrado. Ante la no aceptación por parte de la empresa para la que habían hecho los dos productos musicales, en 1994, grabaron el álbum Clásicos de La Provincia bajo el sello Sonolux (Colombia) y Discos Philips-Polygram (Internacional).

La historia discográfica de Egidio Cuadrado Hinojosa comenzó en 1977 y no ha parado, así como sus reconocimientos. En la actualidad, grabó un producto musical en el que canta al lado de varios artistas reconocidos: Carlos Vives, Gusi, Jorge Celedón, con nueve obras de su autoría: El don que Dios me dioContigo vivo contento y Las verdes y las maduras, así como Esperanza, de Rafael Escalona; La espina, de Gustavo Gutiérrez, y Aún te quiero, de Daniel Celedón. Para este registro, Cuadrado tuvo la producción de Luis Ángel Pastor el Papa y todo el elenco de La Provincia.

Cuando se enteró de la distinción que la Academia le va a otorgar, Egidio Cuadrado manifestó, “Este reconocimiento que me hace la Academia y este regalo que Dios me da me llena de mucha satisfacción. Es un sueño hecho realidad. El acordeón es todo para mí, siempre lo llevaré en el corazón a los lugares que vaya. Se lo dedico a la música vallenata, que es todo para mí”.

En relación con este Grammy a la excelencia, Gabriel Abaroa Jr. expresó, “Es un gran honor brindarle reconocimiento a este notable grupo de artistas legendarios, pero a la vez muy activos con el Premio a la Excelencia Musical y el Premio del Consejo Directivo de este año. Sus sobresalientes logros han creado un legado en el mundo de la música latina que trasciende generaciones y fronteras”.

Egidio y Carlos
Félix Carrillo Hinojosa

*Escritor, periodista, compositor, productor musical y gestor cultural.

Chabuco, un caminante de la música

Félix Carrillo Hinojosa

Este artista siempre ha visto el vallenato desde otro ángulo y con ese lente en 2021 logró sus nominaciones al Grammy Latino con el álbum “Chabuco desde La Habana” y con la canción “Más feliz que ayer”.

Chabuco ha compartido tarima con artistas como Alejandro Sanz, Rosario, Diego El Cigala y Antonio Carmona. / Archivo particular

La comadrona del pueblo incrustado en la serranía del Perijá, en donde sus juglares lanzan versos para que se irriguen por montes, veredas y pueblos vallenatos, estaba molesta. Iba de un lugar a otro al enterarse por las ondas hertzianas de su radio que uno de sus muchachos, que había recibido con amor en una madrugada fría, no era de Manaure sino del Valle, según dijo un locutor con voz ronca.

Mientras ella buscaba las pruebas en su cerebro sometido por los años, vociferaba en voz alta, “qué Chabuco ni qué Chabuco, él se llama es José Darío”. A varios minutos de ahí, en Valledupar, otra mujer entrada en años brincaba en un solo pie: “a ese Chabuco lo vi chiquito aquí, lo llevaba su padre de la mano y en la otra sostenía su guitarra. Y más de una vez lo cargué, me faltó fue darle la teta”.

Mientras esa piqueria cogía fuerza, el personaje central de esa película tenía entre pecho y espalda la música del pasado, que supo captar cada vez que su padre recorría sus dedos por esa guitarra trasnochadora y dejaba regadas sus querellas de amor como cualquier pirata por el barrio Loperena.

Al tiempo que el Café La Bolsa acolitaba a tantos músicos, conocidos o no, el joven intérprete no quería correr la suerte vivida por muchos genios que, junto a su padre, quedarían como un recuerdo más en esa retahíla de un narrador perdido en su propia madeja.

Sin mucha algarabía en su despedida, pisó tierra andina. Nada fue fácil, nunca lo ha sido para él. Sus propios paisanos lo ven como un espécimen raro, como si no fuera de allá. Pero él en su tozudez empezó a hilar un diálogo entre su música y tantos sonidos que hay en el mundo, para combinar entre ritmos y danzas y crear algo diferente. Ese proyecto no es más que “una locura”, dijeron en coro muchos de los que estaban cercanos a él, y si lo trasladamos a nuestra tierra, se “esparramarían” a todo pulmón con sus voces para sentenciar: “ese sí está loco de remate”.

En ese pugilato sostenido por las dos mujeres y sin saber por cuál debía decidirse, el muchacho, que se sentía atraído por la música, acogió en silencio y sin refutar la palabra del padre, quien lanzó ese apodo que sentenció en una de esas decisiones acertadas, en cuyo amanecer etílico decidió elogiar a una creadora insigne. Y fue por ella, por Chabuca Granda, solo por ella, que su padre, lleno de una oratoria premonitoria, afirmó: “tú eres Chabuco y punto”.

Con ese remoquete, unas cuantas vestiduras y esa fiebre de tragarse las calles bogotanas, empezó su búsqueda, incomprendida la mayoría de las veces. Eran los años 90 de una ciudad cerrada, en donde los estudiantes de la provincia lo primero que metían en sus maletas de cuero eran los elepés de sus músicos preferidos, los libros y folletos que hablaran de sus ídolos.

Las melancólicas amanecidas de los nativos de Bogotá, que en ese entonces se acostaba temprano, fueron transformadas por el grito de un “uepajé, que viva el vallenato”. Fue tan profundo el cambio, que las mujeres de esa ciudad aprendieron a bailar y ellas, por decisión propia, organizaban las fiestas vallenatas y en vez de poner aquellos acetatos de los abuelos, dejaban correr por ambas caras lo nuevo que estaba circulando en la naciente industria musical.

Mientras todo eso ocurría, el muchacho seguía insistiendo a pesar de tantos no, hasta que al fin se dio una de las muchas propuestas que hizo y fue a grabar con una nueva agrupación conformada por muchachos soñadores como él. Con Los Pelaos se dio la primera puntada de lo que sería el vaso de la gran mochila que tejería Chabuco con su voz. La alegría fue mucha, pero duró poco, y ante esa realidad entendió que debía pensar en su propuesta como solista. Y fue la publicación, en 2004, del álbum Morirme de amorel toque ideal para reafirmar de qué estaba hecho.

Cuatro años después, decidió publicar Nació mi poesía, lleno de una madurez visible, la cual se notó en un producto cuyas obras como Amor para dosPorque quiero que me quierasDeja que tu alma se enamore y Te quiero dar, le mostraron el camino de la exploración.

El Café La Bolsa es el regalo que les brinda en 2011 a tantos gitanos del arte que ese lugar vio desfilar y que su padre le contó con lujos de detalles. Esa semblanza, muy cerca de la realidad, de un tiempo vital, en el que Valledupar moldeaba su futuro.

Ese marco llevó a Chabuco, que no ha dejado de ser José Darío, a brindarles a sus seguidores un producto musical con más raíces vallenatas, pero con un mayor diálogo con otras músicas del mundo. Para lograrlo no podían faltar Nido de amor, La casa en el aire, Así fue mi querer y El amor amor, entre otros temas cargados de arreglos diversos con vestidos flamencos, bolerísticos y jazzísticos, que estuvieron a la altura de la producción y que lograron impactos importantes en otros rincones del planeta.

Para 2013 fue publicado un nuevo trabajo discográfico del músico,De ida y vuelta, cuya influencia está marcada por la presencia de Josemi Carmona, un exintegrante de la agrupación Ketama, cuya fusión del vallenato con el flamenco es evidente y fortalece los lazos de hermandad que entre las músicas del mundo existen. En esta nueva propuesta, el artista Chabuco sabe que el vallenato se puede entrelazar con otros géneros, así que el acordeón no es reemplazado, sino que sus sonidos se unen a otros instrumentos.

Así muchos no lo crean, él es un celoso a rabiar de sus raíces, las que conoce pese a su visión juvenil y cada vez que le toca compartir escenarios con artistas de la categoría de Alejandro Sanz, Antonio Carmona, Rosario y Diego El Cigala, muestra lo que tiene Valledupar para mostrarle al mundo. De todo eso logrado no se ufana, como hombre de teatro sabe que cada paso que se da es un nuevo camino que se construye. Es un convencido de que su música cada día adquiere más dolientes que la defienden por su calidad.

En 2017 se trasladó a São Paulo (Brasil), donde se inició la grabación del trabajo Encuentros, con un sonido vallenato alternativo, cuyo romance con el bossa nova y los instrumentos como el piano y el arpa, se evidencia a manera de cruce de caminos. Allí aparecen temas como Amor compradoBesito de agua y Margarita.

Chabuco – Margarita (Lyric Video) ft. Vicente García, Jose Quiñónez

Chabuco desde La Habana es un producto lleno de armonía caribe, cuya riqueza se pasea entre el amor y el desamor. Es la sorpresa que les tenía el artista a sus seguidores. Es un trabajo independiente que marca su verdadera historia a partir del 21 de mayo de 2021 y que le propicia una de sus mayores alegrías: estar nominado como Mejor Álbum Tropical Tradicional y Mejor Canción Tropical con el tema Más feliz que ayer.

Este nuevo sueño musical contó con la producción de “Cucurucho” Valdez, nieto de Hugo Valdez, y se hizo en el ambiente de La Habana, en Cuba, imperio musical del Caribe, cuyo repertorio está sustentado por temas como La golondrinaMás feliz que ayerLa vida es como un sonUn bolero azul y Por ahora.

Las visiones musicales que plantea el canto de Chabuco están encaminadas a enamorar con su música e incitar a lo fraterno, poner a bailar en un romanticismo cuya altura emerge a través de quienes danzan. Es una música madura hecha por gente joven, y su rítmica y armonía ponen en un tiempo actual mucho de lo que se hizo en el pasado.

Ese juego de tiempos insertado en su nuevo producto musical pone al que escucha, al músico de ayer y al de hoy, a vivir un goce agradable, que hace ver a la América libre y musical, firme y con la fortaleza de salir siempre adelante.

Es un trabajo musical hecho con mucha naturalidad. Cada golpe que dan las manos de los músicos sobre sus instrumentos representa un resurgir de nuestras culturas que niega cualquier proceder avasallante de un pueblo sobre otro. Las músicas que se hacen en nuestro continente son libertarias. Si lo llegan a dudar, les paso una tarjeta de invitación para que se deleiten con Chabuco desde La Habana, creo que es placentero escuchar a nuestro vallenato abrazado con los sones cubanos.

Félix Carrillo Hinojosa

*Escritor, periodista, compositor, productor musical y gestor cultural.