José Barros navega en ‘La Piragua’ del recuerdo

JOSE-BARROS


Hace diez años por todos los rincones de El Banco, Magdalena, y pueblo vecinos, no dejaron de sonar durante muchas horas las canciones del maestro José Benito Barros Palomino, como homenaje al baluarte del folclor colombiano, a quien le alcanzó la vida para disfrutar el triunfo y recibir importantes homenajes.

Su figura era tan importante, respetada e incluso venerada que todos guardaron luto y coincidieron en señalar que había partido la máxima gloria del folclor colombiano, el hombre que compuso canciones en todos los ritmos y que nunca desentonó.

Su larga vida, murió a los 92 años, estuvo llena de éxitos, que se consolidaron con el Festival de la Cumbia creado en su honor.

En aquella ocasión las voces, aunque roncas, no dejaron de entonar conocidas melodías que él muchos años atrás había sacado de lo más profundo de su inspiración.

Como olvidar las palabras de Monseñor Jaime Enrique Duque Correa, cuando habló de los dones que Dios le otorga a cada ser humano.

“El maestro José Barros fue un genio de la música y vocero de todo un pueblo con sus canciones. En cualquier oportunidad todos nos sentimos interpretados en sus cantos. Él, con su corazón noble y bueno fue fiel intérprete de nuestros sentimientos y por eso su consagración dentro del folclor colombiano”.

La inmortalidad

La inmortalidad del maestro José Barros se escenifica a través de su obra. Para corroborar lo anterior contaba Juan Gossaín que una señora española le pidió a Gabriel García Márquez que le autografiara un ejemplar de ‘Cien años de soledad’, no sin antes decirle que lo admiraba no por la imaginación, sino por el dominio del lenguaje.
El escritor se detuvo. Le sonrió y le dijo: “En mi tierra un músico popular, refiriéndose a una antigua canoa que viajaba por el río, escribió este verso: “Ya no cruje el maderamen en el agua”. Maderamen, señora. Maderamen.

¿De qué se sorprende usted?

Exactamente, es un verso de la célebre canción ‘La Piragua’ que era propiedad del comerciante Guillermo Cubillos, esa misma que se paseaba de El Banco, viejo puerto a las playas de amor de Chimichagua donde se quedó para siempre.

El día de su partida se recordó que le tocó ser un caminante por diversos senderos del mundo donde trabajó, cantó y demostró que los pesares también se cantan, así lleguen muchas navidades negras y el pescador se niegue a ir a su faena diaria porque es fuerte el rumor a cumbia y a aguardiente.

También su familia se comprometió a enarbolar las banderas de sus cantos y del Festival de la Cumbia para que nunca mueran.

La tarde de su sepelio cayó llena de tristeza en medio de un sofocante calor y en ese momento se conoció la frase que dejó reseñada en una libreta: “Yo, el maestro José Barros, voy navegando por los mares de la muerte…en una Piragua”.

..Y los abuelos nos seguirán contando por los siglos de los siglos que por el río Cesar y la ciénaga de Zapatosa navegaba una piragua, de 15 metros de largo, tres de ancho, y dos metros de altura que le construyó Lorenzo Simanca Epalza a Guillermo Cubillos, el hombre que aparece con nombre propio en ese célebre canto cuya acción musical le sigue dando la vuelta al mundo a través de una morena cumbianbera que mueve sin descanso su cadera.

Vida musical

El maestro Barros, nació el 21 de marzo de 1915 y era el menor de cinco hijos del matrimonio de Joao María Barros Traveceido, un comerciante portugués, y Eustasia Palomino. En su extensa producción musical, que se calcula en un millar de obras, compuso cumbias, paseos, porros, pasillos, boleros, tangos, currulaos, puyas, rancheras, merengues y canciones infantiles.
Entre sus más importantes canciones se cuentan ‘La Piragua’, ‘Navidad negra’, ‘El pescador’, ‘Violencia’, ‘El viajero’, ‘Las pilanderas’, ‘La llorona loca’, ‘Arbolito de Navidad’, ‘El gallo tuerto’, ‘Palmira señorial’, ‘Pesares’, ‘A la orilla del mar’, ‘El vaquero’, ‘El minero’ y ‘Momposina’.

La entrevista

Corría el mes de junio de 1983 cuando le hice la primera entrevista al maestro José Barros, en su casa de El Banco, pero antes un amigo que lo conocía, le dijo que venía de El Espectador, y como él era gran amigo de Guillermo Cano, todo se facilitó. Habló de todo un poco y especialmente de sus canciones haciendo énfasis en ‘La Piragua’, su éxito más trascendental que tiene más de 15 versiones.

El asunto era que la crónica sería publicada en el periódico Zigzag de Chimichagua, pero para no quedar mal se mandó a Bogotá con fotos incluidas, y a los pocos días la publicó El Espectador.

El maestro Barros estaba feliz y de esa manera ingresé a ser colaborador de El Espectador, y me gané la amistad del autor de esa bella obra que dio a conocer a las playas de amor de mi querida tierra.

Después de 10 años de su partida de la vida lo mejor es recordarlo sentado a las seis de la tarde a la orilla del viejo puerto, mientras el sol se hunde en el agua y van brotando en el cielo los primeros luceros de la noche, y él al ver pasar un pescador canta con emoción sublime:

En la playa blanca
de arena caliente
hay rumor de cumbia
y olor a aguardiente.
En toda la ranchería
se ven bonitos altares,
entre millos y tambores
interpretan sus cantares.
El pescador de mi tierra, 
el pescador de mi tierra.
 

La tarde de su sepelio cayó llena de tristeza en medio de un sofocante calor y en ese momento se conoció la frase que dejó reseñada en una libreta: “Yo, el maestro José Barros, voy navegando por los mares de la muerte…en una Piragua”

Por El Pilón

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