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El Acordeón y su influencia en el Caribe colombiano

Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

“Sabroso venía viajando, bajaba con mi morena,
y al llegar a la carretera, allí me dejó llorando.
Ay, es que me duele, y es que me duele,
Y es que me duele ¡Válgame Dios ¡
039, 039, 039 se la llevó”
(Alejandro Durán- Acordeonista, cantante y compositor)

Así comenzaban los versos de este canto cargado de nostalgia, no exento de tristeza, pero muy lleno de emoción, por parte de un juglar llamado Alejandro Durán, quien durante años trasegó por pueblos y veredas, del caribe colombiano, cantando por doquiera, con esa voz gruesa, natural y muy expresiva, lo que su alma sentía, pues con su mágico Acordeón y su canto nativo, era el reflejo del hombre caribe, que a lo largo de su vida, ha cantado al amor pero también al dolor y las penas, a los amigos, a su pueblo, al paisaje y al mayor encanto:
La mujer que nos fue dada como el más grande regalo por parte del Supremo Creador.

Esta canción, para mí desconocida, al igual que su forma narrativa y el sonar celestial del Acordeón, hicieron que ese instante de mi vida, cuando tuve la fortuna de escucharla en voz viva, viniese a constituir el punto de partida, de un amor grande y fraternal hacía la música de Acordeón que con el correr de los años, se ha consolidado como la más representativa de nuestra amada Colombia.
Contaba yo con tan solo siete años, cuando por vez primera se me dio esa inolvidable oportunidad, de escuchar al “Negro” Alejo Durán, que con su forma de cantar y sus interjecciones tan populares, como ¡Oaa!, ¡Aaapa!, ¡Sabrosooo!, a los jóvenes de entonces nos llamaba la atención, su sabor y originalidad. Quizás mis ancestros de Bolívar y el Cesar, han estado impregnados muy fuertes en mi alma, que nunca jamás he podido separarme de los sonidos caribeños que se extraen de los acordeones queridos.
De allí en adelante, no ha habido poder alguno, que me haya hecho separar de todos esos cánticos que algunas gentes despreciaban, por su origen popular, pero que a mi persona, cada vez me fascinaban más y más, porque me hacían sentir como parte de mi propia identidad. En la medida en que fui creciendo y conociendo la idiosincrasia del caribe colombiano, pude entender mucho mejor, la alegría innata, propia de los moradores de toda esa franja que va desde la Guajira hasta el límite con Panamá, que llevan en sus venas una cadencia y un estilo muy particular, para expresar a su manera, un tanto sentimental, pero más bien jocosa, bullanguera y cargada de mucha picardía que describe de una manera especial, al estilo macondiano, como lo asegurara el Nobel García Márquez, muchos casos comunes, con algo de fantasía, pero propios de la vida real.
Por lo tanto al escuchar por vez primera, el sonar del Acordeón, un mítico encanto sobrevino a mi corazón, hasta el día de hoy. Nunca jamás en mi vida ha habido algo tan maravilloso y encantador que escuchar las notas melodiosas que se extraen del fuelle de este instrumento, llegado del continente europeo, para que los habitantes del caribe colombiano, lo adoptaran como el compañero inseparable, pues a través de él, las gentes de todo su territorio, comenzaron a tener información acerca de historias, hechos de la vida cotidiana y anécdotas divertidas acerca de todo lo ocurrido, ante la carencia de periódicos, radio o televisión.
Fue un amor a primera vista y, como todo proceso, el Acordeón se fue arraigando paulatinamente, alcanzando límites insospechados, y comenzó a ser acogido en los sectores más humildes de la población, que encontraban en dicho instrumento, unos sonidos contagiosos que le generaban deseos de decir en su propio lenguaje, cosas que llevaban muy dentro de sí, y que entendieron que con él sí podían hacerlo.
A partir de la llegada del Acordeón a la región caribe colombiana, a finales del siglo 19, por diversos lugares como Riohacha, Cartagena y otros menos conocidos, éste fue adquiriendo diversos estilos, en su forma de ejecución. A la Provincia de Padilla o al Magdalena grande, entraron hasta el sur de la actual Guajira, los primeros instrumentos que permitieron que personas con algún conocimiento, en especial inmigrantes de origen europeo, radicados por esos lares, fuesen los primeros maestros en enseñar a ejecutar melodías en ritmos como los valses, polkas o mazurcas, lo cual permitió que con posterioridad, quedasen sentadas las bases para que comenzasen a surgir alumnos y discípulos, que cargados de curiosidad y deseos de cantar historias propias y extrañas, empezaron a poner de su parte, en procura de ellos poder exteriorizar con sus cantos y notas, sus propias vivencias.
Algo similar se dio por los lados de la sabanas del antiguo Estado de Bolívar (hoy conformado por los departamentos de Córdoba, Sucre, Bolívar y Atlántico), donde por la vía comercial, trueque o permuta de mercancías, por ejemplo, la exportación del tabaco de Ovejas al puerto de Bremen (Alemania), y la llegada de acordeones por la vía de Cartagena, dieron pie para que ocurriese un fenómeno parecido, pues en esta región, se contaban ya con un folclor incipiente, pero muy variado.

Fue entonces cuando comencé a familiarizarme con los nombres de los maestros del Acordeón para la época: Luis Enrique Martínez, Alejandro Durán, Abel Antonio Villa, Nicolás “Colacho” Mendoza, Julio De la Ossa, Andrés Landero, César Castro, Emiliano Zuleta, Lorenzo Morales, Ovidio Granados, Calixto Ochoa, Aníbal Velásquez y el gran Alfredo Gutiérrez, quien a partir de su irrupción le dio un vuelco extraordinario a la música de Acordeón del Caribe, pues debido a su creatividad, hizo que las numerosas canciones por Él grabadas, trascendiesen más allá de las fronteras patrias. Fue así como la Cumbia y el Porro, en primera instancia, llegaron a muchos países de habla hispana, abriendo puertas en tierras lejanas. Algo hacía que al escuchar esos primeros juglares, de inmediato se los identificara: su estilo propio, su forma de ejecutar el Acordeón e igualmente de cantar, con ese dejo característico, de la región donde provenían. Portaban un sello inconfundible, por doquiera que se les escuchaba. Cuánta diferencia con los muchachitos de hoy en día, que se nos volvieron atletas o reyes de lagrimones.

Es menester que a través de esta columna se haga claridad respecto al giro que hoy en día han tomado los intérpretes de los distintos aires nacidos en el Caribe colombiano, pues los sonidos de despecho que muchos han introducido, están muy lejos del sentir original y de ese folclor nacido con un sello característico, pues han hecho que el ACORDEÓN haya perdido su encanto y su sabor, por gemidos y por notas tristes y convalecientes, más de origen andino y extrañas a los oídos de los del terruño donde nacieron. Y es que el factor dinero, ha hecho que los músicos de ahora, se acomoden a las exigencias de un mercado falso que promueve a quienes dan dinero, porque para ellos, lo importante es su fama, dejando atrás sus tradiciones.
Aceptamos los defensores de lo clásico y costumbrista, que por las necesidades vitales, de compositores, cantantes, acordeonistas y los demás integrantes de los conjuntos nuevos, que la música para ellos constituye su “modus vivendi”; pero de igual modo les exigimos que sean honestos y sinceros y que llamen por su nombre a esos nuevos géneros, como por ejemplo: Romanza, brinca –brinca, Cachacaza, o algo parecido a lo que tocan y cantan, menos Vallenato o Sabanero.
Por favor no engañen más al público de afuera, porque entendemos que tienen todo el derecho a ejecutar lo que quieran, pero poniendo en claro y en orden todo lo que hacen o dejan de hacer, porque las nuevas generaciones no han logrado entender esta mescolanza que se ha producido, muy lejos del verdadero sonido, que nació en las tierras costeñas.

Finalmente resulta de gran trascendencia aclarar que con base en el Acordeón, se han delimitado 2 escuelas o estilos musicales muy bien definidos en la región caribe, a saber:
1. La escuela Vallenata, basada exclusivamente en cuatro aires musicales (el Son, el Merengue, el Paseo y la Puya).
Es hoy en día la que mayor fuerza ha tomado en cuanto a su difusión se refiere. Al principio fue conocida como Aires del Magdalena o Música Provinciana, pero con el correr de los días, vivió una transformación, y como algo divino, tuvo mucha aceptación, por medio de un nuevo nombre, que luego se generalizó: Vallenato.
2. La escuela Sabanera, la cual abarca mayor cantidad de ritmos o géneros musicales, pues además del Paseo y Merengue, es digno de admirar la forma como han trabajado la Cumbia, el Porro, el Paseito, la Charanga, el Chandé, el Fandango, Pasebol y muchos más. Al igual que los Vallenatos tienen un estilo muy peculiar y alegre, motivo por el cual constituye un error craso, darles la denominación de Vallenato–Sabanero, como si fuesen un apéndice del primero.

Es preciso entonces hacer claridad, respecto a las tergiversaciones, que la industria fonográfica, y la radio comercial, han causado en la gente, cuando les dice “Vallenatos”, a todo lo que suena en Acordeón. A pesar de toda la literatura, que se ha difundido hasta el día de hoy, prevalecen las confusiones, en casi toda la radiodifusión sonora, especialmente hacía el interior del país.

Finalizo diciendo que, todo aquel que conoce, esa esencia popular, del Acordeón y el modo de cantar caribeño, no se deja engañar, ni meter “gato por liebre”, y para que les pase la fiebre, con esas notas muy destempladas, que quieren pasar agache, de contrabando no fino; pues a ellos debo advertirles, que el que sabe y entiende de este folclor, siempre prefiere escuchar, ese sabor melodioso, de juglares muy queridos, que han sabido conservar, esa métrica sin igual, con su acento definido, y no los malos quejidos, o correlones en juerga, que vuelan con sus acordeones, y olvidan que están en fiesta.
Es cierto que todo en la vida evoluciona, pero nunca sin perder los estribos, pues al hacer cosas “bonitas”, basadas en el Acordeón, ello no significa ahora, que las debemos aceptar, como folclor del Caribe, sino más bien darles el mote, de “Melodías en Acordeón”, dirigidas al corazón (?), por unos hombres soñadores, que se tomaron nuestro folclor. “Una cosa es una cosa, y otra cosa, es otra cosa”, decía el filósofo de La Paz (Cesar), el Arquitecto Iván Zuleta.

Ya para concluir esta reflexión acerca de la grandeza de la música de Acordeón, tal como se ejecuta en la región caribe de nuestra amada patria colombiana, escuchemos un tema muy especial, titulado:

“Acordeón Bendito”

Acordeón: Freddy Sierra (Rey Sabanero y Vallenato)
Canta: Ivo Díaz (gran cantante vallenato)

BLOG DEL AUTOR: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

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