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LA MÚSICA DE ACORDEON DEL CARIBE COLOMBIANO: ¿POR QUÉ SE EXPANDIÓ?

Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Dentro del vasto número de géneros musicales que se encuentran al recorrer la extensa geografía colombiana resulta imprescindible clasificarlos teniendo en cuenta las diversas regiones en que se halla dividida. Procediendo a hacer un breve análisis de lo que ocurre hoy en día con cada uno de ellos, se puede observar cómo, de alguna manera, las expresiones folclóricas de cada una de ellas se ha ido opacando, exceptuando la música de Acordeón que se ejecuta en el Caribe colombiano, la cual, al contrario, ha tenido un auge inusitado.

¿Esto debido a qué?, nos preguntamos. Pues bien, para dar respuesta a dicho interrogante, comencemos hablando de los aires de la Región Andina, pues fueron estos quienes durante años marcaron el gusto de los colombianos, en todos los espacios posibles, dado que bambucos, pasillos, guabinas, valses, torbellinos y muchos más, eran escuchados a través de los distintos medios posibles, se bailaban en casas de familias, centros o clubes sociales y de cierta forma, no tenían distingos sociales, pues eran bien vistos en general.

No ocurrió de igual modo con los aires musicales típicos de otras regiones, como la Llanera, la del Pacífico, Amazonía e Insulares (Archipiélago de San Andrés), quienes se han limitado prácticamente a sus respectivos territorios, como expresiones muy particulares. El hecho de ser Colombia un País en el cual la influencia centralista estuvo pesando durante largo tiempo en todos los aspectos, resultó en cierta medida nocivo para el desarrollo folclórico de las demás regiones, dado que desde la capital se imponían las pautas en ese sentido. Y de la Región Caribe, ni se diga, puesto que la animadversión hacía “lo costeño”, era a todas luces inocultable. Cualesquier ritmo que de dicha región se escuchase producía rechazo automático, pues se aducía que eran vulgares en su contenido y en el baile.

No obstante ello, esa concepción discriminatoria fue cediendo gradualmente cuando Compositores y Directores de Orquesta, como Lucho Bermúdez del Carmen de Bolívar y Pacho Galán de Soledad, tomaron esos ritmos alegres del Caribe colombiano tales como Cumbia, Porro, Merecumbé, Gaitas y otros más y mediante magníficos arreglos, para hacerlos agradables al oído de cachacos e interioranos, inaugurando con ello una era importante para la música del trópico colombiano.
Fue así como irrumpieron luego, artistas de la talla del inolvidable Guillermo Buitrago, guitarrista de origen Cienaguero que, tras un viaje por Valledupar, pudo contactarse con algunos juglares de ese entonces, como Rafael Escalona, Tobías Enrique Pumarejo, Emiliano Zuleta, Lorenzo Morales y otros más, pudiendo llevar consigo sus primeras canciones, las cuales grabó en el año de 1946 en Cartagena con el acompañamiento de un Grupo que se denominaba Los Trovadores de Barú, en Cartagena. Temas musicales como El Testamento, la Víspera de año nuevo, Que criterio (la gota fría) y muchos más, comenzaron a escucharse por las Emisoras, originando de este modo una corriente de apertura para otras expresiones o géneros, en diferentes formatos: Orquestas, bandas, conjuntos, tríos de Guitarra, etc.

La música de Acordeón, que ya avanzaba gradualmente en el sentir popular caribeño, comenzó a tomar fuerzas al serles abiertas las puertas para que los conjuntos ya conocidos en esa década de los años 40, pudiesen grabar algunas de sus canciones. Fue entonces cuando Abel Antonio Villa, un varón de fino vestir y hablar, que ya se destacaba como Acordeonero y compositor, le fue dada la oportunidad en 1946, por parte de Don Antonio Fuentes quien tenía su propia casa discográfica en Cartagena, para que grabase allí dos (2) temas, acompañado con las guitarra de Guillermo Buitrago, dando inicio a una carrera que cada día fue tomando mayor impulso y la creación de nuevos formatos que vinieron a consolidar los denominados ritmos Vallenatos y los Sabaneros, que mutuamente se han nutrido con el pasar de los años, así hayan existido diferencias en su estilo de componer, cantar y ejecutar los instrumentos que le son comunes.

Si se hace una revisión concienzuda de la forma en que fue evolucionando el formato de los conjuntos que se fueron conformando a partir de allí, resulta fácil constatar cómo, así tuviesen el Acordeón como instrumento central, en la subregión que estuvo conformada por la antigua Provincia de Padilla (sur de la Guajira), la Provincia del Valle de Upar (norte del César) y la parte nor-oriental del Magdalena, ya se podían observar grupos musicales en dónde se tocaban los aires de ese sector, utilizando para ello el Acordeón, Guacharaca y la Caja, y en algunos lugares se le agregaba una guitarra cuyo sonido hacía que la melodía sonase mejor aún.
Por los lados de la llamada subregión sabanera el formato que allí se utilizó fue básicamente el de un Acordeón, acompañado de bombo, redoblante y maracas. Fue en el año 1952, cuando en una correría por San Jacinto, Betulia y Sincelejo, el maestro Abel Antonio Villa se presentó con su formato musical de tres instrumentos (acordeón, caja y guacharaca), llamando la atención de los sabaneros, que acogieron de allí en adelante estos instrumentos, a los que posteriormente le agregaron la tumbadora para darle más contundencia a los aires musicales, muy propios de ellos, como la Cumbia y el Porro.

Es preciso comentar que una de las formas de diversión más apetecidas en lo que hoy conocemos como el País Vallenato, eran las llamadas colitas, en las cuales el jolgorio no tenía sello de clase alguno, y que con el correr de los días se transformaron en las parrandas, bien fueran estas con guitarras o con acordeones, o integradas, y en las cuáles los acordeoneros se constituían en las figuras más interesantes, porque ellos no solo ejecutaban el instrumento sino que también componían y cantaban sus propias canciones, a diferencia de hoy en día en donde para interpretar un aire musical, por lo general intervienen por aparte varias personas, como el acordeonero, el cantante y el compositor.

La parranda ha sido tradicionalmente, para los Vallenatos, la esencia de su sentir y gozar, pues es allí, en reuniones de amigos donde brota la fraternidad y se edifica la amistad a plenitud, con todo lo que allí se hace: Se canta, se ríe, se escuchan las historias de las canciones, anécdotas, chistes y en donde no falta la comida, por parte de los anfitriones o todos colaboran. Allí no se baila, sino que esta parte se deja para clubes, casetas o conciertos, en donde prevalecen una mayor cantidad de instrumentos. Precisamente, esta es la parte que debemos entender, acerca del por qué, los ritmos Vallenatos y Sabaneros han trascendido las fronteras, no solo en Colombia, sino en los países latinoamericanos, en Estados Unidos, Canadá, Europa, África y parte de Asia. ¿Esto debido a qué?

Veamos. Hasta finales de la década de los años 50 e inicio de los años 60, en la sub-región Vallenata, las fiestas se centraban en las parrandas, pero un fenómeno venía operando en la sabana: Nuevos formatos musicales estaban en gestación, pues los conjuntos que fueron apareciendo, procuraron darle o imprimirle mayor fuerza y sonoridad a sus intervenciones, pensado en que la gente anhelaba bailar ritmos como la Cumbia, el Porro y muchos otros propios de ellos, por lo cual comenzaron a desarrollar nuevos formatos.
Fue entonces cuando entraron en escena los famosos Corraleros de Majagual, que con un interesante formato musical, hacían las delicias del público, con varios cantantes, coristas, instrumentos de percusión como timbales, el cencerro e instrumentos de viento como el Bombardino, Saxofón, Clarinete y Trompeta. Obviamente esto constituyó una revolución, pues crearon una competencia abierta a las Orquestas de ese entonces, y por ser intérpretes de los ritmos autóctonos y raizales del Caribe colombiano, proporcionaban gran alegría donde llegaban.

Obviamente que esa música sabanera llegó a todas las regiones de Colombia, pues aún en la misma subregión Vallenata, este estilo comenzó a pegar en los bailadores y parranderos, hecho este que condujo a un replanteamiento en el formato que allí se estaba utilizando. Fue así como entendieron que una cosa era la parranda y otra el baile, máxime con música de acordeón. Fue entonces cuando Alejandro Durán incursionó en el uso del bombardino y, con posterioridad lo hizo Colacho Mendoza, a mediados de los 60, pero fue al comienzo de los años 70 cuando surge un conjunto que sin dejar de tocar los aires propios de su folclor, comenzaron a ganar un espacio y un público mayor: Los Hermanos López con Jorge Oñate. Ellos incorporaron en el grupo el uso del bajo eléctrico, que ya venía utilizando Alfredo Gutiérrez con el popular “Calilla”. Anteriormente y solo para grabaciones, se introdujo como instrumento adicional el Contrabajo.

Los Hermanos López forjaron a partir de ese entonces una nueva era, la cual tuvo continuidad con Los Hermanos Zuleta y, de allí en adelante aparecieron conjuntos por doquiera como El Binomio de Oro, Diomedes Díaz y de allí en adelante pare de contar, porque en virtud de la acogida que estos tuvieron, agregando a ello la mayor vitrina que pudiesen encontrar: el Festival de la Leyenda Vallenata. Pero no fue un cambio solo en el nuevo formato, sino también en las obras de nuevos compositores, ya no de origen rural sino citadinos y profesionales, que encontraron en ello una fuente de inspiración pero otros de ingresos, porque así como aparecieron temas muy importantes también muchos alejados de las raíces originales, desdibujándose en cierta medida el folclor como tal. Los Juglares de antaño, poco a poco fueron yendo, unos por físico cansancio y otros porque fallecieron. Un auge de conjuntos que así mismo se denominaban Vallenatos, inauguraron con la complicidad de las casas disqueras, algo que llamaron vallenato romántico, del cual unos compositores acertaron pero otros se distanciaron, incluso cayendo en unas letras huecas o vacías o en mucha cursilería.

A propósito es bueno resaltar como, a diferencia de esas agrupaciones, que poco o nada aportaron, sino un sonsonete cansón, tanto así que hicieron que en el interior comenzasen a llamarlos Vallejartos, también es loable lo hecho por Carlos Vives con sus clásicos de la Provincia, porque sin apartarse para nada de las raíces folclóricas, introdujo sonidos modernos en las canciones, con el toque de gaita y tambores, batería y bajo, que condujeron a que los aires vallenatos llegasen a lugares muy distantes y se diere inicio a un deseo de conocer más este folclor. No en vano, la música tocada en Acordeón, representa con altura a nuestra patria, pues no hay países donde no contraten Conjuntos que lleven los aires vallenatos, al igual que los aires sabaneros, como los de Lisandro Meza o Alfredo Gutiérrez, por citar los más conocidos.

El Caribe colombiano con esos Acordeones cálidos y sabrosos, es hoy por hoy el Embajador por derecho propio, del folclor colombiano, sin demeritar a las otras expresiones hermosas de Colombia. El hecho de que el Vallenato haya sido declarado Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad, exige que los cultores de este folclor procuren siempre lo mejor, atentos a todo lo que llega, sin caer en exageraciones, pues no debemos dar crédito a todo lo que suene en Acordeón, y aceptar que la música raspacanilla sea quien sustituya un buen merengue o un paseo rápido, o si cualquier lloradera sea una canción de despecho que reemplace a un poeta verdadero. Escuchemos para cerrar a Los Hermanos Zuleta en una presentación genial, para bailar en caseta.

alejandro_gutierrez_250BLOG DEL AUTOR: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

 

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2 Comentarios en LA MÚSICA DE ACORDEON DEL CARIBE COLOMBIANO: ¿POR QUÉ SE EXPANDIÓ?

  1. Anibal Cotes Ojeda // abril 3, 2018 en 11:24 am // Responder

    Definitivamente el autor cree que los únicos intérpretes de acordeón son los del Magdalena grande y los sabaneros. El artículo se titula LA MUSICA DE ACORDEÓN DEL CARIBE COLOMBIANO, sin embargo no es consecuente con ese titular y sorpresivamente se invisibiliza a los acordeoneros del Atlántico, especialmente al maestro ANIBAL VELASQUEZ, quien con su estilo revolucionó la música costeña por su manera de ejecutar el acordeón y que influyó en acordeoneros excepcionales como Alfredo Gutiérrez y para que nacieran los famosos Corraleros de Majagual. Igualmente se invisibiliza al rey vallenato ALBERTO PACHECO y otros como MORGAN BLANCO y DOLCEY GUTIERREZ.
    Mejor dicho, el autor sigue en la misma línea de la canción popularizada por el venezolano Nelson Henríquez (FESTIVAL VALLENATO) en discriminar a los acordeoneros de nuestro departamento. No olvidemos que ese tema fue un lagrimero lamento del compositor guajiro Luis Francisco “Geño” Mendoza, muy dolido porque el festival vallenato lo había ganado un barranquillero (Alberto Pacheco). No sucede igual cuando hasta cachacos han ganado este festival. ANIBAL

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  2. Anibal Cotes Ojeda // abril 3, 2018 en 11:36 am // Responder

    Ah, y se me olvidaba el patriarca de todos los acordeoneros atlanticenses, el maestro JOSE MARÍA PEÑARANDA, nacido en Barranquilla, y quien fue el primer acordeonero que dio a conocer temas que fueron exitosos en el exterior como “El caimán”, “Me voy pa La Habana” (Me voy pa Cataca) y “La cosecha de mujeres”. Murió en Barranquilla cuando le faltaban pocas semanas para cumplir los 99 años. Lamentablemente, tampoco es tenido en cuenta en este trabajo sobre la música de acordeón en el caribe colombiano.

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