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Indira De la Cruz Ariño “La expresión libertaria del Vallenato”

Por: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Debo empezar esta crónica confesando que entre mis quehaceres cotidianos, siempre dispongo de un buen tiempo, para escuchar y deleitarme con esos temas musicales de antaño, especialmente del Caribe colombiano e incluso expresar sin ambages, que los grandes juglares Vallenatos y Sabaneros, son los que yo he preferido desde temprana edad, porque a muchos de ellos pude yo conocer, tratar personalmente y degustar la sencillez y originalidad de esas canciones emanadas de lo más profundo de su ser interior, que me deslumbraron, por su forma de narrar o describir historias de la vida real, o esos relatos elaborados con bellas y encantadoras metáforas, que construían con su imaginación, esos compositores paridos en esa parte tan especial, que desde tiempos coloniales se denomina el Valle del Cacique Upar.

Quizás algunos lectores se preguntarán: ¿Bueno, y a qué viene todo esto? Simplemente porque desde que tengo uso de razón he admirado todas las expresiones folclóricas de mi patria colombiana, pero he sentido un afecto y una atracción, por los aires musicales ejecutados con Acordeón, esos con los cuales atravesé mi niñez y adolescencia, que ineluctablemente quedaron en mi alma impregnados eternamente. En buena hora, la UNESCO en un gesto muy especial, vino a declarar el folclor Vallenato como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad, siempre y cuando ese legado, que nos dejaron aquellos juglares tuviese continuidad dentro de esa línea trazada al comienzo

Casualmente, dentro de mis ratos de relax musical, comencé en una tarde a realizar un paneo por internet, tratando de escuchar esos valores a los cuales no se les ha dado el debido crédito a través de los diversos medios masivos de comunicación, bastante mercantilizados en gran medida, que solo están dando cabida, a una serie de esperpentos, que son muy mal ejemplo en las nuevas generaciones. En medio de ese alud de canciones, pude encontrar afortunadamente, una voz que me causó impacto de entrada. ¿Quién pudo ser? La voz de una dama con un nombre singular llamada INDIRA, que en su versión original (en sánscrito) significa Belleza o Esplendor. ¡Ni más ni menos, esa es su voz!

Fue entonces, cuando recordé aquellas palabras sabias y hasta proféticas, que la querida Cacica Consuelo Araújo-Noguera, la cual en un momento de su vida llegó a expresar un hecho patético pero posible de ser modificado:
“No es necio decir que el Vallenato es machista.
Confío en que el Vallenato, el auténtico, el puro, el sacrosanto Vallenato de Francisco el hombre, de Chico Bolaño, Emiliano Zuleta Baquero, de Lorenzo Morales, Luís Enrique Martínez, Rafael Escalona, Tobías Enrique Pumarejo, Gustavo Gutiérrez y otros tantos que se me olvidan, pero valoro, no muera nunca de muerte natural y menos asesinado por los reformadores con alma de mercaderes”.

Pues bien, al escuchar la voz de Indira Elisa De la Cruz Ariño, una Vallenata de pura cepa, nacida en el barrio Gaitán, educada en el Loperena, orgullo de los Vallenatos y formada como Profesional del Derecho, me sedujo en gran medida, su estilo clásico y más aún, por tratarse de una voz femenina.
Estos 2 factores, hicieron que me detuviera a escudriñar más a fondo acerca de esta dama y su trayectoria artística y musical. Pero antes de proseguir con esta revelación femenina, deleitémonos un momento con la voz de INDIRA, quien interpreta a continuación el tema: “Cariñito de mi vida”, de la autoría del Cacique de La Junta Diomedes Díaz.

Tras escuchar el tema anterior, me di a la tarea de indagar, cómo una dama de sus características estaba ya posicionada dentro de un folclor bello pero tan machista. Fue entonces cuando comencé a rememorar los nombres de esas pioneras como Rita Fernández Padilla, Cecilia Meza Reales y todo ese grupo de mujeres que conformaron a mediados de los años 60s, el Conjunto de Las Universitarias, lo cual constituyó un reto fuerte para ellas, pero dejó sentadas las bases para romper con ese mito que “el Vallenato es solo para machos”.
Y vale recordar que ese problema cultural, tan arraigado en nuestra nación colombiana, ha sido fuente de oscuros episodios conyugales, que demandan una revisión de esquemas patriarcales caducos en todo sentido. Cuando la inolvidable Cacica sentenciaba con sus palabras esa singular posición dentro del folclor, estaba desde ese tiempo clamando porque se abrieran las puertas a las mujeres, dotadas como cualesquier ser humano, de dones y de talentos, que no podemos darnos el lujo de desecharlos.

Tras escuchar cantar a INDIRA, me dije así mismo: Esta hermosa voz reúne las condiciones necesarias, para que el canto vallenato alcance muchos de los países del mundo, que hoy en día valoran la esencia de un folclor, elevado a una categoría especial, en virtud de lo realizado por sus pioneros. Para que ello se haga una realidad, es menester que no solo los hombres sean quienes se apropien del mismo, dado que vienen surgiendo figuras de gran calidad, similares a la voz de INDIRA, que ya están pidiendo pista. Para muestra de ello, basta con revisar los materiales publicados en los diversos concursos que se vienen desarrollando a lo largo y ancho del País, donde las mujeres están demostrando sus habilidades. Y como consecuencia de ello, aplaudo con alegría el hecho de que ya se haya llevado a cabo en Valledupar, el año inmediatamente anterior (2017), el Primer “Encuentro Femenino Vallenato”, (EVAFE), con resultados altamente satisfactorios.

Si no les damos cabida a nuestros complementos, como son las del género femenino, seguiremos siendo un País plagado de un machismo atrasado e inculto, con actitudes, conductas y prácticas sociales funestas, al desconocer el papel preponderante de ellas, a quienes decimos amar tanto, pero en la práctica les negamos sus derechos inalienables. El ejemplo de INDIRA, es un buen síntoma, pues le da brillo al folclor, dado que a su armoniosa voz, ella le agrega el sentir de una raza que vibra con todo aquello que en sus cantos se expresa: el amor hacía el terruño, a sus amistades, a sus vivencias pero no aquellas que conjugan odios, violencia, desafecto o traiciones, con lenguaje procaz en ocasiones, sino voces de alegría y ternura, que inspiren nuevos amores. Por eso que bueno ha sido que INDIRA retome esos cantos clásicos y tradicionales, pues el Vallenato no está hecho para lloriqueos melosos y cursis, como han vuelto muchas canciones, ni tampoco para disputar carreras con ritmos que se salen de la métrica y generan confusiones, en cuanto a la cadencia original.

INDRIRA-VIVES

Indira con Carlos Vives

Despidamos a la dama invitada en esta ocasión, a la gran Indira Elisa De la Cruz, interpretando otra clásica con sabor, titulada: “El corazón del Valle”.

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi
Email. alejandro.gdep@gmail.com

BLOG DEL AAUTOR: Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

 

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