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“EL PILÓN GUAJIRO”, LÍMITES DEL DOMINIO PÚBLICO

Por Abel Medina Sierra

No es la primera, ni creo que sea la última polémica que sostengo con el compositor y gestor Félix Carrillo Hinojosa. La primera sirvió para que me desafiara a las trompadas al salir de una emisión del programa “La polémica vallenata” en Cardenal Estéreo de Riohacha. En esta, espero que la reacción de este amigo no llegue a esos extremos.

Todo inició hace pocos días en la tertulia virtual del chat El portal vallenato que promueve el también autor Jaime Hinojosa Daza. Frente al tema de los plagios, salió a relucir el caso del compositor riohachero Lenín Bueno Suárez, quien en una producción tropical de Juan Piña, se atribuye la autoría del emblemático himno del carnaval riohachero “El pilón guajiro”.

Carrillo sostiene la peregrina tesis que ahí no configura plagio ni apropiación indebida por tratarse de una canción que ya es de dominio público, y que en este caso lo que hizo Bueno Suárez fue una adaptación que es legalmente procedente. Pese a las voces contrarias de varios contertulios virtuales como Hinojosa, Graciela Morillo y este servidor, Carrillo, muy hábil, nos quiso extraviar en un mar de palabras, mandándonos a estudiar la normatividad, la que dice conocer muy bien pues ha sido directivo y miembro de Sayco.

Muy juicioso le hice caso, leí como me pidió la ley 44 modificada por la 23 y el Manual de la Dirección Nacional de derechos de autor, más de 150 páginas que me dieron luces para responderle y demostrarle que quien debe leer y estudiar bien es él. “El pilón” es una canción de género impreciso, que data de la primera década del siglo XIX, cuya base fue compuesta por el capitán de barco Encarnación Bermúdez a la mulata Remedios que se cortó el cabello para desencantar al insistente enamorado. Fue musicalizado con arreglos orquestados por Juan Felipe Mejía en 1912, la tradición oral ha mantenido una base de estribillo y estrofas pero se le han agregado otras. Según el artículo 21 de la Ley 23 de 1982, el plazo de protección de los derechos de autor, aplicable a las personas naturales es la vida del autor y ochenta años después de su muerte.

Como ya la autoría pasó ese límite de tiempo, la obra ingresa al dominio público, y “puede ser usada por cualquier persona sin la posibilidad de que pretenda derechos exclusivos sobre ella”. El Glosario de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual define dominio público como: “el conjunto de todas las obras que puedan ser explotadas por cualquier persona sin necesidad de ninguna autorización”. Ojo, no se pide autorización para grabar (derechos patrimoniales), pero se mantiene la propiedad intelectual del autor (derechos morales).

El citado manual de la máxima autoridad en el tema de derechos de autor en Colombia, órgano del Ministerio del Interior, al final responde fácilmente las dudas al respecto. Sobre la pregunta: ¿Se puede transformar libremente una obra ya existente?, es el caso de la supuesta “adaptación” del “Pilón” que se limita a cambiar un nombre local por el de “Binomio de Oro”. No se puede reconocer como “un aporte creativo” el hecho de hacer ciertas modificaciones discretas a la lírica de una canción y, por lo tanto, reclamar créditos absolutos por esta ligera modificación.

Para ello, como el autor ya no vine y han pasado más de 80 años de su muerte, no es necesaria ya la autorización previa y expresa del autor o titular del derecho sobre la obra original, la norma reconoce los derechos del autor de la obra derivada sobre su aporte creativo pero, “sin perjuicio del derecho de autor de la obra originaria o primigenia. Además debe respetarse el derecho moral de integridad de la obra original”.

Lo anterior quiere decir, por una parte, que Bueno Suárez debió dejar intacto el nombre del autor original, y que si quería reclamar autoría, debía hacerlo sobre los arreglos. Pero, hilando más delgado, ¿se puede llamar “adaptación” o “arreglos” a cambiar solo el nombre de unas personas? La norma habla de “obras derivadas” basadas en una preexistente, “pero cuya elaboración, por la forma original de su expresión, constituye un acto creativo. Las obras derivadas más comunes son las traducciones, los arreglos musicales, las adaptaciones… y las parodias”.

La adaptación de un texto literario narrativo para un montaje escénico es el mejor ejemplo de una “adaptación”, no es el caso de “El pilón”, y si así fuera, cuando Diomedes Díaz le cambia algunas palabras a una canción de Calixto Ochoa, dejarían de ser de la autoría del Negro Calo. Ya queda claro que lo que hizo Bueno no fue una adaptación y si así hubiera sido, los créditos debían aclarar que se hicieron sobre una obra original de Chan Bermúdez. Si no se puede demostrar su autoría podría reservar los derechos de autor o catalogarla como de la tradición oral.

La otra pregunta claramente respondida por la Dirección de Derechos de autor es: ¿Cuando un autor muere se terminan sus derechos de autor? Frente a esto, debe diferenciarse entre los derechos morales y los patrimoniales: “Los derechos morales son perpetuos e imprescriptibles”, lo que traduce que NUNCA se puede omitir o separar el nombre de la obra del de su creador como se hizo en este caso. Si se parte que es una obra folclórica tradicional y por ende, de dominio del público así debió registrarse en los créditos y no suplantar la autoría.

La Constitución Política de 1991, en el artículo 61, expresa: “El Estado protegerá la propiedad intelectual por el tiempo y mediante las formalidades que establezca la ley” y la normatividad nacional reconoce que en razón de la inalienabilidad del derecho moral, “también es inembargable, inexpropiable y perpetuo”. Si se parte de la definición de plagio de la OMPI como “el acto de ofrecer o presentar como propia, en su totalidad o en parte, la obra de otra persona, en una forma o contexto más o menos alterados…” aquí, como dicen en Riohacha, “no hay tutía”. Lejos estamos de desconocer el talento y el gran aporte de Lenin Bueno al posicionamiento del vallenato en el país, pero escudar esa indebida apropiación en los laberintos de la normatividad es inexcusable por mucho que queramos a Bueno.

Hasta Escalona, Alejo y Luis Enrique cometieron “pecadillos” de estos, así que este no va a erosionar la muy bien labrada fama de Lenín Bueno Suárez. Pero, si las tesis “felixianas” fueran ciertas, que evidentemente no lo son, yo podría cambiar unos nombres de “El quijote” o “adaptar” un nuevo capítulo y atribuirme su autoría, muy fácil sería presumir como “autor”. Le regreso el consejo: a estudiar Fercahino, a estudiar.

Publicado hace 3 hours ago por Abel Antonio Medina

abelmedinasierra.blogspot.com

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