José Tapia: El eterno Guacharaquero de Alejandro Durán

Por: Ramiro Álvarez Mercado

JOSÉ MANUEL TAPIA FONTALVO, nació un 13 de Noviembre del año 1934 en un Corregimiento llamado Las Palmas, Municipio de San Juan Nepomucemo (Bolívar). Este varón sencillo, humilde y de un corazón muy noble, incursionó a muy temprana edad en las lides musicales, siempre ejecutando la Guacharaca y haciendo los coros pertinentes.

Hoy en día es menester observar, como los créditos al interior de una Agrupación musical, recaen en el Vocalista, y vemos músicos de gran talento, como se les relega, como si no formasen parte de un elenco y solamente el cantante o el acordeonista, son quienes merecen elogios.

En el año 1957 José Tapia fue invitado por Alejandro Durán para que lo acompañase durante una presentación en el Municipio de Sahagún (Córdoba), dado que su Guacharaquero titular se había enfermado. Fue esta la coyuntura que se presentó, y al observar el Maestro la habilidad y la destreza del invitado, al igual que unos coros altos y afinados, se produjo una empatía, que condujo a este par de artistas a integrarse hasta que la muerte se encargó de separarlos.

Veamos en el siguiente vídeo, durante una parranda campestre, a estas 2 figuras: José Tapia y el Maestro Alejo Durán, cuando nos entregan una Puya de su inspiración, la cual presentaron en 1.968 cuando se erigieron como Reyes del Primer Festival Vallenato.

“PEDAZO DE ACORDEÓN”

Si algo distinguió a esta dupla musical, fue esa mística y entrega que ambos los caracterizó, todo el tiempo que anduvieron juntos. Las canciones brotadas de las vivencias del Maestro Alejo, tenían su complemento en José Tapia, el cual con su entusiasmo y alegría, ponía la nota picante en todo lugar donde llegaban.

Tras el triunfo obtenido en Valledupar en el año 1968, Alejo y José Tapia, más Pablo López en la Caja, fueron escogidos para ir a México, a representar a Colombia en la parte musical, durante los Juegos Olímpicos, donde obtuvieron la medalla de oro, como los mejores exponentes del folclor, derrotando a más de 200 países y poniendo en la cúspide el nombre de Colombia.

Más adelante, y en virtud al reconocimiento obtenido, fueron invitados a New York para presentarse en el Mádison Square Garden, donde se dieron a conocer internacionalmente, con una apoteósica demostración. He aquí el Conjunto típico que actuó en el famoso escenario en la capital del Mundo, cuando nos entregan el tema titulado: “LOS DOS AMIGOS”

Muchos años después, en Abril de 1987, durante la celebración del primer Concurso “Rey de Reyes”, en Valledupar, donde Alejo Durán llegó con el rótulo de favorito, en asocio de su eterno y fiel amigo José Tapia, ante el asombro del público que los tenía como favoritos, por la grandeza y admiración a su pureza vernácula, por un pequeño error de desafinación en una nota, Alejo le solicitó al Jurado públicamente que fuesen descalificados.

José Manuel Tapia Fontalvo, fue todo un artista de la música vallenata, que vivió siempre orgulloso de ser el fiel escudero de quien Él consideraba el más grande juglar de la música folclórica del Caribe colombiano. Por ello, conservó durante toda su vida, como su tesoro más preciado, un álbum fotográfico, con las imágenes de su fiel y admirado, amigo y maestro, captadas en diferentes momentos artísticos y personales, pues cada una le recordaba anécdotas e historias simpáticas, muchas de ellas que se volvieron canciones.

José Tapia nunca rehusó acompañar a su Maestro inseparable en sus innumerables presentaciones, a excepción de una en un 11 de Noviembre de 1989, cuando fue invitado a tocar en el Festival de Acordeoneros y Compositores en Chinú (Córdoba), evento este que marcaría el final dela existencia del gran Alejo.

J.Tapia asumió como suya la recomendación que días antes le había hecho el médico Omar González Anaya (amigo de Alejo) de mantenerse en absoluto reposo debido a su delicado estado de salud; lamentablemente éste hizo caso omiso a la recomendación y le dijo: “Amigo Tapia, usted sabe que el toro bueno muere en el ruedo”, siendo vanas las súplicas de su guacharaquero y amigo para que permaneciera en casa.

Este varón y leal amigo, hasta el día que condujo el féretro del gran Alejo, hasta su última morada, fue quien portó su Acordeón.

En esta época, cuando los lazos de hermandad y la amistad se han tornado efímeros, debemos resaltar en José Manuel Tapia Fontalvo, como un gran ejemplo la fidelidad, el respeto y la sólida amistad que tuvo para con quien le brindó la oportunidad de ser su “Eterno guacharaquero y compañero inseparable”.

AUTOR: Ramiro Álvarez Mercado

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