LA MÚSICA EN LOS HERMANOS CARRASCAL

Por José Atuesta Mindiola.

La música es como ‘El Árbol de la Gracia’, que resplandeciente florece desde la fresca savia de la tierra. La música es ensoñación, fascinación, catarsis; es un ramo de rocío en el ombligo de la rosa. La buena música nace de la contemplación suprema de la luna en las ventanas del alma, del sonido que se enlaza con el viento; viaja por el bosque, y descubre que el verde del follaje tiene todos los colores.

La música es regalo de Dios a unos seres escogidos, quienes deben cultivarla y perfeccionarla con los dones de verdaderos maestros. Nadie se hace poeta, si no nace con la predisposición genética para explorar los senderos de las metáforas. Nadie se hace cantante, si no nace con la lira en su garganta para regalarle a las intimidades del viento la eufonía de su voz.
Dichoso los pueblos que sienten y viven la música, como nuestro Valle De Upar. Esta región tiene el privilegio de ser una tierra bendecida por la música, por eso abundan los cantores. El doctor Alfonso López Michelsen decía: “Rafael Escalona no tiene un obispo en su árbol genealógico, tiene un ángel que es mucho mejor. Versificadores hay muchos, pero se diferencia de ellos en que estos no tienen un ángel. Nadie puede convertirse en poeta, si no nace con un ángel. El de Escalona debe ser un cipote ángel”.

Parafraseando a López Michelsen, los hermanos Alfonso y Jesús Emilio Carrascal Cotes, más conocidos como Poncho y Millo, también tienen sus ángeles para la música. Son hijos del ocañero Ciro Alfonso Carrascal, y de Blanca Cotes Medina, nativa de La Paz (Cesar). De la edad de cinco años descubrieron que iban a ser músicos, cuando su abuelo Eduardo Cotes Calderón les da de aguinaldo una violina. Ahí fue el endriago, se sintieron tocados por la fascinación de los arpegios y los susurros del viento. Se turnaban la violina y la guacharaca, y tímidamente participaban de las parrandas que hacía su abuelo, un maestro de la violina. Su vecino Lucho Castilla, un mecenas de la risa y la amistad, les regala una caja típica vallenata y se convierten en los niños músicos que alegraban los cumpleaños de los niños de su barrio Simón Bolívar. Y continuaron incansables por caminos de aprendizajes; ya a mitad de la década del setenta interpretaban las mejores canciones de su músico preferido, Alfredo Gutiérrez.

Cuando dejaron de ser niños, su amigo José Luis Ramírez, “El Checa”, los induce a tocar guitarra. Les deja la suya y ellos, en mocedad rozagante, comienzan a robarles los secretos a las cuerdas, y después de varios días los versos y las notas saltan del aire a las cuerdas y quedan en sus manos.
Su presencia en el Festival Vallenato, fueron casi 30 años de participación en el concurso de canción inédita. Debutaron en 1979 con la canción “Adiós infancia” de Félix Carrillo Hinojosa. En 1983, fueron ganadores del primer puesto con la canción “Yo soy el acordeón” de Julio Díaz. Después fueron innumerables las victorias en Valledupar y en otros festivales de la región. Con su “Trío de Guitarras”, acompañados en la guacharaca por Luis Suárez y en otras ocasiones por Lino Ortiz o Jairo Negrete, fueron ganadores en varios festivales de música vallenata en guitarras: Codazzi, La Junta, Distracción, Arjona, Ciénaga; en Valledupar, “Festival del Primero de mayo)”; y en Mariangola, allí fueron ganadores del “Primer Festival de música en guitarras”, en 1991.

Los hermanos Carrascal Cotes, dedicados de tiempo completo a los pormenores de la música vallenata, son expertos en auscultar la armonía estética de las canciones y de los intérpretes. Y han prolongado su herencia musical: Luis Alfonso, hijo de Alfonso, es reconocido acordeonero de experiencia en varios festivales, lo mismo que en grabaciones; fue uno de los acordeoneros del grupo Kvras. Los dos hijos de Jesús Emilio: Ciro Alfonso, acordeonero y cantante, y Jesús Emilio Jr., guitarrista y cantante. Su sobrino Denilson es guitarrista. Una familia musical que viene inscribiendo su historia en las páginas doradas de la tradición vallenata.

LOS HERMANOS CARRASCAL COTES.
Por José Atuesta Mindiola.

I
Alfonso y Jesús Emilio,
los Hermanos Carrascal
con el arte musical
se embelesan en idilio.
La tristeza está en exilio
con la guitarra en sus manos
y nunca existe el verano,
hay lluvia de melodías.
Que Dios prolongue los días
a estos dos buenos hermanos.

II
Los Hermanos Carrascal
tienen larga trayectoria,
persisten en la victoria
cuando están en festival;
interpretan magistral
sus triunfos bien merecidos,
y siempre se han distinguido
en su tierra y fuera de ella;
tocando canciones bellas
son reyes reconocidos.

III
Imponente el sol se asoma
con su corona de rey;
Alfonso y Emilio en su ley,
dos cantarinas palomas
que vuelan sobre la loma
con guitarra en armonía,
van regando epifanías
con sus hermosos cantares,
y se borran los pesares
porque el canto es alegría.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola.

Un comentario

  • Wilman Rodriguez " Urraca"

    Poeta del alma y la vida, con tus magicas y verdaderas palabras, les haces un sentidoy bello homenaje a mis hermanos de la música..LOS HNOS CARRASCAL. muy merecido para ellos y su familia.
    José Atuesta..a ti, las gracias de mi parte tambien…Bendiciones.

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