Diciembre, liturgia del pan y el vino.

Por Jose Atuesta Mindiola

En la historia del ser humano, es motivo de asombro el principio y el final. La aurora y el crepúsculo. El nacimiento y la muerte. Diciembre, por ser el último mes del año, es árbol que desprende sus hojas, y ese adiós de las hojas es la metáfora del final del calendario que invita a la intimidad reflexiva, a la soledad del silencio, y a pensar más en nosotros, en nuestros planes y metas, en nuestros logros y tropiezos.  Entonces recordamos a Jorge Luis Borges: “Planta tus propios jardines, decora tu propia alma, en lugar de esperar a que alguien te traiga flores”. 

Diciembre es mes de inventarios y sueños. Todos soñamos vivir alejados de las palabras hirientes, de los actos violentos, de los ruidos estridentes de las armas, de las injusticias y sus secuelas. Todos soñamos con mejorar nuestra calidad de vida, celebrar en torno a los motivos de felicidad y compartir con vecinos las virtudes de la convivencia. 

En este mes, la palabra que más se escucha es “paz”. El ser humano vive sediento de paz, de amor, de gozo espiritual y de bienestar. Son pocos los que quieren la guerra, y escasos los que aman el ruido y las consecuencias fatales de las armas. “Noche de paz, noche de amor”, es la canción más escuchada en los últimos 200 años de la humanidad, la letra es del sacerdote austriaco Joseph Mohr (1816) y la música del organista austriaco Franz Xaver Gruber (1818), y declarada por la Unesco “Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad en el 2011”.

Diciembre es liturgia del pan y el vino, y estancia para la renovación de la fe en los católicos, con la celebración del Nacimiento del Divino Jesús. Es la amorosa peregrinación a la casa materna. En la ausencia se siente a la noche viajar en sonatas de versos, en sonrisas de amor, y en el eco lejano de un viejo cantor. El aroma de la mesa, con los platos preferidos, es otra de las razones que aceleran el camino de regreso. Pero en vacaciones, a veces los jóvenes se desbordan en excesos. Y es posible, como lo afirma el escritor Carlos G. Vallés, “que estemos ahuyentando la felicidad por las ansias que tenemos de ser felices”.

 En este mes algunos confunden la diversión con el desorden y el irrespeto a las normas de no manejar embriagado, de no manipular pólvora y del consumo exagerado de alcohol. Es importante que los jóvenes entiendan y, por supuesto, sus padres, que el exceso de alcohol altera las funciones cerebrales, disminuye el autocontrol, afecta la memoria y la capacidad de concentración. La sana diversión y el respeto por sí mismo, por los demás y por las leyes, son prácticas universales de convivencia.  

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NOTA. A mis amables lectores: Felices pascuas y prosperidad en el 2020. Disfrutaré de unas merecidas vacaciones.  

Jose Atuesta Mindiola

Un comentario

  • Hermoso escrito profe que nos incita a amar la vida y a vivirla con alegría y armonía sin olvidarnos que DIOS es amor , Fe y esperanza para todos , gracias por compartirlo

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