MIGUEL YANET: UN PLAYONERO DEL CESAR

POR JOSÉ ATUESTA MENDIOLA

La música vallenata es la expresión popular que más se identifica con el sentimiento colectivo de nuestros pueblos. La tradición musical es un factor de integración y de semejanza en nuestros pueblos. En cada pueblo existe un trovador que con la calidad de sus canciones ha ganado un sitio de honor en la cultura popular. Por ejemplo, el nombre de José Benito Barros es y será siempre un símbolo musical en El Banco y todas las riberas del Cesar y el Magdalena que esperaban en amanecer la llegada de las doce bogas remando La Piragua. En El Paso con los tambores del son y del tono menor, los estambres de la lluvia germinaron con Alejo y Nafer Durán. En Mariangola el serpenteo de un rio sueña con las flores de blancas de Luciano Gullo, y en las sabanas fluyen los recuerdos del frondoso árbol de matarratón donde cantó Miguel Yaneth.

A este listado se pueden agregar otros nombres y todavía faltarán muchos. pero voy a detenerme en el juglar Miguel Yanet, un personaje de los Playoneros del Cesar. Conocí a Miguel Yaneth el último domingo de noviembre de 1965, en Mariangola en casa de Vidal Ortiz, tocaba guachara y cantaba, acompañado por el acordeón de Ovidio Granados y en la caja el viejo Juan Granados (padre de Ovidio).

De todas las canciones cantadas durante el día en esa fiesta, solo recuerdo una, ‘El Palo de Matarratón’. Cuando Miguel Yanet dijo – La canción que voy a cantar es de mi autoría-, sentí gran alegría porque por primera vez escuchaba una canción en la voz de su propio autor. Desde ese momento, jamás se me ha olvidado de la memoria:

Ese palito de Matarratón
que queda en el centro de las sabanas
ahí fue donde conocí el amor
y empecé a quererlo con el alma.

Cada vez que en las sabanas veía un matarratón, en mi mente navegaba la melodía de esa canción, cuyos versos sencillos de gran medida musical y literaria expresan la gratitud que el compositor sentía por el árbol confidente, que era más que una sombra que guardaba secretos y emociones.
El matarratón, además de ser alcahueta de sus amoríos, también fue el árbol que refrescaba el patio de la casa donde él había nacido, el 29 de agosto de 1935, sus padres por Arístides Yanet y Antonia Díaz. Allí crece en medio de las sabanas llenas de rebaños de ovejos y de chivos, observando el cauce de los ríos, los festivos árboles frondosos, la lejanía del verdor de los cerros, y silbaba imitado el trinar de los pájaros.

Cuando es adolescente se va con su padre para Caracolicito, y comienza a rasgar las cuerdas del triple y estrena su voz como cantante. Años después decide regresar a la tierra de su nostalgia, tal vez en busca de los recuerdos de la infancia o para olvidar las cicatrices de un amor frustrado. Años después decide regresar a la tierra de su nostalgia, tal vez busca de los recuerdos de su infancia o para olvidar las cicatrices de un amor frustrado. En una parranda el 11 de noviembre de 1962 canta por primera vez con Ovidio Granados, y muy pronto se convierte en la voz líder del conjunto, que hacía pocos meses Luciano Gullo Fragoso y Rafael Mojica, en la fiesta del mar de Santa Marta, habían bautizado como los Playoneros del Cesar, ante la solicitud de un locutor para anunciar su intervención musical.

En Mariangola muy pronto el amor vuelve a tocar las ventanas de su alma, y conoce a Isidora Marriaga, a quien halaga con serenatas con su tiple acompañado de la guitarra de Armando Mercado, y le compone la canción ‘El palo de matarratón’. Con Isidora, cariñosamente como la Jicho, tuvo a Cimitrio Mijaíl y Miguel Segundo.

En 1966, Los Playoneros eran reconocidos en las parrandas Vallenatas y en las regiones vecinas. Luego se unen al conjunto, Isaac Carrillo y Rafael Sánchez, a quien Alfredo Gutiérrez le había grabado la canción la Banda Borracha, y a través de él llegan a RCA- Víctor, a grabar su primer disco de larga duración en 1967. Las canciones más escuchadas fueron ‘Campesina Ibaguereña’ y ‘Penas Negras’. Después grabaron para el Sello Fuentes tres discos sencillos y dos de larga duración, entre las canciones se destacan ‘El Cachaquito’, ‘El Mal Herido’, ‘La Muerte de Moralito’, ‘El puente de Mariangola’ ‘Sólo por quererte’ y ‘La Bogotana’.

La canción que identifica a Los Playoneros es ‘El Cachaquito’, la gran metáfora de la vida musical de Miguel Yanet. Quien fue un artista privilegiado, porque además de su original y melodiosa voz, tenía talento para la composición típica vallenata. Con ‘El Cachaquito’ se canta, por primera vez con su sutileza a la dudosa paternidad. No hay en sus versos ningún asomo de ofensa ni de irrespeto, sino un humor creativo, de reclamo por la supuesta infidelidad.

A quien se te parece a ti ese cachaquito
verdad que no parece hijo de un vallenato
mi Dios que me perdone lo malo que digo
Pero un mariangolero ni pinta cachaca.

El 16 de mayo de 1968, después de cumplir compromisos musicales por varias ciudades de la Costa (estaban de moda y habían obtenido el Segundo lugar en el Primer Festival Vallenato), Miguel llega a Mariangola y recibe la dolorosa noticia de la muerta de su madre, provocada por la mordedura de una serpiente; entonces escribe Recuerdos Tristes, una pieza memorable su melodía y su letra son un verdadero lamento de dolor, una elegía.

Cuando yo llegué a mi rancho
tuve un grande desconsuelo
mi gente estaba llorando
y mi madre estaba en el cielo.

La muerte estuvo rondando en sus canciones. Es una constante en todo hombre romántico, sentir la muerte por la ausencia de la mujer amada o por la negación del amor deseado, así lo expresa en su canción ‘20 años’.

Cuando yo recuerdo el bello néctar de tus labios
se entristece el alma y me obliga el corazón
trato de buscarte, pero en vano no te hallo
porque tú te fuiste como el hielo que besa el sol.

Te llevaste el alma mi amor y mis sentimientos
pa´ seguirte amando quizás no voy a vivir
no siento nostalgia ni cariño ni desprecio
Yo sé que la muerte muy pronto vendrá por mí.

En esta composición hay un verso hermoso, original y melodioso: Te fuiste como el hielo que besa el sol. Es un símil perfecto, que sintetiza la ausencia fugaz del amor que alimenta la melancolía.

Desafortunadamente para el folclor vallenato, el conjunto de los Playoneros se desintegró por falta de organización empresarial. Miguel se va para Valledupar, se olvida temporalmente del canto; se dedica a administrar tres parqueaderos y forma un nuevo hogar con Isabel Escobar y nacen, Yaris, Danis y Chais.

Comienza a padecer serios quebrantos de salud y como una premonición escribe, quizás su última canción, ‘La Figura Macabra’.

Nunca pude imaginar que un hombre podía llegar
a requebrar como un niño viendo la muerte cerquita
esa figura macabra no se aparta de mi vista
y en una de sus visitas dijo que me iba a llevar.

Enfermo viaja para Medellín y murió el 10 de abril de 1976; allá lo sepultaron, lejos de su tierra Mariangola donde soñaba una fosa, cerca de la tumba de su madre.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

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