UNA REFLEXIÓN SOBRE LA CULTURA

Por Donaldo Mendoza

“Todo es cultura en el sentido de que
el individuo no termina con su piel,
sino que se prolonga en sus costumbres,
en sus instituciones, en sus utensilios”.
Günter Rodolfo Kusch.

En una prosa de reflexión filosófica, el antropólogo argentino Günter Rodolfo Kusch (1922-1979), escribe: “Cultura supone un suelo en el que se habita. Y habitar un lugar significa que no se puede ser indiferente ante lo que aquí ocurre”. Suficiente para entender que en nada soy ajeno a lo acontecido con la estatua de Sebastián de Belalcázar. Y de paso, me da fundamento para discurrir sobre un aspecto central de la sociedad: la cultura. Universo de signos y símbolos del mundo donde habito.

Esas pinceladas sobre lo que significa cultura, permiten inferir que en la hondura de su naturaleza cultura es pluralismo, y más que alejarnos, nos acerca, incluso en las diferencias, en lo que rechazamos y en lo que aceptamos. Es el escenario ideal para que, desde cualquier actividad creadora, los sujetos transformen y mejoren el mundo que habitan. Es la suma de esfuerzos de una colectividad para dotarse a sí misma de una personalidad específica: ser caucano, ser colombiano, incluso ser ciudadano del mundo.

A la luz de esa esencia cultural, derrumbar la estatua del referido conquistador se entiende, por las razones esgrimidas, pero no se comparte; por una razón: al menos la mitad de los habitantes de Popayán no son partícipes de esa decisión, que tiene el marcado sello etnocentrista de sobrevalorar la etnia a la que se pertenece, y apenas valorar la restante en relación con aquella. ¿Por qué es tan difícil la paz entre Israel y el pueblo palestino?, porque hay un poderoso 25% de israelíes ortodoxos que solo aceptan como frontera el ancho territorio del rey David, desaparecido casi en su totalidad en el año 70 d. de C., incluso antes.

Pero ni siquiera esa ortodoxia judía, en su parecido con algunas aspiraciones indígenas, tiene validez para Colombia y Latinoamérica, en donde la mayoría de la población es mestiza, que convive en relativa paz con indios, negros y blancos. Luego, en un diálogo multirracial, se podría transigir en que la estatua de Belalcázar, con su simbología, y el cacique Pubén, con la suya, ocupen sendos lugares visibles en la ciudad. Y tendría sentido aquello de que mirando al pasado se crea historia, y oteando el futuro se fundan nuevas utopías.

Una sociedad libre, democrática y justa, que en Colombia es todavía utopía, debe integrarse en todo ese conjunto de elementos que constituyen la cultura: lengua, ciencias, técnicas, costumbres, tradiciones, valores y modos de comportamiento, etc.; que transmitidos y asimilados caracterizan a una colectividad. Ese pluralismo de formas diversas (identidad), es lo que nos hace distintos de otras regiones. Al tiempo que se pasa a formar parte substancial de la riqueza cultural del país.

Bien al fondo de esta ánfora que llamamos cultura, la paz está esperando su oportunidad. Una frase del dramaturgo sueco Hjalmar Bergman (1883-1931) nos asoma al revelado misterio de la cultura, en su naturaleza diversa, plural, de tolerante respeto y sana convivencia: “Se puede hablar todo lo mal que se quiera de una vida en pecado. Con todo, es propicia para la cultura en general”. ¿Habrá un destino que nos depare esa utopía?

BLOG DEL AUTOR: Donaldo Mendoza

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