Una metáfora que piensa

Por  José Atuesta Mindiola

El libro ‘Epifanía de la memoria’ es una fiesta reflexiva de la palabra con la revelación de las metáforas para cantarle a las cosas que nos rodean y a los sucesos que nos producen asombro: el amor en su liturgia, la tristeza en sus colores y el paisaje con la nostalgia de los árboles y los ríos. En palabras de Hernando Molina Araujo, este libro es “el arco iris sublime del sentimiento”.

El lanzamiento fue el miércoles anterior, en la Biblioteca Departamental Rafael Carrillo Lúquez, organizado por su directora, Yasmín Rocío García, y el asesor cultural, Darío Leguízamo. El moderador, el periodista Eduardo Santos Ortega. Un evento virtual, sencillamente exitoso. Alrededor de cien personas conectadas, y participaron varios amantes de la poesía, entre ellos: Luis Mario Araujo, William Rosado, Wilson Simanca, Marina Quintero, Éder Nicolás Araujo y Jairo Erneys Arzuaga.

Mis agradecimientos a todos los participantes por sus calidades académicas y literarias; pero deseo resaltar a Éder Nicolás Araujo, quien fue mi alumno en el Instpecam y en actos culturales declamaba mis poemas. Hoy es periodista de Radio Nacional de Colombia, donde creó el programa ‘Acento vallenato’, y es compositor de algunas canciones, una ellas, ‘El rey de las mujeres’ grabada por Peter Manjarrez.

De Jairo Erneys Arzuaga, estos fragmentos de su participación: “Epifanía de la memoria, es un poemario que intenta abrirse paso entre las fronteras literarias con altura y sin atajos, sencillamente porque tiene, “Una Metáfora que Piensa”, como dice Milán Kundera, en su Libro ‘La Insoportable Levedad del ser’. Y es, una metáfora necesaria, profunda y cotidiana.

Necesaria, porque le da calidad al verso, su lectura es agradable al oído y nos mantiene en constante vigilia en el goce estético de la palabra. Profunda, porque trasluce además de una vivencia, que es la epifanía, una narrativa ecológica perfecta con un clamor de nostalgia en defensa por los árboles y los ríos. El poeta sabe que la poesía no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de las cosas. Cotidiana, este elemento es particularmente constante en la poesía de José Atuesta. Lo maravilloso de esa cotidianidad, es que el poeta utiliza un lenguaje comprensible, sencillo, porque nace de su conexión interna con la vida del entorno.”

NOTA.
El libro lo pueden comprar en la tienda-librería Compae Chipuco de la plaza Alfonso López de Valledupar, y de manera virtual en Autores Editores.
***
TRES POEMAS DEL LIBRO

***
EPITAFIO DEL RÍO
(José Atuesta Mindiola)

El río festivo y trasparente
se adelgaza por ausencia
del follaje que ayer besó su cauce,
hoy pierde su nombre en el camino.

El hilo de agua se esconde
en los pies oscuros de una roca.
Nada fluye en la ruta,
solo estelas de piedra y arena.

Leyendas de antiguos viajeros
cruzan por mis ojos,
y pensativo escribo:
Aquí hubo un río
la sed de la piedra lo delata.

////
UN DISFRAZ PARA MI NIETO
(José Atuesta Mindiola)

Vas para una fiesta de disfraces,
efímera fantasía revelada.
¿Qué tal un disfraz de profesor?
misionero de la ruta venerable
donde la luz aviva la conciencia.

O puede ser de bailador de ballet:
magnifico ritual de sinfonía
en estética asonancia del cuerpo.
Diagrama de acordes sonoros
en el ritmo ligero de los pies.

Te vestiré de poeta para que vivas
en la eternidad de las metáforas
y la epifanía vegetal de la lluvia.
El tren de arreboles se diluye
en la vecina distancia del ocaso.

Tal vez de pintor y sus colores:
El blanco es arco iris dormido
en los rizos trasparentes del cielo.
Los pájaros tapan el sol con sus alas
para pintar los ojos de la noche.

Si deseas el donaire de payaso,
fascinador ladino de la risa
hasta los labios de los sueños.
Los niños de las naves de ajedrez
aterrizan en los risueños caballos.

Jamás te disfrazaré de torero o cazador,
para que tus sueños ni tus manos
se profanen en el eco de la sangre.
Ni la multitud en triste paradoja
festeje la arrogancia victimaria.

Tampoco un disfraz de guerrero:
amante de sombras y laberintos,
escurridizo a la belleza del arte.
La vanidad obsesiva de las armas,
frenético salto a la soberbia.

***

LA ABUELA EN LA URDIMBRE DE UN BOSQUE
(José Atuesta Mindiola)

Nada es victoria cuando las armas
desatan vendavales de terror.
Aquí estoy, con los pies hinchados
por el invierno incesante de tristeza,
escrutando epitafios invisibles
que revelen señales de los muertos.

Desde una rama del viento
un pájaro riega su canto en mi alma.
Aquí estoy frente a la ventana escarlata
tejida en la urdimbre de un bosque
y la tarde atisba el descanso del venado.

Aquí estoy en diálogo ancestral
con la luna en el tiempo de la siembra.
Contemplo la escasez de mi labranza.
Me detengo en el descenso de mis días.

En la lenta vendimia de los sueños,
veo niños que no sienten el asedio
de jinetes hacedores de la muerte.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .