JOSÉ MARTÍ

Por Donaldo Mendoza

En su última carta, inconclusa ella, José Martí deja escrito que su aporte a la independencia de Cuba no era ser fruto, sino semilla. Fundamento para los barbudos que sesenta y tres años después firmarían lo que en su momento se abrazó como la verdadera emancipación de la Isla. En efecto, en toda su obra literaria, prosa y verso, Martí va dejando mensajes autobiográficos de su sincero propósito: “¿Cabe en un hombre que ha abrazado una causa tan gloriosa como la nuestra desear vivir cuando puede morir por ella?” En esa carta, dirigida a su amigo Manuel Mercado, el 18 de mayo de 1895, desde Dos Ríos, José Martí deja el testimonio profético del presente envuelto en emancipadora bandera: “cargué catorce días, a pie, por espinas y alturas, un morral y mi rifle”. Al otro día, Martí dejó en el campo de batalla la fértil semilla de su gloria.

Motiva este comentario la Antología de prosas y versos, volumen 56 de la Biblioteca General Salvat, 1972, hecha por el crítico literario peruano Julio Ortega. En el prólogo, Ortega destaca dos rasgos de la obra de José Martí: 1) la conciencia americana, en el uso de la lengua castellana en donde Martí alcanza una voz propia; y 2) la convicción de que “solo lo que vamos a hacer me parece digno”. En cuanto a la lengua castellana, Martí se distancia de todo exotismo modernista para entregarnos una prosa sencilla, matizada por un lirismo que responde a la eficacia que el escritor busca: “creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sencillas”; como en efecto lo ratifica el lector, si recuerda el famoso canto: “Yo soy un hombre sincero/ De donde crece la palma,/ Y antes de morirme quiero/ Echar mis versos del alma”.

En la prosa como en el verso, hay tres escritores que inspiran la conciencia libertaria de José Martí: los norteamericanos R.W. Emerson (1803-1882) y Walt Whitman (1819-1882), y el irlandés Óscar Wilde (1854-1900). Los tres contribuyeron notablemente en la formación del pensamiento martiano, especialmente en su ideal de libertad. Pensando en la independencia y la libertad de Cuba, leyó a estos autores; al punto que dejó de lado los linderos de la razón para ahondar en la búsqueda. Y halló lo que su espíritu ansiaba, en el estado que mejor precisa el sentido de libertad, la epifanía: una revelación en donde la libertad no se define, se representa.

En Emerson se le revela que “la muerte es una victoria, y cuando se ha vivido bien, el féretro es un carro de triunfo”. En Walt Whitman, aurúspice de profético lenguaje y robusta y vital poesía, la libertad es representada. “Cuando el esclavo llega a sus puertas de perseguido y sudoroso, le llena la bañadera, lo sienta a su mesa; en el rincón tiene cargada la escopeta para defenderlo; si se lo vienen a atacar, matará a su perseguidor y volverá a sentarse a la mesa, ¡como si hubiera matado una víbora!” En Óscar Wilde, suicida adalid de la libertad, le halla “utilidad” a la estética, y entiende que “el arte es la vida misma, y que el arte no sabe nada de la muerte”.

José Martí había nacido en La Habana el 28 de enero de 1853. En el intuitivo poema “Dos patrias”, selló su destino en estos versos: “…Ya es hora/ De empezar a morir. La noche es buena/ Para decir adiós”.

BLOGDEL AUTOR: Donaldo Mendoza

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