FUNDAMENTALISMO VALLENATERO

Porr Luis Carlos Ramirez Lascarro

Las músicas populares han sido empleadas para la construcción de una identidad regional y nacional que, se cree, debe defenderse a ultranza, en ocasiones sin importar si en medio de este ejercicio se divulgan y perpetuan falacias, con la pretención que la gran mayoría acepte y siga de manera acrítica sus ideas, atropellando, atacando, frecuentemente, a quien disiente. En su momento fue la música andina la insignia nacional, a tal punto que aún se le dice música colombiana de manera genérica. Luego el turno del auge comercial y de representatividad fue para la Cumbia y el Porro, ritmos que cedieron su hegemonía al vallenato, un mutante en constante evolución, que ha sabido como adaptarse con el paso del tiempo para mantenerse vigente a pesar del empeño obstinado de muchos por momificarlo.

Siguiendo esa linea de forjamiento de identidades, en torno a la música vallenata se ha erigido un discurso nacionalista que tiene, incluso, pretensiones de carácter universal – exacerbado a partir de la declaratoria del vallenato como Patrimonio en riesgo – en el cual se encuentran claros indicios ideológicos que han desembocado en lo que podríamos llamar un fundamentalismo vallenatero que se evidencia, quizá mejor que en cualquier otro espacio en los foros virtuales sobre música vallenata, donde es costumbre atacar a las personas en vez de controvertir las ideas.

Del fundamentalismo podemos decir que es aquella actitud que rechaza cualquier desviación en las doctrinas y las prácticas que se consideran esenciales e inamovibles en un sistema ideológico, especialmente religioso, las cuales, regularmente, se encuentran consignadas en un texto que guía todo el pensamiento y el actuar de los prosélitos. Se puede pensar que en torno a la música vallenata no existe un sistema ideológico; sin embargo, si se tiene en cuenta que una ideología es un conjunto de ideas fundamentales que definen un modo de pensamiento, bien sea político, religioso, cultural o identitario, se encuentra que las ideas en torno a lo que es y lo que no es el puro, el verdadero, el auténtico vallenato son un sistema fundamental que definen la forma depensamiento de un grupo que se siente representado con esta música y las defiende a como dé lugar, casi siempre de manera poco objetiva y sin dar cabida al método científico en sus planteamientos.

En la forma de actuar y pensar de la gran mayoría de los “defensores del folclor”, podremos encontrar una representación ideal de lo que es o debe ser el “verdadero vallenato” a partir de las tradiciones inventadas por los folcloristas a mediados del siglo XX y, también, un proyecto político o plan de acción tendiente a la conservación de lo más puro de esta música, lo cual termina siendo, en verdad, la restauración o readopción de un estadio previo de la manifestación, superior, desde su punto de vista a la realidad vigente y representativo del ideal que tienen prefigurado. Sin embargo, este ideal no está definido y caracterizado con una claridad incontrovertible que permita dar una definición precisa sobre ese “verdadero vallenato”, por el contrario muchas de las definiciones que se dan, no solo en estos foros, están basadas en lo que el profesor Abel Medina Sierra, recientemente, a nombrado como mitos del vallenato, con lo cual se termina convirtiendo ese “verdadero vallenato” en un meta-mito o mito de nivel superior. Un mito que condensa a los otros mitos.

El fanatismo persigue que todo el mundo comparta una determinada forma de pensar. El fanático es una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias y opiniones, también es aquel que se entusiasma o preocupa ciegamente por algo o alguien. La persona fanática manifiesta una apasionada e incondicional adhesión a una causa, un entusiasmo desmedido y/o monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado, lo cual le impide estar abierto al diálogo con quienes no comparten su misma visión. Tampoco le permite hacer una revisión de sus creencias ni aceptar las evidencias que se le presenten y que puedan poner en tela de juicio, que hagan tambalear su sistema de creencias. Prefieren el insulto, la descalificación ramplona e, incluso, vetar o expulsar de sus espacios a quienes proponen una visión que choque con la suya, aún cuando estos personajes sean miembros de la academia, en sus distintos niveles.

Es entendible que se quiera defender lo que se siente como propio y que es generador de identidad, que de alguna manera ayuda a definir a la persona y a la cultura a la cual se pertenece, pero esta defensa no puede ser ciega, irracional ni incondicional.

Es bastante incómodo chocar frecuentemente con los hostigamientos de los muchos fanáticos y fundamentalistas que se encuentran en el ambiente vallenatero, sin embargo, me parece importante seguir aportando una visión disidente al consenso generalizado, así esto me cueste seguir siendo vetado y que mis planteamientos sean vistos, de manera desobligante, como locuras solo por darle prevalencia a las opiniones de los lingüistas sobre las de los narradores al hacer analisis del discurso de las canciones vallenatas o preferir las fuentes documentales, las citas citables y las argumentaciones bien estructuradas frente a las opiniones cargadas de subjetivismo y carentes de método, que no suelen ver más allá de las propias narices, autocomplaciéndose.

BLOG DEL AUTOR: Luis Carlos Ramirez Lascarro

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