Las Parrandas de mi tierra

Por Ignacio Cantillo Vásquez

Estas notas obedecen, principalmente, al propósito de ilustrar a algunos amigos cachacos amantes del buen vallenato acerca de cómo son las parrandas en la región caribe y, de manera puntual, en Valledupar sus pueblos vecinos y en gran parte de la península Guajira.

En dicho propósito, hace unos días aprovechando los muchos momentos especiales de soledad y reflexión que ha generado esta pandemia, me puse a pensar y terminé escribiendo estas líneas  sobre el tema, trayendo a mi memoria todos esos recuerdos vividos en esas parrandas en las que he participado como anfitrión, como invitado o, como simple observador de ese interesante fenómeno cultural que le ha aportado tanto a nuestra música vallenata desde hace varios lustros.

Comienzo por dejar muy claro una premisa básica expresando que mis apreciaciones a este respecto sólo están motivadas y respaldadas por la  inmensa pasión que siento por la música de mi tierra y, por tanto  desde ya, abrigo la esperanza que ese simple hecho, motive a los eruditos vallenatólogos   a ser  tolerantes a la hora de analizar mi escrito.

Así las cosas, entro en materia destacando, por su trascendencia, los siguientes cinco  aspectos que caracterizan a una de las tantas parranda de las que aún se hacen en mi tierra, así:

El primero: Las circunstancias que permiten que una parranda se haga realidad.-  Me atrevo a afirmar que un buen porcentaje de las parrandas que se realizan en la región caribe no se planean. Simplemente, se hacen. Son fruto de la espontaneidad de unas personas que, con cualquier motivo importante o baladí o, únicamente, por el simple deseo de tomarse unos tragos y escuchar un conjunto vallenato echan mano de sus buenas relaciones personales y, en pocos momentos, consiguen con lo necesario para el proyecto:  Unos músicos dispuestos a complacer al auditorio, unas botellas de un buen trago, unos amigos entusiasmados con el asunto y comprometidos a aplazar por horas o días cualquier compromiso  laboral, familiar o financiero que estuviere pendiente. Pareciera que entre todos, rápidamente, se fraguara un pacto implícito pero determinante que bien podría resumirse en esta frase: “ Aquí se trata de que nos gocemos esta vaina y nada puede ser más importante”.

El segundo: El sitio para realizar la parranda.-  Teniendo en cuenta que el hombre caribe es por naturaleza abierto a las relaciones sociales, le es muy fácil asumir la parranda  como un espacio para fortalecer los lazos de amistad entre vecinos,  parientes, socios y aún con los adversarios políticos de turno. Esto hace que el tema de la escogencia del sitio para reunirse se vuelva bastante fácil de decidir, máxime si se considera que generosamente muchos de los interesados en “la parrandita” ofrecen sus respectivas casas o fincas, lo que permite que, en un debate rápido, se opte por la alternativa que más convenga en cuanto a cercanía, comodidad o, simplemente, por las características del que va actuar como “anfitrión”.

Parranda Vallenata

El tercero: La forma de escoger el conjunto vallenato.-  En muchísimas regiones de la costa caribe colombiana donde se producen, casi que de manera silvestre, acordeoneros, cantantes, compositores, cajeros, guacharaqueros y verseadores de excelente calidad, la escogencia del grupo que va amenizar la parranda se torna de alguna “complejidad”. Esto ocurre, por cuanto muchos de los parranderos, en medio de los primeros tragos para calentar el encuentro, hacen todo lo posible para que sus “recomendados” sean los que animen reunión. Aquí cada uno saca a relucir sus conocimientos sobre el folklor vallenato con argumentaciones de todo tipo, hasta que, de una forma casi mágica y, en un consenso difícil de entender para los forasteros que observan, de un momento a otros quedan definidas las personas que aportarán su cuota musical y que por tanto se verán sometidos por unas horas y, a veces, hasta por unos días a la valoración de unos parranderos expertos en digitación, rebruje de caja, acompañamiento de guacharaca, cadencia y vocalización en el canto, entre otros muchos aspectos de los que se viven en esos encuentros.   

 Cuarto: La clase de trago que se consume.-  De acuerdo con la información que proviene de las personas que han escrito sobre  la historia del vallenato, la clase de trago que se ofrece en las parrandas de mi tierra ha venido cambiando como resultado de diversas circunstancias, económicas, sociales, culturales, regionales, etc. Sin embargo, para los propósitos de este escrito sólo diré que, desde hace muchos años en las regiones del Cesar y la Guajira, el whisky  se ha venido imponiendo como el trago preferido de parranderos ricos y pobres, con algunos intervalos donde el aguardiente ha ganado algún espacio temporal. Si se observa con detenimiento, parranda que se respete lleva incorporado el consumo de muchas botellas de Old Parr. Ese trago delicioso que llegó a esas regiones sin pagar ningún tipo de impuesto – pues siempre se ha desconfiado de la calidad de la botella “estampillá”-  y  que ha logrado penetrar en el alma de los amantes del vallenato hasta llegar a sentirlo como ese amigo entrañable al cual hay que serle fiel bajo cualquier circunstancia.

Quinto: El ambiente que se vive en una parranda.- Sin duda, a cualquier observador desprevenido, uno de los aspectos que más le llama la atención es el ambiente informal que se vive en una típica parranda vallenata. Es como si esa mixtura de elementos culturales diversos  como son la comida,  la música, la poesía hecha canción, las anécdotas, los cuentos y los chistes, bajo el influjo enamorador de unos tragos  corticos y seguidos, establecieran puentes invisibles y a la vez fraternales entre las personas que están en la parranda, así muchas de ellas apenas se estuvieran conociendo.  

Como complemento de lo anterior, existe otro aspecto importante que ocurre en ese espacio cultural y es el que atañe a la estrecha relación que se establece entre los integrantes del conjunto musical que ameniza la parranda y los asistentes. Con una frecuencia que pareciera impuesta, luego de cada interpretación se produce un sonoro aplauso y se escuchan frases de admiración por la manera como se interpretó determinada pieza musical, la cual fue escuchada guardando un silencio respetuoso y ceremonial digno de cualquier misa papal. Sin duda, el hecho de colocar toda la atención en los mensajes musicales  que salen de los instrumentos y de la boca del cantante es y debe ser un requerimiento para cualquier persona que asista a una parranda. En opinión de muchos conocedores del tema, esto es más fácil de lograr cuando el número de personas no supera los 12 o 15 y que ojalá la gran mayoría sientan admiración y respeto por esta expresión cultural.  

También hay otro elemento destacable que ocurre, normalmente, cuando ya la parranda está bastante avanzada y tiene lugar en el momento en que el dueño de casa o uno de los personajes importantes de la reunión se para y pide silencio. Enseguida, procede a presentar a uno de los tantos compositores criollos que en la región caribe nacen y se crían en cualquier esquina o barrio o pueblo como si fueran esos árboles de cañaguate que en el mes de abril adornan las calles y avenidas de Valledupar.  El aludido compositor se pone de pie, conversa unos instantes con el acordeonero para tararearle algo al oído, crece la expectativa por unos momentos y, luego, con la mayor naturalidad, procede a enunciar el título, el ritmo y, lo más importante, a contar la historia de la canción inédita que quiere compartir con amigos, compadres y demás parranderos. Este será para muchos un momento histórico en sus vidas, por cuanto les permitirá, en adelante, contar con orgullo que ellos tuvieron el privilegio de escuchar, cuando aún era inédita y de boca del mismo compositor esa canción que luego se hizo famosa.

Unas reflexiones finales:

El hecho de que hoy el vallenato tenga ese reconocimiento de la UNESCO como un patrimonio universal e inmaterial de la humanidad  es trascendente para los Colombianos y, de manera especial, para los caribes y eso nos llena de orgullo. Así mismo, nos debe comprometer  con la preservación de todos aquellos espacios culturales donde han tenido y aún tienen lugar esos encuentros de personas en torno a la música de acordeón, dentro de los cuales las parrandas ocupan un primerísimo lugar. Es allí donde se gestan muchas relaciones interpersonales y sucesos de toda índole, que motivan a nuestros poetas criollos a dar rienda suelta a su imaginación para crear esas lindas canciones que engrandecen el alma de propios y extraños.  

Ignacio Cantillo Vásquez
ignacio.cantillo@gmail.com

Un comentario

  • Eccelente escrito sobre “La Parranda”, es motivante para quien no la conoce y añorante para los que las hemos vivido.

    Muchas gracias Amigo parrandero, Compositor, Abogado y “ahora” Cronista, por tan elocuente documento que dan ganas de parrandearselo.

    Mil bendiciones Ignacio Cantillo.

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