Pacho Galán y La Sonora Curro

Por: Arnold Tejeda Valencia

En 1955 el nombre de Pacho Galán comenzó a sonar con mucha fuerza en Colombia a raíz de su tema Ay Cosita Linda, que traspasó nuestras fronteras para convertirse en éxito internacional con el arrollador merecumbé. Su fama de compositor y arreglista era bien conocida en el medio musical del país, pero ya frisando los 50 años se convirtió en un ídolo por el nuevo ritmo que creó y fundamentó con la señalada pieza.

Fue así como, en 1957, el jerarca empresarial del disco, Toño Fuentes, lo contrató para hacer unas grabaciones con la Orquesta Emisora Fuentes bajo su dirección y arreglos. Esta orquesta, desde 1953, no pudo tener una línea organizativa constante. Su accionar lo hacía de acuerdo con las oportunidades, como sucedió con la presencia de Pacho Galán en su historia.

Por tal motivo, el músico soledeño llamó a algunos miembros de la vieja agrupación que todavía mantenían vigencia artística en Cartagena. Fueron los cotizados trompetistas Remberto “el Pollo” Sotomayor y Orlando Fortich; los saxofonistas Néstor Montes y Clímaco Sarmiento; José María Crizón en el bajo, mientras la parte vocal recayó en Santander Díaz. Y de su propia orquesta, Pacho Galán llevó a La Heroica a Manuel de J. Povea (trompeta), Lucho Vásquez y Lucho Rodríguez (saxofones), Arsenio Montes (trombón), Pompilio Rodríguez (batería), Efraín Rodríguez (congas) y el alegre Tomasito Rodríguez (cantante).

El músico que estuvo al frente del teclado fue la estrella de Discos Fuentes, el reconocido Lalo Orozco. Con la citada nómina y bajo la batuta de Pacho Galán, el porro El Año Viejo, de Crescencio Salcedo, irrumpió en su primera versión en la voz de Santander Díaz. Un año después, 1958, el mexicano Tony Camargo, secundado por la Orquesta de Rafael de Paz, puso a bailar al mundo hispano en cada diciembre, todos los años.

La presencia de Pacho Galán dirigiendo la Orquesta Emisora Fuentes, le permitió a Curro Fuentes extender el trabajo de este notable maestro para que la Sonora Curro, una vez más, apareciera en sendas grabaciones. Tomando su original formato de trompetas y el ritmo completo, Jaime Suárez se encontró, no sé si buceando cerca del galeón San José, un disco de 78 revoluciones donde aparecen las guarachas Pinocho, cantada por Tomasito Rodríguez, siendo su autor Isaac Villanueva, y la titulada La Nena, con el cantautor Santander Díaz.

En la primera de esas guarachas, su compositor se la dedicó al polémico periodista deportivo Melanio Porto Ariza (Meporto), que en esos buenos años siempre tuvo encendidas polémicas con periodistas de Barranquilla, sobre todo con Chelo de Castro, que aún vive con 100 años entre pecho y espalda. Otro dato interesante en esta pieza es la pimentosa actitud, llena de gracia, de Tomasito Rodríguez a la hora de hacer bien su trabajo artístico, haciéndonos recordar lo que hicieron Manolo Monterrey y Cascarita en cuanto a cómo se interpreta una guaracha. El solo de trompeta, lo hizo “el Pollo” Sotomayor, el de piano Lalo Orozco y el de timbales Pompilio Rodríguez.

LA MÚSICA RASPACANILLA EN CURRAMBA

Entrados los años 50, para los músicos y empresarios venezolanos, peruanos y colombianos, se trataba de un baile con música en vivo. Al ser la canilla el hueso largo de la pierna que llega hasta los pies, normalmente llamado tibia, en Barranquilla, entrados los años 60, se consideró ser de raspacanilla la música interpretada por el alegre Aníbal Velásquez. Tanta fue la popularidad de esta denominación, que el músico barranquillero grabó un disco de Larga Duración que llevó por título “Raspacanilla en Barranquilla”, sin que ninguna de sus piezas llevara esa identificación.

Raspacanilla, entonces, se le decía a la música que ponía a bailar a la gente hasta el amanecer. Y el ídolo del acordeón se ganó esa fama, que después fue extendida a los discos de la Orquesta de Rufo Garrido y de todas aquellas agrupaciones clasificadas en la parte dura de la música costeña. Pero hubo algo bastante desconocido en esos años 60: raspacanilla fue también un ritmo creado por el conocido músico Rosendo Martínez, ejecutante del trombón y el bombardino en populares orquestas y conjuntos de nuestro Caribe.

Esta es la historia. El sello CBS, en 1967, llamó a Rosendo Martínez para que creara un conjunto para reforzar las grabaciones en la serie Festival Bailable de la acreditada empresa fonográfica que poco le había dedicado a la música costeña. En el Volumen 2 aparecen cuatro temas de esa agrupación de estudio y que su director llamó Los Raspacanillas de Carrizal. La base del grupo fue el conjunto de Carlos Román, donde Morgan Blanco hizo la doble labor de acordeonista y cantante, mientras Pompilio Rodríguez se encargó de los timbales y su hermano Lucho ejecutó el saxo alto y el clarinete.El trabajo discográfico en cuestión, entre los temas grabados por este conjunto, aparece Tanta bulla pa’ na’, de Rosendo Martínez, en ritmo de raspacanilla, como ya lo habíamos anotado. Su cuadratura rítmica fue tomada de las guarachas creadas e interpretadas por Aníbal Velásquez, con unos trazos derivados del chandé ribereño. Pero la verdad sea dicha: este experimento rítmico no tuvo eco entre el público bailador. La grabación notoria de Los Raspacanillas de Carrizal fue la cumbia Ramita de Matimbá, del mismo hombre del bombardino y el trombón.

En 1968, el Carnaval de Barranquilla tuvo en la pegajosa cumbia la pieza más bailada, que aún hace mover las canillas de los bailadores de antaño. Los otros temas grabados fueron el paseaíto El turpial, al mejor estilo corralero, y el porro Desilusión. Una vez más, la pluma de Rosendo Martínez se hizo sentir, haciéndole honor “raspacanillero” a esos años idos pero que muchos todavía recordamos.

Es importante que en estas glosas sea tocado el tema de que en la Orquesta de Pacho Galán también existe en sus populares grabaciones una pieza titulada Raspacanilla, compuesta por el trompetista Manuel de J. Povea. Julio Erazo fue el cantante invitado para inaugurar las grabaciones en Stereo de la empresa fonográfica barranquillera.

Si escuchamos detenidamente esta pieza, aunque en ella se dice que es “un ritmo sinigual”, nos parece que ello no es así. Explico. Si el baterista de la orquesta, en ese entonces Pompilio Rodríguez, emite con los timbales unos golpes similares a los dados por la tambora en el merengue dominicano, entonces no estamos ante un nuevo ritmo sino de cara a una pieza que tiene el sustento rítmico del merengue isleño. Por ello, es eso: un merengue con unos arreglos e instrumentación muy selectos en su sonoridad.

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